Una monografía de Rut Alameda
Si eres amante de los libros ilustrados, es raro que no tengas un libro ilustrado de la maravillosa Rébecca Dautremer, o que en alguna ocasión te hayas parado en una librería porque sus ilustraciones son llamativas por sus planos, sus colores o por la forma que tienen. Todos nos sorprendimos hace ya tiempo, cuando en 2010 nos apareció una Alicia en el país de las maravillas que tenia el pelo negro.

Porque hasta ese año gracias a Disney encontrábamos un personaje totalmente diferente y en el imaginario colectivo Alicia era esa niña rubia vestida de azul. Y llegó Rébecca para sacar una foto del baúl de los recuerdos de Lewis Carroll y mostrarnos que estábamos totalmente equivocados. Y a muchos, como a mí, Rébecca nos enamoró totalmente con ese libro: no se nos iría su nombre nunca de la cabeza. Después de trece años, en los que he seguido su evolución y he conocido un poquito más su obra con el paso del tiempo, empecemos preguntándonos: ¿de dónde sale Rébecca?

Rébecca Dautremer nace en Gap, Francia, en 1971. Empieza en la Escuela Nacional Superior de las Artes Decorativas de París en la década de 1990, donde estudia un curso de Grafismo. Es gracias a esto por lo que se mete en el mundo editorial de la mano de Gautier-Languereau, que le encarga hacer su primer libro ilustrado, lo que le da las alas para comenzar una carrera que ya dura más de veinte años. Su primer libro, que la hizo famosa, fue L’amoureux (Enamorados en castellano ), un libro que habla sobre sentirse enamorado cuando Ernesto se enamora de Salomé y no sabe cómo demostrárselo.

El año siguiente lanza lo que será su álbum debut: Princesses oubliées ou inconnues (Princesas olvidadas o desconocidas), escrito por Philippe Lechermeier, donde encontramos una antología de pequeñas princesas con los retratos de la autora. Estoy segura de que todos estos libros se han cruzado en tu camino, leyendo esta monografía te estarán viniendo flashbacks sobre momentos en que estás caminando por una librería y ZAS, ahí están las ilustraciones de Rébecca.

Después de estas dos obras, Rébecca nos ha deleitado con más de treinta libros, entre los que podemos destacar: El pequeño teatro de Rébecca, Seda, Yeti o Las ricas horas de Jacominus Gainsbouroug.




¿Qué es lo que hace especial a Rébecca del resto de ilustradores? La técnica. Rébecca entiende de fotografía y en sus ilustraciones podemos encontrar planos que no encontramos en la mayoría. Además, ella se defiende bien con el guache y con la tinta y sus personajes son reconocibles a la lengua porque suelen tener unos rasgos que no son difíciles de diferenciar y con todo ello puede conseguir ilustrar cualquier cosa.
También Rébecca tiene algo que no encontrarás en todos los autores y es que cualquier proyecto que coja lo convierte en una obra de arte: en el pequeño teatro de Rébecca, lleno de personajes troquelados, donde encontramos una historia que se lee al revés y hoja a hoja nos va añadiendo o quitando cosas para contarnos una historia, o en Seda, donde las perspectivas y los personajes cobran vida de forma que casi los ves moverse por el libro.

¿Qué le queda a Rébecca por hacer? Pues no lo sabemos, porque después de todas las exposiciones, libros y conferencias que ha dado, yo misma me sorprendí el día que descubrí que había hecho una obra de teatro donde ella misma había hecho la escenografía y el vestuario (¡¡Y ACTUABA!!), en la que habla de cómo es crear un cuento infantil mientras tu editor te molesta.

Y no sé… como también ha hecho anuncios para marcas como Kenzo, lo único con lo que los amantes de los álbumes ilustrados podemos soñar es con encontrarnos algún día con que sus ilustraciones nos lleguen en un corto o en una película. Mientras tanto, sigamos disfrutando de ella mínimo otros veinte años más porque se lo merece.
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