Piensa en música y piensa en mujeres. ¿Quién te viene a la cabeza? Seguramente la mayoría penséis en Beyoncé, Taylor Swift, Tina Turner, Britney Spears o Miley Cyrus. Todas mujeres admirables. Y todas estrellas del pop.
Este es el inicio de una historia muy triste que ha limitado a las mujeres, como en todas las expresiones artísticas, a ciertos campos: si nos limitamos a seguir la corriente mainstream, parecería que las mujeres solo saben hacer pop. No es casualidad, claro, que este género musical sea uno de los considerados más superficiales y bajos. Su público objetivo son, sobre todo, las mujeres y los hombres homosexuales.
Fijaos si habíamos caído en la historia única, en que las mujeres solo saben hacer pop, que la irrupción de artistas como Rosalía, Karol G o Nathy Peluso en otros géneros musicales (que a su vez no acaban de separarse del todo del pop) fue toda una revolución. Son ídolas, han abierto caminos. Y sin embargo los hombres pueden ponerse frente al micrófono para cantar lo que quieran sin que nadie les diga que son ‘inspiradores para los demás’.
Da la casualidad de que el pop, aunque me gusta, no es mi género favorito. Quizá por eso era tan evidente para mí la disparidad entre hombres y mujeres en la música como artistas y como público; tanto así que pensé en escribir un ensayo sobre el tema, pero luego me achanté. Y aun así, para deshacerme de la historia mainstream de que las mujeres solo saben hacer pop, yo tuve que tomar una decisión bastante radical. No me tropecé con las artistas femeninas de otros géneros, tuvo que ser una decisión consciente el buscarlas.
Opté por el lesbianismo político aplicado a la música porque estaba cansada de solo escuchar voces en los graves y canciones cosificantes en los géneros que no eran pop (aunque lo de las letras cosificantes es un problema universal de la música). Y eso que yo siempre, por instinto, he buscado artistas femeninas. Artistas que, por supuesto, eran ridiculizadas o menospreciadas por hombres que no saben lo que es ni una clave de sol.
Esa decisión, la de solo escuchar mujeres, me ha resultado tan reveladora que se ha ido extendiendo a otros aspectos de mi vida: a quién leo, a quién compro, a quién consumo. En definitiva: a quién apoyo económicamente. No me martirizo si alguna vez incumplo esta regla autoimpuesta, pero la verdad es que no suelo saltármela. No sale a cuenta. Esta es una decisión personal, sí, pero creo firmemente que es una decisión que todas deberíamos tomar al menos durante un tiempo en nuestra vida. Porque te cambia.
Si transitamos la vida de manera “neutral”, es decir, consumiendo sin pensar en ello, lo que pasa es que acabamos consumiendo la mayor parte del tiempo a hombres. En consecuencia, integramos su visión sesgada del mundo. Que ojalá no fuera así, pero la realidad es que en muchas ocasiones está sesgada en nuestra contra. Ya sea por la presencia mediática, porque los hombres tienen menos problema en publicitarse, porque tenemos un sesgo cognitivo que hace que, puestas a escoger, les escojamos a ellos subconscientemente… sea como sea, solemos elegirlos a ellos.
Pero si tomas la decisión consciente de no hacer eso, de escoger a las mujeres, tiras por tierra la manida historia de que los grandes creadores son todos —o al menos el 95%— hombres, y que las pocas mujeres “importantes” de la historia que hay son excepciones, almas masculinas en cuerpos de mujer (Cómo acabar con la escritura de las mujeres, Joanna Russ). Comprendes que La Creación es cosa también de mujeres. Y si otras pueden y, de hecho, tantas han podido a pesar de todo lo que tenían en contra, ¿por qué tú no?
Las mujeres no son solo las reinas del pop. También son grandes artistas del reggaeton, del RnB, del trap, del rock, del indie, del blues y el jazz, del folk y el country, del flamenco, del rap, del afrobeats, y de todos los géneros fusión que existen. De todo lo que te puedas imaginar somos también creadoras. Pero si te metes en cualquier lista predeterminada de Spotify no lo parecería.
En mi ambición de conocer siempre nueva música hace unos años me ponía playlist tras playlist de otras personas. El 90% de las canciones eran de hombres. Tuve que tomar otros caminos para descubrir nuevas artistas y poder construir mis propias listas. Hace poco volví a hacer el experimento de escuchar las listas de Spotify: seguimos igual que cuando era adolescente. De hecho, cuando creo una playlist nueva de un género musical que estoy descubriendo, es verdaderamente difícil incluir mujeres al principio, hasta que voy pulsando sobre los nombres de mujeres que han colaborado con las “grandes voces” (masculinas) de dicho género y descubriendo el universo femenino que parece sumergido bajo capas de testosterona.
Esta decisión que para mí fue a propósito ahora es natural. Como decía antes, simplemente es que sale a cuenta. Me llevo menos disgustos porque las mujeres, aunque no somos santas, no solemos abusar de menores u otras mujeres. Escucho letras que no me deshumanizan, sino todo lo contrario. Cuanto más te sumerges en la música creada por mujeres, menos te cruzas con canciones como WAP, cuya cosificación es una estrategia de marketing que ya huele. De sobra se sabe que estas canciones y, sobre todo, sus vídeos en YouTube, están hechas para atraer a un público masculino que si no puede pajearse mientras nos ve, no nos va a escuchar. Las consecuencias que la hipersexualización de nuestras ídolas tiene sobre la psique de las mujeres son muy secundarias: una autoestima sana no da dinero.
Ante decisiones tan radicales como la de no consumir la música de hombres siempre llega quien pregunta: ¿y no te da miedo lo que te puedes estar perdiendo? Mi respuesta es un rotundo “no”. No, porque aunque no escuche activamente a hombres, siempre sé qué es lo nuevo que han creado: si vives en sociedad es imposible no enterarse. Si me interesa igual lo escucho. Pero es que, además, jamás vamos a poder escuchar todas las canciones que existen en el mundo igualmente, y eso a estos señores que preguntan no les suele dar miedo. Con el tiempo del que dispongo para escuchar una porción de esa música, prefiero escuchar a las mujeres cuyo arte está mucho más alineado con mis valores e intereses. Creo que la pregunta es más bien: ¿qué se están perdiendo los hombres que, en su inmensa mayoría, no escuchan a las mujeres en ninguna de las formas posibles? Nosotras hemos consumido hombres (la decisión de consumir solo mujeres suele venir relativamente tarde en la vida de una mujer, y definitivamente no está respaldada en el sistema educativo). Ellos no tienen por qué consumir a las mujeres más allá de sus cuerpos jamás. Pensad en el desequilibrio de comprensión que crea eso.
Entonces, sí, puesto que de normal una mujer artista va a tener muchos más problemas para vender su arte, puesto que las mujeres solemos estar más precarizadas, nuestras creaciones se consumen mucho menos, y puesto que nuestro arte se considera automáticamente menor: consumo casi en exclusiva arte creado por mujeres. Es tan fácil como crearme mis propias listas de Spotify y dejar que las royalties vayan directas a ellas.
El impacto que ha tenido esto en mi autoestima es invaluable: nada puede hacerte creer más en ti misma que ver a mujeres como tú estar donde tú quieres estar. Te abren un camino que, subconscientemente, estaba cerrado. Por eso os animo a empezar a consumir más mujeres de manera consciente. Aunque sea al 50/50 con artistas masculinos.
Aquí os dejo una lista de algunas de mis artistas favoritas en diferentes géneros (tened en cuenta que algunas de estas artistas son difíciles de clasificar puesto que engloban varios géneros).
Flamenco: María José Yergo, María Peláe, Las Migas

Indie: LP, Natalia Lacunza, girl in red, Paris Paloma, SOFIA ISELLA
Rock: The Last Dinner Party, The Pretty Reckless, Kate Bush
Rap & Hip-hop: Qveen Herby, Ashnikko, Greentea Peng, Toni Jones

RnB: Janelle Monáe, Xiomara, Freakquencee, Jordan Occasionally

Pop: MARINA, FLETCHER, INJI
Afrobeats: Ayra Starr, Aya Nakamura, Adanna Duru, Libianca
Folk: Amy McDonald, Grace Victoria, Alabama Shakes
