
Bienvenido a Altavoz Cultural y muchas felicidades: gracias a Ce Santiago podemos disfrutar de la versión hispanohablante de Cowboy de medianoche, novela publicada en Bunker Books. ¿Cómo ha sido para ti ese proceso de trabajo con el texto original de James Leo Herlihy con vistas a tan compleja como importante publicación? ¿Qué ha sido lo más complicado de esa dedicación a la obra y qué ha sido lo más satisfactorio?
Gracias a vosotros, ante todo por visibilizar y poner en valor el trabajo de traducción literaria.
Bueno, en principio el proceso no fue muy distinto del que suele acompañar a otros textos; por desgracia, o al menos en mi caso, el calendario no permite leer el original antes de traducirlo y relacionarte con él desde un nivel doble, como lector primero y como traductor después; esto significa que, a menos que ya conozcas al autor o a la autora, hayas traducido otra obra suya, etcétera, ambos fenómenos se dan de manera simultánea y la complejidad del texto va manifestándose, también, a la vez que lo hace ese fenómeno dual lectura/traducción… Solo tuve tiempo de revisionar la película (algo que hice cuando casi había terminado la primera versión de la traducción, no antes, no quería que me condicionara un soporte tan distinto). En mi experiencia, hay libros con los que tardas menos en sintonizar, libros cuyo tono, ritmo, sonoridad, estilo, etcétera, te llegan antes, o mejor dicho, te encuentras antes; fue el caso de Cowboy de medianoche. En general, no me ha parecido un texto excesivamente complejo, no creo que fuese intención de Herlihy investigar con la forma, por ejemplo; me sentí bastante cómodo desde el principio, de hecho.
Quizás lo más complicado fue verter lo mejor posible en el texto en español la tensión sexual no explícita en las interacciones entre Buck y Ratso, una tensión de la que creo que ni los propios personajes son conscientes (quizás Ratso un poco más que Buck) o puede que confundan con la necesidad de ser queridos. Lo más satisfactorio fue, claro está, cuando desde Bunker Books me hicieron saber que estaban contentos con la traducción. Soy una persona tremendamente insegura con respecto a mi trabajo.
¿Qué destacarías del estilo del autor desde tu perspectiva como lector, primero, y como traductor una vez que has tenido que enfrentarlo como material con el que desarrollar esta versión en español? Asimismo nos encantaría conocer tu opinión sobre el diseño de los personajes principales, tan especiales: Joe Buck y Ratso.
De nuevo, esa perspectiva, en mi caso, apenas tiene oportunidad de darse; puede que un poco durante el proceso de revisión/relectura/reescritura, pero de manera muy, muy vaga, porque el «traductor» no me lo permite; en lo relativo a la traducción, es como estar poseído por ti mismo, y no hay exorcismo que valga. Quizás la única manera de leer como lector un libro que has traducido tú sea sufrir un accidente que te desfigure y te despoje por completo de tu identidad, olvidarlo todo, rehacer tu vida con otro nombre y como, no sé, administrador de fincas o etólogo felino, y que muchos años después un día cualquiera en una librería cualquiera te topes con un libro titulado Cowboy de medianoche traducido por un tal…
Dicho esto, creo que el estilo de Herlihy se acerca a algo así como un intimismo realista. Es un autor, o al menos es la sensación que he tenido, que sabe en todo momento lo que quiere decir y, lo más importante, cómo quiere decirlo: parece no tener ninguna dificultad en crear una determinada situación y ponerla al servicio de lo que pretende transmitir; o sea, no hace uso del lenguaje en cuanto fenómeno, sino en cuanto herramienta expresiva. Ya sea desde dentro o desde fuera de Joe Buck, un Herlihy omnisciente siempre hace uso de situaciones que, sin ser una novela en primera persona, jamás abandonan a Joe Buck omnipresente, de ahí lo de intimismo, se me ocurre, aunque confieso que me lo acabo de inventar. Es un logro estilístico de Herlihy que me parece admirable. En ese sentido, se lo comenté al editor de Bunker, me recuerda a Salinger y también a Leonard Gardner, creo que Cowboy de medianoche y Fat City son novelas que se asemejan mucho, sobre todo en el daño que hacen a quien las lee las múltiples variantes de la soledad moderna que despiden. Buck y Rizzo son dos caras de una misma miseria que solo la amistad puede salvar, sí, pero, desgraciadamente, como bien dice Kiko Amat en el prólogo al libro, «su afecto mutuo está teñido por (…) la adoración unilateral». De ahí que el tránsito de Buck de hedonista buscavidas hacia figura protectora sea una de las características más emotivas del personaje en particular y de la novela en general. En el caso de Ratso, más que un diseño, lo verdaderamente llamativo en mi opinión es su progresivo desmembramiento como presa de una desesperación desvalida, sin cura posible.
Sin duda otro de los puntos fuertes de la novela es su impresionante fuerza descriptiva: cómo se retratan el contexto sociocultural, esa Nueva York, el choque que supone para el protagonista, el entorno de una ciudad así en aquella época… ¿Cómo has trabajado el espacio de esta novela y cuánto crees que les puede afectar, para bien o para mal, el visionado de la película homónima a quienes la conozcan y vayan ahora a adentrarse en ese mismo mundo a través de tus palabras?
No sabría deciros…, no sé si he trabajado el espacio como tal… En otras traducciones sí que uso StreetView para determinados pasajes o ambientes… En este caso, creo que he estado más cerca de Whoopi Goldberg en Ghost; me he limitado a hacer de médium, por así decirlo. Creo que quienes traducimos somos (también) en parte médiums y en parte ventrílocuos, no sé. En ese sentido, obviamente, el mérito absoluto es del autor; yo me he limitado a dejarme tocar como se deja tocar un instrumento musical. Es cierto que Nueva York es una ciudad que nos ha sido mostrada desde muchas épocas, perspectivas, disciplinas, etcétera. Casi parece que todos hemos vivido allí una temporada. En el caso de este libro, supongo que tocaba atender a las particularidades, a una atmósfera más que a una visualización espacial, por así decirlo.
Para quien haya visto la película y no haya leído la novela, creo que va a ser algo así como si alguien te contara una historia y acto seguido apareciera un genio maligno cartesiano y te hiciera vivir esa historia hasta su último matiz. Quiero decir, en mi opinión, la película solo funciona si no has leído la novela; no le hace justicia ni siquiera como adaptación; por ejemplo, dedica mucho metraje a una escena pseudo psicodélica en una fiesta y muy poco a detalles mucho más cruciales, como los primeros compases de aprendizaje de Buck en Nueva York, la escena con Juanita y su hijo, por ejemplo. Mi consejo es que, si no la han visto, no la vean, a modo de anécdota, hasta haber leído la novela de principio a fin.
Siguiendo esa línea, ¿de qué manera consideras que se puede insertar Cowboy de medianoche en el panorama literario actual a partir de esta apuesta realizada por Bunker Books? ¿Cómo ha sido tu experiencia editorial y qué destacarías de su proyecto dentro del mercado literario vigente?
Como mencionaba antes, hay libros que pertenecen a una gran tradición de novelas musculosas; las novelas de Richard Ford o de Updike o de Franzen, por ejemplo, tienen una gran deuda con ellas; novelas que son reflejo de otra cosa. Lo hablaba una vez con Guillermo Pérez, editor de Malas Tierras; simplificando muchísimo, podríamos hablar de novelas que son reflejo de una época, o de un ambiente, un bildungsroman moderno, un cambio cultural, un zeitgeist, etcétera (su máximo exponente actual, en mi opinión, es Don DeLillo, que roza lo profético); y otras serían las experimentales, las que exploran otros campos periféricos de la(s) realidad(es) de una época, aspectos formales, metatextuales, etcétera. Las novelas de Herlihy entrarían en ese primer grupo.
La experiencia con Bunker ha sido y está siendo estupenda (seguimos trabajando con otros textos) y creo que suma mucho a ese selecto grupo de editoriales valientes que seleccionan sus libros y cuidan la edición para lograr una experiencia de lectura lo más parecida posible a la experiencia de lectura del original; el libro ha quedado precioso, además.
Ha sido un verdadero placer contar contigo en Altavoz. Nos gustaría concluir esta entrevista preguntándote por tu visión del ámbito profesional de la traducción hoy en día, en contraste con su estado en tus inicios: ¿cómo sientes que ha evolucionado, en visibilidad, derechos, enfoques y géneros… el trabajo del traductor hasta nuestros tiempos? ¿Dónde puede encontrarte, virtualmente, nuestra comunidad lectora para poder seguir tus próximos pasos y proyectos?

De nuevo, el placer ha sido mío.
A ver, es una pregunta lo bastante compleja como para ocupar todo un podcast. De hecho, para haceros una idea más amplia de cómo está el sector de la traducción en general y de la literaria en particular, mejor os remito a un artículo reciente en CTXT («La supervivencia de la traducción, en juego») en el que tres traductoras de primerísimo nivel —Julia Osuna, Inga Pellisa y Rita da Costa— lo explican de un modo inmejorable. En mi caso, por una parte me considero afortunado, llevo siete años escasos en esto y por suerte (y al menos por el momento) no me falta trabajo. Empecé a traducir en casa con el objetivo de aprender a escribir (relatos, entrevistas, alguna novela que sigue inédita) y ahora me dedico profesionalmente, de modo que, en ese sentido, contento y satisfecho. De un tiempo a esta parte, la mayoría de editoriales están contribuyendo bastante a la visibilidad y el reconocimiento del trabajo de traducción, si bien en el camino hacia una mejora de las tarifas aún queda muchísimo por recorrer, sobre todo teniendo presente la dificultad y la exigencia cada vez mayores de algunos de los libros que se nos encomiendan. Además, en redes sociales y reseñas de prensa, muchas personas empiezan a citar la traducción (aunque, sorprendentemente, todavía haya muchos lectores y lectoras con una mayor disposición a incluir hashtags como booklover o leeresvivir o cosas así antes que el nombre de la traductora o el traductor que ha posibilitado su lectura).
No sé, en cuanto al futuro, creo que uno de los elementos decisivos está en que las personas que compran y leen libros, ven series y películas, etcétera, exijan trabajos de calidad, rechacen las cutreces y penalicen las chapuzas; es algo crucial con vistas a que editoriales y/o productoras no caigan en la tentación de invertir menos para rascar unos euros más y pasen los textos por máquinas y procesadoras que, por decirlo con Barthelme, «nunca sabrán que acaban de hacer un chiste».
El mejor sitio en el que puede seguirse mi trabajo es en las librerías; además de varias traducciones, entre ellas Cowboy de medianoche, acabo de publicar con la editorial H&O un ensayo titulado «Mester de batería» y al mismo tiempo, algo que me alegra bastante, la segunda edición de mi primera novela, «El mar indemostrable».