Sexto Piso publica una nueva edición de una de las obras más representativas de Russell Banks

Por Pablo Concha*

En literatura, en muchas ocasiones, tan importante como la historia misma es quién la cuenta y por qué. Comprender los motivos de esa misteriosa figura que narra puede ser importante por muchas razones, más si lo que se ha tomado la molestia de contarnos trata sobre alguien que ha caído en desgracia o ha tenido una existencia problemática.

Rolfe Whitehouse, el narrador de Aflicción de Russell Banks (1940–2023), deja claras sus motivaciones desde las primeras líneas de esta desgarradora obra, considerada una de las mejores de Banks, la cual goza de una nueva edición en nuestro idioma.

“Esta es la historia de la extraña conducta criminal de mi hermano mayor y de su desaparición. Nadie me ha empujado a revelar estas cosas; nadie me ha pedido que no lo haga. Los que lo queríamos simplemente ya no hablamos de Wade, ni entre nosotros ni con nadie. […] De modo que al contar su historia así, como hermano suyo, me alejo voluntariamente de la familia y de todos los que alguna vez lo quisieron”.

Rolfe quiere entender lo que le sucedió a su hermano y lo llevó de ser el policía municipal a medio tiempo del pequeño pueblo de Lawford (al norte de New Hampshire) y excavador de pozos a criminal. Y la única forma es escribiendo su historia y en el proceso desmenuzándola, tratando de verla desde otros ángulos y en ocasiones ingresando de forma casi sobrenatural en la cabeza de su hermano para comprender sus acciones. Rolfe (un profesor de historia que vive lejos) no estuvo presente en el momento de ocurrir los hechos, estos no fueron grabados por el ojo impasible de una cámara ni presenciados por nadie más, entonces, el lector podría preguntarse cómo hizo para conocer todos los detalles, si lo que nos cuenta ha sido tergiversado o es una fantasía. Rolfe es consciente de esas reservas que vamos a tener sobre la veracidad de lo que narra y las toma en consideración: 

“Y la respuesta, claro está, es que en un sentido convencional desconozco la mayoría de esas cosas. No me las invento, sin embargo. Las presiento. A base de memoria, intuición, duda y reflexión he llegado a cierta clarividencia, a la visión que aquí relato.

Me crie en la misma familia y en el mismo pueblo que Wade, sin apartarme prácticamente de su lado hasta cumplir los dieciocho años, de modo que al marcharme me llevé conmigo muchas de esas cosas. Poco han cambiado con los años la familia y el pueblo, y mis recuerdos, vívidos, detallados, obsesivos –como corresponde a quien se ha liberado del pasado tan difícilmente como yo–, son veraces y están repletos de asociaciones que se despliegan como un cristal que adquiere compulsivamente su forma y estructura”.

Además de las entrevistas y pesquisas que realiza durante los años siguientes, todo esto le da la capacidad de contar esta historia como si hubiera sido una presencia fantasmal sobrevolando a su hermano mientras se hundía cada vez más en la desdicha y destruía todo a su alrededor.

Intrincada con la historia de Wade Whitehouse se encuentra la vida monótona en los pueblos pequeños del noreste de EE. UU., las costumbres y el frío intenso, así como el arrepentimiento por las malas decisiones, la rabia que corroe y el peso de los abusos cometidos en la niñez, un espectro que sigue regresando y que parece imposible exorcizar. La desdicha de contemplar una vida distinta a la que se había imaginado y a la que quizá se debería haber llegado, la irritación y el dolor de no haber cumplido esa promesa con uno mismo, además de la imposibilidad de dejar el pasado atrás y verse condenado a seguirlo viviendo.

Rolfe se pregunta muchas veces si el abuso engendra más abuso, si es imposible escapar del ciclo de violencia del hogar, de esa masculinidad tóxica de alcohol y golpes, y si la explicación para semejantes atrocidades es tan simple como el hecho de decir: “hago lo mismo que me hicieron cuando niño porque no conozco nada más”.

Aflicción no es solo sobre Wade, su transformación y las circunstancias que lo llevaron a hacer lo que hizo, sino también sobre Rolfe, ya que su vida, aunque no es un espejo de la de su hermano, en muchos aspectos es la vida que podría haber tenido, el destino reservado para él de haber permanecido en Lawford, y lo que implica entenderlo y vivir con eso. La historia, además, funciona como noir contemporáneo, con un misterio que exige resolución y en el que Wade, en medio de todos sus problemas y tristezas, se ve envuelto de forma involuntaria. Mediante la frustración de este personaje y la mirada desde la distancia de Rolfe, Banks reflexiona de manera dura sobre la paternidad, la masculinidad, la violencia y la justicia.

Banks era profesor emérito de la Universidad de Princeton. Fue criado en una familia humilde y disfuncional en la que su padre trabajaba como fontanero. Publicó cinco colecciones de cuentos y once novelas, entre las que destacan La ley del hueso (1997), Rompenubes (2005), Deriva continental (2006), y La reserva (2008). Aflicción (1992) y Como en otro mundo (1994) fueron llevadas al cine con gran éxito.

Esta nueva edición de Sexto Piso editorial cuenta con una traducción de Benito Gómez Ibáñez y una portada con un fotograma de la adaptación fílmica realizada por Paul Schrader en 1997 en donde se ve a Nick Nolte, James Coburn y Willem Dafoe.

*Escritor colombiano. Autor de los libros de cuentos Otra Luz y La piel de las pesadillas. Colaborador literario en varios medios culturales.

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