
Bienvenido a Altavoz Cultural, querido Rodrigo. ¿Cómo nace, desde cero, Venecos? ¿Qué querías contar con esta antología y qué sientes que has logrado contar ahora que ya está publicada?

Venecos es un libro que se fue construyendo a lo largo de más de una década (entre 2012 y 2024, para ser más exactos) sin que yo me diera cuenta. Fui escribiendo cuentos y publicándolos en distintas antologías y revistas. Y, en algún momento, ordenando carpetas y documentos, comencé a entrever la posibilidad del libro. Además, tenía varios relatos inéditos, lo cual le otorgaba un extra importante al conjunto. La sensación es de extrañeza y agradecimiento. Es lo que siento cada vez que termino y publico un libro. Mi proceso creativo suele ser tan lento que yo soy el primer sorprendido cuando ya tengo la obra en las manos.
Nos gustaría conocer el motivo del orden de la selección de textos, por qué están ubicados en esa dirección, qué hay detrás de esa disposición cronológica. Y también, por favor, si has tenido que trabajar en «postproducción» o ya aquella primera versión final era la definitiva buena.
El motivo (nunca mejor usado el término) es musical. Me refiero a que, para mí, un libro de cuentos se estructura como un recorrido sonoro, propone un orden de lectura que tiene que ver más con ritmos que con temas. Por supuesto, cada cuento debe defenderse solo, porque existen lectores (¡salvajes!) que no respetan el índice propuesto. La postproducción, en mi caso, es revisión casi infinita de los textos, quitando adjetivos, poniendo comas, dividiendo párrafos y cosas así.
¿Qué grado de relevancia le das al cine como espacio artístico referencial que tener detrás o al lado al producir tus escritos? En Venecos hemos disfrutado de algunos remanentes chulísimos.
Aunque siempre insisto en que yo no soy un cinéfilo, es cierto que el cine ha ganado una relevancia evidente en mis dos últimos libros: mi novela Simpatía, y ahora, Venecos. Estas referencias tienen una función parecida a la de la literatura en la vida de mis personajes: son hitos, modelos de conducta, sueños y aspiraciones. Santiago Roncagliolo señaló algo con lo que estoy de acuerdo: en mis personajes, el cine señala ciertas búsqueda «exteriores», por llamarlas de alguna manera. Mientras que la presencia de la literatura apuntaría a búsqueda interiores, más íntimas, orientadas hacia el autoconocimiento. La verdad, no suelo pensar mucho en estas cosas sobre mis textos, pero la frase de Santiago es tan buena que yo la repito y la certifico.
Café Rostand, Leer y escribir, La simetría escalena de los suicidios y Carmen y error han sido incluidos por primera vez en Venecos como su primera publicación. Querríamos saber cómo ha sido para ti trabajarlos y sobre todo visualizar esa combinación con el resto del conjunto, ya previamente desarrollado.
Esos cuentos inéditos fueron escritos en simultáneo a los que iba publicando. Creativamente, no hubo ninguna cesura entre unos y otros. Simplemente, en esos años iba publicando algunos y otros no.
¿Cómo forjas tus personajes? ¿Qué claves principales consideras que deben poseer los «buenos» y cuáles deben tener los «sospechosos de ser un poco malvados»? ¿Cuáles son tus dos personajes predilectos dentro de todo el universo de Venecos?
No acostumbro a pensar en mis personajes en términos morales. Pienso siempre las historias desde el punto de vista de sus protagonistas, quienes, además, son un vehículo para la anécdota. De Venecos, creo que tengo particular cariño por Fania, la narradora de «Leer y escribir».
¿Cuánto autobiografismo podemos palpar en estos relatos? ¿Qué hay, confesable, de Rodrigo Blanco Calderón ahí dentro que nos pueda resultar todo un hallazgo? ¿Tiendes a separarte de tu vida todo lo que puedes al escribir o te dejas manchar un poquito por tu propia pluma?
Pues, responderé lo mismo que responden todos los escritores: mi propia vida está diseminada en todo lo que escribo, pero ya no sabría marcar el límite entre la «realidad» y la «ficción». O quizás sí sabría, solo que no me interesa. Hablo ahora como escritor. Como lector, comparto totalmente el morbo por saber cuánto de lo narrado está «basado en una historia real».
¿Qué tres libros de cuentos nos recomiendas como potenciales buenos compañeros de Venecos para una lectura doble, sucesiva?
Mamíferos, de Virtudes Olvera.
En las ruinas, de Juan Carlos Méndez Guédez
Un lugar mejor, de Pedro Ugarte.
¿Cómo ha sido tu experiencia editorial con Páginas de Espuma? Muchas gracias por tu tiempo y mucho éxito.
Como cuentista, publicar en Páginas de Espuma supone una consagración. Tener un segundo libro en esa editorial representa un apoyo y un estímulo increíbles. Las conversaciones con Juan Casamayor sobre los cuentos, sobre el orden de lectura, sobre las recurrencias y resonancias temáticas, me han dado un conocimiento sobre mis propios libros que yo no tenía. Y eso, por supuesto, son aprendizajes que uno puede incorporar en el siguiente libro.