-Traducción de Carla Bataller Estruch-
-La biblioteca de Carfax-

Impresionante es este séptimo título de la Colección Deméter dentro de La biblioteca de Carfax, una editorial, la de Shaila y María, que no se cansa de entregarnos obras de altísima calidad literaria con una fuerza narrativa extraordinaria. Espacios salvajes es una aventura demoledora, sin compasión para los ojos curiosos que observan la secuencia rutinaria familiar, tan aparentemente inofensiva, calmada. Una bomba de relojería que cultivará en nosotros un desasosiego cabalgante.
Tras un prólogo a la edición española escrito por le propie autore, S. L. Coney se introduce en las altas botas de agua para armar una serie de cinco capítulos terriblemente húmedos, que se pegarán hasta forjar una segunda piel que no nos dejará respirar sin sentir el poder acuoso, marino.
La tercera persona narrativa dirige una exposición sin nombres, sobre el chico, la madre, el padre, el abuelo… y el mar como gran ecosistema; emerge la figura antigua de Ian, hermano de la madre, en complejo recuerdo agridulce, pero el único nombre fuerte es el del perro Teach, el enorme compañero de la acción. A través de él captaremos mucha, mucha información conforme trepemos por los diferentes riscos argumentales que vayan sobresaliendo del entorno.
Recibimos, como fuerte viento de costa, aires del mito de Barba Azul, así como innegables reminiscencias de la cultura pirata gracias a los cuentos de la madre. La llegada de la tormenta será el estandarte de la trama en cuanto a punto de inflexión: promoverá la explosión de los tentáculos hacia la última parte y comenzará a cobrar arrastres. Monstruo y maldad comparten letra inicial. Ese señor, anciano, es un gigantesco desconocido.
La lectura va tornándose incómoda en detalles, escenas, frases, choques personales… con un tono directo, rudo, avalando la teoría de que el abuelo ha ido a por el nieto, casi como una misión mitológica. Nos seduce cómo se distribuye la relación entre hijo y padre, entre hijo y madre y entre nieto y abuelo, puesto que de algún modo cada relación y forma de ser y estar con el otro cuenta cómo es el chico en sí. A este respecto se asume fundamental, como vehículo, el hermanamiento con el perro Teach.
Comienzan los episodios nocturnos y de “cambio” en el chico, como con una furia que lo impulsa, relacionada quizás con un sentido de hambre un tanto animal. Una cuestión de entrañas, quizás conectada a nivel ancestral desde el abuelo, casi como si ambos se tejieran en una misma especie. Resulta realmente interesante el proceso con la tormenta como gran elemento de tiempos del texto, cómo pauta de forma fascinante un antes y un después. En este sentido abrazamos el mayor acontecimiento después de la exploración de cuevas y otros avatares que producen igualmente esa sensación de amenaza acechante, de desasosiego.
El ámbito del mar como gran espacio fabuloso (abuelo, monstruo, tentáculos, tormenta, agua, sed, sal…) extiende con geografía particular y claves translúcidas una narración exquisita en su forma, en su estilo y en su tremendo repertorio imaginista. La sensación de fiereza contenida casi desde el principio es otro de los aciertos literarios exhibidos.
S. L. Coney trabaja visualmente de modo muy atractivo -añadamos la magnífica labor traductora de Carla Bataller Estruch por cómo degustamos la historia en tan preciso español-. Su producción es sublime en torno a las decisiones locativas, la estética que proyecta como conjuntos o subconjuntos habitables. Las coordenadas nos habilitan parte contextual fundamental para desenvolvernos en los hábitos de los miembros de la familia, una familia que, como ya habrán ustedes adivinado, experimenta un proceso de eclipse paulatino salvaje.
Otro buen mérito de la propuesta de S. L. Coney radica en cómo establece la empatía hacia el chico: no nos separamos de su actitud en ningún momento, lo escudamos y comprendemos durante todo el trayecto, cuando se protege y cuando se crece, cuando se arrulla sobre sí mismo y cuando desconfía. El personaje está tan maravillosamente esculpido que solo podemos ser su sombra para decirle que sí a cuanto necesite. En esta línea cabe mencionar, por lo tanto, que transitamos por grandes emociones contradictorias según avanzamos por las relaciones con los demás personajes. Al final solo nos queda ese consuelo de haber estado presentes a su lado.
Espacios salvajes es una novela potente, que maneja de mil virtudes una tradición narrativa muy próxima al cuento como método literario. Su capacidad para extrañar, zarandear y crear angustia son apenas algunas de las conclusiones más inmediatas que podemos extraer de su viaje. Un viaje profundo hacia quiénes somos.
Ferki López, codirector de Altavoz Cultural