-Dentro del Monolito-

Coloquio de autores

Lorena Escobar y Pedro P. González

Felicidades por vuestra publicación en esta fantástica antología, querida Lorena, querido Pedro. Nos gustaría comenzar esta batería de preguntas sabiendo cómo surge vuestra participación en la obra y qué os sugería la propuesta. ¿Cuál es vuestro concepto de «bosque» dentro del prisma del terror?

Lorena Escobar: Buenos días, querida amiga, querido amigo de Altavoz Cultural. Lo primero, agradeceros enormemente esta entrevista y la visibilidad que siempre ofrecéis a obras y autores. Es muy importante en el panorama literario que tenemos ahora mismo contar con espacios como el vuestro, donde nos hacen sentir como en casa y nos ofrecen, nunca mejor dicho, un altavoz para poder mostrar nuestras creaciones al resto del mundo.

Lo que me llevó a participar en la obra fue sobre todo el hecho de que la convocatoria procediera desde “Dentro del Monolito”. Yo por aquel entonces no formaba parte del proyecto, pero ya los seguía, y me encantaba el contenido que ofrecían y la gente que participaba en el mismo. Así que cuando lanzaron la convocatoria no lo pensé ni un segundo: la sorpresa, en realidad, fue que me escogiesen. Es la primera antología en la que salía seleccionada, así que imaginaos el subidón de felicidad. Por esto este libro tiene un especial significado para mí.

El concepto de bosque dentro del terror abarca un universo en sí mismo. El bosque es primitivo, ancestral como la propia existencia del ser humano, en él se han llevado a cabo rituales, ha desaparecido gente, se han levantado y caído civilizaciones y existen aún hoy en día zonas boscosas inaccesibles para el ser humano. Creo que es algo tan antiguo como nuestra propia humanidad: la soledad del bosque, el silencio, los misterios que oculta y que nos son ajenos… El bosque, en sí mismo, es el sustantivo terror.

Pedro P. González: Muchas gracias, amigas. Es siempre un placer compartir con vosotras. Yo aquí, ya sabéis, estoy mejor que en casa.

El bosque es, para mí, ese lugar dual; amable y terrorífico, mágico y tenebroso. Dos reversos. Una contradicción en sí mismo y un espacio maravilloso en el que plantear historias con esa misma dualidad humana, en la que somos capaces de lo mejor y de lo peor.

Desde Dentro del Monolito se planteó la convocatoria (a finales de 2020, si no recuerdo mal) y como ya tuve la suerte de participar en la anterior antología T.Errores, no pude resistirme a enviar un texto. Volvió a sonar la flauta, y aquí estamos, ¡compartiendo páginas con auténticos titanes!

¿Cómo consideráis que se inserta T.ERRORES: En el bosque ya estás muerto en el panorama actual del género? ¿Qué textos incluidos en la antología destacaríais por algún motivo especial?

LE: Creo que es una apuesta valiente, sin duda. Las antologías no tienen un hueco muy específico en el panorama literario actual, de hecho, te encuentras continuamente con editoriales que no admiten en su recepción de manuscritos antologías de relatos. La novela corta se ha comido el terreno del relato, del cuento corto, aquel por el que nació y le otorgó pleno sentido a la palabra escrita. Por eso me parece muy importante que todavía se lancen este tipo de certámenes y se ofrezca la posibilidad a las autoras y los autores de darse a conocer. En el caso de T.ERRORES es doblemente difícil, porque ya sabemos todos que el terror ocupa un espacio un tanto discriminado dentro de la literatura española. Sin embargo, la cantidad, variedad y calidad de los distintos relatos revalorizan sin duda tanto el formato como el tema, demostrando que el terror está en plena forma, que puede desarrollarse con escenarios, personajes y temáticas muy variadas, y destacaría sin duda el relato de Román Sanz Mouta: su calidad, su prosa excelsa y original, la conjugación de pintura y literatura y sobre todo la atmósfera creada y la dureza de las imágenes convierten su relato en una propia obra de arte dentro de la antología y de las letras en general.

PPG: Esta antología está cuajada de buenas ideas y grandes textos, que van de lo experimental a ideas un tanto locas, cosa que se agradece mucho, con ese punto de novedad y frescura que tan bien le sientan a este tipo de compilaciones. Tuve la suerte de compartir presentación y de charlar con varios compas sobre sus relatos y sus textos alcanzaron otra dimensión, desde luego, para bien. «Háblame del bosque» de Ángel Ortega es toda una declaración de intenciones, y al escucharlo de su propia voz tomó otro sentido mucho más profundo. Los textos de Román, Lorena o Franky son muy interesantes también. «El pulso con el todo» de Sheila es breve pero guarda un girito de lo más curioso. El experimento de Miguel Matesanz en «Lo que no dejan ver los árboles» es algo que hay que leer y el simbolismo de «Hormigrañas» de Carlos denota una maestría en el uso de las metáforas, los juegos de palabras y los dobles sentidos. Sea como sea, ¡recomiendo encarecidamente todos y cada uno de los textos!

La diversidad es sin duda una de las grandes virtudes de esta colección: cuántas formas tan diferentes de sacarles partido al terror, al error y al bosque. ¿Es este un estupendo ejemplo de obra inimitable por la Inteligencia Artificial? Más allá de eso, ¿qué es lo que más os seduce del comportamiento humano como objeto literario a la hora de escribir sobre él o a partir de él?

LE: Como bien decís, creo que es un claro ejemplo de lo que la Inteligencia Artificial no lograría hacer jamás. No dudo que ese “chisme” (siento llamarlo así, y reconozco su utilidad para otras muchas cosas, ¡pero en mi cabeza no deja de ser un chisme!) sea útil en otros ámbitos, pero en la literatura, ah, lo siento, pero no. Las letras nacen del cerebro, sí, pero también del corazón. Nacen de la experiencia ajena y propia, de la experimentación, de la observación, nacen de las noches en vela y las madrugadas desesperadas. No, la Inteligencia Artificial no tiene la menor idea de lo que es querer morir y matar por amor, de lo que es cortarse la piel por temor a cortarse el alma, no entiende del miedo, el que paraliza, no entiende del dolor, el que desgarra. T.ERRORES, sus veinticuatro relatos, demuestran que la diversidad es tan inevitable como inevitable es el sentimiento y talento de cada ser humano. Algo que una máquina no podría reproducir jamás.

Por otro lado, lo que más me seduce del ser humano como objeto literario es el porqué. Es decir, su motivación. Qué la ha o lo ha llevado a actuar así, qué oculta, qué quiere, a quién odia o a qué teme. La psicología, el pasado, el presente y la mentira del futuro y cómo han marcado sus pensamientos, acciones y daños. El ser humano es inabarcable y a lo único que podemos aspirar es a tratar de comprender al personaje en aquello que calla por no mostrar, adentrarnos en su interior y apretar con más fuerza las espinas de sus daños. Desvestirlo, desollarlo, convertirlo en un objeto de nuestro y vuestro estudio. Me parece lo más fascinante de todo, escribir sobre y para personas.

PPG: Creo que todas las personas que han participado en esta antología han sido capaces de huir de convencionalismos y de clichés propios de la temática. Han conseguido buscar esos puntos ciegos, esas trampas y esos agujeros de gusano por los que retorcer un espacio como el bosque para sacar el máximo partido a sus historias. Tanto en forma como en fondo, todo se ha llevado más allá, nadie ha quedado satisfecho escribiendo algo ortodoxo que siga una línea obvia. Creo con sinceridad que actualmente las inteligencias artificiales siguen siendo muy conservadoras, en el sentido de que las historias que podrían ofrecer plataformas como ChatGP serían historias escuchadas una y mil veces. Quizá la tecnología tenga que seguir evolucionando y dependiendo de quién la maneje se llegue eventualmente a las mismas cotas de creatividad, simbolismo y heterodoxia humana, pero por el momento, no lo veo factible sin que se le vean mucho los mimbres.

En cuanto al ser humano como objeto literario, su comportamiento y su mediocridad, es algo bastante inherente a mi escritura (y creo que también lo es a la de varios compas de antología). Como decía al principio, la naturaleza dual del ser humano, sus blancos, grises y negros son fuente inagotable de inspiración; desde lo más luminoso a lo más oscuro. También creo que ayuda a comprendernos como elemento en la propia naturaleza, a cómo nos comportamos para con el resto y qué nos hace ser, en definitiva, humanos en un entorno concreto, con nuestros aciertos y errores, con nuestras derivas constantes y nuestras contradicciones.

¿Cuáles diríais que son hoy en día los puntos fuertes y los puntos débiles de las convocatorias y los certámenes? ¿Qué os aportan, como lectores y como autores, las obras colectivas conformadas por varias voces? ¿Es este volumen de T.ERRORES una puerta hacia futuras posibilidades creativas personales que quizás comencéis a considerar?

LE: Yo creo que los puntos fuertes tienen que ver precisamente con la posibilidad de contar con un elenco de autoras y autores que otorguen a tu obra una variedad y diversidad que jamás se obtiene con una novela individual o escrita a cuatro manos. La perspectiva, la diferencia en la prosa, la narrativa y la estructura, la oportunidad de conocer voces nuevas es, sin duda alguna, lo mejor de este tipo de certámenes. El punto débil es quizá la reticencia por parte de las editoriales y de cierta parte del público a los relatos en particular y, por tanto, a la recopilación de los mismos en general. Hay gente a la que, simplemente, no le gustan los relatos. A mí, como lectora y como autora, las obras colectivas me suponen un aprendizaje. Es en el relato donde se beben las fuentes para gestar obras más largas y creo, estoy plenamente convencida, de que si no se es buen escritor de relatos no se será de novela. Me parece un aprendizaje imprescindible, pues tienes a mano, en un solo tomo, los recursos y la forma de describir, narrar y desarrollar de los que son nuestros maestras y maestros: el resto de escritoras y escritores.

Personalmente, para mí T.ERRORES fue una puerta abierta de par en par, el empuje que necesitaba en aquel momento para decidir seguir intentándolo en el mundo de las letras. Gracias a él entré a formar parte también de la comunidad del Monolito, donde aprendo cada día de los que considero algunos de los mejores escritores del panorama nacional actual. Para mí, una oportunidad única que creo estar aprovechando bastante bien.

PPG: En general, las antologías son grandes disparadores creativos. Jamás habría escrito algo como Disclímax si no fuera por esta convocatoria. Esta, además, tenía un componente más interesante aún que era el de partir de nuevo desde el “error” como elemento de inspiración. Horror y error se conjugan a la perfección en esta antología, y creo que es un regalo para alguien que escribe que aparezcan iniciativas de este tipo. Lo confuso, el error, lo no esperado, la ruptura de la realidad son herramientas que encajan como un guante en el terror, sea lo que sea lo que entendamos por terror. Ese fallo en la realidad, aquello que se escapa a la razón es un verdadero motor para escribir historias terroríficas.

Como escritor, las convocatorias y certámenes son ciertamente útiles para investigar, jugar o experimentar con temas y formas. Me parecen utilísimas, y si bien es cierto que no todas las plataformas tienen los mismos medios ni alcances, todas me parecen válidas aunque no participe en todas. Algunas porque la temática se me escapa o porque no termino de fabricar algo que merezca la pena antes de llegar a tiempo, pero suelo disfrutar de muchas de estas antologías como mero lector.

Lorena, ¿cómo se gesta La cruz desde ese primer estímulo creativo que te atrapa y cómo fue su proceso de escritura a partir de entonces? ¿Cómo planteaste el diseño de unas protagonistas tan poderosas para esta historia?

Respuesta: Como he comentado varias veces, La Cruz está gestada en base a un hecho real. Una anécdota bastante perturbadora que creó los cimientos sobre los que se sustentan los tétricos acontecimientos narrados en el relato. A partir de ahí, la creatividad vino sola, enlazada con lo que sentimos en aquel momento, enraizándose en el recuerdo y formando las palabras como un pentagrama de melodía inevitable. Lo escribí del tirón, teniendo muy presente el origen, y creé a los personajes bajo la batuta que la propia historia me dictaba, como un director de orquesta dejando que las notas tomen su propio control. Todo fue una pieza montada detrás de otra en un engranaje que se montó y se desarrolló prácticamente solo. Eso es La Cruz, y espero contar algún día los perturbadores acontecimientos que dieron lugar a este personal e inquietante relato…

Pedro, en Disclímax nos hemos vuelto a encontrar con el lado más oscuro de la literatura. ¿Cómo fue el proceso de creación de una atmósfera tan impresionante? ¿De qué maneras crees que conversa este relato con tu trayectoria narradora hasta la fecha, en cuanto a elementos, imaginario, tono…?

Respuesta: Encontré el término ‘disclímax’ buscando algo de inspiración y me pareció interesantísimo. La capacidad de regeneración de la Naturaleza, de tender siempre al equilibrio a pesar de vivir en una fluctuación constante me interesaba muchísimo. La pérdida de coherencia y de ese equilibrio en un ecosistema me parecía un punto de partida magnífico. Solo faltaba encontrar ese paralelismo de la propia Naturaleza con la naturaleza humana, por cómo también debido a causas exógenas podemos perder ese hilo que nos mantiene cuerdos y serenos durante los momentos previos a nuestro propio disclímax, ya sea por una enfermedad, una ruptura sentimental, cualquier situación fuera de nuestro control, etc. Se podría decir que el bosque, el propio cuerpo humano y las vivencias que a muchos nos han atravesado fueron los tres elementos básicos para arrancar este texto, no muy diferente a otros que haya podido publicar. Abordo temas recurrentes que siempre terminan en el lado más turbio del comportamiento humano. Más allá de las formas, en cuanto al fondo y siempre en segundo plano, acudo a temas como la mezquindad, el abandono, la enfermedad, la soledad o el arrepentimiento que suelo reflejar de forma recurrente en casi todo lo que escribo. Se podría decir que, por supuesto, Disclímax forma parte también de ese universo oscuro y mezquino que voy retratando poco a poco en cada texto en el que trabajo.

Deja un comentario