-Consonni-

Madrid es el escenario de esta historia en la que Lur, una vasca afincada en la capital, nos relata algunos pasajes de su día a día, de forma tranquila, en primera persona y como si te lo estuviera contando mientras mira al horizonte, algunas veces con saña y otras como perdiéndose en sus recuerdos. Son nueve pasajes los que componen Estación en curva, donde podemos ver cómo Lur se relaciona, vive y a veces sufre en un escenario que no se sabe si la hace feliz o no.
Por los trabajos precarios, los compañeros y la competición que existe, donde tiene relaciones personales que parecen nefastas, por su familia que no soporta, por necesitar espacio para una misma, porque a veces se fija en las pequeñas cosas, como unas procesionarias que te hacen pararlo todo, porque Lur podría ser cualquiera que está a un paso de quedar medio pérdida en la vida, y para colmo en estas nueve historias de forma delicada y casi inconsciente Lur nos narra las violencias que sufre en su día a día, que parten de lo cotidiano y que tenemos interiorizadas, pero que no deberían estar ni existir.
Y además tiene frases mortíferas, y llegas a sentir rabia en algunos puntos, y además tiene un retrato de la maternidad acojonante, porque es real, destilando verdades y miedos por todos los poros que hacen que el libro se cierre alcanzando el clímax, porque te va llevando poco a poco en un ritmo incansable pero sutil hasta que se termina.
Así que Consonni lo ha vuelto a hacer: nos ha traído un libro que te marca, que es sincero y que era necesario leer. Así que si te gustan las historias reales, este es tu libro. Y a la autora nuestra más sincera enhorabuena, por el premio y por este pedazo de obra.
Rut Alameda, directora de Altavoz Cultural
Entrevista a Uxue Apaolaza

Bienvenida a Altavoz Cultural, querida Uxue. ¿Cómo has vivido el viaje de Estación en curva desde su publicación original en euskera hasta su extraordinario reconocimiento reciente en pro de la traducción al español y su edición en Consonni? ¿Cómo ha sido tu experiencia editorial en torno al proceso y resultado de su versión en castellano?
Diría que «extraordinario reconocimiento» es excesivo, y diría que empleamos este tipo de calificativos por premios como el Premio Euskadi (o por éxitos de ventas, que no es el caso). Y no cabe duda, este tipo de premios ayudan al libro, pero no es menos verdad que podrían habérselo dado a otras cuantas escritoras, con total justicia. Es una suerte de lotería que ayuda, pero no tiene que ver con el tipo de éxito que deseaba al libro cuando lo escribía. El libro se escribió porque me presenté a una beca (Ignacio Aldecoa) por precariedad laboral. Una vez entregado el libro, me apetecía seguir trabajando, y terminar de pulirlo para publicarlo. La verdad es que desde ese momento el libro ha cosechado microéxitos que ya me tenían más que satisfecha antes del premio: la mirada, el entusiasmo, el trabajo de Leire (Lopez Ziluaga, mi editora), encontrarme con alguna lectora cómplice en los clubes de lectores, las palabras de algún que otro escritor admirado que emplea conceptos que tú habías previsto al escribir la obra, alguna crítica, muchos más cómplices de los previstos… La traducción ha sido otro gran regalo de este libro que parece estar un poco embrujado. Yo viví en Madrid, el libro está situado en Madrid, y que este año un trocito de mí haya estado en un puesto de la feria del libro en el Retiro de Madrid me hace una ilusión enorme. Cosas así. Estoy muy agradecida y feliz. La traducción corrió a cargo de Angel Erro, amigo con el que compartí mis últimos años en Madrid… Y, además, ojo, gracias al libro, he ligado; y, como es sabido, es ese, y no otro, el objetivo más genuino de todo creador.
¿Cómo valoras el panorama literario actual en euskera, especialmente en lo referente a las autoras? Por otro lado, ¿cómo sientes que se inserta Estación en curva en el mercado hispanohablante?
Las autoras vascas somos muy majas. No, perdón. No conozco el panorama como para dar una opinión demasiado fundada. Pero como percepción personal… ha habido un cambio sustancial en cómo me sentí con la publicación de mis anteriores libros y cómo me he sentido con este. Esta vez ha habido más cojines. La deuda con las mujeres que escribieron antes que nosotras (Mariasun Landa, Arantxa Urretabizkaia, Miren Agur Meabe…) está clara, pero yo no paro de agradecer a las escritoras más jóvenes que yo (Danele Sarriugarte, Kattalin Miner, Leire Vargas…) la puesta en escena que han hecho, la seguridad con la que han pisado el escenario: creo que nos han abierto mucho el camino a las que veníamos de un poco antes. También creo que, no sé si por lo antes mencionado, o en paralelo, la lectora está mucho más empoderada y valorada: ya no esperamos que los hombres de mediana/elevada edad nos den su beneplácito, ya nos servimos solas. Nosotras aprendimos a leerles (y aprendimos a leer y a escribir también con ellos), si ellos a nosotras no, ya da igual. No nos importa.
No soy capaz de visualizar Estación en curva en el mercado hispanohablante.
En cuanto a su proceso creativo, ese camino alrededor de la acumulación de experiencias, ¿dónde sitúas el límite entre realismo y ficción? ¿Cuánto nos permite la obra conocer a su autora?
Ahora contesto a la pregunta, pero, en realidad, no sé si importa. El tema puede que sea importante para mí, en mi casa, pero en lo que al cuento se refiere, cuenta la forma en la que yo te cuento el tema, real o ficticio: el dilema no existiría para un lector que sobreviviera a nuestros nombres (y en realidad, mi nombre ya está superado de antemano, no existe conocimiento sobre mí como para que afecte a la realidad o ficción de los temas que tratan mis cuentos). Y respondiendo a la primera pregunta, no pongo ningún límite: utilizo lo que me conviene para lo que quiero hacer. Si es real o ficticio me da igual: pero en cuanto lo escribo es cuento, es narración, pasa a ser ficción, porque a la vez que da significado se vacía de realidad, se desnaturaliza, incluso se transforma o desaparece, según lo moldea la forma en la que lo narras. Creo que hay que abordar el tema sin ningún respeto hacia él, contarlo a pesar de él. Se puede empezar pensando que se escribe sobre algo, y acabar viendo que el tema era otro. La segunda pregunta: creo que si soy sincera no hago más que contarme, y aunque ahora cojo el libro como quien coge un quesito, a la hora de escribirlo puede que no haya sido otra cosa que un intento desesperado por ser entendida (¿querida?) mediante la ficción, ya que de otra forma no lo consigo.
¿Cuáles son tus próximos proyectos a corto y medio plazo? Muchas gracias y mucho éxito.
La verdad es que no tengo proyectos. El proyecto, en cuanto a la literatura se refiere, es sacar tiempo para leer de donde no hay, y no perder el cuaderno donde voy tomando apuntes.