La voz Esquiva, Belén Palos

Belén Palos presenta en Editorial Dieciséis una obra de personalidad arrolladora. Pocas veces hemos podido contemplar una compilación de textos diversa, heterogénea en forma y fondo, con un hilo conductor tan literario como la voz y tan valiente y sugestivo. La voz esquiva nos ha movido el alma.

Doce relatos, algunos de los cuales se encuadran en sendos bloques de germen común (Videojuegos y Bildungsroman), trazan una línea vital que nos cuestiona sobre identidad, realidad, tiempo y felicidad.
La construcción del yo creativo, su apego inestimable a la sensación de vivir con todas sus uves y el placer de salirse del ser son algunos de los pilares recurrentes de buena parte de los fragmentos que recorren La voz esquiva. Su perfecta introducción en el citado tono corresponde a Los escritores perdidos.
Las almas que pueblan el papel bien podrían ser apéndices de una misma mujer, de una misma omnisciencia que se camufla en lengua de autora, en observadora crítica desde fuera de la tinta y en carne de aleteo de páginas. La metaliteratura, la ágil descripción de cada centímetro mundial que aúna los acontecimientos y la espesura de detalles, guiños y referencias son los mejores aliados de un ejercicio experimental que triunfa por su diseñado asalto al corazón y su convicción desde la honestidad.
Desde la Edith que transita París entre su propio ser o no ser de la trajeada mano del señor S hasta la espléndida Parténope que regenta las sombras de un lejano paraíso clásico, el personaje femenino reúne la atención del sol y la sonrisa de las tinieblas. Desconocemos qué detalles íntimos han salpicado de autobiografismo el conjunto de relatos, pero, desde luego, podemos afirmar que Belén es muchas mujeres juntas y que sus manos son prodigios actuales de cultura y lectura aglutinadas como un gran archivador dinámico que las reinventa, las retuerce y exprime para crear, presentar y albergar fascinación.
La simbología empleada es una fusión de matices, sonidos y recursos que nos ofrecen un viaje sensorial paralelo al puro viaje literario: nuestra mente salta de paraje en paraje a través de la fuerte inmersión -ya desde las fechas y las coordenadas geográficas- en los contextos histórico-sociales que engullen nuestros ojos para saborear las inclemencias de las protagonistas y jugar con sus variadísimas formas.
En el texto final de título homónimo que cierra la obra Amelia Esteve nos habla desde la Barcelona del año 2035. Ha completado el esqueleto: la memoria, la verdad y la piel son acogidas, restauradas y erguidas. La voz, tan esquiva, tan ajena, tan inmarcesible, ha acariciado nuestros tímpanos, los ha inundado.


Altavoz Cultural

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