La fantasía oscura como llave para la exposición del amor en su máxima complejidad. Un huracán de tensión y endémico delirio que hará las delicias de los amantes de la novela de intriga -funciona bien en este caso el uso de ‘thriller’-. Una batalla contra uno mismo a través de los ojos del otro. Súcubo equivale a un rato bien invertido.

   Narrado en primera persona por voz del personaje protagonista Alpiel a lo largo de dieciséis capítulos muy bien equilibrados, este torrente de irrefrenable oscuridad ancla en su centro activo la relación de pareja entre Lilith y nuestro portador de la historia. Deudor de autoras como Mónica Ojeda, el estilo de Iván Fernández cristaliza en virtud especialmente cuando de armar personajes complejos se trata. Tanto Alpiel como Lilith representan entidades suculentas, altamente atractivas para el lector, capaces de desarrollar mucho más interés desde su diseño e interacción. 

   En términos clásicos, ambos ejemplifican una pareja con problemas de convivencia y grandes diferencias de comportamiento, un dúo que se resiste a su destino más pesimista y opta por luchar hacia la supervivencia final de su relación. Hacia el ecuador de la novela comenzará a erigirse un cúmulo de dificultades imprevistas -asesinatos y pesadillas, encuentros sexuales súbitos de origen desconocido- y una densa sospecha crecerá como una devoradora sombra detrás de Lilith.

   Madame Barbosa será la sabia figura que arrojará pistas sobre el infierno de confusión, violencia y autodestrucción que se propaga por la existencia de Alpiel como una llama incontrolable, mientras crecen como la mala hierba las muertes y otros sucesos aterradores. ¿El amor todo lo puede? ¿Siempre vence el amor? ¿El amor es el antídoto del odio y del mal? Pensamos en otras obras dedicadas al demonio encerrado en la vida cotidiana y debemos entonces mencionar nuestra querida editorial La biblioteca de Carfax: Para ofrecerle placer, de Ali Seay, y Acércate, de Sara Gran, exhiben una constelación de características y cualidades de estos seres malignos con una fuerza extraordinaria. Súcubo se alinea con ellas en su manera de retratar el caos explosivo que arrasa la vida teóricamente establecida: estamos ante una obra trágica de principio a fin.

   La forma empleada por el autor para hilvanar la imparable sucesión de microtensiones y desastres galopantes supone también otro acierto: leemos sobre todo diálogos, técnica que vuelve a situar a nuestro dueto de protagonistas en el eje del desarrollo, un foco comunicativo que no desaparece ni siquiera ante la voraz boca de un universo onírico cada vez más presente en los resquicios de realidad que les sujetan a la cordura. 

   Alemania es el escenario de la trama y nos encanta que su estereotipada imagen se vea zarandeada por el aterrizaje de un elemento sobrenatural que todo lo devasta. La propia personalidad de Alpiel proyecta ciertos tics de su entorno, lo cual hace que su mutación sea mucho más entretenida en el momento de corromperse. 

   Debemos detenernos ahora en hablar del potencial que posee Súcubo de cara al público lector en cuestiones como su modo de dibujar las relaciones tóxicas, de plasmar un tema que se encuentra de rabiosa actualidad y que no está exento de polémica en torno a los conceptos y perspectivas que engloba, especialmente si nos referimos a la etapa juvenil. En este sentido creemos que Súcubo es novedoso y atrevido, valiente en su apuesta por visibilizar este tipo de conflictos humanos.

   Pero también es esta una novela ligera, bien forjada y dinámica para cualquier lector que desee conocer la pluma de Iván Fernández y adentrarse en el heterogéneo mundo de los espectros desde la óptica más literaria. Súcubo es la primera muesca de una carrera prometedora.  

Altavoz Cultural

Entrevista a Iván Fernández

Bienvenido, querido Iván, a Altavoz Cultural. ¿Cómo nace Súcubo? ¿Cuál fue ese estímulo original que te hizo considerar que podías tener una historia interesante que contar?

Pues Súcubo nace durante el curso de Novela que realicé en la Escuela de Escritores, al cual le estoy profundamente agradecido. Tuve como guía a una excelente profesora, Margarita Borrero. Hasta ese momento, yo había escrito bastante relato corto, pero siempre me había costado mucho pasar de cierta longitud en los textos, ya que soy un escritor muy de brújula, impulsivo y que no le gusta mucho planificar lo que escribe. Siempre he preferido dar rienda suelta a la imaginación y me parecía que planificar iba a limitar esa creatividad de alguna manera. Sin embargo, en el curso me di cuenta de que era inevitable tomarse un tiempo para generar al menos una pequeña estructura de tramas y subtramas y no perderse por el camino al comenzar a escribir. Ese pequeño guion se fue haciendo más y más extenso con el tiempo, y al final se convirtió en esencial para afrontar el reto de escribir la novela.

En cuanto al estímulo que me lleva a escribir una historia como la de Súcubo, creo que probablemente el germen de todo hayan sido las dificultades culturales que me he encontrado durante mis relaciones personales. Desde los quince años, me ha tocado vivir en tres lugares bastante diferentes de mi Vigo natal. Estuve dos años en Estados Unidos, seis en Holanda y ahora llevo casi siete en Fráncfort, Alemania. Durante todo ese periplo, me he encontrado inmerso en un proceso de adaptación casi continuo y he tenido que lidiar con muchas diferencias culturales casi a diario, tanto en las relaciones laborales como en las personales. En el plano sentimental, también he tenido ese tipo de retos, ya que siempre me ha atraído gente muy diferente a mí. Con todo esto en mente, tenía claro que quería escribir una novela donde esas diferencias, que tanto habían influido en mi vida, quedaran muy reflejadas en los personajes y donde fuera patente la carga sentimental que conlleva el vivir con alguien tan diferente a ti.

¿Cómo trabajaste en el diseño de Alpiel y de Lilith, los personajes centrales de la obra? ¿Qué referencias, lecturas, experiencias y/o detalles personales de tu entorno o tus personas cercanas sirvieron de algún modo como ingredientes para meter en la compleja coctelera que los convirtió en los seres que ahora podemos descubrir al leer Súcubo?

No se puede negar que hay muchas situaciones que ocurren en la novela que están basadas en mis propias experiencias personales, por supuesto trasladadas a un punto extremo y modificadas para la ocasión. Estas experiencias tienen un peso mayúsculo en la historia de Súcubo y me han hecho mucho más sencillo el proceso de escritura, porque ya tenía una buena base desde la que trabajar.

En cuanto a lecturas o referencias que me hayan podido influir para escribir Súcubo, diría que hay varias. Por un lado quería contar en primera persona ese viaje hacia lo más profundo de uno mismo. Esa caída en picado en lo emocional tiene influencias varias, entre ellas y salvando por supuesto las distancias se encuentra “La Metamorfosis”. Tuve muy presente la obra de Kafka para tratar de trasladar los sentimientos de Alpiel, lo aislado que se siente del mundo que le rodea y la distancia que hay entre él y Lilith. Para las más que continuas discusiones entre ambos protagonistas volví a repasar varios libros de Milan Kundera, que es uno de mis autores favoritos y creo que un auténtico especialista en el desarrollo de ese tipo de situaciones.

Nos gusta mucho el contraste que se establece entre el lugar físico de la acción y el lugar espiritual de la historia: Alemania no parece un espacio muy habitual de inserción de leyendas y mitos tan antiguos como malignos. ¿Qué hay detrás de la decisión de que sea este escenario el elegido para desarrollar esta enorme puerta de distorsión de la realidad? En otro orden de cosas, ¿qué lugares puramente literarios del país nos recomiendas?

A ver, en primer lugar, siempre me ha parecido esencial haber viajado con frecuencia o vivido en el lugar en el que se desarrolla la historia que vayas a contar. Necesito tener ciertas vivencias para poder trasladar con mayor exactitud las idiosincrasias del país/ciudad y los sentimientos que uno tiene cuando se enfrenta a diferentes situaciones en esos lugares. Por otro lado, para nuestro protagonista, Alpiel, Alemania es un lugar inhóspito, ajeno, que no siente como suyo, así que me parecía también perfecto sugerir que para una persona latina Alemania pueda ser algo así como el infierno en la tierra, sobre todo en lo social. No me entendáis mal, Alemania tiene cosas fantásticas, pero para alguien venido de España o Argentina, como es el caso de nuestro protagonista, y que se haya visto forzado a emigrar por razones externas, puede resultar un lugar no muy acogedor, al menos de inicio.

Como recomendaciones, me quedaría desde luego con Berlín, que es un lugar que merece mucho la pena visitar, por su historia, por su multiculturalidad y porque es el primer sitio donde se introdujo el Döner Kebap que nos comemos hoy día, jaja. Aparte de Berlín, hay auténticas joyas en Alemania, si uno quiere naturaleza, la Selva Negra en el sur del país es un lugar fantástico para perderse, caminar y una excelente fuente de inspiración. Además, uno de mis escritores preferidos nació allí, el gran Herman Hesse, de hecho, las descripciones de los lugares en sus obras siempre evocan un poco a la Selva Negra. Otro lugar muy pintoresco es el castillo de Newschwanstein, en Baviera, que es el castillo en el que se inspiró Walt Disney para crear el castillo de la Bella Durmiente.

Sin pretender desvelar el desenlace, ¿cuándo y cómo supiste que ese era el final adecuado para la novela según tu criterio? ¿Cómo sientes que se introduce Súcubo en el panorama literario actual en cuanto a su propuesta?

Pues os voy a decir la verdad: no tenía ni idea de cómo acabaría Súcubo hasta que casi llegué al final, o mejor dicho, tenía casi cuatro o cinco finales desarrollados y no sabía exactamente por cuál tirar. Al final, sin hacer spoilers, me decanté por el final más abierto de todos, y en el que creo que el lector tiene que hacer su propio análisis personal para entender qué ha podido ocurrir. Puede que haya gente a la que le hubiera gustado un final más cerrado y lo entiendo, pero me gustaba la idea de que el lector fuera parte activa en la conclusión de la historia y de que sus propias experiencias personales influyeran en la percepción del final de la misma.

La obra es claramente un thriller o suspense psicológico. Si bien la obra tiene elementos importantes, sobre todo en su fase final, de terror, creo que si hay gente que espera algo parecido a Lovecraft o algún autor similar, quedará defraudado. Al igual que hay varias escenas de sexo explícito, pero no consideraría Súcubo tampoco como una novela erótica o de terror erótico. El tema central de la obra es el enfrentamiento entre Alpiel y Lilith y la posterior caída en los “infiernos” de Alpiel.

¿Qué demonios acechan a Iván Fernández cuando piensa en su dedicación a la escritura? ¿Qué antídoto emplea para espantarlos?

Me parece que un poco lo que a todos, en ocasiones puede haber falta de confianza en uno mismo, en ocasiones falta de tiempo por compromisos laborales y personales. La situación de la industria literaria tampoco ayuda o la incipiente entrada de libros creados por la IA. Resumiendo, no parece ser un buen momento para comenzar a forjarse una carrera como escritor y creo que eso me hace querer seguir aún más, jaja. Siempre me ha gustado ir contracorriente y además soy muy terco, lo cual es muy positivo para la escritura. En cualquier caso, yo no me dedico a esto, tengo mi trabajo, que es el que pone el pan en la mesa. Escribir es mi hobby y en cierto modo me agrada que sea así, ya que tengo más libertad para abordar los proyectos que considero interesantes sin responder a intereses ajenos.

Para terminar nos gustaría que nos contaras qué próximos proyectos tienes en mente y cómo crees que puede ejercer su influencia sobre ellos, a modo de herencia o inercia, Súcubo, ya sea por cuestiones de interés temático o por alguna arista concreta que desearías explotar en otros textos.

Pues me considero un escritor muy ecléctico. No escribo respondiendo a ningún interés, ni comercial ni de ningún otro tipo. Por tanto, me gusta explorar distintos géneros. En este momento estoy inmerso en lo que será un libro de relatos muy cachondo lleno de humor negro y probablemente no para todos los públicos, al estilo Raymond Carver, Barry Hannah o Chuck Palahniuk. Me gusta mucho ese tipo de narrativa, descrita por Bill Buford como Realismo Sucio y reconozco que son autores que leo con mucha frecuencia y que me han influido enormemente. Probablemente la gente que haya leído Súcubo se sorprenderá al leerlo, ya que, como digo, es un estilo distinto, aunque creo que en Súcubo también hay destellos de este tipo de narrativa en algunas situaciones. No obstante, Súcubo me ha proporcionado una experiencia muy valiosa en muchos terrenos tales como descripciones, diálogos, etc. Así que es posible que veamos algo de esa retranca que en ocasiones usa Alpiel en alguna de las historias.

El otro proyecto que he comenzado también, paralelamente, es un libro de memorias sobre mi emigración a los Estados Unidos. Para mí fue un momento muy significativo, ya que supuso la ruptura a una edad muy temprana de muchos mitos adquiridos durante mi etapa en España. Además me ocurrieron una serie de cosas durante ese tiempo que merecen ser contadas, como observar en primera persona la caída de las torres gemelas, mi adaptación a un instituto con un alto índice de criminalidad, en general las vivencias como emigrante ilegal en los Estados Unidos, ya que fui con una visa de turista y me quedé casi dos años. Este libro ha resultado ser de alguna manera terapéutico para mí, ya que mirando hacia atrás me he dado cuenta de que hay muchas cosas que al explorarlas con lupa no eran exactamente como las recordaba y a la vez la edad me ha hecho percibir muchas situaciones de manera diferente. Así que nada: os mantendré informados de cuando salgan estos trabajos. 

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