RESEÑA T.ERRORES

Una antología de Terror y Error

       Coordinada por José Luis Pascual y auspiciada por Dentro del Monolito, T.ERRORES: una antología de Terror y Error es una de las más poderosas revelaciones literarias de los últimos tiempos. Estamos ante una auténtica obra de culto, una galería que debe consultarse, una colección admirable. 

Nuestro acercamiento a tan esperada antología -consecuencia de un exitoso certamen literario- se efectúa desde dos cualidades oculares complementarias: encaramos sus páginas desde los ojos abiertos -extremadamente abiertos-, desde los ojos entrecerrados, desde los ojos que necesitan girarse -tras ciertos escalofríos- y desde los ojos que se ven reflejados en el fondo de las letras; simultáneamente, estos ojos han requerido del desarrollo del tacto para un exhaustivo análisis -y mayor disfrute- de cada párrafo.

Pasen y lean: las veinticinco firmas, los dos prologuistas, el coordinador y esta humilde plataforma cultural les dan la bienvenida a una de las mejores experiencias sensoriales de su vida, a un terrorífico enamoramiento del miedo. Abrácenlo: así parece menor, así se introduce en nuestro subconsciente y se aloja en nuestras entrañas para siempre.

12 de Abril de 2020

el equipo de Altavoz Cultural

I. TERROR

       Primer tomo de T.ERRORES cuya finalidad es exponer una muestra del inmenso polimorfismo que puede adoptar el concepto de terror. A buen seguro que las formas sugeridas en estas páginas no solo representan algunos de los más apasionantes clásicos del género -siempre desde una óptica original-, sino que contribuyen notablemente a la ampliación del espectro: las texturas y los colores son los grandes protagonistas encubiertos de las historias narradas; así como el volumen dedicado al Error traza un lugar más o menos común -la casa, el hogar, el entorno más próximo, más cotidiano-, en esta primera recopilación hallamos una diversidad contextual apabullante, tanto geográficamente como temporalmente. Por supuesto, aquí se explora el terror externo,  el causado por frente al causado en. Lo último que queremos destacar de estos doce relatos es su constante diálogo con el imaginario colectivo: las referencias culturales / populares explícitas y las menciones a ciertos rincones de nuestro modo de consumir terror se suceden en una estrategia comunicativa que, por un lado, apuntala los cimientos de la experiencia contada -amparada en esa satisfacción ególatra del lector (“¡Qué bueno!, ¡sé a lo que se refiere y es perfecto!”)- y, por otro, enseña, guía por un museo histórico-social que homenajea a los padres fundadores del aquello que no sabemos nombrar, pero que sacude, asalta, eriza.

     El horror intuido – Prólogo de Amparo Montejano

La presentación que se nos ofrece de esta primera parte de T.ERRORES es, a nuestros ojos, uno de los tratados más opulentos y complejos sobre el terror que jamás hayamos leído, pues bebe de Freud como base psicosocial primordial y de las inestimables aportaciones metaliterarias de algunas de las plumas más imperiales en el terreno explorado por los autores de esta antología. Este prólogo es de un enorme buen gusto. Añadimos lo mucho que nos agrada la naturalidad de su redacción, plagada de dudas, amagos, intentos, todos producidos por la pura dificultad de definir el terror, de definir  lo indefinible. Toda una invitación a descubrir las propuestas de las voces firmantes.

     Motuo, L. M. Mateo

Una muy atractiva versión del terror infantil, con su niño, su cama, sus formas indefinidas que lo atormentan en la noche… El prototipo de pesadilla por antonomasia como primer estadio del texto. La autora consigue que todos seamos ese niño, que todos tengamos pipí… La cándida evolución natural de los acontecimientos enmascara esa improrrogable progresión hacia la fatídica escena trágica. El amarillo como origen horrible y el amarillo como respuesta fisiológica final componen un binomio monocromático memorable. 

     El matadero, Luis Gómez García

Todos -al margen de experiencias afines, cercanas o solo conocidas por otras voces como forma genérica del mal social, por desgracia muy acentuada entre niños y jóvenes-, todos, todos hemos aplaudido la justa desaparición de Jonás Fajardo. La voz narrativa, a caballo entre detalladísimos flashbacks y un vertiginoso presente, es el perfecto conductor de una trepidante aventura con ciertas sombras del mejor género negro. Posdata: uno de los mejores finales de todos los propuestos en ambos volúmenes.

     La luminaria, Érica Couto-Ferreira

Baño de gris. El texto de Couto-Ferreira debería ser llevado al cine. Al cine mudo, al cine mudo en blanco y negro. En ese orden. Huele a horror vetusto, meramente existencial, apenas asido a este mundo mediante una figura religiosa. El factor novedad personificado, como viento de cambio, como alteración inconveniente de una realidad ya desgarrada -pero cómoda, o resignada-, es un acertado catalizador de la incomodidad que nos causa la propia lectura de un destino agónicamente conocido. La fuerza simbólica de la estatua es el broche a una pieza estéticamente excelsa.

     Mulher Jaqueira, Diego Chozas Ruiz-Belloso

Una de las proezas creativas del grueso de la antología: la leyenda de la Mulher Jaqueira es extraordinaria. Su entorno exótico, su sensacional tono de hallazgo y todo el horror que despide desde su estampa hasta su desenlace son los pilares de un magnífico relato que utiliza el recurso del escritor lector (una subversión del manuscrito encontrado) de manera única y excelente. 

     Háriel, Nohemí Abad Jiménez

Como sucederá con En el ojo de la Entropía en el segundo tomo de esta antología, Háriel es totalmente rupturista respecto del conjunto: un mundo fantástico que linda con la Ciencia Ficción naturalista o, si se prefiere, una aderezada mixtura de seres mágicos y artificiales. El entretenimiento está garantizado.

     La cura, Kalton Bruhl

Esa fina línea entre supervivencia familiar y egoísmo propio que, por desgracia, emerge con fuerza en ciertas situaciones médicas. Aparece por momentos una Angela Ashford caminando por nuestra mente, una Angela Ashford con mucha hambre. La estructura ágil de la narración incrementa el efecto shock, que da con nuestros ojos mirando  -temblorosos- a través de un agujerito, contemplando la horrible evolución de la ¿niña?. «La ciencia, se dijo, es como la libertad: sus verdaderos límites los establece la moral».

     Colección, KATTY Cool

El fetiche propio vinculado a la deshumanización, la rehumanización, la reutilización… nos hace valorar este texto con tanto entusiasmo como exigencia: The Call versión Disney sería una síntesis injusta, desde luego, si bien lo dejamos escrito para situar ciertas coordenadas. Va más allá, con el cuento dentro del cuento y la esencia paterno-filial como hilo conductor acertadísimo de la trama. Nunca fue tan insoportable dejar la luz encendida.

     Al otro lado, Alejandro Masadelo

Qué bonita es la eisoptrofobia. Y qué complicada también, todo un mundo de posibilidades descriptivas. La original resolución propuesta es eficaz y altamente tétrica: une dos, si no tres, mecanismos de terror que funcionan de forma impecable como una sola unidad. El nuevo imaginario que se abre tras el desafortunado atrevimiento es espectacular. Las terapias de choque son, eso, de choque…

     No va a pasar nada, Laura Mars

Vuelta de tuerca de la premisa “no dormir solos”, basada en el propio tratamiento externo, casi clínico, casi militar, del momento de pánico, de cómo afrontarlo, con la tensión que ello implica entre necesidad de cumplimiento de lo practicado y necesidad pura de supervivencia. No va a pasar nada como mantra de quien sabe que algo pasará.   Nos interesa lo que hay en medio y aquí, con ese círculo vital que se cierra, esa estrategia de confusión interpersonal y ese lenguaje de pareja que dulcifica e intensifica los hechos a partes iguales, celebramos cada paso hacia la habitación.

     El propietario, Beh Sam

Una casa, una mudanza, una sospecha creciente. Todos los alicientes sobre la mesa, y un microondas. ¡Viva ese microondas! El tono jocoso que invade las líneas es sencillamente estupendo, digno de aplauso. El final cumple con las altas expectativas. «¿Te compras una casa o la casa te compra a ti?».

     IX, Carlos Picazo

Nada como los misterios artísticos, rodeados -más bien, acorralados- por ese hedor a fantasmas, a cuentas de la vieja fallidas, a impresionantes salas y magníficas obras que alguien realizó en algún momento de lucidez. La identidad como enigma detectivesco y el terror camuflado en meros intereses económicos. La composición de la narración es, si nos lo permiten, elegantísima, así como inmediatamente inmersiva. 

     En el filo de los diecisiete, María José Ceruti Andrés

El aroma sociocultural de época que impregna cada párrafo es mágico, te embriaga desde el principio. Y no es un detalle baladí, pues contribuye firmemente a la propia visión -nostálgica- del terror y su atmósfera: ese terror urbano, adolescente, consecuencia del no-miedo, del riesgo vital en cada paso y de la experimentación, casi ritual, casi satánica, de las pulsiones más básicas: amor, muerte, escapada de la realidad… Da igual el orden, el final es siempre el mismo. Brillante, morbosamente brillante. 

II. ERROR

       Segundo tomo de T.ERRORES cuya finalidad es poner la lupa sobre lo microscópico, sobre el gesto, sobre la sombra, sobre ese objeto o ese rincón. Sobre esa mirada desdoblada que se encuentra detrás de nosotros, que nos habla, inculpa y sentencia. Si bien la extrema peculiaridad de cada texto, el t-error que examina, rehúye cualquier generalización, haremos una excepción para decir que todos ellos tienen en común la exposición de dos elementos básicos de la ciencia del miedo: uno:  la insignificancia existencial, la inmensa pequeñez que sostenemos ante el colosal universo, ante nuestro contexto socio-familiar, ante nuestra conciencia, ante nuestro pasado, ante el espejo que nos mide y aniquila; dos: lo otro, lo desconocido, lo que, en el mejor de los casos, solo podemos intuir, esa terrible sensación de ausencia de control, de previsión, de dominio. Con estos ingredientes en la masa amorfa, restan dos capas sustanciales: una de cotidianidad, de domesticidad, de lo casero, de intimidad; otra de angustiosa claustrofobia como miedo superior, como reflejo del atentado a esa intimidad en múltiples, y prodigiosas, formas. Entrad a leer, pero no cerréis por dentro.

     Hormigas exploradoras – Prólogo de Daniel Pérez Navarro

La personificación -sí, hemos dicho bien- de la hormiga exploradora captura a un nivel inigualable el contraste ELLO maximizado vs. yo diminuto que atraviesa el conjunto de este volumen. La presentación de Pérez Navarro es fabulosa, en sentido etimológico y en sentido halagüeño. La dicotomía hormiga-persona en términos de rareza, extrañeza y, añadimos, locura o, tal vez, tara es cautivadora. La fábula da paso a una preciosa exaltación del error, del fallo, de la imperfección, de la recta amputada. Seguidores de lo defectuoso, os han escrito un himno. Muchas gracias.

     Sintasol, Pedro P. González

La puerta como último salvavidas del mundo exterior. Sensación de despojamiento pleno, de sumisión total, de pertenencia y dependencia. El sintasol como meta lejana, como orilla que alcanzar, como tierra prometida, como cima que conquistar de no ser por la extinción que supone hacerlo, acaso dar el primer paso, abrir la puerta. Al otro lado, la consumición inevitable, la redención asumida, la tragedia como consuelo. 

     Leche fría, Pepín Flores

Terror médico como base blanca, hiperconsciencia que trufa de crudeza un relato quasionírico, en los límites de lo probable y de lo clínico. ¿Cuánto sabemos de medicina? ¿Qué hacen allí dentro cuando no hay nadie a quien atender? Las batas blancas como contrapunto terrenal. Esas desagradables batas blancas, presagio eterno de lo malo. Y la figura materna, con su intrínseca ternura, su entrañabilidad. Mucha, mucha entraña-bilidad… Qué incómodo el martilleo frío y constante con sabor a leche.

     Duérmete, niño, Jorge Pérez García

Un paso más en la retórica de la pesadilla, en el arte del miedo materializado en torpes nominalizaciones. Del sueño truncado a la posesión. La cotidianidad disfrazada de nana explora el derrumbe de la inocencia, ese estado de quien no teme, de quien no distingue fantasía -en el sentido de fascinación- y terror -en el sentido de amenaza, de riesgo-. Un clásico del Universo King y otro del Universo Craven se funden en apenas la imagen de apertura de una grotesca travesía hasta el amanecer.

     En el ojo de la entropía, José Ángel Conde

Sci-Fi como hilo escenográfico que teje la cegadora carga de recursos visuales, efectos especiales y, por encima de todo, descripciones imponentes. El tecnicismo enluce la humanidad más desamparada, que vaga a la deriva por la inmensidad del universo. Envoltorio de neón que desvela un esperpéntico vacío carnal.

     El miedo, Francisco Muñoz Rico

Definición y desarrollo del más puro concepto de miedo. Tan adultamente pueril. Puedes temer lo que conoces y lo que no conoces. El segundo es, comparativamente, de una amplitud salvajemente angustiosa. Todo cabe en tan solo una esquina. La hombría, la virilidad, queda cubierta, aplastada, por una guarida de sábanas y colchas. El lugar de despliegue de nuestras pesadillas es nuestro máximo cómplice frente a ellas. No quieres doblar esa esquina, sabes que no debes hacerlo. Mención aparte para el buen gusto filosófico-literario.

     Quaerens quem devoret, Nicolás Ayensa

Clase práctica magistral sobre la inmersión lectora, el meta-narrador autobiográfico y     la verosimilitud exprimida. Crea una necesidad de huida… de tu propia casa. Tampoco sería suficiente. Y no, no te atreves a escribir a la dirección de correo facilitada. Por si te contesta… o contestan… Tres palabras grabadas para siempre en la retina. 

     Una sonrisa, Rocío Stevenson

Pulida oda al intimísimo miedo a la suplantación, al yo perfecto que es mejor que nos nosotros, como ese niño del que había que tomar ejemplo por ser modelo de educación y buenas notas. Ese celo, ese egoísmo y la asfixiante necesidad de ser nosotros los únicos que podamos ser nosotros. Del miedo al otro pasamos al miedo a la invisibilidad que, paradójicamente, ocupaba él, ello. ¡Estamos aquí! ¿Por qué no nos ven? Por encima de todos ellos: el miedo a ser prescindibles. La sonrisa como mutiladora de la esperanza.

Manual para la detección y control de malformaciones ontológicas, Bernard J. Leman

El summum de la forma. Pellízcate, es un manual, un manual de verdad. No queda ahí: es un ejercicio hipnótico que se alimenta del morbo, de la ignorante y ociosa naturaleza humana empeñada en probar, en ver-si-se-puede / ver-qué-pasa. Asistimos a nuestra propia tortura, a nuestra propia tortura aceptada. Por descontado, el concepto malformaciones ontológicas nos ha maravillado, así como las meticulosas instrucciones orientadas al propio tratamiento del manual, a su conservación y cuidado. Es la primera vez que queremos imprimir un relato, encuadernarlo, ponerle unas pastas, tenerlo, conservarlo en un lugar seguro…

     La fotografía y la fotografía, Ranko Costeau

Una agitación constante entre sombras, blancos y negros, grises, negativos e instantáneas vitales. La elección del nombre protagónico es una de nuestras predilectas de la antología, incluso refleja ese nervio contenido. Resulta inevitable tomar del imaginario popular la silueta de cierto individuo característicamente alto para esbozar la imagen del espeluznante personaje propuesto -también hemos recurrido a cierto hombre alto de Men in Black, disculpándonos por ello-. Genial ejemplo del oxímoron calma tensa.

     Miedos, Román Sanz Mouta

Recuperamos la experimentación formal ad infinitum. Y qué gozada. El error y la fobia, el miedo y la temeridad. La exposición de cada uno de los casos constituyentes de la conclusión final es en sí misma una proeza estilística, pues alberga tonos y ritmos lo suficientemente diversos como para imaginar cada escenario herméticamente. Particularmente, los recortes periodísticos sobre las desapariciones contribuyen de manera brillante a la inquietud, si no la aumentan… ¡¡¡Horror en las fechas!!!

     Una visión en el Castalio, Maximiliano Ponce

La lejanía de la infancia, la lejanía de nuestro mundo. El marco extraterrestre nos distancia de cualquier rincón conocido, familiaridad que recuperamos a través del ritual propuesto: la protagonista vuelve a casa y rememora un ritual que completa ese juego de dobles cuadros: espacio y tiempo lejanos física y mentalmente, atraídos por un ritual temido que engloba un ritual traumático. El golpe de presente en el ritmo narrativo es toda una explosión: nos obliga a avanzar hacia el final del relato reptando, débiles; queremos escapar igual que ella, mientras todo se derrumba. Nunca rompáis un círculo.

     Desagradecidos, Andrés Granbosque

La Creación. La Creación contada subjetivamente por… su Hacedora: La Madre Naturaleza, la Madre Tierra, la dueña del Cosmos y de nosotros, sus «pequeñas joyas». Pero quedémonos con madre, ni más ni menos, con todo lo que supone. En un contexto atravesado por una fascinante dualidad Mitología-Biología, nuestra rebelde existencia es cuestionada, repudiada, enaltecida, amenazada. Qué incómodo esto de sentirse microscópico a ojos de quien nos moldeó e insufló la vida. Destaca la referencia al mar como cuna, como origen. En todo momento se teme un ahogamiento masivo. No miraré por la ventana, no quiero ver esa gigantesca ola viniéndose sobre mi insignificante humanidad.

     Te susurré en el oído al nacer, José Luis Pascual

Hay un lugar más íntimo, privado, para un hombre que su casa: su cama. El comienzo de la acción en el lecho conyugal es absolutamente escalofriante. El concepto de «solo hechos sombreados» es sublime, nos retrotrae al hombre invisible, si bien rápidamente se desecha esta imagen en pro de la sugerida en torno a una deidad, a un dios, a un ser omnipresente que nos vigila y manipula, también juzga y escruta. ¿Y si fuera nuestra propia conciencia desdoblada? La velocidad creciente de la narración, como la velocidad de la vida misma que relata, es asfixiante, trufada de desgracias, malas decisiones y una presencia multisensorial que traspasa al lector. Emerge la necesidad de cura, incluso religiosa, qué paradoja. Se repiten los hechos, esos hechos sombreados. La estructura expositiva del relato está perfectamente medida, fríamente calculada, vinculada al propio progreso de la relación élello. En el “final” explicitado se pone de manifiesto un imponente juego metaliterario que funde narrador y narrado en cuatro líneas simultáneas: protagonista – omnipresencia – protagonista escritor de sí mismo y su circunstancia – narrador total que integra todo ello en el relato. JL Pascual nos hace mirar hacia atrás. O tal vez hacia arriba. Cada tres segundos.

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