
Bienvenida a Altavoz Cultural, querida Iosune. ¿Cuándo y cómo nace digo cascada y el viento arde? ¿Cuál fue aquel primer estímulo de creación de esos primeros 10 poemas que enviaste a ediciones en el mar?

Muchas gracias, Rut. Es un placer estar aquí y tener la oportunidad de seguir hablando del libro más allá de las presentaciones.
Siempre me ha interesado mucho la cuestión del lenguaje y sus límites: qué podemos decir, qué no, cómo los conceptos dan forma a la realidad y condicionan nuestra percepción, la imposibilidad de acceder a un más allá del lenguaje. A partir de cierto momento, todas esas preguntas y reflexiones dejaron de ser abstractas, y la imposibilidad de decir se convirtió en algo físico, corpóreo. Las experiencias que dieron lugar a esa ruptura con el lenguaje fueron un episodio de violencia sexual y los dos años que pasé sin poder hablar al inicio de mi enfermedad.
Durante mucho tiempo quise escribir un poemario sobre la mudez, dialogar con la filosofía del lenguaje desde mis propias vivencias, desde el cuerpo, pero tuvieron que pasar cinco años desde que tuve la idea (o la necesidad) hasta que escribí esos primeros diez poemas para la convocatoria del premio. Digamos que es complicado tener el tiempo, las fuerzas y los recursos necesarios para escribir siendo una persona que convive con varias enfermedades crónicas en un sistema terriblemente capacitista.
El libro es el ganador del “IV Premio de Poesía en el mar». ¿Cómo has vivido toda esta experiencia desde que se eligió tu poemario hasta su publicación? ¿Cómo ha sido trabajar codo con codo junto a Lara para la creación de este libro?
Cuando me llegó el correo de Lara diciendo que había ganado el premio, no me lo podía creer. Se habían presentado tantas personas que era imposible que me eligiera. Además, por alguna razón sentía que mi propuesta no encajaba en la editorial (ahora, después de conocer la casa por dentro y de haber desvirtualizado tanto a Lara como a otras autoras, entiendo que sí, que el libro está donde debería estar y encaja perfectamente). La verdad es que fue una de las mejores noticias que he recibido nunca.
Respecto al proceso de escritura y edición, he disfrutado mucho de trabajar con Lara y ha sido un gran apoyo para mí, tanto a nivel literario como en un sentido más personal. Ambas nos hemos encontrado con problemas externos que han afectado al desarrollo del libro o a su publicación, pero eso también nos ha permitido conocernos mejor, empatizar con la otra y cuidarnos. A la hora de escribir, nunca había tenido un seguimiento tan atento y es algo que agradezco mucho. Siempre nos surgen dudas cuando estamos creando y tener a alguien con quien consultarlas, que vaya leyendo los textos a medida que los escribimos, que nos dé su opinión y nos tienda una mano cuando nos bloqueamos o pensamos que nuestro trabajo no está a la altura, no solo es muy tranquilizador, sino que también tiene un impacto directo en la calidad de la obra.
¿Cómo ha sido el proceso de confección del libro? ¿Cómo has sentido tú este viaje interno a la hora de escribirlo?
Tengo la sensación de que todo ha pasado muy rápido y a veces no me creo que el libro esté terminado. El proceso de escritura duró unos seis meses, pero también hubo mucho tiempo de investigación, lecturas y papeles llenos de notas. Siempre digo que el libro se escribió en un documento de Word, pero lo pensé a mano, en un cuaderno verde con motivos florales e insectos. Entre sus páginas hay citas, definiciones de palabras, reflexiones filosóficas, listas de estrategias para dislocar el lenguaje, leyendas y cuentos, palabras que me gustan por su sonoridad o por las imágenes que invocan. Es como si fuera un segundo libro, el libro más allá del libro. En algún momento me gustaría hacer algo con todo eso.
Al ser un poemario que, en gran parte, dialoga con el pasado, también tuve que mirar hacia atrás y escarbar en algunos de los momentos más difíciles de mi vida. Estuve releyendo mis diarios, que acabaron colándose dentro del libro, y los cuadernos que utilizaba para comunicarme cuando no podía usar mi voz. También regresé por primera vez al lugar donde me agredieron y pasé por una intervención médica. Todo eso fue muy potente a nivel emocional, pero al mismo tiempo he disfrutado mucho con la escritura, me he permitido jugar (esto es algo que a las personas con altos niveles de autoexigencia nos cuesta mucho) y entender la creación como un espacio de experimentación y libertad.
El libro está divido en tres partes: “enséñame a no recordar”, “de la voz como criatura” y “digo cascada y el viento arde”. ¿Cómo trabajaste cada parte? ¿Sabías qué parte y temática había desde el principio o te fue llevando la escritura del libro?
Tenía claro que el libro iba a tener tres partes y también sabía cuáles iban a ser los temas principales de las dos primeras (la relación entre trauma y lenguaje y la pérdida de la voz), pero con la tercera fue diferente. Hasta que no llegué a ella no sabía de qué iba a hablar ni cómo iba a desarrollarse. Supongo que ese proceso metamórfico, ese descenso a los abismos que aparece al final de la segunda parte, de alguna forma fue real y aconteció en el mismo momento de su escritura. Tuve que dejarme caer y aprender a escuchar el silencio para descubrir qué me esperaba al final (literalmente, porque en ese momento estuve bastante bloqueada). Lo que sí sabía es que necesitaba una resolución. El libro no podía ser una queja ante los límites del lenguaje, no podía hablar del trauma y de la violencia y quedarme simplemente en “esto ha ocurrido y me ha destrozado y no sé cómo nombrarlo”. Y no estoy hablando de una sanación final ni de recuperar la voz perdida, sino de aprender a habitar en la oscuridad, de convertir lo torcido y los límites en una fuerza. Hay algo bellísimo en ese no poder decir. Si pudiéramos explicarlo todo, si no existiera el misterio, ¿qué sentido tendría el arte?
En tu libro hablas de temas como la enfermedad, la mudez y violencia sexual pero con un lenguaje poético, ¿cómo ha sido para ti trabajar en estos contornos y límites del lenguaje? ¿Te ha servido para cicatrizar tus propias heridas?
Hace poco leí un artículo de Aixa de la Cruz en el que comparaba el quehacer de las escritoras con el centauro Quirón y su simbolismo en la astrología: esa herida que no puede sanar, pero que al transmutarla nos permite conectar con otros seres heridos, abrir algunas puertas, invocar nuevos significados o puntos de fuga que nos permitan ver las cosas desde otro ángulo. Yo nunca escribo para sanar, no es eso lo que busco, pero sí veo una potencia en las cosas que me suceden, y a veces ese primer impulso se transforma en una historia, un paisaje o un balbuceo en forma de conjuro. Supongo que necesito hacer algo con el dolor, aunque no sepa muy bien por qué, y resulta que en ese hacer puedes ayudar a otras personas.
Nos interesa mucho saber cómo has trabajado todas las imágenes del libro de ese bosque mágico que hay al final, con todas estos seres y escenarios. ¿De dónde has sacado todas las referencias?
Aunque pueda parecer que el bosque es un lugar universal, en realidad me inspiré en los entornos forestales de Navarra. Todas las especies que nombro forman parte de mi ecosistema (o de mis ecosistemas, según su cercanía y de cuánto podamos ampliar este cerco). La relación con el bosque y lo más-que-humano va cambiando a lo largo del libro, desde ser un refugio en la primera parte, un recuerdo o una visión en la segunda, hasta convertirse en un espacio de resistencia y reivindicación fantástica, queer y tullida en la tercera. Me parecía importante enraizar y localizar las referencias porque siento que estoy en deuda con el territorio que habito y que me habita, y también tiene que ver con estrechar lazos y pensar cómo es nuestra relación con el entorno, de qué manera influye en nuestra forma de ser y de sentir y cómo podemos imaginar mundos mejores que incluyan a otras especies compañeras. Por eso también aparece el euskera en esa tercera parte y por eso quise hacer algunas alusiones a la mitología euskaldun, aunque es cierto que el texto iba construyéndose a sí mismo y creando sus propios rituales y leyendas. Otra fuente importante fue el libro de Amanda Leduc, Desfigured. On Fairy Tales, Disability, and Making Space, que me ayudó a pensar la relación entre discapacidad y cuentos de hadas. A partir de ahí, el bosque cobró vida y fue extendiendo sus raíces ante mis ojos.
También hemos visto que tienes varios premios y libros escritos en euskera, pero ha sido la primera vez que publicas un libro en castellano (aunque existen más idiomas en este libro). ¿Cómo has vivido construir estos poemas en castellano dado que en euskera hay palabras muy específicas para hablar de ciertas cosas/situaciones? Y hablando de esto, ¿cómo tomas la decisión de no traducir otros idiomas que aparecen en el libro? ¿Te has planteado en algún momento traducir tus poemas del euskera al castellano?
En realidad, al final del libro hay un apartado de traducciones donde no solo están traducidos los fragmentos en euskera e inglés que se intercalan con los poemas en castellano, sino también los epígrafes, que normalmente no suelen traducirse. Por un lado, quería que el libro fuera lo más accesible posible, pero por otro me parecía interesante que les lectores se encontraran con ciertos cortes o interrupciones en el texto que no pudieran comprender a primera vista, especialmente teniendo en cuenta que se trata de un libro sobre no poder decir y que busca abrir nuevas vías de comunicación alejadas de la norma. Una vez terminado el libro, siempre se puede releer utilizando las notas, aunque también habrá lectores que no tengan ese problema.
Respecto a las preguntas sobre el euskera y el castellano, lo mismo podría decirse de cualquier persona que hable más de una lengua. En realidad, mi lengua materna no es el euskera, sino el castellano, aunque me considero bilingüe (aprendí euskera en el colegio, a los 2 años). En mi día a día, con las personas cercanas que conocen los mismos idiomas que yo, es muy habitual que vaya dando saltos de una lengua a otra. A veces empiezo una frase en euskera y la termino en castellano, a veces quiero decir algo que me sale más natural en inglés, a veces no encuentro las palabras en ningún idioma. Esto es, en parte, lo que quería reflejar en el libro.
Y sobre las traducciones, he tenido que autotraducirme en más de una ocasión, aunque no es algo que me encante. Si elijo escribir en una lengua y no en otra es por algo. De todas formas, hay un poemario que sí me gustaría traducir. Veremos qué pasa.
¿Cómo se entrelaza este poemario con tus obras anteriores?
Me gusta mucho esta pregunta porque es algo de lo que no suelo hablar, pero siento que digo cascada y el viento arde es como un puente entre Ahizpa beltza y el próximo poemario que voy a publicar en euskera. La estructura en tres partes ya estaba en el libro anterior, y ambos comparten cierta oscuridad y la obsesión por nombrar (o desdecir) el sufrimiento. El siguiente libro es más narrativo y dialoga con el folklore y las alianzas eco-queer-crip que aparecen al final de digo cascada y el viento arde, pero de forma distinta. Y diría que también hay mucho de Trenza roja (la enfermedad, el desdoblamiento) y El silencio es una cualidad de los bosques (lo más-que-humano y el lenguaje) en este libro. A veces tengo la sensación de estar escribiendo siempre el mismo texto.
Teniendo ya varios premios a tus espaldas y ser finalista en otros, ¿cómo ves tú el mundo de los premios en poesía? ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando a presentarse a este tipo de certámenes?
No tengo mucha experiencia con los premios de poesía en castellano y creo que es importante señalar que la cantidad de personas que se presenta a ese tipo de certámenes en euskera es mucho menor, por lo que no sé si pueden compararse. De todas formas, me parecen una buena oportunidad para darse a conocer, sobre todo en el causo de autores jóvenes, y algunos premios también ayudan a establecer lazos entre escritores.
Si tuviera que dar un consejo, diría que es importante ser fiel a nosotres mismes, no dejarse llevar demasiado por lo que vemos que está haciendo el resto. Buscar aquello que nos resuena, que nos apasiona de forma profunda y trabajarlo. A veces lo que más llama la atención es justamente lo que nos hace diferentes, lo que hace que una obra sea auténtica. Aparte de eso, también me parece importante compartir nuestros textos con amigues, sean escritores o no, hablar sobre lo que estamos haciendo, pedir opiniones, aunque luego no les hagamos caso. Eso de que la escritura es una labor solitaria es mentira.
El libro acaba de nacer prácticamente. ¿Vas a salir de gira este 2026 con el libro? Cuéntanos un poquito próximos eventos y demás que puedas tener.
De momento lo hemos presentado en Iruñea y Madrid, y el próximo encuentro será el 9 de abril, esta vez con Lara y en formato virtual. Echo de menos los eventos literarios online que solían organizarse durante la pandemia y me gustaría que todas las personas, sean cuales sean sus condiciones, capacidades o posibilidades de desplazamiento, tuvieran la oportunidad de escucharnos hablar sobre el libro. El 7 de mayo estaré en Librería La Rossa de Valencia con Sol Camarena Medina y el 9 de mayo en crisi, Barcelona, acompañada por Yaiza Hernández. También volveré a Madrid para la Feria del Libro.
Háblanos brevemente de próximos proyectos literarios que puedas tener a medio – largo plazo, ¿estás con algo entre manos actualmente?
La semana que viene tengo la primera reunión con mi editora para trabajar en mi próximo poemario en euskera. En realidad terminé de escribirlo en 2024, antes de empezar digo cascada y el viento arde, así que va a ser un poco extraño volver a sumergirme en ese universo. Aparte de eso, estoy empezando a escribir algunos textos en castellano para Substack y también tengo entre manos varios proyectos híbridos que combinan literatura y fotografía.