-Traducción de Albert Kadmon-
-Pathosformel-
VI Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío
Altavoz Cultural – Noviembre 2023

Preparaos para arrastrar vuestro culo por los conductos de ventilación durante quince vertiginosos capítulos en los que Culto propone la adrenalina y la tensión como pareja de baile perfecta en la pista del horror extremo. Pathosformel catapulta su sello hacia una novedad terriblemente atractiva por su crudeza esperable, pero también por su convincente sentido de acción frenética en coordenadas de supervivencia, persecución, venganza y lucha.
Quince capítulos, como decimos, vertebran el imponente y aislado edificio literario de una treintena de pisos localizado en Inglaterra. Ya desde su entrada se nos prepara para soportar el asco como otro de los reflejos más inmediatos en el lector. De roedores heredados a ratas de dos patas con filo empuñado, nuestra joven protagonista Sam afronta el asentamiento de la mudanza entre conflictos vecinales, hostilidades y microdecisiones que permiten el superficial retrato de su familia (padre-Roger, madre-Lilian). Todo girará en torno a ese piso 18.
Un grito de alarma procedente de un par de plantas más arriba servirá como gong para activar el contrarreloj fatal hasta el final, una vez descubierta la trama cultivada a lo alto del edificio, con sede de gobierno en la planta 24: ella responde al nombre de Yaya y va a ser la némesis de nuestra Sam, una villana de las que hacen época.
El horror explota desde el fundido a negro provocado en el final de ese primer encuentro. El paseíllo de la humillación concluye con la bienvenida a la secta de la Corte de Lanner, cuyo propósito es la natalidad femenina. Y comienza el show, en todo su macabro esplendor: dos escenas sucesivas desgraciadamente protagonizadas por Lilian y Roger nos mostrarán la brutalidad en su grado máximo, a partir de las respectivas ejecuciones de Neil y Peter, los dos ‘nietos’ referentes.
Cuando todo parece perdido, nuestra heroína recibe la compañía de Noah, joven anterior inquilino de su mismo piso, para rescatarla y llevarla a lugar seguro. Juntos planearán la única fuga posible: una matanza. El viaje por los rincones del sectarizado edificio funcionará como una secuencia de objetivos trenzados sobre un mapa sangriento. El dúo de supervivientes decantará la partida hacia una premisa tan básica como demoledora: debes ser igual o más cabronazo que tu enemigo para poder derrotarlo.
Con el corazón quitado, Sam y su nuevo-mejor-amigo se escurrirán por las estancias arma blanca en mano para cumplir con su misión. Como visitas de la Parca, sus apariciones serán toda una celebración para el lector. Hasta alcanzar el clímax definitivo envuelto en fuegos artificiales.
Son numerosos las virtudes y los aciertos de esta obra de Ash Ericmore traída a nuestra lengua por Albert Kadmon. En primer lugar, debemos destacar cuánto nos encanta Sam. Después, apreciamos con agradecimiento el extremismo de las escenas, especialmente las dedicadas a la madre y al padre de Sam, y ensalzamos el chorro de adrenalina que nos inyecta la etapa última de la historia, que no nos deja respirar al tiempo que nos sigue mostrando la cara más salvaje del ser humano. Abrazamos el dúo antagónico formado por Yaya y Sam y aplaudimos el magnífico diseño de Noah: un complemento sencillamente ideal para la personalidad de nuestra particular final girl. Enhorabuena a todas las partes implicadas por su fantástico trabajo.
La danza de la carne
El mismo Ash Ericmore nos regala esta perla gore y depravada por manos de Kadmon: se trata de una historieta alrededor de la depredadora Janine una noche cualquiera en su discoteca fetiche, su particular coto de caza. Una nueva víctima que responde al nombre de Nick será el juguete elegido para otro encuentro a la luz de la psicopatía, la voracidad y sus sótanos más escabrosos.
Con la misma fuerza rítmica exhibida en Culto, disfrutamos de un texto muy entretenido, que no defrauda en su dimensión explícita, si bien agrega, por pura atmósfera, un grado más en el parámetro de lo tradicionalmente tétrico (ese desenlace, uy).
La cosmología de Ericmore gusta del objeto afilado, cortante, como arma predilecta, tan polivalente. Sus personajes femeninos, como ya vimos, son de alta y sabrosa complejidad: Janine nos cautiva muy rápido, ya desde las afueras del recinto, concediéndonos, tanto entonces como más tarde desde su especie de púlpito escrutador, una colección magnética de reflexiones sobre estereotipos, fauna y previsiones psicosociales, a través de las cuales el autor aprovecha para colocar sus vitaminas de humor y denuncia.
La danza de la carne resulta un broche perfecto, incluso fresco, tras el espectáculo tan potente como claustrofóbico derrochado en Culto. Pathosformel ata con férrea contundencia un pack que hará las delicias de los iniciáticos y de los curtidos en la prosa del arrollador Ash Ericmore.
Altavoz Cultural
Entrevista a Albert Kadmon

Edward Lee, Sean Hawker… Gracias a la labor editorial y divulgativa de Pathosformel estamos disfrutando de algunas de las voces más poderosas de la literatura de horror extremo. ¿Qué rasgos destacarías de Ash Ericmore como autor y qué consideras que aporta especialmente Culto al panorama actual?
En Pathosformel traemos obras poco conocidas, a menudo la primera traducción del autor o autora al castellano, pero no por eso deja de ser una obra potentísima. Libros como los de Hawker o Havoc son obras de culto con centenares de valoraciones en redes. En la misma línea de autor desconocido pero muy potente se encuentra Ash Ericmore, que en pocos años se ha labrado un nombre en la escena extrema con una labor prolífica de estilo minimal. Culto es una obra extrema pero es también un thriller puro y duro, queríamos mostrar también esa otra faceta del splatter y dar a conocer uno de los libros de Ericmore que más valoraciones positivas tiene.
¿Qué ha sido lo más excitante de tu labor traductora en torno a este texto? ¿Qué ha sido lo más complicado de ese proceso de conversión del original?
Lo más excitante muchas veces es que las cosas fluyan entre el autor y el editor, cumpliendo las expectativas el uno del otro, como ha sido el caso. También es excitante leerlo por primera vez en castellano, mis lecturas de Ericmore suelen ser cuando no puedo dormir enloquecido a altas horas de la madrugada, entonces sus libros son perfectos para no pensar y dejarse llevar por la tensión. Leer uno de sus libros de modo pausado durante un mes da matices a la historia.
Lo más complicado es que Ash en inglés tiene un estilo minimalista de frases cortas, a veces de una o dos palabras. Eso puede hacerlo porque el verbo inglés cunde más, pero en castellano era forzoso fusionar frases. Hacerlo en la justa medida es lo más complicado.
Estamos malacostumbrados a los fabulosos extras de las ediciones de Pathosformel. En este caso nos encontramos con el relato La danza de la carne, del propio Ash Ericmore. ¿Qué puntos fuertes de este breve texto crees que pueden captar el gusto de potenciales lectores del autor? Ambas obras, Culto y La danza de la carne, comparten, entre otras virtudes, un fuerte componente de adrenalina desatada. ¿Cómo ha sido trabajar el aparato descriptivo y el ritmo de la pluma de Ericmore?
Lo elegí porque, como en el relato principal, la mujer del cuento tiene mucha personalidad propia, casi se sale del papel para invitarte a bailar la danza de la carne. Descripciones estilo purple prose no hay muchas, es todo verbo, acción. Matanza y reacción. Ha sido muy sencillo adaptar la adrenalina porque se desprende de la semántica de Ash.
En ese frenesí de acción y violencia destacan dos grandes antagonistas, principales para el argumento: Sam y Yaya. ¿Qué personajes, sean literarios, sean cinematográficos o televisivos, te ayudan a visualizar por remota similitud ambas figuras en tu cabeza, con vistas a que puedas darles alguna pista a quienes aún no hayan abierto el libro?
En definitiva Sam es una final girl. En ese sentido me recuerda no a la final girl ochentera clásica sino a la adaptación independiente de una zoomer salvaje. Se ve fresco, moderno. Me recuerda a final girls modernas como la de Muerte, muerte, muerte (Halina Reijn, 2022) o la protagonista española de la lovecraftiana Venus (Jaume Balagueró, 2022).
¿Qué proyectos confesables tiene Pathosformel entre manos en este comienzo de nueva temporada? ¿Cuáles tiene en particular Albert Kadmon?
A inicios de este año publicamos algo de splatterporn, no acabará el año y sacaremos en exclusiva un splatter western. El primero de su género en castellano, con toques de dinoporno. Y el autor es una leyenda del underground bizarro, nada más y nada menos que Takeshi García-Ashirogi.
También estamos muy contentos porque sacaremos un novelón mayúsculo en catalán, más dinosaurios en una trama pulp y splatterpunk. Sergi G. Oset es el responsable, un peso pesado de la literatura de género en catalán.
Finalmente, no terminará el año sin que mostremos el segundo Versus, nuestra colección de relato competitivo. En esta ocasión se enfrenta Juanfran J. Troya a Santiago Eximeno con un escenario de diabólicas marionetas de fondo. Haremos presentación de los tres eventos y lo subiremos al canal de YouTube, así que síguenos en redes para estar enterado de toda la locura splatter que está todavía por venir.