Nuestro invitado: José Manuel Lucía Megías

¿Qué parte de José Manuel Lucía Megías está compuesta de poesía?

Sin duda, mi parte de agua. O quizás, mi parte de viento. Nunca la de la tierra. La poesía me permite respirar más allá del aire de la cotidianidad. La poesía es el camino que me comunica con el mundo, que me permite mirarlo con los ojos de ese niño que nunca he dejado de ser, que me permite seguir sorprendiéndome con la vida. La mía y la que me rodea. La que me explica y la que intento explicar a los demás. Poesía de agua, de viento… y, últimamente, de fuego. Un fuego en que me gustaría convertirme para quemar este mundo. Un renovado y renacido Cecco Angiolieri.
¿Qué destacarías o qué crees que te define poéticamente? 

La imagen poética me transita como un cometa. Está ahí para iluminar el verso y el poema, pero también para llenarlo de misterio, de esperanzas y de visitas que se repiten con la cordialidad de los años. Una poesía que cuenta historias, que quisiera contar historias, esa historia que va más allá de la prosa y de la narrativa, de la mirada corta y de las piernas largas. Poesía racconto en la mejor tradición de Pavese. Una poesía que nace de la mirada y que espera ser mirada en el tiempo de la lectura, que perviva más allá de los años y de las marionetas de los recitales, de las voces ensombrecidas del espectáculo poético.
¿Cómo valoras la escena poética actual a nivel nacional e internacional? 

Más que valoraciones, me dejo llevar por las olas de las sensaciones. Frente a la escena poética española, que se ha dejado arrastrar al espectáculo de la imagen fácil y del verbo fluido, de los recitales y los festivales poéticos, me sigue conmoviendo el silencio con que se escucha la poesía en una plaza de Bogotá o la paz que transmite aquella sonrisa de quien no se deja llevar por los fuegos de artificio de los focos mediáticos. La poesía ha de recuperar su espacio de diálogo en una sociedad silenciada, llena de gritos que son solo un silencio prolongado, en voz alta. La poesía tiene que volver a ser fiel a sí misma y no querer ser lo que no es: estrella mediática que convierte a los lectores en espectadores. La poesía vive en el silencio, aquí y acullá.

¿Hacia dónde viajan tus versos?, ¿cuál es su próximo paso?

Por ahora, mis versos viajan al endecasílabo. Mis siempre interminables versos, mi aliento poético de versículo de gran aliento ahora se está domando gracias al ritmo del endecasílabo. El verso que impone un universo de posibilidades que hasta ahora no había explorado. La octava real de verso blanco para mirar e intentar comprender en un instante la cotidianidad que me rodea. Ocho versos para comprender el mundo. Para mirarlo y para comprenderlo. Para escribirlo y para comprenderlo. Para leerlo y para comprenderlo. Ante tanto desorden en la vida, mi poesía ha decidido calzarse, por primera vez, las botas del verso regular… y aquí estoy haciendo mis primeros pinos, con la ilusión de un aprendiz, el aprendiz eterno de poeta y de hombre.

José Manuel Lucía Megías-2015-foto Nicolas Murcia

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