Escuela de Imaginadores – VV.AA.

La Escuela de Imaginadores alberga una inmensa colección de valores y virtudes. La encomiable labor de Juan Jacinto Muñoz-Rengel cosecha frutos en forma de plumas fascinantes, forjadas destello a destello, propuestas deliciosas e historias extraordinarias. Así, las publicaciones paridas por tan sublime casa presentan siempre un rasgo distintivo, entre la originalidad y la genialidad. Hoy tratamos su reunión de relatos con gato, una ristra imperdible.
Pedro Sánchez dibuja un texto introductorio a la obra coral, “A modo de prólogo: Soliloquio de un gato”, con muy buena mano. El título antológico se lo adjudicamos a unos versos de Lorca, reflejados también al inicio de nuestro viaje, como suculenta bienvenida. Detrás de ese soberbio pórtico: una quincena de relatos de madres y padres tan diversos como entregados a la causa gatuna. Miau.
La búsqueda – Camino Rodero Merino
Notable entrada al universo gatil de la mano de una frenética aventura por escapada. Esa fuga que aterra a todo dueño. Padre e hija se enzarzan en una disputa permanente inherente a la tensión fomentada por la necesidad más urgente. La razón de la búsqueda funciona como detonador de una oposición directa sobre la visión del mundo. Con todos sus entresijos de la relación paternofilial. Pero además la autora vierte un bidón entero de misterio y angustia, esa mezcla que nos mantendrá en vilo entre discusiones y giros bruscos.
Un pequeño thriller de aroma tenebroso, con algún pinchazo al nervio, ambientado de manera magistral en la más sombría zona de peligro. Un salto hacia el precipicio de las emociones más explosivas que nos contagia su adrenalina en los ojos. El desenlace aprieta más si cabe la tuerca. Primer bocado de espléndido sabor.
Como una olla – Cortes F. Escalante
Ingenio puro, desparpajo narrativo y diversión profamiliar se juntan en esta pieza tan curiosa, incomparable con nada que hayamos leído alrededor del concepto ‘gato’. El clima acogedor del hogar nos abriga con máximo mimo para establecer una secuencia de lo más ordinaria, campechana, natural entre extremos de edad abuela-nieta. A ello le agregamos el toque viral y obtenemos un cóctel imparable, fresquísimo.
La velada rima se instala en el subconsciente como una taladradora según progresa la duda alrededor de la inocente obra artística. Paula, sobre todo, pero no únicamente, nos cautiva: resulta asombroso cómo está tejido el elenco de personajes que trufan la trama, tan reales, tan próximos a un contexto tangible, tan llenos de vida. Celebramos la maestría de la aparente sencillez para recomendar encarecidamente la atención a estas líneas, entre las que se puede, o no, encontrar un gato.
El gato o yo – Leticia Castro
Leti y su amiga Romina pretendiendo tender un puente Argentina-España gato recogido en brazos, el bendito Ernesto, con un prometido-por-conveniencia Joan de fondo, en un horizonte de incertidumbre económica-social. La base de entretenimiento se sitúa en el periplo de las amigas con el gato a cuestas desde que lo encuentran, un viaje literal y figurado que resume a la perfección el humor cambiante del minino, tan intrínseco a su especie.
Nos regalan los tres momentos hilarantes, un rato estupendo de lectura que concluye con una soberana declaración de amor a la mascota, gruesos sacrificios mediante, en el punto álgido de la amenaza más cotidiana: “X o yo”, es decir, “el gato o yo”. El trepidante ritmo, el fantástico juego de personajes perfectamente complementados y una sutil crítica al sistema constituyen los imanes ideales para agarrarnos con nuestras zarpas a este buen relato.
Fausto – Ignacio Rengel Lucena
Puede que sea nuestra gran debilidad este texto de Ignacio Rengel Lucena: una composición artesanal del terror más sobrenatural rociado con el mejor spray posible de los miedos humanos: el materno. Narrado por voz de la madre, asistimos al alumbramiento de la pequeña Minerva en presencia del gato Fausto, una figura inolvidable. El relato muta en cuento de fantasía oscura hasta alcanzar un resplandor de ominosidad que nos embelesa.
Brota el monstruo, con sus formas desproporcionadas, su ferocidad incontenible y su irremediable atractivo para los amantes de las criaturas escalofriantes. Todo sucede en la casa, ese espacio ideal para el espíritu tétrico más sensible, ácido. Nos conquista su poder visual y su dimensión legendaria en apenas unas páginas, maravillosamente labradas. ¡Glorioso!
Wellington – León Garzón
Nos asalta la ciencia ficción más invasiva: una joya de relato cultivada desde un finísimo humor y una belleza estética imponente. El estilo que le imprime León Garzón al diseño, desde el propio léxico y sus decisiones para crear escenario y atmósfera, a un muy disfrutable viaje en el tiempo hace de su propuesta una muy potente, admirable para el lector. Succiones, retrocesos, anacronismos y otros factores se citan en una ruleta que roza el delirio para introducir uno de los magnánimos nombres de la antología: el mismísimo Napoleón (¿uno de los más recordados ailurofóbicos de la Historia?).
El autor nos lo hace pasar pipa con la compañía de tan insigne personaje, que combina a los mil colores con el paisaje de ultraficción y carnaval que ha fabricado. Una de las sorpresas más jugosas de esta colección gracias a su valentía frente a numerosos tópicos del género y su magnífico sentido de lo lúdico-literario. Estupendo Wellington. Y el gato también.
Copos de nieve y margaritas – Pepa Cano
Una muy poderosa excepción ensartada entre la múltiple nómina de géneros y quiebros, que destaca principalmente por dos aspectos: su gran angular visual, que elabora una serie de cuadros bellísimos, líricos, y su reposado tono entrañable, tan arraigado a la intimidad familiar. Su ubicación en la cadena de textos es todo un acierto extra.
Pepa Cano pinta unas imágenes atractivas y reconfortantes, a través de las cuales construye un andamiaje bivalente en torno a los sentimientos que capa a capa desata la historia. Una historia de mujeres, raíces, río vital, desbordante de simbolismo y trasfondo.
La gata – Carmen Rubio
Una exhibición sobre cómo se debe llevar a cabo una transición interna en un relato, extendiendo paulatinamente las garras hacia los márgenes, para arrollar lo previsible y cambiarlo por algo absolutamente desconcertante. Y con mucha, mucha tranquilidad, con una pausa quirúrgica, como si no costara.
Más allá de su sobresaliente impacto, el resultado recoge nutrientes de una voz firme, que escribe sin titubeos, sin temblores. Carmen Rubio demuestra una destreza apabullante en términos de equilibrio, precisión, persuasión. Nos regala algunas estampas difícilmente borrables de la memoria y explota de manera irreverente, extraordinariamente irreverente, un argumento de primeros pasos inofensivos, hasta tiernos. Un huracán encerrado en un libro.
Pequeña criatura – Ismael Núñez Miralles
Entretenidísimo relato de acción, mafia y… paternidad. El tráfico de criaturas dispara un nuevo episodio que tiene de todo: persecuciones, reminiscencias familiares, amoroso-adolescentes, momentos de padre en apuros y una gracia entre lo alocado y lo dulce que transmite muy buen rollo. Corremos, corremos con el protagonista y nos preocupamos, sufrimos con y por él.
Ismael raciona ciertos instantes agudos de humor con algunos obsequios en forma de nuevos conocimientos que no teníamos. Se mueve con soltura por una narración dinámica, por momentos voraz, en la que prima el éxito de la supervivencia por encima de cualquier otro objetivo. Original a partir de la concepción del binomio bebé-gato, el autor nos seduce con un texto inconformista y pulido en sus aristas y detalles. Un merecido aplauso.
Regalo de cumpleaños – Clàudia Sánchez Vidal
¿Habéis visto Smile? La mamá de la pequeña Ale se afana por conseguir armar la fiesta perfecta para su hija, regalo maravilloso de cumple incluido. Todo el proceso de preparación resulta agobiante, plagado de factores y flecos tan arduos como verosímiles. La autora juega desde el principio al ocultismo narrativo: sabemos que esconde algo, que nos está llevando paso a paso hasta ello, que habrá en algún punto una explosión, presumiblemente de horror. Y funciona.
Leemos con los ojos muy abiertos una historia muy bien trazada, que se recrea con gozo en las torpes pero nobles respuestas que le va dando mamá a los sucesivos obstáculos que se le presentan en el camino hacia la victoria cumpleañera. Tan similar en esta mecánica al relato anterior (tan diferente en todo lo demás), nos entretenemos siguiendo la escalada de acontecimientos como un espectador privilegiado. Hasta que ¡PAM!
Escapada – Elena Pinedo
Enlazamos al menos tres textos ‘a la carrera’ con esta propuesta de Elena Pinedo: la velocidad de la acción, adecuadamente estimulada por el contraste entre el mundo humano y el animal, es la balsa que nos agita por las páginas de un cuento ciertamente interesante, muy original. El puzle de personajes luce fornido, con voces cruzadas y siluetas bien confeccionadas.
Esta Escapada nos suscita, por primera vez, un decrecimiento en el pulso: el relato aterriza de forma más fría, cruda que otros afines a sus características. Esto le confiere una atracción singular, conectada con sentimientos menos intuibles, opacos, que florecen inesperadamente al acercarnos al remate. Elena Pinedo escribe muy, muy bien.
Esto traerá consecuencias – Alfonso Arribas
La pareja malavenida de André y Marion -por culpa del gato de ella, Capitán- protagoniza una especie de reverso del texto El gato o yo, en esencia. El planteamiento engancha de primeras al lector, que se ve arrastrado a la rutina profesional de André, habitual del trasiego de las calles.
El relato es tan sólido como curioso, con fuerza en sus escenas y creatividad en su rumbo. Alfonso Arribas diseña una subtrama que estalla de parásito en rostro de primera fila al ritmo que nos engatusa un personaje central cuidadosamente refinado. Nos gusta todo lo que sucede en estas páginas, por su forma y por su fondo.
Lo que hay que hacer – Marga Montes
Una proeza técnica: dos tramas simultáneas, dos espacios narrativos que confluyen sin estridencias en el punto exacto. El aroma es intenso gracias a cómo desarrolla la autora los múltiples sentidos (especialmente el olor y el sabor). Hudson es un hallazgo en sí mismo.
Marga Montes expone una pieza artística terriblemente inmersiva, atravesada de punzones. Los personajes cabalgan entre tics, manías y breves trifulcas verbales. Su medida complejidad los dota de un carácter admirable, de una personalidad que traspasa el papel. Celebramos su inclusión en esta antología: Lo que hay que hacer es leer a esta autora.
El pájaro enjaulado – Regino García Martínez
Uno de los textos más densos y especiales de esta colección con gato. Da para estirarlo hasta una novela corta. Ojalá, Regino. Por primera y única vez, el gato cede su cuota de protagonismo al pájaro, símbolo incomparable para el desarrollo de un argumento que despliega sus alas sobre terreno humano, uno escabroso, no apto para lectores sensibles.
El tono más o menos agarrado al thriller de otros relatos se disipa aquí para calar en rincones profundos del alma, para tocar fibras encrespadas. Sentimos cómo el tiempo se nos para en manos del autor. Una maravilla que recomendamos degustar con apetito de buena literatura.
Lunes – Pedro Merchán Arroyo
La rara avis de Como un dios perezoso: un chute de onirismo pasado por el filtro del horror y la incredulidad que pervierte la inercia sensorial. Un prodigio que nos sorprende por turbio, desequilibrado e hipnótico. No sabemos nada y es mejor así: un despertar confuso en extremo, personas esparcidas estratégicamente en los diferentes momentos del relato y un manto de extrañeza tan bizarra que nos espanta y atrae con la misma energía.
Seguramente nuestra deriva orgánica hacia propuestas más arriesgadas y escalofriantes contribuya a esta preferencia, pero ello no desmerece en absoluto -quizás le exige más, precisamente- las gruesas virtudes de un texto que brilla por oscuro, que luce sobremanera por su capacidad para infundir al mismo nivel terror y curiosidad, un suspense insoportable. ¡Y ese final que se siente como un portazo, como una caída ruda de telón! Queda todo abierto en nuestra mente. Sublime. Qué gustazo de lunes.
Más listo que una rata – Carlos Gago
Carlos Gago cocina un rico cierre para la presente amalgama de relatos gatunos: esta vez es la rata la que excepcionalmente ocupa el centro de la mirada frente a su archienemigo felino. Pero no se distancian tanto. Asistimos a otro cuadro familiar con matices muy logrados, se nota el trabajo de la pluma detrás de cada figura y se agradece una cohesión evidente entre toda la orquesta de personajes.
Un reconocible ejercicio de puntería narrativa proyecta la acción como una consecuencia natural de la suma de ingredientes que, con soberbia responsabilidad, añade y añade el autor, que juega a hacerse el despistado, como si no ocurriera nada relevante. Su riqueza está en las espléndidas decisiones que, fundamentadas en su mayoría en el vivaz personaje de Aixa, engrandecen una historia hermanada con las buenas fábulas de siempre.
Con mucho gato, con poco gato, con el gato justo y necesario, con el gato en el foco o con el gato en la sombra, los quince relatos que hemos leído no hacen sino potenciar con su gran demostración de Literatura cuánto se puede obtener de un “objeto universal” cuando se le trata con máxima calidad. Estos relatos con gato son admirables, independientemente y en su conjunto. Deseamos felicitar a sus autores, a la Escuela de Imaginadores y a Juan Jacinto Muñoz-Rengel por su fenomenal publicación. Muchas gracias a nuestro amigo José Luis Pascual por su recomendación y por todo lo demás.
Altavoz Cultural