
—¿Por qué No todo lo que vuela es pájaro? ¿Qué pretendías contar con esta obra y qué sientes que, ahora publicada, has logrado decir?
Hola, gracias a ustedes por el interés en No todo lo que vuela es pájaro, cuyo título tomé de un hermoso poema de Elvira Hernández. Creo que todo se remonta, de manera inconsciente, a una tarde de invierno de 2020 en Santiago de Chile, donde vivo. Me encontraba en la oficina gubernamental donde trabajaba en ese entonces. Mi puesto estaba en un piso 11, en uno de los paseos peatonales más transitados de la ciudad, el Paseo Ahumada, en ese momento vacío. Aburrido o abrumado, miré por la ventana. En el edificio de enfrente, un tiuque solitario mordisqueaba lo que debía ser una rata o una paloma muerta. Esa escena se me quedó grabada, no podía sacármela de la cabeza. Me regaló una extraña, pero obsesiva, calma. Algo parecido me había sucedido dos años antes en Londres, donde viví un tiempom cuando una madrugada, en una noche de insomnio, vi a un zorro robando hortalizas de un huerto comunitario. ¿Qué tenían esos animales, esos individuos en específico, que me causaban tanta extrañeza, pero también identificación? Tan inconsciente como gratuitamente, agregué la escena del tiuque a mi primera novela, Zona de promesas, intentando encontrar una respuesta.
Hace diez años vivo con una perra salchicha llamada Pina. En esta década me ha ido, poco a poco, ayudando a entender el porqué del impacto del zorro y del tiuque. No suena bien que diga que me interesan o provocan mayor curiosidad los animales que la mayoría de los humanos, pero es así. Hace un par de años se sumó a nuestra familia una mestiza de galgo llamada Olimpia, que ha venido a reforzar esta idea. De ellas aprendo todos los días. Acompañan, alientan y le dan sentido a mi proyecto escritural, en el que pretendo que los animales continúen teniendo un rol protagónico.
Este libro es parte de esa búsqueda. ¿Por qué la escena del tiuque me intriga tanto? ¿Qué tiene el imaginario de los pájaros que me llama de forma tan primitiva? Viviendo en Madrid en 2021, salía todos los días a correr al parque del Oeste. Me gustaba especialmente porque podía escuchar a los mirlos, gorriones y urracas que me acompañaban mientras intentaba volar. Entre esos paseos, trabajaba y cursaba el magíster de Escritura Creativa de la Complutense de Madrid. Mi Trabajo de Fin de Máster debía ser un libro, y me había dado varias vueltas. Fue entonces cuando le propuse a mi tutora, Manuel Broullón: ¿Y si escribo un libro de cuentos sobre pájaros? En ese momento, solo tenía uno escrito, basado en una experiencia personal (ya adivinarán cuál es). Quise fijar el punto de vista en las aves, obligarnos a levantar la cabeza. Sobre las lecturas de cada cuento, prefiero que cada lector saque sus propias conclusiones para no predisponer. Sí quisiera invitar a la empatía, a un nuevo trato con los animales, a dejar de vernos como un ente externo: somos parte de la naturaleza, esta no es un bien del que podemos disponer a nuestra pinta.
—¿Cómo te surge el orden de colocación de los textos? ¿Hay alguna razón detrás de esta disposición?
En principio estaban en orden cronológico, pero Sonia López Baena, mi editora en Barbarie, hizo un trabajo de montaje estupendo, logrando darle, a través del orden propuesto, más sentido de unidad, con distintos momentos. Me gusta pensarlo como un disco en ese sentido. Un disco de cantos de pájaros podría ser. Además, la carátula quedó increíble, ¿no?
—Hablemos de Articuno. Pero hagámoslo desde el punto de vista Pokémon: ¿Por qué decides incluir este texto en tu antología y cuál es tu pokémon favorito?
Siento que me he preparado para esta pregunta toda mi vida. Decidí incluirlo porque de pequeño soy fanático del animé y Pokémon jugó, y juega—sigo enganchado al Pokémon Go y jugué la última versión para Switch—un rol importante. En esa exploración de volver a aquellos temas que me obsesionaron y entender, o intentar comprender, por qué lo hicieron, apareció Articuno. En su momento, era una carta muy difícil de conseguir, poderosa, legendaria, que te podía dar un status enorme entre tus compañeros. En esa búsqueda de identidad que está la protagonista, el pájaro es un faro entre la ventisca. Tengo un cariño especial por el Ash de Pikachu, por Charizard y por la naturaleza existencialista de Mewtwo, pero mi favorito sin dudas es Dragonite.
—¿Cómo ha sido tu trabajo con los personajes? La antología da sensación de personaje colectivo, grande, grupal, poco específico; plantea una idea muy interesante sobre las identidades.
Me gusta pensar a los personajes como unidades más allá de la escritura, que viven y que, por lo tanto, son complejos y contradictorios. Mi formación de periodista me hace ser curioso, buscar fuera de mis círculos, por eso intento, como los pájaros de este volumen, ir más lejos e intentar retratar otras realidades que quizás no son la mía, pero sí se conectan en algún punto con mi experiencia vital. Identidades individuales, pero también colectivas.
—¿Qué tal ha sido tu experiencia editorial con Barbarie? Mucho éxito y muchas gracias por tu tiempo.
La mejor posible. Sonia es una editora talentosísima, sensible, preocupada de cada detalle y que, me gusta decir, se terminó convirtiendo en una gran amiga. Me siento muy orgulloso de poder decir que trabajé con ella y, también, que formo parte del hermoso catálogo que está construyendo.