Tratado Poético sobre Balística

Lorena Carbajo: “¿Qué pensáis sobre el canon poético presente en institutos y universidades? ¿Creéis que es necesario una revisión y otras propuestas?”

Abdul Hadi Sadoun: El canon poético lo inventaron para medir dentro del sistema escolar, pero no es la realidad literaria ni pretende serlo. Tampoco creo que sea la única medida. Y por supuesto son necesarias otras propuestas y revisiones en todos los campos. Una evolución total y en todo. Además es preciso para dinamitar el campo literario. Cualquier cambio o modificación es respirar aire nuevo. La frescura es más que necesaria para la poética.

Be Gómez: Sin duda. El canon suele ser, por definición, conservador, pero creo también que este debe ir acompañado de otras historias, textos, reflexiones; todo ese tejido que el canon no visibiliza y que, sin embargo, posibilita el propio canon. En una sociedad diversa, y creo que ese debe ser el objetivo de la educación, las miradas han de serlo también. Por eso el profesorado ha de ofrecer multitud de voces hasta hoy calladas (autoras “borradas”, corrientes “invisibles”, latitudes nunca consideradas, etc.), hilos de los que tirar para encontrar voces nuevas y, también, nuevas interpretaciones del canon. El canon está para ser cuestionado y reinterpretado.

José Manuel Lucía Megías: No me gusta nada el binomio canon y educación. Como tampoco me gusta esta educación de la literatura entendida como una enciclopedia: nombres de autores, de obras, de géneros, de épocas… Hay una pregunta que está en el aire: ¿por qué los niños dejan de leer cuando llegan al instituto? ¿Y nos hacemos esta pregunta después de ver sus manuales de literatura? Hay que romper todos los manuales de literatura, en los institutos y en las Universidades y hay que sacar la literatura a los pasillos, a las calles, a los patios, a las aceras. El estudiante de primaria y de secundaria tiene que aprender a disfrutar de la literatura, del propio acto de la lectura, que es un milagro. Luego ya habrá tiempo en la Universidad –si uno hace filología- para aprender métodos y herramientas de análisis. Hemos dejado atrás la educación de la memoria, pero aún seguimos practicando una educación de listas y de escuelas. ¡Ha llegado el momento de romper los cajones académicos para dejar que los textos vuelen como nuevas mariposas, liberadas de sus capullos!

Patricia Losada: Todo se mueve, las instituciones tardan en ponerse al día y hay olas que se quedan fuera. Fijar un canon de algo que está en permanente transformación no deja de ser una osadía, y mantenerlo en el tiempo en detrimento de otras posibilidades puede ser aburrido, cual monopolio.

Lorena Carbajo: “¿Qué pensáis sobre el auge de la poesía en las redes sociales? ¿Realmente responde a un interés real por la poesía o a una estrategia más de marketing de las editoriales?”

AHS: Todo es necesario y útil. La poesía necesita renovación y empuje por dentro del sistema, y si las redes sociales ayudan en este proceso, pues serán bienvenidas. Fuera de lo que se dice, la poesía permite solamente lo que impacta y reviva al hombre en cualquier momento y circunstancia. La poesía es la misma vida y no acepta menos que esto. El resto es espuma de la nada.

BG: Las redes sociales han abierto una nueva vía de difusión de la palabra, en todas sus formas, que aún está por explorar. Pero creo que también han venido a crear nuevos géneros literarios que se guían por sus propias derivas. En ese sentido, considero que este tipo de poesía no es la clase de poesía de la que venimos o como la hemos entendido hasta ahora, puesto que es escrita ya pensando en ser difundida, leída, etc. En ese sentido, creo que prima el canal y la visibilidad por encima del mensaje, de la experiencia estética, por lo que no estaría tan lejos del marketing (en relación a la necesidad de visibilidad y presencia) como pensamos. 

JMLM: Hay que distinguir entre la poesía, la verdadera poesía, la literatura –y para mí literatura es el discurso que nos permite comunicarnos con el mundo- que ha encontrado en las redes sociales y en Internet nuevos espacios de sociabilidad y de difusión más allá de las fórmulas editoriales habituales, atacadas de esclerosis múltiple, que tiene su interés y que es un buen campo de iniciación y confirmación poética, del uso deturpado de algunos sellos editoriales del éxito de los autores para aumentar sus ventas. Me da lo mismo que ese éxito se mida por su aparición en televisión, en corridas… de toros, o en redes sociales. Es un fenómeno que tiene poco recorrido, y que se agota en su propia mezquindad: hacer negocio de la popularidad, del escándalo o del morbo. Las memorias de Belén Esteban consiguió sacar de los números rojos a Espasa-Calpe… ¿A alguien le extrañaría que Espasa-Calpe publicara un libro de poemas de Rocío Carrasco si algún negro se atreviera ahora a escribírselo? La literatura en la red me interesa mucho –y me permite conocer autores y propuestas a las que no podría llegar de otro modo. El uso capitalista y oportunista de la fama mediática para vender versos-creados-con-el-enter no me interesa para nada… ni mi desprecio consiguen. Es basura y como tal debe ir al basurero del olvido.

PL: El interés por la poesía no creo que aumente con las redes sociales, quizá sí un tipo de poesía-eslogan. Y aunque es verdad que el marketing y la publicidad facilitan estar al día, acaban por distorsionarlo todo, trastocan los pesos de los productos y la cosa se descompensa. Demasiado ruido.

¿Cuál fue el primer balazo poético que recibisteis -esto es, aquel poema o poeta que os zarandeó significativamente-? ¿Qué es lo más poético que habéis leído fuera de la ‘poesía’ -incluso en su sentido más flexible-?

AHS: Muchos poemas de los clásicos árabes que no son conocidos en el mundo occidental, pero a mí me abrieron la mente y los ojos sobre la belleza escondida en los versos. Luego lo encuentro en el Corán, que lo considero gran fuente de ritmo, musicalidad y belleza lingüística, lo mismo lo encuentro en libros de prosa como El Quijote o las 1001 noches.

BG: El primer texto que me zarandeó fue un cuento que terminé por aprender de memoria cuando aún no sabía leer. En realidad fueron dos: uno sobre un cerdito hipnotizador y otro sobre un tigre vegano y marica (esto lo supe después, evidentemente). Más tarde, tal vez con 11 ó 12, disparó la Generación del 27, y tres años después, en plena adolescencia, lo hicieron la Generación Beat, Loriga, Mañas, Kafka, o Borges. Lo más poético que he leído fuera de la poesía quizá haya sido “la plaza es tuya”.

JMLM: Me gustaría pensar que fue Luis Cernuda. Y así lo podría escribir, pero no sería cierto: estaría mintiéndome. A Luis Cernuda ya llegué con el oído poético bien educado. Mi primer balazo poético fue Rafael Alberti. No sé cómo llegué a él (crecí en una casa con muy pocos libros y muy poca relación con la literatura)… quizás fue en aquellos manuales de Senda en el colegio (¡y eso que los quemaría todos!)… pero lo cierto es que me atrapó… me atrapó tanto el Alberti de “Marinero en tierra”, como el Alberti de “Entre el clavel y la espada”. ¿Qué entendería de todo aquello? Nada… ¿qué puede entender un niño de diez años de la guerra civil o del desarraigo? Pero lo cierto es que los leí, los releí y me han acompañado durante toda mi vida… Es un misterio entender cómo llegué a ellos… pero ahí también radica la raíz de la vida… y de la literatura.

La segunda sí que es una pregunta difícil, casi sin respuesta… responderla sería poder delimitar el campo de la poesía, como si la poesía estuviera encerrada en unos límites, como si tuviera su propio espacio… ¿Qué hay en la vida que no sea poético? Pero, para no dedicarme a ser un mal profesor que elude con retórica las preguntas comprometidas, diría que uno de los momentos poéticos más intensos que he vivido fuera de la ‘poesía’ ha sido el que todavía me queda por vivir…

PL: Leí en un libro de texto del colegio El durmiente del valle de Rimbaud, fue toda una revelación, me di cuenta de que existía la poesía.

Lo más poético… Claire Léjeune, Simon Weil, C.G. Jung, María Zambrano.

Hablemos de construcciones a escala: ¿cómo es vuestro proceso creativo orientado al poema -como átomo- y cómo es vuestro proceso creativo orientado al conjunto / libro de poemas -como molécula-?

AHS: No soy de aquellos que planifican el tema de un libro, y menos en poesía. Escribo mucho y cuando veo que algunos textos pueden formar un libro, en este momento empiezo con el trabajo de modificar, cambiar y revisar.

BG: Caóticos ambos, incluso cruzados y entrecruzados. Tiendo a sintetizar el conjunto y a alargar cada poema, porque al final cada poema es un microcosmos en sí mismo y cada poemario, un único organismo vivo.

JMLM: En mi caso, y no puedo decir que venga de una voluntad sino más bien de un sistema, primero está la molécula y luego el átomo… primero está la idea de libro y luego voy, como una hormiguita, llenándolo de contenidos… Quizás se deba a que entiendo la poesía como un acto de comunicación, que lo importante es llegar a adentrarme en el lector con la voluntad de acompañarlo en su iluminación… Y no es que tenga claro desde un principio el libro completo, que tenga ya un plano que termina por convertirse en una brújula… todo lo contrario. Pero comienzo con un título, con una idea, y luego busco una estructura para darle forma y a partir de ahí, como el escultor, los volúmenes (los poemas) llegan a encontrar su espacio… y quizás el resultado final nada tiene que ver con la idea inicial. Por esta razón, me gusta llevar un diario paralelo a la escritura del libro, para ir dialogando con él… es una experiencia apasionante luego hacer el viaje contra el tiempo y terminar por acompañar a ese inexperto escritor que fue escribiendo cada una de sus páginas… para terminar siendo todavía más inexperto, dudando de todo. Cada día dudo de más cosas y cada día me encuentro más tranquilo y más feliz en esta duda. No hay meta… cuando uno se percata de esta verdad de Perogrullo todo termina siendo mucho más fácil, más placentero.

PL: El átomo es algo así como una pregunta, una presa a la que rondo y que me ronda, la atracción es la necesidad de resolver esa pregunta, esa inquietud; y no paro hasta ver a la presa desde un lugar que la revele. A veces es ella quien por sorpresa me encuentra a mí y es fascinante.

Al ir reuniendo los átomos, la estructura de la molécula se forma casi sola, como si no pudiera ser de otra manera; eso no quita alguna duda y ciertos ajustes.

Abdul Hadi Sadoun: “¿Creen que con el tiempo que vivimos habrá novedosos movimientos literarios después de que se dijo todo y hace mucho tiempo?”

BG: Todo está dicho, pero no de igual manera. También están los nuevos formatos y canales que, desde luego, condicionan fondo y forma. Y el olvido. El olvido como bálsamo de lo nuevo. Mirar con ojos nuevos viejos versos antiguos y dotarlos de nuevos significados posibles es nuestra tarea. Reinventar la historia como una de las Bellas Artes es necesario.

JMLM: Me temo que todo ya se ha dicho desde los primeros versos que, sin duda, recitaron las mujeres mientras pintaban los bisontes de Altamira o dejaban sus huellas dactilares mientras acariciaban las paredes de las cuevas, que eran y siguen siendo un descubierto útero. La búsqueda de la originalidad es un pecado romántico que ha terminado por convertirse en un monstruo a partir de las vanguardias del siglo XX. El Sueño de la originalidad siempre ha producido monstruos. ¿Ser originales y romper con la tradición o convertirse en una de las cuentas de una cadena sin fin del arte? A mí me gusta alzarme sobre la tradición, sobre mis lecturas de los textos de todos los tiempos para construir mi aliento poético. Mezclar una imagen mía con un recuerdo de Lorca o de Alberti, de Cernuda, de Juan Carlos Mestre, Enrique Falcón o de Abdul Hadi Sadoun me enriquece y enriquece mi escritura. Quizás estudiar la Edad Media, dejarme hechizar por la poesía desde los trovadores provenzales es un buen antídoto contra el ansia desmedida de originalidad… la literatura carece de tiempo y de geografía…

Leo y disfruto. Leo y vivo. Leo y me desespero. Leo y vuelvo a vivir. Me da lo mismo que ese texto se haya escrito en el siglo XII o hace un rato en mi salón. Y lo mismo me sucede con la escritura.

PL: Sí, yo diría que es inevitable, siempre se trata de contar lo mismo desde lugares diferentes, cada época responde en función de sus necesidades. No sé lo que vendrá, o lo que ya anda viniendo, tendrá otro formato, otros canales, igual es más oral, más visual, más multimedia, o nada de esto… Pero nos sorprenderá.

Be Gómez: “¿Cuál es el tema o aspecto formal más recurrente en tu poesía, ese del que, aunque quieras, por más que lo intentes, no puedes deshacerte y que siempre termina por aparecer?”

AHS: Exilio y guerra siempre me envuelven en sus túnicas. Incluso en los poemas de temas amorosos o de alegría habrá una chispa de recuerdos donde me resuenan. En mi caso no lo veo raro, ya que soy hijo de mi realidad y las circunstancias que viví y sigo viviendo.

JMLM: Sin duda la imagen poética. Cuando fluye, termina siendo un torrente. Y este torrente ahoga el poema, lo llena de mil detalles innecesarios, como esas iglesias barrocas que asombran por sus dorados, por su curvas, por sus detalles y que terminan por abrumarnos, por hacernos salir despavoridos a la búsqueda de la piedra sencilla, del románico más esencial. Y es una batalla y es un calvario: ¡renunciar a una metáfora en ocasiones es más doloroso que despedirse de un amigo! Y me digo que lo guardo en la caja de plata de los recuerdos para volver a ellos en el mejor de los momentos. Pero este, por ahora, nunca ha llegado… siempre hay una nueva imagen poética que está llamando a los umbrales de mi pluma entregada al rojo resplandor de la palabra para convertirse en el lento fluir de una línea que es un meandro en el curioso pálpito de la mirada… soy incorregible. Lo sé. Me gusta más un encabalgamiento de un adjetivo que a un niño un escaparate de dulces.

PL: En el tema, la luz; en la forma, lo breve.

José Manuel Lucía Megías: “En un tiempo en que parece que estamos condenados a la individualidad, ¿tenéis algún poeta o poetas de referencia? Da lo mismo que sea antiguo o moderno”.

AHS: Nunca creí en que la poesía es un campo de uno o dos, por eso leo a muchos y la lista se engorda. Mis poetas de referencia son poetas clásicos árabes y chinos que no son muy conocidos en España, como al-Mutanabi, Abu Nawas, Assayab o Li pu, pero también añado otros de la órbita hispana como Antonio Machado, Lorca y Neruda.

BG: Tengo muchas voces como referencia y no podría elegir solo una. Pienso que las poetas de referencia son como el fondo de armario: más siempre es más y aquí el minimalismo poco tiene que hacer. 

Me interesan voces como las de Vila-Matas, Paul B. Preciado o Angélica Liddell. Me parece fundamental la tragedia clásica porque todo está en la tragedia clásica, pero también me parecen fundamentales el punk y el subnopop porque todo pasa por quitarle hierro a la tragedia clásica y hacerla volar por los aires. Mis referencias beben de la música y la cultura pop y queer, de los feminismos, de los clásicos y últimamente también de libros que hablan sobre cocina, viajes, jardines, biografías y estilo de vida. Mordiscos sobre la Toscana o maravillas sobre la Niza de Nietzsche y los bañistas. Hay delicias escritas sobre esto, y es un subgénero muy poco explorado que estoy descubriendo con hambre. Y lo estoy disfrutando.

PL: Rimbaud, Pizarnik, J. C. Suñén, Chantal Maillard, Ada Salas.

Patricia Losada: “¿Vivís la poesía como una medicina?”

AHS: Y muchas veces como un milagro fuera de lo natural, nos abraza el cuerpo y nos sana el alma.

BG: Qué va. En mi caso, la poesía tiene más que ver con el deseo que con la cura y, si me apuras, está más cerca del veneno que del antídoto. Soy alguien disperso, con poca disposición para la constancia, y la escritura me ayuda a concentrarme, a fijarme, a enfocarme en una sola tarea, y ver pronto resultados. En ese sentido, la escritura me centra y estabiliza. También me ayuda a conectar emocionalmente conmigo, algo que no siempre me resulta fácil. Pero no la vivo como algo terapéutico, sino como algo embriagador, cargadito de colesterol. La poesía no sana, envenena, y por eso engancha. Eso sí, cuando la superas (el poema), estás redento. Será por eso de que lo que no te mata, te hace más fuerte.

JMLM: Es curioso cómo las palabras definen el mundo. En griego, se utiliza la misma palabra para definir “medicina” y “veneno”, como si fueran las dos caras de una misma moneda. ¿Es la poesía una medicina? ¿Es, por el contrario, un veneno? No lo sé: para mí es una necesidad. Sin ella, no entiendo el mundo, mi mundo, mi posibilidad de comunicarme con el mundo. Y entiendo mundo también como una necesidad o como un imponderable. La poesía es mi aire… ¿medicina o veneno? O las dos cosas a la vez.

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