-La Granja Editorial-

-Caja de rebajas-

Cuando pienso en lo que Eva hace y en lo mucho que me gusta su estilo, encuentro que, mientras consigue algo muy personal y característico, también llega a ese puerto del mainstream donde su trazo tiene un público que se me hace cada vez más grande. El dibujo de Eva se basa en una línea fina que consigue sintetizar con mucho acierto las emociones, las figuras y evocar justo lo que la autora quiere. A lo largo de las ilustraciones y pequeñas obras que he podido leer de Eva, no había visto hasta ahora su soltura en una obra más larga, aunque “¿Qué me pasaría si me mordiese una serpiente?” cuenta con cuarenta y cuatro páginas. Entonces, la pregunta que me planteaba era: ¿cómo le sentará a Eva algo más largo?

En primer lugar, tengo que agradecer a La Granja Editorial y a Altavoz Cultural por hacer posible esta pequeña reseña. Es algo muy guay, poder disponer de material para leer y sobre del que hablar.

Cuando me llegó el paquete, me gustó mucho el packaging, el cariño con el que se tratan las obras es tremendo. Me agradó mucho el formato y la calidad de los materiales. Es un gran acierto y demuestra que se puede hacer tebeo en A5 sin necesidad de que sea una grapa en un folio de oficina. La portada juega con la contraportada, con dos siluetas que se recortan sobre el fondo marrón y caótico. Al abrir el cómic, me llama la atención el uso de los interiores en negro. Justo después, paso al blanco brillante del tebeo y arrancamos.

Hablar de historia o argumento en ‘¿Qué me pasaría si me mordiese una serpiente?’ es complejo. En este tipo de obras hay que rendirse a las sensaciones. Desde el principio de la obra, con esos primeros compases bajo un sol de verano sobre una pista de tenis, Eva plantea una conversación sobre la ambición, la competitividad, el deporte y como esto nos va a llevar siempre a plantearnos una pregunta fundamental: ¿vale la pena? Desde que somos pequeños se nos lleva a extraescolares, se nos anima a buscar algo que “nos guste”, a pensar qué queremos ser de mayores y muchas veces esto nos lleva a lugares a los que no habríamos llegado por nosotros mismos.

En este caso, la reflexión atraviesa el tenis y esas preguntas que te haces una vez ya eres adulto: «¿quiero esto? ¿Ser el mejor al tenis? ¿Siquiera me gusta el tenis?«. Muchas veces la respuesta no viene en el momento y se plantea más como que es algo que te hace sentir bien, que te anima a conocer gente. Pero entonces llega la competencia. Para todo aquel que sea competitivo, sabe que una competición es como una droga, es una exigencia constante para buscar más y mejor sin parar. Mierda, hasta yo me he sentido a veces en esa ambición desmedida de ser “el mejor”. Y me siento, muchas veces, en la necesidad de ser el número uno en lo que hago. Pero cuando rastreas esa “hambre competitiva”, llegas a la conclusión de que viene de cuando eras niño. De lo que te enseñaron y lo que te decían en casa. No sabes hacer otra cosa que no sea buscar superarte a ti y a otros. Aquí hay mucha tela que cortar, porque creo que ser ambicioso es bueno, buenísimo, pero una ambición mal llevada puede ser la perdición de una persona. Eva dialoga sobre esto, sobre donde está el equilibrio perfecto entre ser una persona que compite por algo y ser, en fin, feliz. Donde uno puede perderse mucho más fácil de lo que va a ser alcanzar ese tan ansiado primer puesto.

La protagonista de esta historia tiene que atravesar ese sendero autodestructivo, ese camino que la llevará a ser la mejor jugadora de tenis del mundo, pero también la arrastra a pensar sobre todo lo que comentaba antes. La obra no concluye salvo con una última pregunta: “¿seré tu compañera o la mala de esta historia?”. No es la protagonista la que hace la pregunta, si no la otra. La ambición. La entrenadora. La compañera de entreno. La máxima rival. La competitividad. No importa quién, porque la pregunta no va de eso, si no del fondo de esta historia. ¿Hablamos de vencedores o vencidos? ¿De víctimas o verdugos? ¿De los que son los mejores o del resto?

Mi concusión es que estamos ante un tebeo que exige, necesita que el lector esté atento, que lo lea una primera vez, que lo deje reposar y vuelva a él para macerar las ideas que se plantean, las vueltas que se le aplican a un camino a casa tras un entreno. Creo que, tras una apariencia naif, se esconde una obra compleja, que no busca resolver, si no plantear cuestiones. Y hace preguntas que no son cómodas de responder. Además, en posteriores lecturas, en las que he estado más pendiente del dibujo, de la narración y la forma, me he sentido particularmente incómodo. Dejando los textos de lado, las viñetas, las figuras, el aspecto general es de que algo no está bien, en el mejor de los sentidos. Personajes que se deforman, cuerpos que se rompen, oscuridad según se avanza… Al final, la angustia hace mella y la obra adquiere cierto poso de thriller psicológico que me ha encandilado aún más.

Antes de cerrar, me gustaría señalar dos momentos que me han gustado mucho en este tebeo; el primero de ellos está en esa página doble del entrenamiento, donde la pelota rebota, la raqueta rasga el viento de una mañana de verano y la pared sufre los golpes, narrativamente hablando me parece brutal como al principio se sigue y se entiende, pero después es puro caos, perdiendo el sentido, porque ya es todo intuición. El segundo momento es cuando el “mental breakdown” va más duro que esa chuche dentadura que lleva en el fondo de cajón de plástico de tu tienda de alimentación desde antes de que tú nacieras, donde el dibujo se desdobla y la sensación es de mareo. Todo se perturba y se oscurece cuando las cosas se tuercen y se complican. El efecto es muy curioso.

Creo que Eva tiene un sitio reservado en mi estantería y seguramente cada vez en la de más gente. Estamos hablando de una de esas autoras que pertenecen a la escuela del fanzine madrileño, de donde están saliendo cada año más y mejores nombres. Este “¿Qué pasaría si me mordiese una serpiente?” es una pequeña delicia que sé que gustará a más de un crítico de los buenos. Así que haceos un favor y no perdáis de vista a Eva.

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