-MALPASOYCÍA-

Algo que nos queda ya claro, en esta existencia nuestra, es que internet es un lugar hostil. No nos vamos a engañar, y que gracias a internet ahora más que nunca podemos acceder a todo tipo de opiniones sobre una cosa. Y además contamos con que en los últimos años algo que ha estado muy en boca de todes ha sido el feminismo. Y dado que esta cuarta ola nos ha dado muchas cosas buenas, una de las cosas malas que nos ha dado es el llevar a institucionalizar y llevar a la palestra de los medios de comunicación un movimiento social que lleva muchos años entre nosotres y que ha sido mirado con lupa y cuestionado en los últimos años de una manera brutal. Además, como feministas hemos tenido que enfrentarnos a algo que no había pasado antes: internet y su manipulación. Y con esto me refiero a que como bien todes sabemos internet premia a la ultraderecha. Y la ultraderecha tiene, entre otras cosas, unos discursos de odio y una misoginia latente que se huele según abres las aplicaciones. Y es que en la última década hemos podido ver cómo el feminismo ha pasado de ser algo bueno a ser el monstruo del coco. A venderse por activa y por pasiva que las feministas queremos la destrucción del hombre y que hemos ganado derechos por encima de nuestras posibilidades.
Y todo esto gracias a la orquestación de bulos, algoritmos y prensa que lo único que han intentado es desacreditar la búsqueda de una equiparación a todas las escalas de todas las vidas, independientemente de tu género, sexo, nacionalidad o existencia. Y ya lo veíamos con ‘Las redes son nuestras’ de Marta G., editado en España por Consonni, y es que internet es un pozo lleno de mierda, pero tenemos que apropiarnos de los espacios de una manera consciente y feminista. Y es que el libro del que os vengo a hablar hoy, ‘El colapso feminista’ de Alice Cappelle editado por Lince es el libro perfecto para entender un poco más todos y cada uno de los mensajes que nos llegan sobre los contenidos que podemos encontrar en internet. Y es que las tradwives, los señoros hablando sobre cuál es su mujer ideal, los diez mil trucos sobre rutinas…. No son más que mensajes totalmente directos para al final hacernos cómplices de esta mentira de ser súper productivas y terminar cuidándonos más que nunca. Y es que entre que nos están diciendo todo el rato que vivimos con la libre elección y que elegir y que no… Y es que Alice nos habla de ejemplos en los que a pesar de que en un principio nos echemos las manos a la cabeza, a veces no nos podemos dejar llevar por una única e irrefutable teoría, tenemos que pararnos a reflexionar sobre el prisma con el que mira nuestra amiga e intentar ponernos en sus zapatos y no juzgar. Y es que tenemos que entender que el feminismo la matriz que une un montón de vivencias, pensamientos y que no hay una norma verdadera. Por eso, hablamos de feminismos muchas veces.
Cuando vemos como cuenta Alice que parece que el trabajo no nos hizo libros y que parece subversivo ser una mujer trabajadora deberíamos luchar porque esta idea no sea así, si no tener igualdad de oportunidades para llegar al trabajo de nuestros sueños, cuando nos digan que estamos borrando la familia con las nuevas realidades del hogar deberíamos darle la vuelta a la tortilla, nosotras vemos la familia como una red de cuidados que tiene que ser un feedback entre los miembros e igualitario. No estamos destruyendo la familia, le estamos dando una forma en la que no sea cargante para una parte (la femenina) de la unidad familiar. Estamos dejando que todes los miembros sean libres y crezcan con capacidad de elección y estamos luchando porque la educación y los valores de nuestro núcleo familiar sea liberador para el individuo no una celda. Además de que como bien dice Alice estamos dando nuevas formas ilimitadas de lo que es una familia, y eso es precioso. ¿Cuántos adultos heridos encontramos en familias cis estructuradas a la antigua? Es que hay que pararse a pensar que lo mismo esa estructura no beneficia a un gran porcentaje de la población.
Con internet existe un problema, y es que como ya vimos con ‘las redes son nuestras’ tenemos que trabajar por hacer las redes sociales un espacio acogedor para las mujeres, las disidencias y todo el mundo que sienta que es un sitio hostil. Entiendo Perfectamente lo de la desprivatización de internet, pero como individuos podemos hacer más cosas, y para mi punto de ver este libro se queda un poco corto, pero por eso es buenísimo enlazar este con el de Marta de ‘las redes son nuestras’ porque creo que juntas pueden hacerlo entender cómo podemos reapropiarnos de las redes y no hacer el exilio que hemos hecho en la plataforma X que es dejando un mar de fascistas cuentacuentos a la vista de un montón de gente vulnerable. Tenemos que pensar qué espacios estamos dejando a la gente que se queda. Creo que para mi son cosas diferentes, puede que no te guste la política de su dueño, pero para mi no es la solución. Entre otras muchas cosas y por eso, sin dar lecciones de moral a nadie, que cada une haga lo que quiera, pero porfi, vamos a intentar luchar un poco con todo el odio y el fascismo de internet de una manera coherente, vamos a luchar todes juntes por encontrar un camino correcto para hacerlo y no dejemos de apoyarnos nunca.
¿Cómo puedo yo terminar esta reseña sin morir en el intento? Porque ha sido un libro muy educativo, he aprendido mucho sobre cómo está internet, porque al final, vemos muchas cosas todos los días pero no llegaba a entender de dónde llegaban muchos mensajes, y hoy por fin les puse la raíz a muchos de ellos, y sinceramente, me ha dejado el cuerpo un poco frío. No por nada, es que el mundo a veces un poco hostil. Pero no pararía de recomendar este libro porque de verdad que lo veo la mar de necesario.
Rut Alameda, directora de Altavoz Cultural