-Consonni-

Uxue Alberdi lo volvió a conseguir: hizo magia y nos puso en el punto de mira esas cosas que nos joden la vida a la hora de transitar la heteronormatividad. En estos ocho cuentos, Uxue viene a decirnos qué cosas están mal, pero pasamos por alto en nuestro día a día; que, al final, tenemos que abordarlas, y una manera de hacerlo es lo que plasma ella: contarlo desde la perspectiva perfecta para que, al leerlo, podamos ver qué es lo que está mal y decir “qué narices, yo he pasado por una situación parecida y no me había dado cuenta de esto”.
Para que las plantas crezcan me parece uno de los relatos más tristes que he leído para empezar una antología. Pero no es malo; al revés, es una declaración de intenciones en toda regla. Uxue quiere mostrarnos por dónde va a ir. En esta historia nos colamos en la vida de un matrimonio que se muda a una casa y que, bajo una apariencia de tranquilidad, vive bastante insatisfecho con su vida heteronormativa. Él y ella han tenido ciertos escarceos con otras personas, y se ve a la legua que están juntos por comodidad más que por amor.
Cuando entramos en El agua que nos toca, nos encontramos en un barrio obrero y con un grupo de amigas que van juntas al cole. El paso de la infancia a la adolescencia es complicado para todas, pero en este caso un poco más, porque hay un cambio: pasar de la ikastola (escuela donde predomina el euskera) al instituto (donde el idioma predominante es el castellano). En este relato vemos cómo la protagonista es sumergida en dinámicas muy malas con sus amigas, e incluso con una de ellas, Jenny, los juegos infantiles se tensan hasta rozar una intimidad distinta. Pero claro… ¿cómo van a ser lesbianas si “existen” los hombres?
En La isla tenemos una conversación con un colega del pasado que nos recuerda que, por muy hombre de izquierdas que uno sea, los hombres siguen existiendo bajo una estructura patriarcal y, por tanto, misógina. Una cosa no quita la otra. Y en este relato se ve clarísimo con un ejemplo totalmente creíble: un grupo mixto se va a Cuba a hacer un proyecto, y la mayoría de los hombres quieren dedicar su tiempo libre a tener sexo con mujeres del país (pagando o no), como si fueran prácticamente colonizadores. Y es que esto, sinceramente, querida lectora, me pasó a mí el año pasado en un viaje en grupo mixto: los hombres van de turismo y aprovechan para hacer turismo sexual. Un asco, sinceramente. Porque cuando creemos que esto es cosa de los 90 o de principios de milenio, nos encontramos con que estas dinámicas heterosexuales siguen vivitas y coleando. Un relato que cuenta una realidad que parece olvidada, pero que no podría ser más real —ni darme más asco.
Cuando empezamos con Todas las edades del ser humano, encontramos un relato sobre una familia con tradiciones, y es que no hay nada más tradicional que ir a ver a un hombre hacer su ritual anual de masculinidad. Con estas cosas nos adentramos en cómo, da igual la edad que tengas, tu padre siempre va a ser tu padre y, por tanto, siempre va a ganar. Pasamos después a Lecciones de literatura, o lo que es lo mismo: qué suplicio es tener un señor por encima de ti todo el rato. En este relato, escritora y editor hablan sobre un texto, y la conversación se vuelve bastante incómoda por momentos. El editor no para de saltarse los límites entre lo que es normal y lo que es ser baboso.
Hay algo en Paso de palomas que recuerda a una película de los 80, de esas grabadas en 2/3, con algo de grano y una trama que parece un poco anticuada. Pero son los recuerdos de una chica que nos transporta a su primer amor y a esas dinámicas tóxicas que sufrimos por falta de experiencia. El relato se mezcla con el pasado y el presente para hablarnos de Rober y Nerea: cómo se hizo su relación, cómo eran sus dinámicas, cómo les iba regular y cómo acabó. No te lo cuentan del todo, pero lo intuyes. Hay un aire espeso de tristeza en este relato y en cómo la iniciación al sexo suele salir más favorable al género masculino que al femenino.
En el penúltimo relato tenemos retazos de la vida de un hombre que ha perdido a su padre y que es padre al mismo tiempo. Cómo el duelo “no debería ser tan importante” porque eres un hombre, pero las raíces y las enseñanzas están ahí. El recuerdo y la sombra de tu padre, lo que quisiste mostrarle en sus últimos tiempos, existen. Viajas por tu adolescencia y por criarte en un entorno donde ETA estaba presente; eso también marca. Un relato que marea, porque tiene un ritmo rápido y mucha información. A veces solo quieres abrazar al protagonista porque parece que no tiene opciones.
Cerrando este pedazo de libro tenemos Las viudas, donde entendemos que hay dos mujeres pertenecientes a dos “bandos” distintos: una es del lado de quien infringió un daño y la otra es quien lo recibió. La persona que lo causó acaba de morir y estas dos mujeres se encuentran: un monólogo doloroso donde la familia, el pasado y el amor se dan de la mano.
Siéndote sincera, querida lectora, este libro es una pasada. Los relatos guardan mucho más de lo que parece en esta reseña, pero por eso se llama reseña: si no, sería un resumen. Te animo fervientemente a acercarte a la obra de Uxue. A mí, con La trastienda, me enamoró con locura. Con Hetero siento que se reafirma como mi autora vasca favorita: por abrir grietas y mostrar que, aunque las dinámicas parezcan simples y estén arraigadas, hay que eliminarlas.
Entrevista a Uxue Alberdi

-Bienvenida a Altavoz Cultural, querida Uxue. ¿Cuándo y cómo nace Hetero? ¿Cuál fue aquel primer estímulo de creación desde cero?
Hetero es el resultado del trabajo de un proceso de escritura que duró tres años, del 2021 al 2024.El título vino hacia el final. No es un libro de cuentos temático, no hay un único tema, ni una única intención. Trabajé los cuentos uno a uno con mi editora (que no es hetero), y en cierto punto me di cuenta de que ya era la tercera vez que me disculpaba con ella con un «se que me ha quedado muy hetero». Y entonces me dije: «¿y si esa es la cuestión?», «¿y si es justamente eso lo que me están revelando mis cuentos? ». Tenemos la heteronorma tan naturalizada que ni la vemos, y quería derramar un poco de luz con el título. Hacer la norma visible, desnormalizar la norma. Observé que mis ficciones nacían, en gran medida, de la conexión de mis heridas, anhelos y decepciones con la heteronorma. Hice también una arqueología de mi propio deseo. De las imágenes, frases y gestos que se me han quedado en la memoria.
-¿Cómo ha sido el proceso de confección del libro? ¿Cómo has sentido tu este viaje interno a la hora de escribirlo?
Si pensásemos en escritores cazadores y escritores recolectores, yo sería una escritora recolectora. Me interesa mucho la literatura con regusto etnográfico: documentar espacios, épocas, gentes… a través de la literatura.
La mayoría de los cuentos de este libro han surgido así, fruto de las notas acumuladas previamente. A veces hago ejercicios de memoria sin un fin determinado, por el placer que me produce recuperar recuerdos de lugares, épocas o personas que siento que poco a poco se van borrando de mi memoria. Otras veces, tengo una idea para un relato, y, retrocediendo, hago un ejercicio de memoria y recojo notas de los paisajes del pasado, de las voces de pasado, de las palabras, de los gestos, de las imágenes que se me han quedado clavadas… Acumulo material: qué nos rodeaba, qué música escuchábamos, qué comíamos, qué era diferente en una casa y en otra, qué me sorprendía… y eso está en las notas. Luego, cuando ficciono esas memorias, tal y como lo decía Ernaux, alucino mis propios recuerdos. Alucino la realidad. Intento entender: ¿cómo siento esta época, este espacio, esta relación? ¿Cómo lo vivía en el momento en que lo estaba viviendo? Al tomar notas estoy haciendo memoria, pero al escribir yo no me estoy acordando, estoy alucinando mis recuerdos: tengo de nuevo 15 años, pero tengo 15 y 40 a la vez. Estoy en un espacio –un bar, una calle, el mar–, y estoy en mi casa; estoy con un personaje y estoy sola al mismo tiempo.
Por otra parte, he trabajado mucho en la forma y en el lenguaje literario, en buscar la mejor manera de elaborar ese material acumulado. He escrito ocho cuentos, pero he leído cientos. Los dos relatos dialógicos los inspiraron los relatos en forma de dialogo de Música para camaleones de Truman Capote, y, Canción de cuna está inspirada en los cuentos inversos de Lorrie Moore.
Yo no distingo entre escritura y reescritura. Reescribo constantemente. Primero, busco el primer párrafo, y hasta que no me quedo conforme no paso al segundo. Para empezar con el segundo párrafo, me pongo a leer del primero y cada vez igual: hasta que el segundo no se consolide no paso al tercero. Sigo a la música. Escribo mucho de oído. Y hay un momento en que las luces se apagan solas. Creo que en ningún cuento he pensado en el final, salvo en Todas las edades del ser humano, que surgió del final.
-¿Como has vivido a su mismo tiempo el trabajo de traducción del euskera al castellano de tu obra?
Con gran placer. Tengo la suerte de contar con una traductora de confianza, Arrate Hidalgo, con quien tengo una comunicación fluida y de quien aprendo mucho sobre traducción y escritura. Reviso las traducciones a fondo y disfruto de ese trasvase de aguas que es la traducción, esa mudanza en la que siempre se pierde algo, se rompe alguna cosa, descubres cosas que no sabías que estaban ahí, y te da la oportunidad de empezar de cero en otro lugar.
-En Hetero encontramos aquello que pasamos por alto del día a día pero que tiene una carga impresionante para la persona que recibe esas dinámicas o palabras, ¿Cómo has gestionado las temáticas escogidas? ¿Hay alguna que se te ha quedado en el tintero?
Para mí la literatura es un campo de investigación, y yo entro ahí con todas las cosas que me gustan y no me gustan de mí misma, con todo lo que soy capaz de ver y con todo lo que no puedo ver, con lo que entiendo y con lo que no entiendo… La escritura, para mí, es poner la percepción corporal, intelectual y sensitiva al servicio de una exploración literaria. No escojo las temáticas racionalmente, llevo casi 20 años publicando, y en cada momento he ido sintiendo lo que podía o necesitaba trabajar. Es un camino de impulsado por el deseo, atravesado por el miedo y llevado a cabo con mucho amor y constancia.
-En tus historias vemos una gran importancia de personajes femeninos fuertes y potentes, pero muy reales al mismo tiempo, ¿Qué técnicas manejas a la hora de escribirlos para que sean tan humanos?
Tal y como recomendaba Fitzgerald, me inspiro en la vida, no en el arte. Trato de buscar detalles significativos y trabajo la concreción. He intento ser honesta.
-Gracias a Consonni y alguna editoriales más, la literatura vasca esta llegando a todos los hogares del territorio, ¿Crees que actualmente a la literatura vasca se le está dando la importancia que se merece?
La verdad es que cuando escribo yo tengo en mente a la comunidad euskaldún, la comunidad vascoparlante a la que pertenezco y que nos lee de primera mano. Cuando escribo no pienso en la traducción, eso viene después. Y celebro cada traducción. Creo que se escriben libros muy buenos en euskera, y que las traducciones permiten a lectores de otros territorios acceder a miradas, historias, problemáticas y propuestas muy ricas. Cada comunidad lingüística que se autorrepresenta es un regalo para la literatura universal, y la traducción construye puentes entre diferentes-iguales.
–Cuéntanos próximos proyectos y si vamos a poder verte de gira en 2026 con Hetero.
Durante dos años me he dedicado a recopilar historias orales sobre mujeres en el territorio euskaldún, y acabamos de publicar un libro titulado Esne-berriketan que reúne 77 historias contadas por 57 personas. Disfruto mucho elaborando la oralidad a través de diferentes tipos de escritura.
Por otra parte, estoy dando forma a un diario que escribí después de la publicación de Hetero que supongo que publicaré dentro de un tiempo. Y, por último, estoy escribiendo un guion de cómic sobre un centro psiquiátrico de mujeres en la época del franquismo.