-Blackie Books-

Últimamente ha estado en boca de todes la importancia que tiene la amistad. Esa familia elegida que ponemos al mismo nivel que la familia de sangre. En algunos casos incluso más alta. La importancia de una buena red de apoyo y amor, en la que sentirte siempre como una igual y que vayan contigo a por todas. Existe algo mágico en encontrar un grupo de personas con las que tener un vínculo fuerte y no por exigencias del guión, sino por la elección mutua. Pero, ¿qué pasa cuando este lazo que parecía inquebrantable se rompe de repente?
En esa estamos cuando aparece en las librerías Amiga mía de Raquel Congosto, editada por Blackie Books. Existe una conversación nueva en torno a la amistad y es esta ruptura de vínculos que creíamos de hierro pero que por lo que sea, un día desaparecen. Y es que Raquel lo cuenta tan bonito que, aunque sea desgarrador, sientes que te calienta ligeramente el corazón.
Celia y Marina se conocen de la universidad, pero no empezaron con buen pie, la verdad. Pero por azar del destino se encuentran y se vuelven inseparables hasta el punto de montar un proyecto común entorno al arte y la crítica social. Viven juntas y pasan todo el tiempo del mundo una al lado de la otra. Al final, esta relación por x o por y, termina desgastándose y acaba con el vínculo. Podríamos decir que este es un buen resumen de lo que trata el libro. Pero yo quiero meterme un poco en materia, así que voy a proceder a desgranar los puntos más importantes a mi parecer:
- La amistad a veces te atraviesa y rompe con tu existencia cuando nace. Conocer a una persona nueva hace que todo tu mundo cambie. Descubres cosas de ti que aún no habías descubierto y juntas formáis un pack indivisible. Esto es una putada, lo digo yo, que hace poco perdí a mi mejor amigo y co-fundador de esta plataforma y fue justo lo que me pasó. Me vi reflejada en las protagonistas. Ambas (y nosotros) estaban destinadas a encontrarse y sumarse mucho juntas.
- Hacer un proyecto con tu dupla perfecta es maravilloso por las sinergias que ocurren, pero desgasta x1,5 la relación. Si de normal puedes tener encontronazos… con un proyecto de por medio la cosa se acelera. Y hay pocas personas que estén preparadas para ello.
- A veces, aunque tu dupla perfecta sea lo más, dentro de esta sinergia la otra persona puede preferir tener una pareja sexoafectiva y hacerla prioridad frente a vuestra relación. Y es que aún existe ese debate de “¿qué son más importantes, los amigos o la pareja?” Y claramente, en este libro, una de las cuestiones por las que se rompe el vínculo central de esta novela es porque su amiga empieza una relación amorosa con un señor (precisamente un poco tóxico).
- Sobrevivir a un duelo por amistad tiene la misma importancia que un duelo por amor romántico y normalmente no se le da la importancia que se merece. Y es que nuestra protagonista no para de acordarse de su amiga, de volver atrás en el tiempo y darle vueltas a qué pudo pasar. Es normal, sus heridas aún no han cicatrizado. Por eso, libros como este junto a otros que han salido en los últimos meses que hablan de este duelo, son tan importantes. Hablar la pérdida de la amistad ayuda a que hablemos de la herida que deja, y a no idealizar las relaciones personales.
Este libro me ha dado mucho que pensar y yo creo que todes deberíamos leer a Raquel y su Amiga mía. Es la oportunidad perfecta para reflexionar y curarnos un poco la herida de aquellas amigas que se fueron o que dejamos, pero que recordamos con cariño pese a que sabemos que no volverán.
Entrevista a Raquel Congosto

Antonio Girón
-¿Cuál fue aquel primer estímulo de creación desde cero?
Este libro no existiría sin el impulso de la escritora Margarita García Robayo. Yo estaba yendo a su taller de escritura cuando le ofrecieron ser la editora de cuatro libros para una editorial argentina y entre esos cuatro, ella confío en que uno iba a ser mío. Yo no tenía apenas nada escrito, pero ella supo ver esa historia dentro de mí, antes que yo misma. Así que me puse las pilas para llegar a la fecha y escribí primero torpemente, y luego bastante rápido, como si me subiera a un tren que primero conduces tú, pero luego ya no, lo secuestra un estado alterado de tu consciencia y va cada vez más rápido. Entre tanto, llegó Milei al poder, el precio del papel se desató y se cayó la propuesta con el libro terminado y con el contrato firmado. Fue un palo bastante gordo pero, como no hay mal que por bien no venga, me puse a moverlo escribiendo a los correos generales de mis editoriales favoritas y tuve suerte.
-¿Cómo ha sido el proceso de confección del libro?
La dificultad de escribir sobre el duelo de la amistad y sostenerla en una novela, era que no contaba con precedentes. No entendía qué volumetría tenía ese duelo y por tanto, me costaba señalar los pedazos del derrumbe. Se me escapaba entre las manos por falta de lenguaje. Así que mi estrategia fue desplegar tres perspectivas (la primera persona, la segunda o epistolar y una tercera persona o narrador interpuesto) para acceder a esa volumetría inasible en un principio. Necesitaba una primera persona que se doliera por la ruptura. Un cuerpo que encarnara el duelo. Sin embargo, para acceder al pasado en el que las dos amigas estaban juntas, me parecía que era más efectivo una mirada aérea que pudiera dejar ser a ambos personajes. Finalmente la narración epistolar trata de rasgar la página con su cursiva para abandonar la narración y dirigirse directamente a otro cuerpo, el de la amiga perdida.
-¿Cómo has sentido tú este viaje interno a la hora de escribirlo?
Para mí ha sido muy importante escribir esta historia. Detenerme a mirar, a reflexionar, a buscar un lenguaje y no hacer como si nada y, al revés, reivindicar la pérdida de una amistad como algo tan doloroso como otros duelos de los que hemos leído tanto, ha sido un reto muy arriesgado, pero también ha sido tremendamente sanador construir un cuerpo a ese dolor. Poder señalarlo y decir: esto importa.
-¿Cuánto crees que es necesario poner en la mesa el tema de las rupturas de amistad tras este auge de la amistad y su importancia?
Creo que estábamos cayendo peligrosamente en romantizar la amistad, y eso nos estaba impidiendo tener una visión más compleja y también más saludable de este tipo de relación. Como si la amistad la habitaran seres celestiales y no personas con debilidades, mezquindades, limitaciones e imperfecciones. Intentar comprender los límites, lo que nos hace amigas y lo que nos hace dejar de serlo es un ejercicio necesario precisamente para salvaguardar y hacer aún más fértil este tipo de vínculo. Creo que desde el feminismo hemos ido analizando y poniendo la lupa en los vínculos porque creemos en la potencia relacional. Hemos reflexionado y desgranado las cuestiones formales y poco saludables que teníamos normalizadas en relaciones de pareja, en el terreno laboral, en la familia… cuestionar los cimientos de cómo nos relacionamos, para mí, no significa destruir la relación. Yo no creo en el fin del amor, yo creo en amarnos mejor. Creo que tocaba tomarnos en serio la amistad, ponerla de verdad arriba en la jerarquía y, para hacerlo, había que mirarla detenidamente, atenderla como se merece, amistarnos mejor.
-En tu libro, la amistad no es perfecta, la ruptura es dolorosa para la protagonista, y en las idas y venidas con el pasado y el presente encontramos su dolor, ¿Cómo ha sido para ti como autora escribir sobre esa dualidad?
He trabajado principalmente y mucho tiempo en diseccionar, para comprender y para construir después, una historia que transmita de la manera más precisa posible el resquebrajamiento y el duelo posterior..
Quería indagar en cómo una relación que comienza siendo simbiótica se transforma en parasitaria por ambos lados. Encontrar esos pequeños momentos sutiles en los que ambas, sin mala intención y sin darse cuenta, establecen un pacto de relación algo perversa que comienza a hacerles daño.
Me interesaba también hablar de las condiciones materiales que atraviesa esa relación. Hablar de ese momento del 15M y los años posteriores en donde pensábamos que íbamos a cambiar el mundo, ese momento en el que muchas pusimos el cuerpo, a la vez que había muchísima precariedad tensando por debajo todo lo que tratábamos de construir.
Pensar en la precariedad y en las condiciones materiales me ha llevado a cuestionarme si realmente existen eso que llaman “relaciones tóxicas” o si lo que realmente tóxico es el mundo en el que vivimos y nos lleva a relacionarnos de formas poco saludables. Hacemos lo que podemos, lo que creemos que es mejor en cada caso, lo que somos capaces de afrontar. Celia y Marina hacen lo que pueden.
Me he acordado de la película Tres colores, Rojo cuando tiran una piedra a la casa del juez y le rompen la ventana por hacer escuchas ilegales a los vecinos. Irène Jacob, en el papel de Valentine, le pregunta al juez: «¿No tiene miedo?» Y entonces el juez responde: «Me pregunto qué haría yo si estuviera en su lugar. Lo mismo». Ella: «¿Lanzaría piedras?» Él: «Por supuesto. También si fuese todos aquellos a los que he juzgado, con sus vidas y situaciones: mentiría, robaría, mataría. Lo que pasa es que yo no estaba en su lugar».
En la novela, al pasar de la primera a la tercera persona he procurado que quienes lo lean puedan identificarse con ambas protagonistas, que vivan la felicidad de los mejores momentos y que vivan también las pequeñas señales que empiezan a resquebrajar el “nosotras”, porque, aunque hay una subjetividad dominante para darle voz al dolor que queda después, también hay un cuidado por entender que cualquiera podría llegar a ser la otra si estuviera en su lugar.
¿Qué era lo más importante para ti a la hora de escribir este libro?
Escribí esta historia por dos motivos. El primero es que me importaba mucho, creo que en cualquier proyecto artístico tienes que poner la carne en el asador, tiene que notarse que lo que haces no es porque sí, no por una moda o porque quieras formar parte del eco de un discurso concreto, sino que lo haces por un impulso genuino que ni siquiera está en el plano de lo consciente, está más adentro, en la memoria interna del cuerpo. Es un tarareo que no te puedes sacar y entonces necesitas escribirlo.
El segundo motivo es que es algo que no comprendía bien, y ese no entender o, mejor dicho, ese querer entender por qué algo tan bello como lo que construyen Celia y Marina en el libro, termina por desaparecer.
Siempre utilizo la metáfora del derrumbe de una casa. Entonces la narradora lo que hace es situarse sobre los escombros de esa casa, de ese hogar que era la amistad con su amiga y desde ahí, trata de encontrar las fisuras que originaron el desplome. Cada capítulo es una pequeña fisura, una serie de pistas para ir elaborando esa desorientación que te deja el no entender.
-Tu libro conversa muy bien con otros libros actuales como el de Nuria Labari y ‘La amiga que me dejó’ , ¿Qué otros libros recomendarías que crees que hilan muy bien con el tuyo?
Mira, pues hay varios: Lejos de Kakania de Carlos Pardo; Las cabras de Pilar Asuero; Pequeño tratado sobre la amistad de Joana D’Alessio; La pasión de los extraños de Marina Garcés; Animales pequeños de Mercedes Duque y la editorial Continta me tienes ha publicado varios títulos: La amistad y sus derivas de Maria Folguera, Sabina Urraca; La fiesta de las amigas de Mana Muscarsel Isla y el volumen (H)amor amigas.
Durante el proceso de escritura también me embadurné con La saga Dos amigas de Elena Ferrante, Panza de burro de Andrea Abreu y Soñó con la chica que robaba un caballo de Sabina Urraca. También recomiendo la película Almas en pena de Inisherin (2022), y el podcast Ciberlocuturio en el que precisamente trataron sobre las rupturas de la amistad e invitaron a Sara Torres. Simone Weil también me ha acompañado en este proyecto.
-¿Cuáles han sido las conversaciones que más ha suscitado el libro en las presentaciones? ¿Cuál ha sido el feedback del público?
Cuándo la gente lo lee, repasa sus propias rupturas amistosas. Creo que el libro está abriendo puertas de habitaciones cerradas en los cuerpos de quienes las leen. Me hablan de sus propias experiencias, de cómo lo han vivido ellxs, y se hacen conscientes de que tampoco habían podido compartirlo ni hablarlo como con otras rupturas. Creo que en general está sirviendo para ser más compasivo con lxs otrxs, con unx mismx y con quienes fuimos cuando no supimos hacerlo mejor.
-¿Cómo ha sido la edición y publicación con la editorial Blackie Books?
Blackie cuida los libros para que sean una pequeña obra de arte. El diseño del objeto, la cubierta, la ilustración de Beatriz Lobo… Mi libro tiene cierta apariencia de lápida ¿os habéis fijado? Me resulta un acierto absoluto. La edición ha sido por parte Jorge de Cascante, que además de editor es un escritor al que admiro, y resultó muy fácil. Fue él quien le puso el título a mi libro, y creo que dio en el clavo. También en Blackie hay mucha otra gente que cuida de que el libro llegue y funcione lo mejor posible.
–¿Vas a salir de gira este 2026 con el libro? Cuéntanos un poquito próximos eventos y demás que puedas tener
Sí, en 2026 ya he empezado con algunas presentaciones y clubes de lectura. He ido a Salamanca, y ahora iré a Bilbao, a Asturias, Ciudad Real y Murcia, además de alguna otra presentación en Madrid. También me hace mucha ilusión un taller presencial que voy a impartir en febrero en el Espacio de la Editorial Comisura sobre los fantasmas que habitan nuestros vacíos.
-Háblanos brevemente de próximos proyectos literarios que puedas tener a medio – largo plazo, ¿estás con algo entre manos actualmente?
Estoy con una novela que me trae loca, llevo casi siete años con ella. No sé ya si lo conseguiré o si me vencerá ella a mí. También estoy con un poemario y tengo varios proyectos en la cabeza. “Mucho barco pa tan poco marinero”, que diría mi madre.