
Nunca me había acercado a la lectura de nada que hubiera salido de la pluma de Aixa de la Cruz y soy culpable 100% de este hecho, porque sinceramente, me arrepiento muchísimo.
La protagonista de este libro va en búsqueda de tapar agujeros vacíos de su existencia con el amor de los demás. Primero con Paul, compañero básicamente de vida con el que comparte amigos de siempre y mil historias, ambos pertenecientes al colectivo LGTIBQ+ y que hablan como mejores amigos, en ese idioma propio que solo tienes con esa persona que como tu gemelo. Pero estos dos además tienen una relación tóxica en la que se acuestan, se drogan, conviven, se pelean y es toda una marabunta de cosas que es un circo. Violeta es en realidad lesbiana (o eso dice), como Paul es gay, pero entre ellos son la excepción, un bonito relato sobre la apertura sexual de nuestros protas principales, porque en esta vida encasillarse a veces está mal, aunque ellos lo intenten. Obviamente ellos no van a pensar en la bisexualidad, gran reflejo de la sociedad en la que vivimos en la que ser bisexual parece una desfachatez por eso de acostarse con el enemigo y bla bla bla…
Volvamos al libro: Victoria está en un punto en el que se siente muy perdida (todas la entendemos) poruqe que estaría con Paul toda la vida y de repente se ve sola. Se droga, sale y bebe, sumida en esa espiral de autodestrucción conoce a Salma, su nueva pareja. Que chica, entre tú y yo, sabemos perfectamente desde el primer momento que esa relación va a torcerse que te cagas, pero tenemos que dejar que el personaje le dé una vuelta, sobre todo cuando aquí nuestra amiga Salma coge una vivencia de un aborto de Victoria y lo utiliza para hacer arte y crear un discurso que la haga triunfar en el mundo del arte como si le hubiera pasado a ella. Primer aviso de que esto no va a ninguna parte y que esa mujer va a hacer daño a Victoria.
Pero es que Victoria también se las trae pidiendo una relación abierta para sentir que no está tan atada a Salma (mentira).
Total, que en este viaje de amor son atropelladas por la pandemia mundial del COVID-19 que las dejará encerradas en una casa con una relación rota y las tocará seguir conviviendo porque no saben salir de ahí, engaños, una amiga de la novia que nos hace tilín y demás. En este punto Victoria termina sin casa, viviendo en el campo y hasta llega a entrar a monja de clausura.
Una puta locura de libro, donde la amistad de las amigas, las relaciones personales y la familia en un mundo hostil tienen un papel protagonista., A esto le sumas protagonistas con poca gestión emocional que todo lo importante lo empiezan con sangre y que después lo afianza con respeto, amor y dando tumbos.
Porque no hay relaciones perfectas, no hay vínculos 100% estables, hay ciclos vitales, hay veces que no nos entendemos prueba de que todos los personajes de este libro deberían ir a terapia.
Todo lo que empieza con sangre es un libro muy divertido, desgarrador e incluso iluminador libro que no parare de recomendar.