-Páginas de espuma-

En esta casa ya hemos leído las cartas de Virginia Woolf y en esta ocasión le tocaba el turno a Katherine Mansfield. En este caso encontramos a una mujer que tuvo poco tiempo y muchos frentes abiertos. Y es que nuestra Mansfield viajó muchísimo, contrajo una enfermedad que la hizo sufrir mucho, hizo muchas amistades, escribió bastante y se relacionó con toda la alta élite de la época.
La historia es que Mansfield no deja de ser una mujer de clase “alta” que aunque según sus cartas pasa alguna penuria, es también porque se aleja de su familia y decide vivir por encima de sus posibilidades todo el rato. Y es que la protagonista de estas letras es despiadada a veces, otras tiene mucho amor por dar, pero es una “niña de papá” claramente que estaba muy acostumbrada a hacer lo que quisiera, y es que eso lo deja clarísimo también.
Entiendo clarísimamente por qué leerla ahora y en su momento era tan importante, y es que rompió muchas cadenas de la época, tenía una relación totalmente abierta con su marido, se ve en alguna carta que le gustaban ambos sexos y que tuvo affaires con todo tipo de personas. Y es que sus cartas también son muy crudas en cuanto a sinceridad, porque Mansfield estaba cansada de una enfermedad que la tenía todo el tiempo en cama, y a la vez se nota que tenía muchas ganas de vivir. Otras veces el mundo literario de su alrededor parecía que la absorbía y había otras ocasiones en las que se siente extremadamente sola.
Y es que con su marido se ve que tiene una relación sincera pero que la hace daño, porque no podemos ver que es lo que él la escribe pero hay en alguna ocasión en el que ella le pide que no sea tan duro con ella, que la disculpe y es que da a entender que tenían una relación un poco difícil. Con su amiga Ida Baker la verdad es que a veces a Mansfield tienes ganas de meterla una zapatilla en la boca, porque a Ida realmente la trata muy mal. Y aunque en algunas cartas la adora en parte a veces me dio la sensación de que solo la quería por la compañía y por no estar sola.
Es muy duro leer a alguien que vive en una enfermedad constante y en la soledad que eso implica con un ritmo lento, que la lleva de un lado para otro esperando a que no la timen, esperando a curarse, con un montón de ansias por vivir.
Existe una evolución en el libro, dado el periodo que abarca, de una Mansfield adolescente a la Mansfield de los últimos días donde ya se la nota intentando estar en paz consigo misma, como sabiendo que se iba.
Es increíble cómo una mujer puede ser tantas caras diferentes, cómo puede llegar a ser un relato tan brutal una correspondencia que a veces era escueta y otras veces la encantaba divagar. Es muy bonito cómo hablaba por ejemplo a Virginia Woolf, el cariño que la profesaba o cómo hablando de las relaciones que había a su alrededor también podemos ver un espejo de la sociedad en la que vivió.
La verdad es que vale la pena leer a mujeres que fueron tan francas y tan adelantadas a su tiempo, para ver que ellas nos ayudaron a hallanarnos el camino en algunos aspectos.
Rut Alameda, directora de Altavoz Cultural