-Cypress Cultura / Apeadero de Aforistas-

Paula es aire y agua: música y submarinismo. Declara en estos meteóricos aforismos un amor marino que se percibe especialmente desde su producción poética: A orillas de París (Ediciones en Huida, 2018), Ríos de carretera (BajAmar, 2019) o Mares y monstruos (Heracles y nosotros, 2021), ya desde sus títulos e impulsos más esenciales.
Un total de tres bloques (I, II, III) de una centena de aforismos cada uno cabalga con tan bella como percutora banda sonora bajo una cita-paraguas de introducción global, firmada por la pluma del cineasta soviético Andréi Tarkovski: “El arte proporciona la posibilidad de que lo infinito sea perceptible”, la cual será mucho más que una invitación a la curiosidad satisfecha, próxima al rasgo esencial del corazón de este libro de aspecto sobrio, sencillo y al mismo tiempo elegantemente seductor en términos de apariencia, con esa lluvia de meteoros como imagen tan única como definitiva y central (y apetecible); una obra muy “simétrica” en cuanto a reparto de espacios y estructura que maneja sus tiempos discursivos con una solvencia extraordinaria. Vayamos por partes, como diría…
I: lluvia, arte, cuestiones y elementos aparejados como cometas, retratos… El cielo, los escritores en particular y la cuestión de la imagen e identidad de uno mismo (reflejos, autorretratos, espejos… y acciones miméticas con ello como lienzo movedizo). (Mucha) poesía y (mucha) filosofía como materias principales que acompañan al Arte, maestra y protagonista. Destacamos una primera maravilla a este respecto: “Un médico se volvió filósofo cuando decidió estudiar la anatomía de una lágrima”.
Resbalamos sobre gotas de mitología y personajes legendarios, también otros tan insignes como Madame Bovary, cuya singularidad y excepcional mención respecto de sus alrededores elevan su figura como uno de los pilares simbólicos de esta parte primera. Cuestiones como la falsedad, las copias (y La Copia como método/estrategia positiva) y la mentirosa realidad abren las puertas del infierno dantesco (pauladiazaltozanesco) de la crítica a quienes se quejan y a los medios de comunicación, entre otros latigazos que propina la autora -también desliza la envidia de los no-autores hacia los autores-, así como reflexiona de manera habitual sobre el trabajo y los trabajadores y sobre el ejercicio de escribir y sus aristas, su ecosistema propio.
Trata mucho PDA un elemento ciertamente permanente relacionado con contener e interiores (la vida, el mundo, un cajón… una biblioteca) y los ruidos reflejados en el juego adentro-afuera. Hagamos un flashback semántico: Díaz Altozano arroja: “Aforismo: el chispazo del mechero” para identificar su misma naturaleza. Entendemos que la llama se propaga incansable, inquebrable, por todo el terreno. Huelga decir que le encanta esa fórmula de palabra/concepto seguida de los dos puntos y ¡pum! la definición personalísima que no por ello causa ningún rechazo, sectarismo o ataque al ego, sino un síntoma de convencimiento, de arrastre, como una red lanzada con tanta fuerza como sinceridad a nuestros pies. Solo podemos rendirnos y dejarnos llevar. Incluso asentir.
En esta primera etapa inaugura el elemento del mar, que protagoniza el primer aforismo de la segunda, proyectado en otro de sus escenarios predilectos [el contexto onírico, acaso cósmico]: “El mar me sueña todas las noches”.
II: abrimos la bisagra que funciona como nexo de unión y pegamento visual para destapar una fase más corporal y paradójicamente “cósmica” (ahá) en cuanto al hasta ahora bastante novedoso actor principal: el Universo. Nuestra autora extiende el abanico, la paleta de posibilidades, para incluir una miscelánea deliciosa en torno a elementos procedentes de partes del cuerpo, de la naturaleza y su usual mantel de doble impresión fauna-flora (¡triunfa el gato como auténtico, irrefutable rey de la selva!) y ese espacio (espacio espacial) que será infinito y se convertirá en infinito paulatinamente.
Adoramos sin timidez el contraste de perspectivas pájaro vs. escarabajo y la certera explotación del elemento del camino, que aparecía rápido en el primer tramo aforístico -nos permite observar leves modificaciones sobre el mismo elemento/vehículo narrativo, especialmente aquellas que atañen a la discusión sobre la visión del camino propio y cómo hallarlo/construirlo-. Palpamos astros y astronautas, ovejas descarriadas y, oh, la Posmodernidad: el otro gran concepto/tópico -cara B del Universo- de esta segunda etapa a partir del segundo tercio del bloque.
Pero Paula no abandona el mechero y su poder combustible: el elemento de la raíz también explota en este segundo peldaño. Y continúa una suerte de tradición de constitución de una única parcela encumbrada para determinadas elecciones históricoculturales: Miguel Ángel es el nombre central del segundo subconjunto (no entraremos en la ligazón per se de Madame Bovary, Miguel Ángel y el futuro tercer gran personaje enclavado en su correspondiente tercera parte de la obra para intentar establecer una… PUES la verdad es que sí: sospechamos ardorosamente que, muy lejos del gusto adecuado al “mero” aforismo que respectivamente los contiene, el hilo invisible que reúne a las tres caras localizadas en los tres apartados expresa en su comunidad un mensaje mucho más trascendente en términos de la semántica total de Meteórica. Pero ahí lo dejamos para que investiguen ustedes).
Fauna terrestre, acuática y voladora en una gran gama desplegada por la Tierra sirve a su vez como decorado para los pensamientos más rotundos. Entre ellos se cuela, rascando como recurso afilado por imprevisto, un ”diálogo” aforístico acerca de la idea de “vivir sin ti” y la necesidad del otro. A ello debemos añadir, de nuevo abarcando el pretérito, que la autora reitera algo menos su hábito de entrecomillar ‘una frase o expresión o idea’ para comentarla o retorcerla frente a cómo dicha fórmula era mucho más frecuente en la anterior e inicial etapa.
Gravedad y campanas se reparten impacto desde el ecuador hacia atrás y desde el ecuador hacia delante en esa cronología: las últimas serán el elemento crucial para el final de esta parte, que quedó activada con el mar y queda concluida con el mar. Así: “No hay mar sin tierra. ¿Hay tierra sin mar?”. Un mar que alcanza su cima representacional mediante la mención al Mediterráneo.
III: comienza muy elocuentemente con “Cada mañana es un Génesis” para finalizar el libro con esta tercera parte (sentimos por momentos que es un libro de aforismos bastante adecuadamente “novelado”) que en su primera página ya nos conquista de dos maneras muy distintas, gracias a dos aforismos sucesivos: “El lenguaje es anterior al ser humano: empezó en la corteza del árbol, en la espuma de las olas, en el plumaje del pájaro” + “Triunfo: el pez que pesca a la caña”. A nuestro juicio, ambos estilos y fondos resumen en su beso, en su plena condensación, la genialidad de Díaz Altozano. De paso el segundo anticipa el animal preferido ahora: el pez releva al gato.
Descorchamos a la Paula más dedicada al dibujo de la casa y sus componentes: destacan las ventanas, las escaleras, el cuarto de invitados, cuyo aforismo clave resulta genialoso, si bien decantamos nuestra debilidad hacia esa tremenda composición dirigida a la representación física del gesto de triunfo y súplica como contraste con ell cielo como receptor/testigo.
Se conservan aquí, en esta tercera etapa, líneas maestras del panorama completo, tales como la creación, la copia y la naturaleza. Retrotraemos también la reflexión sobre la espera y la paciencia, y afrontamos mucha mayor materialización del agua en forma de río en detrimento del tan idolatrado mar. Y seguimos con la fascinación, sin tolerar si cese ni su renuncia, a menudo avivada a lomos de una virtud incomparable para la sorpresa perfectamente insertada: pensamos en ese episodio infantil de la castaña arrancada.
El marco general dentro del cual estallan esas chispas superdotadas está fabricado en torno a cuestiones como el inexorable tiempo y como la herida -propia y ajena, así como el tratamiento del dolor-. Y en este baile gana la resistencia creativa, que es la que verdaderamente trasciende: PDA introduce el ajedrez y nos gusta mucho. Elabora imágenes bíblicas del concepto/historia de Génesis a partir del Paraíso y de Adán como protagonista de un mito sacudido y deconstruido, sin tener que lamentarnos por la ausencia de la manzana, y seguimos muy de cerca con las raíces, pero este aforismo supera a los de su especie: “Leo un libro tumbada en la hierba y empiezo a echar raíces”.
De aforismo en aforismo y tiro porque…: “De madrugada, los semáforos cambian de color para sí mismos”. Oh yeah! Asimismo, explota por fin la música a partir de la página 50, con su máximo exponente agarrado al nombre de Mozart (que completa el triunvirato al lado de Madame Bovary y Miguel Ángel), para proporcionarle melodía inquebrantable a las escenas cotidianas que teje nuestra autora.
Regresa a la niñez a través del feroz, conflictivo sacapuntas y, superado el trauma, transita por huecos y moldes acostumbrados a su cuerpo y letra: casi propias de un diario personal, entre hábitos, costumbres y momentos confesados, contemplamos sus imágenes más íntimas-interiores a una distancia que los expertos en comunicación denominarían “familiar”.
Apuramos el camino saboreando el último aforismo dedicado al camino: a su construcción desde cero, a su trazado superviviente en pleno desierto. Tras él llega la cascada final que cierra con un total de seis aforismos, en los que se funden infinito y eternidad creativa (de obra) y su “inmortalidad”. Paula transcribe una máxima que llevamos grabada a fuego en el corazón lector: “Las mejores obras no acaban nunca”. Con este da el pistoletazo de salida a esa corriente arrolladora que remata Meteórica: la contradictoria amenaza de empezar a empezar en lugar de terminar dirigida al lector -jugando incluso con el mismo contexto del libro como espacio finito y agotable en sus últimos alientos-, las claves de la página en blanco y del presente como tiempo decisivamente relativo.
“El presente aún no ha llegado” es el cierre, un cierre que conversa con una mención anterior y capital a las costuras básicas del momento: “El misterio es que seamos, aquí y ahora”.
Paula Díaz Altozano es artista del aforismo. Tal vez no lo sepa, pero tiene el carnet oficial de aforista fabulosa, genial, brillante en sus instantes más lúcidos, brutal en sus elegidas concesiones al registro punki. La ambición, la capacidad camaleónica de adaptación al medio e interés y la firme orientación de la verdad como sustento innegociable son apenas algunas de sus herramientas más notables para enhebrar una colección, Meteórica, envidiable e inolvidable. ¿Nos hemos quejado ya de que se acaba?
Altavoz Cultural
Entrevista a Paula Díaz Altozano

Bienvenida a Altavoz Cultural, querida Paula. ¿Cómo nace Meteórica? ¿Qué estímulo te lleva a querer construir esta colección de aforismos desde el punto de vista del conjunto?
Buenos días. Antes de nada, me gustaría agradeceros que me hayáis invitado a hacer la entrevista. Los aforismos de Meteórica empecé a escribirlos en un diario, sin ser consciente de que eran o podían ser aforismos. Releyendo las páginas de este diario, me di cuenta de que había frases o partes de reflexiones que tenían sentido en sí mismas, y decidí anotarlas en un cuaderno. Añadía más a medida que se me iban ocurriendo, y cuando llevaba anotadas bastantes, pensé que ahí podía haber un libro de aforismos.
Más allá de nuestra propia interpretación, y con vistas a una pequeña explicación para quien aún no conozca la obra, ¿a qué responde la secuencia estructural de esas tres partes, tan equilibradas, en términos argumentales o semánticos, hacia la elaboración total de los mensajes capitales que contiene Meteórica?
El libro está dividido en tres partes que responden a temas que me interesan. La primera parte tiene mucho que ver con el arte en general, con el proceso de creación artística. Intento dar mi propia visión de lo artístico con pequeñas frases que se acerquen a esta cuestión. Creo que todas las artes, sea literatura, música, cine o cualquier otra, tienen la misma base. Por supuesto, hay diferencias formales, pero su espíritu, por decirlo así, es el mismo. En el libro me interesaba hablar de esta cuestión y de otras relacionadas, por ejemplo, del tema de la interpretación, que varía según si el autor es un escritor o un músico, pues al escritor, en general, no se le ve cuando escribe. La segunda parte del libro tiene que ver con el Universo, con un acercamiento literario al cosmos, tema que me parece muy interesante también. He tratado de hablar de lo más grande, el Universo, mediante lo más pequeño, los aforismos. La tercera parte está muy relacionada con el tema del tiempo y de la música, ambos relacionados.
¿Qué te ofrecen los aforismos como género literario propiamente y cómo consideras que dialogan con la poesía, especialmente desde tu experiencia y tus intereses como autora?
Me interesan mucho los aforismos que están entre la poesía y la filosofía. Es curioso porque, aunque como decía antes, creo que la base de lo artístico es la misma para todas las ramas, en el caso de la literatura creo que hay diferencias según el género del que se trate. Los aforismos me parecen la manera más directa de acceder a la profundidad de un tema, diría que más que la poesía o la narrativa, formas de escritura que, por otra parte, admiro y me gustan mucho. También creo que los géneros literarios están cada vez más mezclados, algo que enriquece el panorama literario.
Madame Bovary, Miguel Ángel… El arte, desde la cita inaugural de Andréi Tarkovski, es uno de los temas y vehículos fundamentales de Meteórica. También hallamos mucho sobre el mundo marino. ¿Qué imaginario, incluyendo referencias artísticoculturales, acompañó el proceso de escritura del libro? ¿Qué tenía Paula Díaz Altozano de fondo, en la cabeza, mientras fluía por esta sucesión de aforismos?
A menudo, los aforismos se me ocurren caminando. Los aforismos, en su sencillez, son retazos de la vida misma, pequeñas reflexiones de lo que nos rodea. Pueden surgir de lecturas, pero también de escuchar música o de ver pinturas. En el caso del tema del Universo, me gusta leer libros de divulgación de este tema, con una mirada más literaria. Respecto al mundo marino, es un tema que me interesa mucho y sobre el que he escrito. Uno de mis poemarios, titulado Mares y monstruos y publicado por la colección “Heracles y nosotros” de Gijón, trata de este tema también. La naturaleza, el mar, son muy buenas fuentes de inspiración.
Hablemos de herencias, inercia y futuro. ¿De qué modo va a impregnar esta antología aforística tus próximos proyectos literarios? ¿En qué estás trabajando ahora mismo y qué planes tienes a corto y medio plazo?
Estoy terminando un ensayo literario sobre el río Amazonas, desde el punto de vista del fracaso de los conquistadores españoles del siglo XVI, que tiene mucho de aforístico porque se trata de un texto fragmentario. He tenido la suerte de que el Círculo de Bellas Artes y la Universidad Autónoma de Madrid me dieran una beca para ir unos meses a Lima y al Amazonas. Allí tuve la oportunidad de buscar documentación en el Instituto Riva Agüero de Lima, institución a la que estoy muy agradecida.
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