-Consonni-

Ya sabéis muchas que con el libro Nuestras madres me enamoré de Gemma Ruiz Palà como una adolescente, y con Aulagas he terminado ya de caer totalmente rendida en los brazos de esta autora. Gemma, cariño, si lees esto necesito que me cuentes cómo puedes tener una manera de escribir que se meta tan dentro del corazón. Este libro tiene la mezcla perfecta: costumbrismo catalán, unas protagonistas femeninas que son para enmarcar, historias entrelazadas, representación del contexto histórico reciente, realidad por todos los poros del papel y feminismo.

La historia que nos cuenta Gemma en este libro retrata a esas mujeres de principios del siglo XX que sacaron adelante a sus familias, que son luchadoras y que tuvieron que sobrevivir a mil adversidades. Las historias de nuestras protagonistas se entrelazan poco a poco para enseñarnos cómo era la realidad de las mujeres de aquella época y cómo lo vivieron ellas. La forma en la que Gemma narra la historia es pura crudeza y realismo necesario con un toque de ternura, es absolutamente una maravilla.

Si has leído antes algo de Gemma, sabrás que tiene una forma muy propia de escribir (o al menos eso me parece a mí). A pesar de que lo que leemos en castellano son traducciones —sus libros los escribe en catalán—, la editorial Consonni nos los trae con la participación de la propia autora, lo que hace que la traducción sea lo más fiel posible. De hecho, sobre esto hablamos con ella en nuestro podcast, que podéis escuchar aquí.

 
Su manera de escribir siempre es tan transparente que parece que sea la propia Gemma quién te está contando la historia mientras habla contigo: de una manera que es bella dolorosa y tierna al mismo tiempo. Y es que Gemma no se esconde. Quiere abordar todos los recodos de las historias de sus protagonistas; no tiene miedo de contar hasta la historia más dura, la que te hace arrugar la cara. No le importa que la lectora se encoja leyendo algunos párrafos o que incluso llore con la rudeza de lo narrado. Para Gemma, mostrar esa realidad es esencial, y eso se nota. No tiene miedo de plasmar en sus letras la vida de una época y de unas mujeres que, en este caso, le tocan tan de cerca porque son las de su propia familia.

En Aulagas encontramos la historia de las mujeres de la familia de Gemma: desde la niñez más absoluta de Remei, su abuela, pasando por su tía Rosa, hasta la historia de su madre, Nina. Nos trae una historia tradicional de una familia de Sabadell que, aunque con raíces fuertes, sufrió lo suyo: violencia, abandono, sueños rotos… en épocas como la República, la Guerra Civil y la dictadura. Fueron mujeres que, pese a no tener vidas fáciles, supieron salir adelante.


Remei, por ejemplo, no paraba de ir de casa en casa sirviendo, hasta que Paquita la acogió y le dio un hogar y trabajo. Gracias a ella encontró al amor de su vida y tuvo dos hijos: Rosa y Josep. Remei fue una luchadora nata desde que vivía en la montaña con sus padres, hasta que tuvo que mover cielo y tierra para alimentar a sus hijos durante la guerra, o cuando, tras la muerte de su marido, no dejó de trabajar para sacar la casa adelante.

La historia de Rosa, la hija de Remei, es igual de luchadora que la de su madre. Su sueño era ser peluquera, pero terminó convirtiéndose en una de las mejores costureras de Sabadell. Por no dejar sola a su madre, rechazó al amor de su vida y se quedó cuidando de la familia, incluso de la hija de su hermano.
 

La historia de Nina es para mí la más dolorosa: una murciana que termina en Sabadell, con un padre monstruoso que la trataba fatal. El destino, sin embargo, quiso que acabara viviendo en casa de Rosa y Remei, donde se enamoró de Josep y formó la familia que daría vida a Gemma.

En ese tejido de historias de estas tres mujeres encontramos, en realidad, la historia de Cataluña en los inicios de la República, la Guerra Civil y la dictadura: cómo fueron sus vidas, cómo buscaron su lugar en el mundo y cómo protegieron a sus familias.

De verdad, Gemma ha conseguido que me lea este libro en solo dos días y, además, que lo disfrute y lo sufra a partes iguales. Para colmo, me he quedado aún más prendada —si es que era posible— de las historias que siempre nos cuenta. Tengo muchísimas ganas de volver a encontrarme con esta autora y con sus letras, porque no puedo dejar de recomendarla.

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