El canto a la tierra de Irene Solà por Andrea Alfaro García

The Age of Mammals, a mural by Rudolph F. Zallinger. Copyright © 1966, 1975, 1989, 1991, 2000 Peabody Museum of Natural History, Yale University, New Haven, Connecticut, USA. All rights reserved.

<<Llegamos con las tripas llenas. Doloridas. El vientre negro, cargado de agua oscura y fría, y de rayos y truenos>>. Así comienza Canto yo y la montaña baila (Canto jo i la muntanya balla, Anagrama, 2019), la segunda novela de Irene Solà (Malla, 1990), con la que la autora ganó el cuarto Premio Llibres Anagrama de Novel·la. Cuando leí estas primeras frases, supe que estaba ante una obra que prometía, como mínimo, un estilo visceral que me atraía mucho. Pese a la juventud de la escritora, sus libros han sido avalados por varios premios. Esta es su primera obra traducida al español, la tercera publicada. La primera, el poemario Bèstia (Galerada, 2012), fue traducido al inglés y recibió el Premio de Poesía Amadeu Oller; la segunda, la novela Els dics (L’Altra Editorial, 2017), ganó el Premio Documenta 2017. El talento de Solà es indiscutible. Pero, además, es evidente que sabe lo que hace, que escribe con conocimiento de causa. Si esto es lo que ha conseguido en su segunda novela publicada, no puedo esperar a ver qué conseguirá en un futuro más bien cercano. Canto yo y la montaña baila es una novela bellísima, de gran sensibilidad.


Si la risa era lo único bueno, era un cojín, era como comerse una pera, era como meter los pies en un salto de agua un día de verano. No habría dejado de reírme ni por todo el oro del mundo ni por todos los males del mundo (p. 19).


Un profesor mío de la universidad repetía siempre, refiriéndose al ámbito literario, que todo es más viejo que el aire, y siempre pensé y pienso que tenía mucha razón cuando lo decía. Todo está contado ya, todos los temas están desgastadísimos, machacadísimos, pero Canto yo y la montaña baila viene a demostrar que eso no importa, que, por mucho que hayamos leído sobre temas tan universales como el amor, la familia, la vida, la muerte, la guerra o la naturaleza, sí que es posible una mirada nueva, diferente, en tanto que personal. La mirada de Irene Solà es única. Nunca he leído nada parecido a Canto yo y la montaña baila. La de Solà es una voz lírica, musical, centrada en la emoción, con un ritmo pausado, al tiempo que vigoroso. Se nota que también es poeta. Y, de hecho, hay poetas y algunos versos en la novela.


Me doy cuenta de las trampas que me hace la memoria. De las zancadillas que me pone la cabeza, que solo piensa en las cosas buenas, que elige las manzanas bonitas de la fuente y tira las cosas malas como mondas, como castañas locas, como si no hubieran sido (p. 34).


Canto yo y la montaña baila
cuenta la historia de varios personajes que habitan pequeños pueblecitos de los Pirineos, en la frontera con Francia, principalmente la de Sió de Matavaques y los hijos que tuvo con Domenèc, Mia e Hilari. Pero son muchos los personajes que narran. La originalidad de la obra se encuentra en la multiplicidad de narradores. En esta historia literalmente habla la naturaleza. Es una novela coral en la que Solà da voz a mujeres, hombres, fantasmas, mujeres de agua, brujas, animales e incluso a la tierra. Cada capítulo está narrado desde una perspectiva distinta, siempre desde la primera persona, y esa visión poliédrica resulta muy enriquecedora. Cada punto de vista aporta algo nuevo y siempre necesario para la obra: todos los cabos están bien atados, nada es accesorio. Canto yo y la montaña baila es una novela muy bien tejida y muy bien narrada.


Ahora dejadme dormir tranquila, crías desarraigadas, malas hierbas, raquíticas tormentas, tristes árboles. Vinieron otros, siempre vienen otros como vosotros. A hacer nidos y guaridas y a taconear con las pezuñas (p. 103).


Esta novela atraviesa el tiempo,
porque, a pesar de que podemos reconocer en ella momentos históricos como el de la guerra civil española u otros más cercanos a la actualidad, construye una especie de tiempo mítico, casi de no tiempo, que nos conduce a nuestros orígenes, a los orígenes de nuestra naturaleza humana. Y nuestros orígenes están en la naturaleza, en la tierra sobre la que construimos lo que somos, en la tierra que es más sabia y es más vieja que nosotros y que continuará aquí cuando estemos muertos. Canto yo y la montaña baila es precisamente un canto a la tierra, a la vida y a la muerte.

Irene Solà. Fotografía: Ignasi Roviró.

Título: Canto yo y la montaña baila. Autora: Irene Solà. Traductora: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera. Editorial: Anagrama. Fecha de publicación: junio de 2019. Páginas: 190. Precio: 16,90 €. ISBN: 978-84-339-9877-4.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s