Fran Ferriz

¿Quién es Fran Ferriz? Preséntate en tres tonos, por favor: tono “a la suegra”, tono “a tu ídolo” y tono “a quien te considera su héroe”.

Es la presentación más difícil que he tenido que hacer jamás.

Si tuviera que presentarme a mi suegra, le diría que a pesar de lo que pueda parecer, soy un tío bastante normal, un ilustrador y diseñador enamorado de su trabajo que ha conseguido vivir de lo que le gusta y es capaz de tener cierta estabilidad con ello.

Nunca he sido de ídolos, pero en su día admiré mucho y fue un espejo en el que reflejarme el gran Philippe Starck, diseñador industrial, arquitecto y muchas más cosas. Le diría que cuando tenía veinte años menos quería ser como él. Pero que ahora que estreno los cuarenta, he comprendido que es mucho mejor no parecerse a nadie y que aunque sigo amando el diseño industrial, tengo tantas inquietudes y quiero hacer tantas cosas que no creo que me pueda jubilar antes de los noventa años.

Y no sé si hay alguien que me considere su héroe, aunque es cierto que por suerte tengo bastantes admiradores de mi trabajo. Solo les diría que como artista voy a seguir evolucionando y tratando de no quedarme encasillado en nada.

¿Qué queda de tu yo artístico de hace diez años y qué has desterrado? ¿Qué crees que nunca desaparecerá?

Queda sobre todo lo que he aprendido, las experiencias laborales que he vivido y también las personales. Tanto lo bueno como lo malo es importante y forma parte de lo que soy hoy. Los años te hacen ser mejor en todo, y te ayudan a quitarte lo que no te gusta. Lo que sé que no va a desaparecer nunca es la pasión por lo que hago. No sé trabajar si no es de ese modo, dándolo todo siempre.

Dentro de tu amplio abanico de técnicas y soportes, ¿con cuáles te sientes más cómodo y cuáles te desagradan más? ¿Qué te queda por probar?

Me gusta casi todo lo que hago, disfruto mucho con la ilustración tradicional y también me llena todo lo que tenga que ver con el 3d. El 3d, por ejemplo, forma parte de mí desde hace más de veinte años, comencé a meterme en ello por el diseño industrial y de juguetes, pero al final también me ha servido para hacer ilustraciones. Pero en cualquier caso, lo que disfruto de verdad es coger el lápiz y la libreta. Dibujar en papel tiene un encanto difícil de superar, además de que no existe control+Z y si la cagas, no hay vuelta atrás, tiras el dibujo y vuelves a empezar.

¿Cómo describirías tu proceso creativo -a grandes rasgos- desde la idea hasta la obra resultante? ¿Sigues un patrón más o menos similar para todas las variantes que trabajas?

No tengo un proceso creativo definido. Todos los días intento ver y aprender cosas nuevas. Veo qué hacen otros artistas a los que admiro y procuro estar siempre actualizado en todo. Pero soy de los que piensa que la inspiración viene trabajando. Generalmente me enfrento a la hoja en blanco y comienzo a dibujar sin saber muy bien adónde me va a llevar. Es así como van apareciendo las primeras ideas. Lo que sí necesito siempre es trabajar con música, es parte de mi forma de inspirarme.

Para llegar a dedicarse al diseño y a la ilustración, ¿consideras que la pasión y la experimentación espontánea pueden suplir la formación académico-profesional específica o hay unas bases mínimas que deben ser enseñadas y aprendidas?

Diría que un 90% de lo que sé hacer lo he aprendido de forma autodidacta y a base de experimentar, probar y seguir probando. Pero estudié diseño industrial, diseño gráfico e ilustración durante cuatro años en la escuela de arte, donde aprendí cosas que me han servido hasta hoy. Si aprendes una nociones de gente que sabe de esto, siempre será mejor. Pero este es un trabajo solitario, de tirarte horas y horas peleándote con el lápiz o el ordenador. Y creo que aunque no tengas esa formación inicial, puedes llegar a ser el mejor en algo si le dedicas mucho tiempo, muchas horas y mucho trabajo. Este no es un trabajo normal, ni un trabajo mecánico. Es un trabajo donde la pasión es fundamental.

¿Qué grado de importancia les das a las rrss? ¿Cómo las utilizas y qué modificarías de ellas? Cuando empezaste, la comunicación entre artista y entorno era muy diferente, ¿crees que se cumple en tu ámbito profesional aquello de “renovarse o morir”?

Cuando empecé en esto, internet todavía estaba en pañales. Me considero joven, pero si miro atrás me doy cuenta de que llevo trabajando como profesional casi veinte años y en estos años todo ha cambiado mucho. En su día, antes de las redes sociales, comencé a mover mi trabajo en páginas especializadas, sobre todo de 3d. Así logré que se me fuera conociendo, aparecí en mis primeros libros junto a artistas de Pixar o Lucasfilm, y me fui haciendo un pequeño nombre dentro de la industria. Siempre he comprendido que compartir tu trabajo con la gente es fundamental. Hoy la cosa es diferente, con las redes todo ha cambiado, pero al final lo que hago es lo mismo, comparto mis dibujos e ilustraciones y así es como he consigo una gran comunidad de seguidores y muchos trabajos. Si tengo que buscarle alguna pega a esto es que en las redes no solo vas a lograr seguidores, sino también detractores y en ocasiones con muy poca educación. Pero es parte de este ecosistema.

Háblanos de tu estética, del por qué de ella, de su late motiv principal y de su propia relación con tus gustos personales. ¿Se puede llegar a tener una identidad artística puramente única alejada de toda comparación?

No sabría definir mi estilo, de hecho creo que tengo varios registros. Es cierto que suelo ser bastante transgresor, sobre todo cuando las ilustraciones son por amor al arte y no para clientes. Para mis ilustraciones más personales no busco una estética, simplemente me dejo llevar, dibujo como sé, ni más ni menos. Cuando son para clientes normalmente me buscan porque les gusta lo que ven de mí, pero es inevitable tener que adaptarse a las necesidades del cliente. Pero igual que te hago una ilustración oscura, terrorífica y sangrienta, también te hago cosas la mar de bonitas y dulces. Además, siempre me ha gustado esa combinación de dulzura y agresividad.

¿Cómo das el salto al 3D? ¿Qué te llama la atención de este formato? ¿Crees que en España contamos con diseñadores y animadores a buen nivel internacional?

El salto a las 3d lo di hace muchísimos años. Casi en mis inicios. En aquella época empezaba a descubrirlo con el diseño industrial, pero mi pasión era diseñar personajes, quería trabajar algún día haciendo películas como Toy Story. Y le dediqué muchos años a aprender, ya que eso sí lo aprendí sin tutoriales ni clases, fue completamente autodidacta, mediante ensayo y error. Y recuerdo aquella época con mucho cariño. Salí durante tres años consecutivos en los libros de 3dtotal, Digital Art Masters, donde reunían a los mejores artistas 3d del momento.

En la actualidad lo sigo utilizando mucho, sobre todo para el diseño de juguetes. Y sí, por supuesto que hay mucho nivel en España. Y también hay muchos españoles por el mundo trabajando en cine de animación. Este es un país de mucho talento, aunque muchas veces no se valora ni se conoce lo suficiente.

¿Cómo se entrelaza tu arte con el cine y la literatura? ¿Qué influencias, aspectos o gustos destacarías de ambos en tu desarrollo profesional?

El cine siempre ha sido mi pasión, desde niño, desde que tengo recuerdo. Nací en el 79 y con dos años tenía un orinal forrado de pegatinas de Starwars. Diría que el cine me ha influenciado mucho, lo que más. Y es algo de lo que no puedo hablar ahora, pero he conseguido meterme ahí, en ese mundo, y estoy muy contento con ello. La literatura me ha influenciado sobre todo en estos últimos años, al estar muy metido en la creación de libros. Aunque desde niño he estado enamorado del cómic, y esto sí es algo que sin duda me ha marcado hasta hoy.

¿Cuál es tu experiencia como director de arte en el medio audiovisual? ¿Dirías que es una suerte de confluencia de todas tus cualidades?

Ahora mismo uno de mis trabajos es ese, aunque no puedo decir más. No es tan bonito como parece desde fuera, pero tiene algo de magia todavía. Esto es como cuando la gente sabe que diseñas juguetes y piensan que te pasas el día jugando. La vida real no es tan bonita ni tan sencilla, pero desde luego es una forma de poner todos mis conocimientos en práctica. Aunque también te diría que mucho de ese trabajo son reuniones, en las que (ahora que no nos lee nadie) me aburro un poco. Soy más de hacer que de decir.

Vamos a lo editorial: ¿qué puedes contarnos de tu proyecto Cosas Terribles? ¿Cómo surge y en qué punto se encuentra?

Cosas Terribles nace de la necesidad de contar una historia totalmente mía. Hasta ahora he trabajado siempre ilustrando a otros escritores, pero quería hacer algo que pudiera decir que he hecho yo. Surge sobre todo porque no sé estarme quieto, y necesito estar constantemente probando cosas nuevas. Escribir era algo que me motivaba mucho y que estoy disfrutando muchísimo, ya que es todo nuevo para mi. Es complejo, muy complejo, pero me he metido en la historia casi como si estuviese ahí dentro con todos los personajes que aparecen en la novela.

Ahora mismo está casi terminada, estoy en fase de corregir, reescribir y rematar. Y luego me pondré con las ilustraciones. Va a ser una novela para adultos, pero va a contener muchas ilustraciones, que es algo que no se ve habitualmente. Es una mezcla de novela/novela gráfica/cómic todo junto.

¿Cómo vives las colaboraciones con escritores? ¿Crees que debe haber una admiración mutua o todo es resumible al rígido compromiso profesional?

Ante todo hay que ser profesional. En ocasiones no es necesario ni siquiera hablar con el escritor. Pero si con quien trabajas es alguien a quien admiras, evidentemente es mucho mejor. En mi caso, con Juan Gómez-Jurado, que es con quién más he trabajado (más de una decena de libros), no solo tenemos una gran relación profesional, sino que además puedo decir orgulloso que nos hemos hecho grandes amigos.

Cuando comencé a trabajar con él, me exigió como no me había exigido nadie. Es el tío más perfeccionista que he conocido nunca. Pero cuando te das cuenta de que quién te pide más, sabe de lo que habla, lo haces, porque es la mejor manera de aprender. Aprender de gente inteligente supongo que te hace inteligente a ti también. Ahora cuando trabajamos juntos casi no necesitamos ni hablarnos, nos entendemos con solo mirarnos. Y esa compenetración entre escritor e ilustrador creo que luego se nota en las obras.

¿Qué tres características básicas debe tener según tu criterio un personaje -dentro de cualquier ámbito creativo- para ser atractivo? ¿Consideras relevante la censura o la restricción por edades?

Creo que ante todo debe ser creíble. Da igual si es un personaje realista o fantástico, ante todo debe transmitir verdad. Cuando un personaje está bien pensado, bien escrito y bien diseñado, gusta. En los libros, por ejemplo, debes intentar que el lector se identifique con ese personaje.

Sobre restricciones, ahí quizás no soy el más indicado para hablar, no creo en la censura. En su día, siendo aún muy pequeño, vi películas que no eran para mi edad, y no me traumatizaron ni nada de eso. A menudo tendemos a pensar que los niños son más tontos por el hecho de ser niños. Y no es así, probablemente son más despiertos y pillan más cosas que nosotros los adultos. Me parece más importante educar a un niño en la capacidad para analizar y tener una opinión propia que censurarle ciertos contenidos.           Y con los adultos ocurre lo mismo. Hay muchas ilustraciones mías que generan controversia o polémica. Pero eso es parte del arte, la generación de emociones, buenas o malas. No me gusta ser políticamente correcto, es aburrido.

Si bien vamos a dedicarle un “Conoce a” propio, ¿qué puedes adelantarnos sobre Very Mad Monkey? ¿Cuándo y por qué decides crearla? Específicamente, ¿cómo das el paso a la producción textil?

Very Mad Monkey nace única y exclusivamente por y para los fans. Llevo años recibiendo mensajes de gente que me dice que quiere una camiseta con este o aquel dibujo. Y he decidido que era el momento de que pudieran tener eso.

Como no podía ponerme a fabricar yo, busqué entre todas las plataformas existentes de venta de productos y elegí la que me pareció más interesante. Lo manufacturan ellos con mis diseños y ellos se encargan de todo, desde la impresión hasta el envío. De este modo se gana muy poco, pero no tienes que invertir nada más que tiempo. Y en realidad la tienda solo es un extra para los fans, no es algo de lo que espere convertirme en el nuevo Amancio Ortega (al menos de momento).

¿Crees que hay una oferta lo suficientemente rica para artistas que deseen exponer sus obras o la galería o el market ideal es tu animal mitológico favorito? ¿Crees que a un artista incipiente le compensa invertir en lo físico y palpable frente a lo virtualmente compartido?

Creo que hay ofertas y plataformas para casi todos los gustos y necesidades. Pero hay que tener los pies en el suelo, no es fácil poder vivir solo de vender tu arte en internet. Hoy en día creo que el artista tiene que ir picando de aquí y de allá. Yo vivo de los encargos de clientes, sobre todo de diseño industrial. Luego tengo esos extras que son la ilustración editorial, la tienda o mi próximo libro.

¿Qué consejo le darías a ese ilustrador que adora lo que hace pero teme que no guste a los demás?

Que muestre lo que hace sin temor alguno. Puede recibir críticas de todo tipo, pero es que de la crítica también se aprende mucho. Además pienso que ilustrar y guardar esas ilustraciones en un cajón no tiene sentido. El arte es para enseñarlo. Imagina qué hubiera pasado si Picasso no hubiera sacado sus cuadros de casa, lo que nos habríamos perdido. Es casi una obligación mostrar lo que haces, nunca sabes quién te va a ver o a quién le vas a gustar.

¿Crees en los límites artísticos? ¿Y en los límites del humor y la caricatura?

No me gustan los límites, ni en el arte ni en la vida. Obviamente hay líneas rojas que no hay que cruzar. Si me enseñas una ilustración que apoye, por ejemplo, el machismo, el racismo o la homofobia, escupiré en ella. Pero el humor, la caricatura o la crítica social son muy importantes. Aunque si que os diré que últimamente sí noto que vivimos en una dictadura de lo políticamente correcto que no me gusta. La gente se ofende casi por todo y eso no creo que sea bueno para nadie, ni para el arte tampoco.

¿Qué proyectos tienes a corto, medio y largo plazo? Este espacio es tuyo para que promociones o anuncies lo que te apetezca.

Tengo muchos, la verdad. Estoy metido en varios proyectos de diseño de juguetes. También estoy trabajando en el mundo del cine, aunque no pueda decir más. Y, por supuesto, en unos cuantos proyectos editoriales. Aunque quizás lo que más ilusión me haga para 2020 sea la publicación de Cosas Terribles, la cual espero que esté a la venta para verano.

-Acabamos con un bombardeo:

¿Estilo de cocina favorito?

No es un estilo, es un plato: amo la paella.

Aunque la comida japonesa me gusta mucho.

Una película de infancia y una canción de adolescencia.

Indiana Jones, cualquiera de las tres primeras.

Y canción, Zero. De Smashing Pumpkins.

¿En qué crees?

En el amor. En nada más.

Un referente de antaño y un referente actual.

De antaño, Georges Remi (Hergé) y actual… No sabría decir, son muchos.

Un defecto, un vicio y una pasión no vinculada a tu profesión.

Trabajo demasiado y descuido otras cosas.

Fumar.

La música.

Un miedo y un anhelo.

Que le ocurra algo malo a gente que quiero.

Y anhelo: que seamos capaces de dejar un mundo mejor, cosa que no parece que vaya a suceder.

¿Momento del día favorito? ¿Y época del año?

La noche y el invierno, a ser posible con mucha lluvia y frío.

Van a leer esta entrevista, por lo tanto: un agradecimiento, un reproche y una disculpa a quienes quieras.

El agradecimiento es a la gente que cree en lo que hago, por ellos estoy donde estoy. No soy de reproches y tengo una camiseta que dice “me sudáis todos la polla”, así que tampoco lo soy de disculparme demasiado, jajaja.

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