Intimidad, hiperindividualismo y la erosión del interior en la modernidad tardía.
-Catherine Proy-
La exposición Cartografías de lo íntimo, en Fucar22, reúne un conjunto heterogéneo de prácticas artísticas contemporáneas que, a través de pintura, cerámica, fotografía y lenguajes híbridos, exploran la intimidad como eje central. Lo íntimo se presenta como espacio emocional, doméstico, corporal y simbólico, siempre atravesado por las dinámicas y tensiones de la tardomodernidad.



Los once artistas pueden agruparse por estrategias formales: Marta Gómez y Sara Mera trabajan pintura gestual y textura, igual que Rosalina Alonso, celebrando el proceso, y Armando Williams, con capas cromáticas vegetales; Victoria Río Hermoso y Alejandro Mesurado recurren a la apropiación de códigos urbanos y mediáticos; la cerámica de Arca 32 y la pintura de Laurianne López reflexiona sobre lo cotidiano y la domesticidad; Gianni De Simone construye retratos duplicados mediante fotografía y pintura corporal; y Sara Bastante explora motivos introspectivos, mientras que Iñigo Sáenz Bermejo desarrolla texturas que conservan memorias. Estas estrategias confluyen en un recorrido que evidencia tanto diversidad formal como coincidencia conceptual.
La muestra dialoga con las tradiciones visuales consolidadas del neoexpresionismo, el pop y la estética diarística, mostrando una intimidad centrada en la expresión subjetiva y la estética del «yo», concebida como esfera autónoma, descontextualizada y funcional a la modernidad tardía.Reflejo de la mutación del individualismo moderno en hiperindividualidad, donde el sujeto aislado es forzado a gestionarse como empresa, resultando su intimidad en recurso instrumental del orden imperante. La exposición activa así el mito de la interioridad pura, ocultando los mecanismos que la atraviesan y, cristalizando en representaciones decorativas, superficiales y desprovistas de agencia.
Desde una perspectiva humanista, la intimidad constituye el espacio reflexivo en el que el sujeto se construye, ejerce autonomía y articula responsabilidad ética, permitiéndole intervenir en lo público con criterio propio. Lejos de ser un repliegue egocéntrico, es el trabajo que sostiene el pensamiento crítico, el autoconocimiento y la resiliencia frente a mandatos externos. En la tardomodernidad actual, donde el poder se ejerce colonizando el mundo interior, administrando afectos, atención y experiencia mediante algoritmos, la intimidad es derecho y condición de ciudadanía activa; sin ella, el sujeto deviene en predecible y manipulable, por lo que ejercerla es un acto de agencia personal.
La hiperindividualidad contemporánea no intensifica la autonomía, la niega. Pues el resultante «yo» hipertrofiado, incapaz de ser libre o soberano, es permanentemente exigido. Transformado enmarca personal y obligado a responsabilizarse de fracasos estructurales que exceden su control, el sujeto queda atrapado en lógicas de rendimiento constante. Erosionando los lazos comunitarios, privatizando problemas y convirtiendo la vulnerabilidad en culpa. La intimidad, al cesar de ser espacio de reflexión y elaboración personal, es territorio de autovigilancia y soledad impuesta.
La exposición Cartografías de lo íntimo, reproduce así los códigos estructurales que limitan la capacidad de la intimidad para generar criterio y vínculos significativos, reduciéndola a experiencia estética subjetiva. Frente a este panorama, cultivar una intimidad reflexiva y relacional se vuelve una urgencia ética y cultural. No se trata de un repliegue egocéntrico ni de un aislamiento romántico, sino de habitar un espacio interior capaz de articularse con los otros y con su contexto. Solo una intimidad pensada, situada y activa puede resistir la colonización del mundo interior y devolver al arte su poder para interpelar e impulsar transformaciones edificantes.