Noviembre, 2016

MANIQUÍES  de Ferki

LA CHARLA DE LAS ABEJAS Y LAS FLORES de Nico Quevedo

DE POR QUÉ MI CANON de Diana Valero

ENTREVISTA FULLRAP de Ferki, Rut & Carlos

CUANDO LA CREATIVIDAD Y LA ENSEÑANZA VAN DE LA MANO de Llarina P.S.

VIAJAR,REINVENTARSE,CONOCERSE,PERDERSE…  de Carmina Gabarda

SI TIENES TELÉFONO MÓVIL de Gladys


MANIQUÍES

Todos los viernes acudía al escaparate de aquella modesta tienda del centro. Los primeros meses, se encontraban en él tres maniquíes desnudos o, si se prefiere, sin ropa. Al cuarto mes, la tendencia otoñal había producido el primer atuendo de Pepe, Susana y Marta. Al año, el cambio de dueño había dado un toque ciertamente atrevido a sus prendas, plagadas de remaches, cadenas, cremalleras y cuero. Ya no estaba Pepe, ahora lucían Susana, Marta y Julia. Era una sex-shop. Apenas cuatro meses más tarde, Tírame del pelo pasó a ser Levi’s. Y regresó Pepe, acompañado de Manuel, sin Susana ni Marta. Todos ataviados con pantalones vaqueros y cazadoras a juego. Transcurrían los meses y Levi’s parecía un negocio sólido. Aguantó lo que tardó la crisis en golpear su cristal. El alquiler no era precisamente asequible y el establecimiento permaneció cerrado durante un semestre. Su tristeza fue notoria. Pero jamás buscó otro escaparate en el que clavar sus ojos y moverlos de lado a lado como si le pagaran por revisar cada centímetro de aquellos maniquíes.
Concluido su periodo de reforma, aquel viernes llegó antes de lo previsto a la cita con su añorado escaparate. Su decepción fue mayúscula: ya no había maniquíes. Samsung se había hecho con la tienda y lo único que quedaba a la vista de los transeúntes curiosos eran cuatro televisores de pantalla plana.
-¡Insensibles! -montó en cólera y lanzó la prótesis de su brazo derecho contra el cristal, que no modificó lo más mínimo su aspecto.
Aquellos maniquíes eran el último reducto de aparente humanidad que quedaba en el año 2032. El último hombre que los tuvo a su disposición los vendió dos décadas después, por una inmensa fortuna, a uno de los museos que aún se mantenían en pie en Europa.
Somos maniquíes.

Ferki.

LA CHARLA DE LAS ABEJAS Y LAS FLORES

Quizá cuando erais pequeños la tuvisteis. Quizá ni siquiera viniera de los padres, sino de una de vuestras tías, o mejor aun, de la abuela en el pueblo un verano que os vio especialmente inquisitivos y campestres, si entendéis lo que quiero decir ¿No? Muy bien, tanto si fue así como si no, hagamos un pequeño repaso.

Aunque muestran los mismos colores y formas ambas, y suponen el riesgo de una dolorosa picadura, las avispas son más propensas a picar y no mueren al hacerlo, cosa que ya desearían hacer las abejas…  ah ¿pensabais que íbamos a hablar de otra cosa? Lo siento, ya tenemos una edad y estáis más que informados, o deberíais, malpensados (guiño). Hablamos de las flores, y sobre todo de las abejas reales.

Como iba diciendo, las abejas mueren al clavar su aguijón, acción defensiva que no van a tomar por las buenas, sino cuando sienten amenaza hacia ellas o la colmena a la que pertenecen. Pues bien, hace tiempo que un aguijonazo dejó de ser suficiente defensa. Se ha observado durante años la pérdida de abejas y otros animales polinizadores. Los impactos sobre estas comunidades de insectos  son todos responsabilidad directa del ser humano, y no a la escala de un zagal que molesta una colmena precisamente.

Los bosques y florestas en los que encontraban las flores para alimentarse desaparecen, quemados o talados para conseguir campos de cultivo. Los mismos productos que matan a un escarabajo que infestará los cultivos son los que envenenan el aire, la tierra y el agua para el resto de pequeños animales de la zona (y no solo se fumiga con uno, se vierten varios, se mezclan y cambian de forma descontrolada). Cuando intentamos remediar y traemos polinizadores exóticos, compiten con los propios y les transmiten parásitos y enfermedades. Y sí, no hacemos una a derechas, caos y destrucción.

Ahora… ¿qué importa que mueran unas cuantas abejas? En algún momento antes he generalizado hablando de polinizadores, entre los que se incluirían abejas, moscas, mariposas y hasta murciélagos. Entremos en la segunda parte del asunto: Las flores. Todos estos animales que acabo de enumerar se alimentan de polen o néctar, que producen las flores masculinas o hermafroditas. Al acercarse parte del polen se les queda pegado, y es así como lo transportan hasta otras flores femeninas que serán así fecundadas. ¿Veis? Sólo había que esperar un rato para que el sexo entrara en escena. Y resulta que al menos el ochenta por ciento de las plantas de interés comercial y cultivo en Europa necesitan en mayor o menor medida la labor polinizadora de los animales para ser productivas. Vaaaya, volvemos al muchacho que se siente con ganas de torear una colmena. Ahora el picotazo se lo lleva toda la producción vegetal de un continente, auch. Eso sólo por el lado negativo. Allá donde hay abejas, aunque las especies vegetales no dependan de su trabajo para reproducirse, la cantidad de frutos y semillas que dan aumenta.

Muy bien, liado la hemos. Eso considera al menos el Gobierno de los Estados Unidos, que a principios de Octubre incluyó en su Ley de Especies en Peligro a siete variedades de abeja, lo que significa inversión en estudios y medidas de protección. Y ya sabemos que no son dados precisamente dados a darse cuenta de que extinguen razas enteras. Ups. En un orden más científico, la Sociedad Geográfica Real de Londres, en un debate entre dos científicos, declaró a las abejas como la especie animal más valiosa del planeta ya en 2008.

La labor que puede llevar a cabo el ciudadano de a pie no tiene mucho peso en la balanza, salvo cuando se trata de elegir a políticos que vayan a tomar medidas en consecuencia, pero… algo se puede hacer. Cultivar plantas con flores, que además suelen ser atractivas por su olor y propiedades para el ser humano no es difícil, ni requiere de mucho espacio. Lavanda, caléndula, tomillo, romero o borraja por contar algunas, son plantas en que un pequeño polinizador puede detenerse a descansar y tomar un trago, cosa que agradece como todos nosotros.

Niko Kevedo

De por qué mi canon

Meses antes de entrar en la universidad tenía claro lo que era el cine. Tenía claro que había visto una gran cantidad de cine. Tenía claro incluso lo que no era cine. He podido acercarme a muchas formas de usar la imagen y el sonido, o sólo la imagen, o sólo el sonido.  Por eso puedo defender y defiendo la utilidad de los cánones.

Son útiles para tener una guía de lo que ver, pero, sobre todo, de lo que no ver, porque estaremos de acuerdo en que hay películas que es mejor invisibilizar, qué digo películas, ni siquiera géneros, modos de hacer cine enteros que conviene no airear demasiado (cine no narrativo, ¿estás ahí?). También conviene hacer caso a la opinión de una figura que se presenta como autoridad en un campo, todas las opiniones son válidas y deben ser tomadas en consideración, sobre todo la mía. Por otro lado, cada canon es diferente, nunca repiten películas y nunca las películas que se repiten como imprescindibles son producto de una industria cultural organizada en base a cierto entretenimiento con más o menos pretensiones.

Es tal mi devoción por los cánones y los rankings que no he podido evitar elaborar el mío. Un canon modesto, escueto, de las que yo creo que son las nueve películas que más van a marcar la vida de quien las ve, las más trascendentes, incluso, si se me permite, las verdaderamente imprescindibles nueve películas del cine mundial (de un mundo, claro está, no de todo el mundo).

En noveno lugar tenemos Boyhood. Esta otra maestra de Richard Linklater sobre la vida de un niño absolutamente especial, que hace exactamente lo mismo que todos los niños americanos. Retrato de la vida, enmarcación del tiempo, congelación de la infancia, de un gusto tan exquisito y sublime que tres horas de metraje parecen pocas. Además, no olvidemos el factor esfuerzo, el factor sorpresa de toda obra de arte, que siempre, siempre, la enriquece más y denota talento: la película se rodó en sincronía con el propio crecimiento de los actores. Magníficos y carismáticos actores. Te hará replantearte cada minuto de tu vida, especialmente los que pasan mientras la ves.

En octavo puesto he situado Chicas malas, un retrato costumbrista del modo de vida de las jóvenes americanas y sus cuitas.

En séptimo lugar, El club de los poetas muertos: sencillamente mágica. Sólo necesita dos horas de metraje para hacerte sentir la más profunda abulia existencial, gracias a la actuación del ingenioso e inagotablemente divertido Robin Williams. Buena idea verla con amigos y palomitas una tarde de sábado.

Con el sexto puesto encontramos Master and commander: trepidante e íntima. Tan sustancial que acabas de verla y no recuerdas haberla visto. Russell Crowe, no cambies nunca.

En el quinto puesto, la saga Crepúsculo.

En cuarto lugar, La vida es bella: el protagonista más cargado de carisma de la historia de la cinematografía. No pude acabarla.

En tercer lugar, Intocable: Desternillante, tierna, compleja… El mejor cine francés. No os dejéis engañar: aunque parezca cine de género dramático americano, tenga diálogos, tono, tramas y personajes de cine de género dramático americano y sea una película de género dramático americano, es cine francés.

No puedo dejar de hacer una mención a cualquier película de Alejandro Antonio Amenábar Bayona Spielberg (tal vez no se escribe así), pero sin duda el segundo puesto de este ranking es para Los otros, con una maravillosa Belén Rueda que se entera al final de la película de que está muerta y ha matado a su hijo para finalmente ser absorbida por un tsunami redentor que acompaña su muerte con un flashback y música instrumental hasta la época de su juventud buscando películas snuff en un archivo universitario. Con sus modestos presupuestos y su óptimo saber hacer, demuestra que el cine es más que una campaña publicitaria.

El primer puesto tenía que ser suyo. Tommy Wiseau (le recordarán de otras películas como La casa que escupe sangre) nos sorprende con un film que no se adecúa a ninguna norma. The Room es rompedora. Nos enseña que no hace falta tener el mismo actor para representar un personaje, siempre puedes cambiarlo a mitad de película sin explicar a qué viene esa transformación en su apariencia. La coherencia narrativa no es un problema, se necesita un guión orgánico y trasparente. Si en el resto de descripciones de estas películas habéis intuido un cierto tono hiperbólico, cualquier rasgo de exageración en la descripción de The Room es meramente accidental, pues es, sin duda, la más imprescindible obra del cine como arte.

Diana Valero Ruiz

ENTREVISTA FULLRAP

Legazpi, una tarde cualquiera de otoño. Un grupo de chicos de entre dieciséis y veintiséis años capaces de expresar en unos segundos de freestyle lo que otros no podrían expresar en libros de trescientas páginas nos espera para la primera entrevista que realizamos bajo el nombre de Altavoz. Ellos son FullRap, representantes de la nueva forma de entender y acercar el arte de la improvisación, las batallas de gallos y el rap, así como culpables de su imparable crecimiento.

Entrevista de Rut Alameda, Ferki López y Carlos Sánchez Gómez.

Pregunta: ¿Cómo veis la escena del freestyle actualmente?

Bifo: Variada.

Jado: Ha mejorado mucho el nivel, las cosas que se hacían antes no se pueden comparar a las que se hacen ahora.

Bifo: A nivel de talento, organización, público… todo.

Migi: A mí el panorama a día de hoy me parece, en cuanto a nivel, bastante más elevado, pero en cuanto a originalidad y autenticidad está bastante carente. Yo pienso que los chavales ahora están aprendiendo más a ser mejor que otro que a disfrutar lo que hacen y a mí eso me parece un poco mal, pero bueno… En cuanto a lo demás, el nivel es mucho mejor.

Jincho: Y en cuanto a favoritismo, yo lo veo, cómo te digo, muy reality.

Maurri: Porque ahora van freestylers y antes iban raperos, antes no había freestylers, eran raperos que improvisaban.

Bifo: Pero bueno, aquí estamos nosotros para intentar cambiarlo.

Migi: Somos los Power Rangers.

Bifo: Los Power Rangers del hip hop.

[risas]

P: Y en cuanto a la escena nacional de rap, ¿creéis que actualmente tenemos algo que envidiar a lo que se hace fuera?

Bifo: Sí. En Latinoamérica y en Estados Unidos yo creo que nos sacan…

Jincho: Yo creo que no hay nada que envidiarles, eh.

Bifo: ¿A los Estados Unidos no?

Jincho: A los americanos, sí, pero a Latinoamérica, no. A Latinoamérica, para mí, no tanto.

Bo: En Estados Unidos nos llevan años de ventaja.

Jincho: Es que los americanos son extraterrestres.

[risas]

Jado: En Estados Unidos nos llevan un siglo de ventaja.

Jincho: En todo, pero en Latinoamérica, en lo que es nuestro castellano, no.

Migi: Yo creo que se hace buen rap, aunque no tenemos nada que envidiar, sí que estamos un poco por debajo, pero no por calidad, sino por ganas de hacerlo mejor.

Maurri: Porque se vive de otra manera.

Jado: Y porque aquí, en España, falta muchísimo, tú quieres hacer un evento, un festival en Latinoamérica y te promocionan mil marcas, hacen eventos que te salen gratis, como el otro día en Argentina con Vans. Allí hay muchísimo, pero muchísimo más apoyo.

P: ¿Pero Vans no es más de BMX, skate…?

Migi: Sí, bueno, patrocina eventos urbanos, pero aquí en España ni se huele.

Bifo: Las marcas se compaginan muy rápido con el tema del rap, aquí les cuesta más arrancar con ello. Las salas incluso, les cuesta dejarte las salas sabiendo que es rap. En Madrid es muy difícil encontrar una sala de rap, muy difícil.

P: ¿Creéis que en esa escena nacional cabe todo?, ¿pueden convivir, por ejemplo, el nuevo trabajo de Kase.o y el trap de Pxxr Gvng?

Bifo: Yo creo que la evolución significa variedad y que el rap ya no es tan puro como antes, se ha diversificado, se ha ramificado y existen muchas variedades, muchas salidas, puede que te gusten menos o que te gusten más, pero ahí están y yo creo que hay que aceptarlas.

Jado: Y lo de Pxxr Gvng, pues quien quiera escuchar rap, que escuche rap y quien quiera escuchar trap, que escuche trap, pueden convivir.

Bifo: A mí no me gusta Pxxr Gvng, pero los respeto como personas y como artistas.

Jincho: Yo creo, como ha dicho Bifo, que hay una evolución y que hay que aceptarlo. Hay que adaptarse a los tiempos.

Bifo: O te subes al tren o te atropella.

P: ¿A pesar de que cada vez vayan más niños?, ¿u os veis reflejados en ellos recordando cuando vosotros erais niños?

Bifo: Tampoco van tan niños. Yo, que llevo el canal de FullRap y veo las analytics, te digo que los llamados “niños ratas” son un treinta por ciento del público, los que más comentan, los que más la lían, pero luego hay un sesenta por ciento del público que tiene entre dieciocho y veinticuatro años y viene, ve su cosita y se va.

Jincho: Pero los de dieciocho a veinticuatro no apoyan, no dejan comentarios en YouTube, los “niños rata” son los que de verdad apoyan. Cuando tú vas a la Red Bull, los “niños rata” son los que apoyan, los que van.

Migi: Yo lo que se dice de los “niños rata”, los “niños rata”… no lo veo tan mal como se dice. A mí, cuando empecé con esto, vi que había gente que me apoyaba y no era conocido por nadie, me ayudaba, y, en cierto modo, me han ayudado a subir, aunque a día de hoy no necesite apoyo de nadie, sí que tengo que reconocer que en su momento me ha ayudado que estuvieran ahí, yo también lo he sido.

Bifo: Hoy en día las batallas son lo que son porque tienen un público muy variado, desde niños de doce o trece años a gente de treinta o cuarenta.

Jado: A mí me han pedido fotos niños muy pequeños.

P: ¿Vosotros habéis sido así?

Maurri: No, ahora el freestyle ha llegado a todas partes, cuando yo era pequeño no rapeaba, solo lo veía y ahora los chavales también rapean.

Migi: Nosotros éramos como pequeños espectadores.

Bifo: Ahora te metes en redes sociales y lo ves todo, te coges un bus hasta Moncloa y estás en el nuevo evento.

Maurri: Mismamente en la Red Bull de 2008 casi no había gente menor de veinte años y ahora te encuentras a chavales de quince en una nacional, como Jado.

Jado: Antes, si te gustaba el rap, para ponerte a rapear tenías que dedicarle muchísimo tiempo. Ahora los chavales a las dos semanas ya están improvisando.

Bifo: Eso a mí no me gusta.

Jado: Claro, pero porque tienes que tener cuidado con dónde te presentas, no puedes ir a un parque rapeando desde hace una semana, no te va a salir bien.

Jincho: Es que antes tampoco se sabía dónde se hacían las quedadas, no todo el mundo tenía la posibilidad de ir a una batalla, pero ahora todos sabemos dónde se hace la siguiente.

Bifo: Con tener Instagram o Twitter…

P: ¿Cómo creéis que afectan a todo ello las redes sociales?

Bifo: Mucho, son imprescindibles, vitales.

Jincho: (señalando a Bifo) ¡Este hombre vive de las redes sociales!

[risas]

Jado: Tú si haces una batalla y no la anuncias en ningún lado, puede que vaya gente, pero solo tus amigos. Por el contrario, mira el otro día en la Partner Battle, seiscientas personas.

Bifo: Seiscientas personas de público y ciento cuarenta participantes, con quinientos veinte euros de bote. La organización está más evolucionada, a la gente le llega mejor, los premios son más jugosos…

Jado: Se mueve todo mucho más.

Bifo: Con poner un tweet o verlo en Instagram, es una locura. Quien no lo haya visto pensará que estamos exagerando, pero cuando estás ahí y ves tanta gente, que te levantas y dices “¿qué hace aquí toda esta gente?” pues te das cuenta.

Jincho: Las redes sociales son muy importantes, porque te apoyan, igual que te pueden criticar…

Migi: Hay gente para todo.

P: ¿Entonces admitís que tenéis haters?

Migi: Yo pienso que no, si tengo, tengo muy pocos, la verdad es que estoy muy contento con la gente que me sigue. Si tengo que hacer un balance, el noventa y dos por ciento de mis seguidores me apoyan.

Bifo: Es imprescindible tener siempre algo, cuando estás a un cierto nivel es normal tener haters.

Migi: Tienes que tener algo por si estás en las nubes, que bajes, pero tampoco que te tiren al suelo. Tiene que mantenerse la realidad.

P: ¿Entonces, más que haters en sí, haters que hacen críticas constructivas?

Jincho: Exacto.

Bifo: De esos hay pocos.

Jado: Claro, yo si veo un comentario del tipo “podrías hacer esto”, una crítica constructiva que te ayuda a mejorar, pues genial, no que te digan “hijo de puta”.

Bifo: Si criticas, critica bien.

P: ¿Creéis que es una contradicción que las marcas de ropa que pretenden fomentar la estética del hip hop sean marcas de ropa caras?

Jado: Para mí, para empezar, no importa la estética, no vas a ser más o menos rapero por llevar un pantalón del Decathlon que cualquier otro.

Maurri: El tema es que siguen siendo marcas, es su negocio, sería imposible que fuera de otra manera, no subsisten.

Bo: Si lo ponen a esos precios es porque lo venden, si no, los bajarían.

Jincho: Aquí un rapero que vive bien es la envidia de otros raperos.

Bifo: Si te gusta el rap, no debes sentirte menos por no llevar esa ropa. Al menos como público, luego ya como rapero, pues si te gusta vestir bien, chulo… Si vas como público, aunque vayas con un chándal falso, roto… representa lo mismo.

P: Y si rapeas, ¿no creéis que es una contradicción que en cierto modo te veas en la obligación de llevar esa estética y que formarla te cueste mucho dinero?

Bo: Es que no es obligación, es gusto.

Bifo: Cuando eres rapero, muchas veces te patrocinan esas marcas, te llegan gratis, y, hombre, si te llegan unas New York o unas Jordan gratis…

Jado: Y en las propias batallas, volviendo a lo de antes, vas a ver que nadie viste igual. Vistes como te gusta.

Jincho: Los raperos fuertes, fuertes, los grandes, visten muy bien, Armani, Gucci… Además de que no eres menos rapero por llevar un pantalón menos ancho, al final cada uno viste como le da la gana.

Migi: Yo pienso que hay dos formas de vestir: una para aparentar cómo quieres ser y otra que refleja cómo eres, tu personalidad, y yo soy de la segunda, me gusta vestir acorde a mi persona, yo represento a alguien humilde, simple, no me hace falta gastarme tres mil euros para ir al parque y que me digan que manejo dinero. Si otro día me pongo un polo y unos vaqueros, pues es porque me apetece, no para que nadie piense nada.

P: JADO, ¿qué diferencias encuentras como participante entre las batallas de freestyle en parques, en la calle, y las que se hacen con formatos más ambiciosos, como puedan ser las organizadas por Red Bull?

Jado: Muchísimas, muchísimas, yo voy a un parque… bueno, por eso voy a dejar de ir ahora que he ido a Red Bull, porque yo voy a un parque y me dicen “tú eres el de la Red Bull, no representas, lo que mola es el parque” y está allí el parque entero y pierdo, ¿sabes? Yo empecé en el parque, después he ido a la Red Bull y después he seguido yendo al parque.

P: ¿Sientes que te han crucificado desde que fuiste a la Red Bull?

Jado: Tampoco tanto, yo iba al parque antes y sigo yendo ahora, pero se me quitan las ganas, y aunque fuera campeón internacional de la galaxia, seguiré yendo al parque, al menos a ver a estos chicos.

P: MIGI, ¿qué ha sido lo más raro que has visto en una batalla?

[risas]

Migi: Hay muchas situaciones raras, pero, por ejemplo, en una batalla grupal, llegaron a la final Mark y Cobe. En el último patrón de la batalla, Cobe empieza a rapear y todo normal hasta que, de repente, empieza a trabarse, sigue rapeando como si se estuviera asfixiando y, de repente, echa un lardo ahí y se va.

[risas]

Migi: Y otra, en Méndez Álvaro: un chaval que estaba rapeando y de repente le da algo y se empieza a poner pálido, de color crema, y se tapa la boca en un momento dado y empieza a vomitar. Que me hayan pasado a mí, no recuerdo ninguno, ningún momento raro.

P: ¿Qué es lo mejor de todo esto?

TODOS: La gente.

Maurri: Los viajes.

Bifo: La gente y los viajes.

Jincho: Y las groupies.

[risas]

Jado: Yo he conocido gente fuera de Madrid que sin el rap no hubiera conocido.

Maurri: Que te dan casa cada vez que vas allí.

Jado: Son colegas de verdad. He conocido gente de fuera de Madrid que es mejor para mí que gente con la que llevo aquí toda la vida.

Maurri: Al fin y al cabo somos una comunidad.

Migi: Además, que a diferencia de la gente que entiende el rap como postureo, yo, en los momentos en los que he tenido problemas, depresión, que me he sentido vacío o solo, para mí hacer batallas y freestyle me ha ayudado a seguir con mi día a día.

P: JINCHO, ¿en qué concierto o festival has alucinado especialmente?

Jincho: Tampoco he ido a muchos, pero, por ejemplo, el Carpe Diem de este año, en Getafe. Estuvo muy bien, muy activo, me gustó mucho.

P: BO y MAURRI, ¿qué os gustaría encontrar en una revista cultural?

Maurri: Pues, sobre todo, cómo se vive esto, cómo somos desde dentro.

Bo: A mí me ha dejado loco la pregunta…

[risas]

Bo: Un poco eso, cómo se mueven las cosas que hacemos, las que hacemos públicas, que se vean apoyadas, que no sea solo YouTube, sino que haya más medios de difusión.

P: ¿Creéis que está lejos la poesía del rap?

Bo: Lejísimos.

Bifo: No tanto.

Jincho: Para mí, sí. Es que según el rap, por ejemplo, Migi hace un rap muy poético, en cambio, una letra mía no tiene nada de poesía.

Jado: Hay gente que hace canciones más poéticas, pero si te pones a hablar de tu barrio, de todo eso, es diferente.

Migi: Yo lo entiendo más como filosofía, no como poesía, la poesía es un género aparte.

P: ¿A qué freestyler os gustaría tener cara a cara en una batalla?

Jado: A Trueno. Y a Force.

Bifo: A Aczino.

Maurri: A mí, a Force.

P: ¿Y a qué personaje público?

Maurri: A Artur Mas.

Bifo: A Franco.

P: Para acabar, nos gustaría que nuestros lectores os conocieran mejor: ¿en qué trabajos musicales estáis ahora mismo implicados?

Bo: Yo estoy intentando desconectar un poco de todo esto de las batallas y sacar más temas, temas con Jincho, con Yeison… Desligarme un poco de lo que son las batallas, que te dan mucha promoción, pero creo que lo más importante es sacar tus temas.

Bifo: Bueno, yo tengo mis temitas, me gusta cantarlos, pero en serio, yo soy más organizador. Ahora que en FullRap tenemos más dinero, me preocupo por mejorar la calidad de los videos, la organización, el hacer eventos en salas trayendo más gente…

Maurri: En cuanto a proyectos musicales, poco, llevo mi vida muy ligada al rap, pero escribo poco y no tengo en serio casi nada.

Migi: Pues yo tengo pensado un proyecto que no sé si va a llegar a salir, pero que está ligado a otros compañeros de grupo, Mark y Hass, una especie de maqueta, más bien una mixtape.

Jado: Yo escribo mucho y lo que me falta es ponerme a subirlo y a moverlo.

Jincho: Yo traigo trabajos fuertes, soy el que representa FullRap en cuanto a temas, estoy trabajando con exponentes ya metidos en el panorama, también con Bo y con La Gente Fuerte.

  1. BIFO, ¿qué hace genuino a FullRap?, ¿qué os hace diferentes del resto de plataformas y movimientos que promueven el freestyle de forma específica, pero también el rap en general?

Bifo: El estar tan cercanos, el no ser tan “ídolos”.

Jincho: La naturalidad.

Bifo: No somos Eminem o 50 Cent o una figura. En otros sitios, para participar en una batalla, tienes que inscribirte, registrarte, mandar una prueba, subirla…

Jincho: Tú vas a un concierto de fulano y fulano acaba y se va, vas a un concierto de FullRap y te vas de fiesta con ellos.

Migi: FullRap ha creado una especie de puente metafórico entre la popularidad y la mediocridad y ha hecho una especie de paella.

[risas]

Maurri: Nosotros cuando vamos a las batallas no solo participamos, también somos espectadores y estás ahí con toda la gente.

La entrevista concluyó de la única forma que podía concluir: con un corro de freestyle.

Cuando la creatividad y la enseñanza van de la mano

Cuando me dispuse a usar un trozo de tiza como pintalabios, mis alumnos me miraron mal. A lo largo de una hora lo bauticé como cuchara, telescopio, rímel, y hasta palo de golf.  Sus caras eran todo un poema. Algunos se reían, dando por sentado que se me había caído el último tornillo que me quedaba; otros simplemente guardaban silencio, sin saber muy bien qué hacer o decir. La primera clase siempre te rompe los esquemas, ¿verdad? Pues esta no iba a ser la excepción. Tras pronunciar un enérgico welcome, les pedí que cerraran los libros y cuadernos y que se levantaran. Veamos, lo primero es el calentamiento. Sin calentar, ni las operaciones matemáticas, ni los ejercicios de gramática inglesa, ni siquiera un gesto de inmensa alegría o tristeza salen.

Poco a poco se levantaron uno a uno, dubitativos, como pequeños topillos saliendo a la realidad. Una realidad muy diferente a la que estaban acostumbrados. Les estaba pidiendo usar la imaginación. ¿La imaginación? Les puse una situación:

– Nos duele la muela un poquito, pero tenemos que saludar a nuestros compañeros y mantener una pequeña conversación.

Comenzaron a hacerlo y no tardaron en saltar las risas entre ellos. Y aumentaron cuando les dije «nivel dos de dolor de muelas». El aula parecía un circo ambulante: gritos, estremecimientos, carcajadas, … De repente, lancé a María un estuche. Ella lo cogió al vuelo y se quedó expectante. Cinco segundos. Diez segundos.

– ¡Vamos! ¿A qué estas esperando? Los clientes se están impacientando -le dije señalando al resto de los alumnos.

– ¿Cómo? –preguntó.

– Están deseando comprar tu rica y humeante barra de pan.

Con los ojos como platos comenzó a venderle a uno de sus compañeros el recién bautizado estuche. Y con otra de mis tizas mágicas, fui tocando uno a uno, nombrándolo doctor, abogado, pintor, electricista, … Cada alumno iba a tener su «yo quiero» y, para hacerlo más interesante, una contra voluntad, porque sabemos que los dilemas personales gustan mucho, ¿a que sí?

– Yo quiero operar al paciente, pero no me gusta la sangre –soltó Ricardo en inglés.

– Y yo quiero que me opere el doctor, pero sin ponerme la anestesia, que me da miedo-dijo Luis desde el otro extremo del aula.

Y ahí estaba. Su primera clase improvisada de inglés. ¿Sabían cómo decirlo todo? No. En ese momento usaban el español, y el arma mortal, es decir, mi tiza, les condenaba a un severo castigo. Pero… ¿cuál?

– Paloma, quieres vender a Daniel esta maravillosa escoba, -expliqué, y le pasé la tiza multiusos- sin embargo, te ha entrado tal frío que no puedes comunicarte con él de lo que tiemblas. Y a ti, Pablo, te han entrado unas horribles ganas de ir al baño. Y tú, Mercedes, tú tienes que tratar de venderle el cuadro a tu compañero, pero no puedes parar de cazar mariposas imaginarias.

Era más difícil, por supuesto, pero sin duda más divertido que estar sentados en sus pupitres. La creatividad volaba y ¡las palabras!, las palabras que tanto les costaba recordar, ahora estaban usándolas como si las conocieran de siempre.

¡Dong! ¡Dong! ¡Dong!

El sonido de la campana anunciaba la hora del recreo. Esos chicos de primero de la ESO, que acababan de entrar en secundaria en un caluroso lunes de septiembre, habían comenzado las clases con unos rostros aburridos y sin brillo. En aquel mismo instante, sus sonrisas iluminaban la clase.

Y es que, cuando la creatividad y la enseñanza van de la mano, no hay lección que se nos interponga en el viaje del aprendizaje.

Llarina P. S.

Viajar: reinventarse, conocerse, perderse, encontrarse, equivocarse y volver a empezar.

Para mí viajar es algo más que conocer nuevos lugares, viajar es una forma de vivir, de desarrollarte como individuo y de adquirir un bagaje cultural que te enriquece como persona. Es exponerse por propia voluntad a un cambio drástico de la costumbre y la repetición. Levantarte cada día en un sitio diferente, hacer esfuerzos con la comida, el idioma, la moneda, las formas de transporte, los horarios, los tiempos del otro. Viajar siempre es un reto, y cada vez que viajas, te enfrentas a nuevos lugares y a personas diferentes, y esa situación ayuda a conocerte mejor a ti mismo. Viajar tiene sus riesgos, pero también tiene su recompensa. Viajar agudiza la destreza mental, la intuición y el instinto de supervivencia. Viajar es un ejercicio de tolerancia, paciencia y perspicacia. Viajar te da alas, te provee libertad, te aporta energía, te llena de ideas nuevas y fomenta la imaginación, trasforma la perspectiva con la que usualmente miras tu mundo y te abre nuevas puertas. Es aprender y equivocarse.

Era la novena vez que cogía la mochila y me iba sola, esta vez me organicé un tour para ver algunas ciudades europeas que tenía pendiente en mi lista. Bruselas como punto de partida y Berlín como llegada. Antes de llegar a Berlín tenía dos paradas previstas en Ámsterdam y Colonia. Un total de tres países y cuatro ciudades. Pero esta vez me propuse probar una forma diferente de viajar: Couchsurfing. Antes de lanzarme leí en muchos foros esta modalidad de alojamiento y la gran mayoría de las opiniones y experiencias de viajeros eran positivas, y todos coincidían en lo mismo; lo mejor de Couchsurfing era conocer el lugar de la mano de una persona local, lo que te permitía ver la ciudad desde un punto de vista distinto al turista, y eso me atraía mucho. Lo único que me frenaba era prescindir de la libertad de entrar y salir a descansar cuando quisiera, al dormir en casa de alguien, tus horarios se ven limitados al de esa persona, por eso me propuse probarlo solamente las dos primeras noches del viaje. Llegué a Ámsterdam y tras una serie de contratiempos encontré la casa donde pasaría las dos noches. Me salió mal. El chico que me hospedaba me robó dinero la primera noche mientras me duchaba, cogió mi DNI y una de mis tarjetas de crédito y le hizo fotos para posteriormente, cuando escribí una mala referencia en Couchchurfing, amenazarme con publicar mis datos personales. En cuanto me di cuenta busqué un hotel para pasar la segunda noche y cuando regresé a por mis cosas las había tirado en la puerta de la casa. Me asusté. Por un momento me planteé ir a la policía, al consulado y hasta coger un avión y volver a casa. Pero no. Era mi viaje. No podía dejar que me asustaran, ni que tuviese miedo. Era mío. Estaba bien, por suerte a mi no me hizo nada. Así que llegué a una cafetería al lado de un canal de Ámsterdam, estaba atardeciendo. Me pedí un vino, me puse el último disco de Beach House, respiré hondo y decidí empezar mi viaje de cero. Y Así fue. Reinicié, reinventé mi aventura. Por una serie de circunstancias y de experiencias que he vivido a lo largo de mi vida, he aprendido a reinventarme, a saber empezar. Y así lo hice.

Como dice Pérez-Reverte: “viajar es sobre todo un acto de humildad permanente, porque descubres que te equivocas más de lo que podías pensar. Tus prejuicios se desvanecen y tus principios se recortan en número, aunque se hacen más fuertes en calidad”. Y así fue. Reconocí el error de dejar toda mi confianza en un extraño, y me salió mal. Pero no dejé que esa mala experiencia arruinara mi viaje. Aparté de mi mente la mala experiencia. Desde que voy a clases de meditación me resulta fácil ordenar la mente, priorizar lo bueno y dejar en un rincón lo menos bueno. Al final de todo te das cuenta que no se recuerdan los días, se recuerdan los momentos. Por eso decidí volver a empezar.

Y empecé.

De los ocho días recorriendo Europa me llevo ciudades excepcionales, experiencias que de haberlo sabido de antemano, hubiese dudado de mi capacidad de afrontarlas y continuar. Me llevo lugares, vivencias y personas que siempre, me aportan algo positivo.

Me llevo la magia de Ámsterdam, ese halo místico que envuelve el cielo a la ciudad. Sus canales, sus paseos en bici, sus casas inclinadas, la libertad del barrio rojo, el olor a café y a marihuana, la historia de Ana Frank, el museo de Van Gogh, el siglo de oro holandés, el mercado de las flores, la melodía que suena en la plaza Dam a cada hora y que te pone los pelos de punta.

Me quedo con el atardecer en Colonia desde la otra parte del río Rhin. Ese momento en el que se apaga el cielo alemán y deja paso a la noche fría. Los trenes entrando a la ciudad por el puente Hohenzollern, los barcos de mercancías sin dejar de pasar por el Rhin mientras la Catedral enciende sus luces.

Me encantó la noche que pasé en un autobús cruzando toda Alemania hasta llegar a mi última parada. Una noche escuchando mi lista de reproducción “música para viajar” y viendo ciudades como Düsseldorf o Hannover se iban apagando y dejaban un ambiente frío y a la vez tranquilo. Una noche compartiendo experiencias y chocolatinas con gente de otros países. Una noche en la que lo único que tenía que hacer, era dejarme llevar. Dormí poco pero fue suficiente.

Y llegué a mi último destino: Berlín.

Desperté con la noticia de los atentados de Bruselas. De haber planeado mi viaje al revés, podía haberme tocado a mí. O no, quién sabe. Lo cierto es que la noticia despertó todavía más mis sentidos e hizo que disfrutara de Berlín al cien por cien.

Me enamoré de la East side gallery, se me pusieron los pelos de punta admirando el arte del muro mientras escuchaba a Paul Kalkbrenner. El monumento al holocausto me dejó sin aliento. Paseé por la isla de los museos. Admiré la puerta de Brandemburgo desde la plaza París. Imaginé por un momento cuando Berlín era dos, me detuve en el Checkpoint Charlie durante unos minutos intentando imaginar cómo pasaban de un lado a otro. Sentí odio al pasar por encima del bunker de Hitler. Reviví la noche de los libros quemados. Me emocioné escuchando la última parte del ensayo de la filarmónica de Berlín. Admiré el skyline desde la cúpula del parlamento alemán. Lloré al volver del campo de concentración de Sachsenhausen. Comí un perrito caliente mientras oía el bullicio de la ciudad desde el Tiergarten. Me perdí por el barrio Kreuzberg y me inspiré admirando los escaparates…

Y Berlín me dio más de lo que esperaba. De repente me hizo ver una cosa; ver que estaba viva y era feliz. Todo lo que viví durante el viaje me enseño algo que nunca se me olvidará: lo que no se vive, se muere.

Al volver de cada viaje siempre llego con la sensación de haber recargado la mente y el espíritu. Y lo más importante, de haberme reinventado una y otra vez. Al fin y al cabo viajar es atreverse a que sucedan cosas nuevas.

Carmina Gabarda

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Hace unos meses, leyendo prensa digital, tropecé con la publicación de un abogado que exponía una historia particular, inspiradora de este artículo. Mientras éste andaba junto al Congreso de los Diputados, se fijó en una furgoneta antidisturbios donde unos cuantos policías hacían guardia. De repente, una chica se les acercó sonriente, y tras ganarse su simpatía, uno de los agentes le hizo una foto sentada en la misma furgoneta, con un escudo transparente, a modo de postureo.

El abogado en cuestión, consciente de que se trataba de una escena curiosa, la inmortalizó con la cámara de su móvil. De inmediato, otro agente se dio cuenta de este detalle, se dirigió a él y le exigió que le entregase el móvil. Se negó. Lo siguiente fueron palabras tensas y amenazas, hasta que identificaron al abogado y lo dejaron marchar.

Pese al tono despectivo de su publicación sobre la policía en general por el simple hecho de serlo, no por el caso particular de haber sido increpado, quiero exponer la argumentación jurídica de fondo que justificaba su negativa, que considero de interés para la ciudadanía.

En España, el Art 18.3 de la Constitución Española (CE) protege el derecho de las comunicaciones: “Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial”. Este artículo es de vital importancia, pues pertenece a la categoría de los derechos fundamentales, como la vida o la libertad (de especial protección, dentro de la norma máxima de nuestro ordenamiento); aunque un tanto obsoleto por lo siguiente: cuando la Constitución fue redactada 1978, no existían los teléfonos móviles. La jurisprudencia constitucional, consciente del problema, se ha pronunciado al respecto, protegiendo nuestra “vida privada virtual” -entendida como la existente en cualquier herramienta de almacenamiento de datos- como si la “vida privada personal” del propio domicilio se tratase –espacio privado indispensable para vivir- (Art 18.2 CE).

Entonces, ¿qué pasa si un policía nos pide el móvil? Muy sencillo, que no tienes por qué dárselo. La policía tiene vetado el acceso a tu dispositivo por ley, salvo excepciones:

  • Tu propio consentimiento inequívoco.
  • Resolución judicial que lo permitiera (si existe una sospecha fundada de que un sujeto está cometiendo un ilícito penal).
  • Suspensión del derecho al secreto de las comunicaciones, en los estados de excepción o de sitio (Art 55.1 CE)
  • Resolución judicial especial para delitos de terrorismo (Art. 55.2 CE)

Podemos afirmar, así, que existe protección de la vida privada tanto en el ámbito civil (Ley de protección civil de la intimidad) como en el ámbito penal (Art 588 LECrim). Este último artículo es muy largo y minucioso, detallando cuidadosamente cual debe ser el tratamiento de los datos en una investigación criminal.

Y bien, ¿quién es titular del derecho la “vida privada virtual” en cuanto a las aplicaciones de mensajería? Tanto las personas físicas como las jurídicas, siempre que existan mecanismos para que las conversaciones sean privadas.

En cualquier caso, a nivel usuario, debido a los avances tecnológicos y al éxito creciente de las redes sociales, mostramos cada vez más nuestra vida privada. A veces por voluntad propia, y otras por descuido, cuando no sabemos muy bien lo que estamos haciendo. Ejemplo clásico: aceptar los términos y condiciones de una plataforma sin leerlas en absoluto. Que sepas, si usas Snapchat, que toda la información que compartas podrá ser reproducida, modificada y publicada en cualquier momento. Tu contenido no desaparece, se almacena. Lo mismo pasa en Facebook. En Twitter, aunque quieras borrar un tweet, nunca lo harás en absoluto. Si alguien sabe tu nombre de usuario, puede tener acceso a una lista con todo lo que en algún momento creíste eliminar. Quizás no eras consciente, pero has renunciado a una parte de tu intimidad.

Exponernos a la red es siempre un riesgo, teniendo en cuenta la rapidez a la que puede circular la información y el fácil acceso a internet por cualquiera, desde cualquier parte del mundo. De ahí la dificultad de castigar algunos ciberdelitos cuando los sujetos implicados no son del mismo país de origen.

Gladys.

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