-Iria Fariñas-

Respiración. Inspiración y exhalación. Exhumación del material genético e histórico. Mitocondria y mito: raíz que se hunde en el relato y escarba en busca de fuentes enterradas. Así como la mitocondria transforma glúcidos y aminoácidos en energía funcional para la célula, el mito recorre el trayecto inverso para recordarnos el asombro como un combustible que nada tiene que ver con las nociones de utilidad contemporáneas.

Respiración. Camino de ida y vuelta. Se calcula que un ser humano respira en torno a veintitrés mil veces por día, que está conformado por unos treinta y dos billones de células de media y que cada célula contiene entre ochocientas y dos mil mitocondrias. ¿Cómo contabilizar las inspiraciones y exhalaciones simultáneas que atraviesan cada segundo nuestros cuerpos? Si callásemos, todos a la vez, durante un instante sagrado, ¿se oiría el eco de los mitos atravesando las cadenas helicoidales de nuestro ADN? / ¿coincidirían sus mensajes? / ¿se produciría un milagro?1 / ¿emergería una red de diversiones y pequeños monstruos?2 / ¿sonaría su aliento conjunto como un jadeo, como una coreografía o como un enigma?

Conexión fonética: la fricativa velar sorda conduce al jadeo. Lengua enajenada 3/ retorcida / desdoblada / mutante. Lo simultáneo es una forma geométrica, toda reflejos. No se pueden ver todos sus vértices, sus aristas se comban, sus distancias responden al movimiento en lugar de a la precisión. Aun así puede intuirse (mediante abstracción matemática) su existencia. Lo simultáneo es el coro del tiempo.

Una pregunta desata otra: ¿será una discusión de sistemas con parámetro suficiente para deshilachar los tejidos del misterio hasta encontrar extremos a los que aferrarse? / ¿cuál es la textura de las córneas del abismo? 4/ ¿es posible detener la caída? / ¿qué haremos, al final, con los nudos?

Determinar los puntos en común no se diferencia en gran cosa a cualquier otro juego: digo ¡alto! y la otra persona se detiene como una estatua, porque esas son las normas acordadas. Pero sigue respirando. Esa es la única circunstancia inevitable.

Los espacios en blanco tienen algo de oasis. Un crítico, en alguna parte, sentencia: este poema no respira. Y el poema insiste en no morir. Horror académico: la rebelión ha llegado. ¿Qué haremos con los poemas sin pulso? Alguien susurra, a escondidas: sorprendernos.

La sorpresa tampoco puede acordarse. El elemento nuevo en la ecuación debe ser inesperado para que nos corte la respiración, aunque sea por un momento. No se parece a sumergirnos en una piscina con la intención de bucear, sino a una aguadilla por la espalda. Alta traición: este poema no respira y, aun así, se mueve. Podemos vivir la presión, el picor y el ahogo desde el pánico y/o desde la admiración. Todas las combinaciones son posibles: maravillarnos, por ejemplo, al rozar el límite entre el nacimiento y la muerte. La distancia ligera entre descubrir y ocultar.

Ahora, supongamos que esa brecha tan breve tiene nombre, ¿sería este peligro? / ¿hay, en esta especie de sentimiento trágico 5y, todavía, maravillado, espacio para la reflexión? / ¿cómo nos reflejamos los unos en los otros / en las ficciones que generamos sobre nosotros mismos y sobre los demás? / ¿hay puntos / nudos en común entre ellas? / de existir, ¿existe a su vez un lenguaje capaz siquiera de abordarlos?

Un borde es una frontera: orilla, canto, filo. Labio que se rompe contra un bordillo. ¿Cómo llamar a esa sangre? / ¿acudirá a nuestra invocación? No todos los caminos son de ida y vuelta, por tanto, la respiración también tiene límites.

Al margen del borde en sí mismo, si es que existe la mismidad, existe el salto. Cuerpo que cree en el vuelo y, durante un instante, lo crea. Increíble, pero insistimos en el asombro.

A-sombrar: la anexactitud de la sombra6. Constancia de lo diferente como firma de la imitación. Citar sin nombrar la fuente, alterar un artículo, una palabra, una estructura gramatical entera. Reformular como secreto para el conjuro. La extrañeza es una semilla que contiene todas las variaciones posibles de la pregunta ¿cuál es la sombra del fuego? / ¿dónde queda la de una jarra que estalla al caer7?

Mitificamos una y otra vez el mundo con una disciplina arrolladora y, cuando nos asaltan las dudas, jugamos al desvelo / aka descubrimiento / aka insomnio. Pero si el lenguaje es el medio al que acudimos para ello a la vez que es el propio velo que oculta el objeto tras el símbolo, ¿existe alguna vela con que vigilar el proceso y sus perversiones? / ¿nos interesa, acaso? / cuando nos implicamos en estructuras hasta entonces desconocidas, ¿modificamos nuestra configuración previa? / ¿cómo dibujar la línea que separa la invitación de la manipulación?

Luz. Sombra. Luz. Pupilas pendulares que se dilatan, se encogen, se dilatan. Desenfoque. No podríamos narrarnos si lo viésemos todo con claridad. Recuperarse de cualquier ausencia conlleva altas dosis de atención. Es una práctica. Es decir, no verlo todo proporciona faltas que, a su vez, implican un aumento en las percepciones. ¿Contradictorio? Los límites y su estimulación. Ida y vuelta. Luz y sombra.

Un pensamiento aleatorio: el mito es la transformación del material genético en material simbólico. ¿Material simbólico? / ¿oxímoron? La contradicción es la sustancia a través de la que se aprende el movimiento a oscuras. Hoy, por lo menos. Ya se verá mañana8.

En la ambigüedad brota la magia. Podríamos contemplar el proceso biológico de las mitocondrias como un ritual. El ritual se define por su carácter repetitivo. Toda reproducción necesita de confianza en la existencia de un futuro donde ser continuada. Lo místico del eco: gritar a la montaña. Lo conmemorativo: esperar respuesta.

La memoria necesita de anclajes para considerarse como tal. Repetimos palabras todo el tiempo. ¿Voluntad de calcomanía? Ejemplifiquemos con este texto: respiración, asombro, camino, ida y vuelta, mitocondria, mito. ¿Respira, este texto? El mito quizá se descubra anzuelo. O cebo. ¿Cómo jerarquizar los peligros por escala de importancia? Podríamos importar manantiales y catástrofes con el mismo resultado: abordar la vida desde el asombro. De nuevo, la insistencia. El ritmo como otra forma del rito.

¿Has bailado, alguna vez, a oscuras? Al admirar la imperfección de los ojos y los símbolos, volvemos a supeditarnos a la ley de la respiración. Navegamos su oleaje. Y, de nuevo: ida y vuelta, luz y sombra, inspiración y exhalación. Tejido lleno de accidentes9. Qué fácil sería seguir despertando una pregunta tras otra al modo de una niña que abre pistachos con la esperanza de encontrar un arándano en el interior de alguna de sus cáscaras / cómo se facilita la existencia cuando se mitifica / toda conclusión aquí es un sendero ya no bifurcado, sino ramificado / aquí aka la posibilidad del palimpsesto aka lo simultáneo como hipótesis10.

Desviarse es un modo de responder al eco. Rechazar la línea recta. Un rastro de ondas es un camino de migas que se expanden hasta colisionar entre ellas. ¿Cuántas nuevas ondas se fundarán, a su vez, desde cada uno de los puntos de perturbación11? / ¿el cruce modificará el camino para convertirlo en red? / ¿está su crecimiento condenado a la eternidad o a la extinción?

La exploración no termina. Es decir, que no termine, por favor. Así, en subjuntivo. Un no-crítico se inclinó sobre el poema que no respira y le optó por el imperativo ¡levántate y anda12! Y como eran las normas acordadas eran inciertas, el poema hizo caso. Así se instauró el protocolo. A la manera del rezo, de una ofrenda: seguiremos buscando mientras haya hueco para vientos sin procedencia clara. Un poco a ciegas. En el límite, en el nudo, aquí para preguntarnos, ¿quién respira tan fuerte? / ¿acaso importa el motivo?

Importa la reverberación. ¿Desde dónde? ¡Que eso da igual! El espejismo de la conversación es un rastro cuya permanencia se basa en el cambio, ¿no lo ves? Mejor que no. El desenfoque propicia la apetencia. Déjà vu: esto me suena. Nos reconocemos en aquello que ocultamos. Qué fácil desvelarse hasta la obsesión, ¡hasta el clímax! Desde el principio, el ritmo era el altar; el azar13, la base. Shh, calla. Repite conmigo este silencio14. Juguemos, por favor. Así, en subjuntivo, en el tiempo más ambiguo de nuestra lengua. Respira. Jadea. Aquí, donde todavía queda espacio para el asombro.

  1.  4.2. coincidir es un milagro (reverberación desde La edad de merecer, de Berta García Faet) ↩︎
  2.  reverberación desde los tensores de curvaturas de Riemann ↩︎
  3. reverberación desde la reflexión disociativa de Núria Gómez Gabriel ↩︎
  4.  reverberación manida desde Nietzsche ↩︎
  5. reverberación desde la concepción de metafísica de Unamuno ↩︎
  6.  reverberación desde El origen de la Geometría, de E. Husserl; y del principio perpetuo del Logos de Deleuze ↩︎
  7. reverberación desde los mitos de Prometeo y Pandora
    ↩︎
  8. me dicen / tienes la vida por delante / pero yo miro / y no veo nada (reverberación desde el poema Futuro, de A. Pizarnik) ↩︎
  9. hay nueve tipos de accidentes: cantidad, cualidad, acción, pasión, relación, posición, hábito, lugar y tiempo (reverberación desde Aristóteles) ↩︎
  10.  Complicar es fácil, lo difícil es simplificar (reverberación desde Bruno Munari)
    ↩︎
  11.  reverberación desde el principio de Fresnel – Huygens aplicado a los problemas de propagación de ondas ↩︎
  12. reverberación desde la resurrección de Lázaro y de muchos escolares invocados por sus madres tras apagar la alarma varias veces seguidas ↩︎
  13.  reverberación desde Un tiro de dados no abolirá el azar, de Mallarmé ↩︎
  14.  La palabra de la poesía temblará siempre sobre el silencio y sólo la órbita de un ritmo podrá sostenerla (reverberación desde El hombre y lo divino, de María Zambrano) ↩︎

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