Fotografía de Marcos Cebrián

¿Cuál es la chispa que enciende esa llama para que a día de hoy seas dramaturga? ¿Cómo ha sido el proceso?

Siempre me ha gustado escribir, por eso decidí estudiar periodismo. Recuerdo la primera vez que sentí “la llamada” del teatro, tendría unos cinco años y vi una representación de ‘El Principito’ en el colegio. Todavía no entendía bien lo que era, pero sentí que quería formar parte de aquello. Al poco tiempo me apunté a teatro y con los años entendí que mi lugar era otro. Me expreso mejor, y me divierto mucho más, cuando exploro la creación desde la dramaturgia y la dirección de escena.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere empezar a escribir teatro? ¿Qué consejo te hubiera gustado haber escuchado tú?

Que se pongan a ello, sin pensarlo. A veces parece que nunca es un buen momento para sentarse a escribir. Siempre hay excusas y cosas más importantes. Conozco personas que sé que lo desearían y lo retrasan constantemente esperando un momento adecuado. Nunca lo es. Eso sí, cuando rompes esa primera resistencia, no hay nada igual.

¿Cómo fue para ti escribir «Vulva»? ¿Cómo nace esta idea y cuáles fueron tus grandes retos a la hora de escribir esta obra y llevarla al escenario? ¿Cuál ha sido el feedback del público desde el minuto uno?

“Vulva” nace en el marco del Máster de Creación Teatral de la Carlos III y fue un proceso muy bello. Tuve la suerte infinita de contar con el apoyo del elenco desde que las primeras páginas tomaron forma. Eso me permitió probar cosas con ellas, jugar y escuchar cómo poco a poco iba cobrando vida la historia.

La historia surge a partir del caso real de Verónica, una mujer que se suicidió en 2019 porque se había hecho viral un vídeo de contenido íntimo en su empresa. El caso me dejó conmocionada. No era capaz de entender cómo algo que se había hecho en un entorno de disfrute e intimidad, podía volverse en tu contra de esa manera. Quería entender cómo funcionan los mecanismos de la culpa, cómo funcionamos como sociedad para destruir de esta forma a las personas.

El feedback ha sido muy positivo. Lo más emocionante ha sido la posibilidad de celebrar encuentros con el público en los que la gente ha compartido historias personales muy importantes. Siempre al terminar la obra, los grupos de amigos y las parejas se quedan en la puerta comentándola y debatiendo. Al final, el teatro sirve para eso.

¿Has podido notar un cambio entre cómo llega el mensaje de la obra en según la edad que tenga el público?

Me hace cierta gracia que muchas personas a la salida de la obra me han dicho “esto tienen que verlo los jóvenes” y, sin embargo, creo que las generaciones más jóvenes tienen mucho más interiorizadas y naturalizadas ciertas dinámicas vinculadas al mundo digital y las redes sociales. Creo que deberíamos escucharlos más e intentar compartir las distintas formas de entender la intimidad, la exposición, el sexo, la traición, el machismo…

También tienes publicado en la editorial Mutis junto a Laura Miqueo » La primera vez que bailamos» que junta teatro y collage, ¿Cómo nace esta idea? ¿Cómo ha sido juntar ambos campos? ¿Qué es lo que te llevas de este proceso?

La idea surge en respuesta a esta cuestión tan manida de ‘la generación de cristal’. Es algo humano criticar a los que vienen detrás, pero me interesaba explorar esta generación desde la escucha, la ternura y la particularidad de sus individuos sin generalizar.

En tus obras veo siempre tratan de temas de actualidad, ¿Cuánto crees que es de importante llevar al teatro actual temas de interés general y hasta temas «polémicos»?

Creo que el teatro es una herramienta maravillosa para divertirse, para emocionarse, para ensayar momentos vitales, para aprender, para reflexionar y para imaginar futuros posibles… No creo que sea importante hablar de unos temas u otros. Es necesario que haya de todo. A mí el teatro me sirve para volcar en el escenario todo aquello que no entiendo, pero igual un día necesito otra cosa. Los temas polémicos muchas veces lo son porque nos tocan en heridas que, como sociedad, no estamos sabiendo sanar, creo que el teatro también puede servir para eso.

Me da la sensación que cada vez más mujeres se lanzan a escribir y dirigir obras de teatro, ¿Crees que es así? ¿Crees que el mundo del teatro va cambiando en ese sentido?

Claro, cada vez más mujeres se lanzan a más… también a ser ingenieras, doctoras o conductoras de autobús. El mundo, y también el del teatro, no paran de cambiar (aunque sea despacito). Es verdad que ahora mismo hay muchísimas mujeres haciendo grandes cosas dentro del teatro, pero todavía queda mucho por hacer.

¿Tus obras cambian del escenario al libro? ¿Cuál crees que es la ventaja de publicar tus obras de teatro? ¿Qué obras de teatro publicadas en editoriales has consumido recientemente y nos puedas recomendar?

Claro, al final, la palabra es solo una parte de una obra de teatro. Es bonito poder disfrutar las historias desde tantas dimensiones diferentes. Los libros de teatro permiten disfrutar de textos magníficos desde un lugar más pausado, como en una conversación íntima con el autor. Hace poco me hice con ‘Primera Sangre’ de

María Velasco, publicado por Fundación SGAE y me encantó. Además, tuve la suerte de prologar ‘Silencio extraño de verano’ de Miguel Ángel Mañas, publicado hace menos de un mes también en Lastura, que propone una mirada incómoda y muy interesante sobre la violencia de género.

Cuéntanos en qué nuevos proyectos estás trabajando actualmente y si vamos a poder disfrutar de alguna obra tuya en algún punto de España

Por ahora no puedo contar demasiado, pero estoy trabajando en un proyecto de teatro foro con la compañía aragonesa El Mar del Norte y en una obra de teatro documental con Las Horas del Humo.

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