Demonios tiene la premisa de ser un libro bastante lento, que además, como con mucho lujo de detalles, lo que hace que a lo mejor desde el primer momento no te enganche. Porque esa clase de libros que empiezan con una muerte súbita y todo eso desencadena un efecto mariposa en el que podemos descubrir miembro a miembro de la familia de esa persona. Los demonios de cada uno, de ahí el título del libro.

La verdad es que es un libro bastante crudo y toca unos temas muy interesantes, como la sexualidad, la libertad, el cambio generacional, el racismo, la muerte y la salud mental. El cambio generacional entre padres e hijos migrantes en un país con el fascismo latente como es Alemania y la migración turca. El matarse a trabajar porque tus hijos tengan una vida mejor que la tuya y más oportunidades y tengas miedo de que acaben con ellos porque tienen un origen y una piel distinta.

Hay algunos de nuestros personajes que creen que los demonios habitan en las casas y en realidad los demonios habitan en las personas y son una mezcla de nuestros miedos, nuestras vivencias, nuestros pesares y las cosas que no hemos podido explicar a las personas que amamos las que hacen que se formen los demonios. Y de eso va este libro.

Porque puede ser que Sveda sienta que nunca se la dio la oportunidad que se merece, ni el sitio. Nunca se tuvo en cuenta que quiso o no quiso, ni su sexualidad, ni otros sueños que se quedaron en el salón de casa de sus abuelos cuando vivía en el pueblo. Puede ser que su padre siempre quiso trabajar para poder jubilarse comprando una casa en Estambul y poder tener una jubilación tranquila y no acabar muriendo al segundo día de estar allí. Puede ser que Ümit no entienda por qué amar a otro hombre sea malo y haya un psicólogo que le esté haciendo una terapia de conversión diciéndole que la culpa de esto es la mala relación con su padre, que sea el culpable de que Umit sea un chico triste, deseoso de que alguien le diga que no tiene la culpa. Quizás Hakan no quiera ser un fracasado como su padre, harto de ser el hijo varón más adulto y sentir que le ha fallado a su padre para siempre. Y además para colmo es un traficante de coches al que su novia le paga todo porque no tiene donde caerse muerto pero que encima quiere ponerle los cuernos con una cualquiera para sentirse superior. Aunque en el fondo él mismo sepa que pese a todos sus sueños la vida y sus decisiones le han llevado por unos derroteros que no pueden ser y que le hacen ser un mierdas, básicamente.

Y luego tenemos a Peri, que es la hermana que sinceramente más jodida está a mi parecer, siempre negando su propia realidad delante de su familia, arrastrando un novio que se suicidó después de dejarle, ser la primera de su familia en estudiar por ejemplo. El tener una vida que debería satisfacerte y que no lo hace. Y luego por último estaría la matriarca, Emine, que como sabemos por sus hijos no es que sea la persona con la mejor estabilidad emocional del mundo, pero como descubrimos en el último tramo del libro, nos encontramos con una mujer sin estudios y con una educación bastante arcaica que ha tenido que sufrir el entregar a su primer hijo sin que nadie la consultara al hermano de su marido. Y que ha tenido mucho sufrimiento con su segundo parto cosa que parece que ella se toma como si fuera un castigo divino por la ofensa del primero y que hace que odie a ese bebé con toda su alma. Cosa que también hace que se tire toda su vida siendo una mujer que entra y sale de un estado depresivo y además con un humor bastante sorprendente.

La verdad es que el cierre es espectacular, yo no pensaba que pudiera tener otro giro más y dejarme boquiabierta pero la verdad que es un libro bastante entretenido increíble en ese sentido. Lo recomiendo mucho y además creo que juega mucho con el hogar, con el costumbrismo y tiene un poco también de crítica social. 

Rut Alameda, directora de Altavoz Cultural

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