-Maclein y Parker-

Jornadas de la Mujer 2024 – Altavoz Cultural

Emigrar como punto de partida y con voz de mujer. Porque María no deja indiferente en estos doce relatos que nos trae la autora en su libro. Emigrar desde distintos puntos pero siempre desde el lado femenino que aporta de alguna manera un matiz de inflexión. La familia, los amigos, los cuidados, las parejas, la no-maternidad, el dolor, la autoficción en algún momento nos adentra en este libro en el epicentro de la Alemania que habita. Es maravilloso el conjunto de los doce textos, cada uno con una voz diferente, que nos lleva a una realidad con todo lujo de detalles y con una capacidad para transportarte a las situaciones y lugares que describe, una capacidad que tienen muy pocos autores y que María maneja a la perfección.

Un libro al que acercarse para ver cómo las líneas se desdibujan y cómo es no sentirte de ningún sitio, cómo es volver, cómo son las amistades en la distancia, cómo es la búsqueda de ese hogar en un sitio que no es el tuyo… Una crudeza que a veces se disfraza de humor, pero que te llega igual al centro del corazón.

Una maravilla de libro; estoy deseando leer más de la autora porque de alguna manera ha conectado con algo dentro de mí en su escritura, en una obra muy recomendable para aproximarnos a otras vivencias de una manera tan certera. 

Rut Alameda, directora de Altavoz Cultural

Entrevista a María Bautista

¿Cómo nace la idea de Mis amigas se compran casas? ¿Cómo ha sido su proceso de escritura y producción hasta su publicación en cuanto a revisiones, manías de última hora y emociones como autora?

Foto por: Frauke Samland

La creación de los relatos de Mis amigas se compran casas abarca un periodo de tiempo muy amplio. La mitad de estos relatos van escribiéndose a lo largo de una década sin un objetivo claro. Pero hace un par de años me di cuenta de que, de alguna manera, a todos les unía algo: la herida de migración que siente tanta gente a mi alrededor y que me afecta a mí también. Fue ahí cuando surgió la idea de crear una antología con todos ellos. Pero no tenía suficientes relatos como para llenar un volumen, así que durante el otoño de 2021 estuve releyendo viejas historias que pensaba que podían cuadrar, reescribiéndolas, ampliándolas, añadiendo aspectos que he ido observando, aprendiendo y sintiendo durante esta década como migrante. También escribí relatos totalmente nuevos, con historias que se alejaban más de la mía propia y que sentía que debían estar ahí. Lo más difícil fue darles un orden. Le dí muchísimas vueltas y al final desde la editorial me propusieron un par de cambios y ahora no imagino otro orden mejor para estos relatos.

¿Cómo definirías Mis amigas se compran casas desde un punto de vista sociocultural? ¿Qué consideras que le aporta esta lectura al panorama literario?

Yo concibo Mis amigas se compran casas como un golpe en la mesa desde la rabia que me genera observar cómo a mi alrededor empieza a crecer la ultraderecha y otra vez la palabra (puto) migrante vuelve a la actualidad y al discurso de muchos políticos. En ese momento siento que como migrante tengo que decir, oye, que aquí estamos, que tu primo, tu amiga, tu vecino, la compañera del cole que te gustaba, todos esos colegas que se han ido a vivir fuera son también (putos) migrantes en su país de residencia. Por supuesto que tenemos privilegios como europeos y blanquitos. Nuestra migración es de primera y no siempre es comparable a otras, pero me parecía importante volver la mirada hacia nosotros, igualarnos para así despertar una empatía que no siempre tenemos con el que vemos extranjero. Recordar, además, que todos, en algún momento de la vida, podemos acabar convirtiéndonos en migrantes. 

Quizá esto es lo que aporta Mis amigas se compran casas al panorama literario: una voz que mira dentro, pero que lo hace desde fuera. Mi escritura no sería la misma si hubiera seguido viviendo en España. 

¿Te has inspirado en personas reales para escribir las historias? ¿Qué cuota de autobiografismo podemos encontrar en estas páginas?

Más que personas reales, estas historias están plagadas de hechos reales: la pérdida de un hijo al cruzar la frontera, la incapacidad de cuidar a una madre, la necesidad de cuidar a las madres de otras a tantos kilómetros de tu casa, el miedo ante lo que supone comprarte un colchón mientras tus amigas se compran casas, los pueblos en los que desaparecen las panaderías pero llega la ganadería intensiva, los bares de toda la vida en los que se reúne la pandilla que anda desperdigada por el mundo. Hay mucha realidad en la ficción de estos cuentos. Por supuesto también hay mucho propio. Cosas que podían haberme pasado, miedos propios que dejo que se desborden en estos cuentos. 

La mayoría de las historias tienen puntos de conexión, como la infancia, el pueblo, la experiencia de emigrar y ese paso de la etapa adulta que muchas veces no queremos asumir. ¿Cómo valoras esta generación que ronda los treinta? ¿Cómo ha sido para ti retratarla a través de tu obra?

No he sido muy consciente de que estaba retratando una generación concreta cuando me ponía delante del ordenador a escribir, pero es innegable que hay mucho de mi propia generación y de la crisis económica y vital que sufrimos cuando cumplimos treinta. Terminé la universidad un par de años antes de la crisis de 2008, cuando parecía que te ibas a comer el mundo, cuando si hacías lo correcto, estudiar, esforzarte, trabajar duro (y por poco dinero) llegarías lejos. No fue así. Superar esa mentira, traspasarla, enterrarla, mandarla a la mierda esta mentira y a los que no la contaron y salir adelante fue un reto. Sigue siéndolo, de hecho. De alguna manera nos robaron la idea de futuro, de que nuestro bienestar dependía de nosotros. Eso es liberador por un lado, pero por otro es bastante desesperanzador. Y esa es otra herida más que arrastro y de la que, por tanto, no puedo ni debo dejar de escribir (al menos hasta que la cure).

Pero quiero pensar que es un libro bastante intergeneracional que habla también de la generación de mis abuelos, de esos españoles que migraron en los años sesenta (muchas veces de manera ilegal) y que ahora ven como sus nietos tienen que hacer lo mismo, o de la generación de mis padres, que vieron como cuando ya tenían criadas a sus hijas tuvieron que empezar a cuidar de sus padres, y tuvieron que hacerlo en un sistema económico tan brutal como es el capitalismo, donde hay poco hueco para los cuidados. 

En el conjunto de los textos impera la voz femenina, en ellos hablas de distintas violencias cotidianas que sufrimos las mujeres.  ¿Te ha sido especialmente difícil escribir estas partes, esas escenas? ¿Qué necesidad, como mujer y como escritora, tenías a la hora de escribir los relatos desde esa realidad que podríamos vivir cualquiera de nosotras?

Depende de cómo definamos difícil. Si nos referimos a qué ha sido doloroso, sí, lo ha sido. Tengo que reconocer que lloro mucho escribiendo porque lo que cuento me duele, pero me gusta que sea así. Demuestra que mis textos y mi escritura es vulnerable y no concibo una escritura que no lo sea. (También demuestra que soy una llorona, pero eso es otro tema).

Pero si hablamos de dificultad a nivel técnico, entonces no lo ha sido. De alguna manera esas violencias que observo, que leo, que escucho, que he experimentado o tengo miedo de experimentar están muy presentes en mi cabeza, así que a la hora de escribir fluyen. Luego se atascan otras cosas: la estructura, los finales, los personajes, el tono… pero sí siento dentro esa necesidad de hablar de estos temas, por lo que, incluso sin elegirlo, acaban saliendo inevitablemente en los relatos. 

¿Qué opinas de esto que se dice de «ahora se leen más autoras»? ¿Cómo ha sido tu incursión en el mundo editorial?

Creo que ahora se leen más autoras, pero habría que añadir «que antes». Claro que antes no se leían apenas autoras, así que es fácil que esto ocurra. Pero aún hay mucho camino que andar. Por ejemplo, que no solo las mujeres lean a escritoras, sino que los hombres lo hagan también (hola, estamos aquí y no escribimos literatura «femenina» ni solo para mujeres). 

Con respecto al mundo editorial, hay tanta sobresaturación que es muy difícil ser visible. No es que llames a puertas y te digan que no, es que directamente no escuchan el sonido del timbre, y eso es bastante desesperante. Por suerte siempre hay editoriales pequeñas que hacen un trabajo editorial exquisito y que acaban (por seguir con la metáfora) por escuchar el timbre, abrirte la puerta e invitarte a cenar. Sin ellas nos perderíamos muchas voces interesantísimas del panorama literario actual.  

Deja un comentario