Reseña-casi-celebración de
Des-naturalizaciones
Enrique Fuenteblanca
Liberoamérica, 2020

Hay libros que nos cambian, que nos empujan a la mudanza. No somos los mismos después de leerlos: Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma; Crisis, de Juan Carlos Abril; Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca… Hay algunos de este tipo. Pocos. Des-naturalizaciones asume el reto: el autor olía a escritor, el libro olía a éxito, solo faltaba marcar, hundirse en el ser, solo faltaba mudar almas.
Esta obra es la no pretendida culminación de una brillante generación artístico-literaria -si culminación supone algún tipo de connotación negativamente apocalíptica, digamos mejor sublimación, que, además, suena físico-químico, biológico, como la propia esencia de esas páginas-. El escritor venía preparado desde cuna: su manejo de los espacios y de los tiempos es cuidado hasta el extremo, milimetrado, sin nada situado al azar o por capricho; su forma de trazar la silueta de cada poema -si bien, a nuestro juicio, Des-naturalizaciones es en sí mismo un poema infinito, no acotado por límite alguno; tal vez un manifiesto- es un ejercicio de total naturalidad, paradójicamente, de pura exposición de toda la didáctica literaria asumida, comprendida y atomizada para cada fin concreto.
Y eso somos: átomos. La obra posee la cualidad de las grandes películas atmosféricas: Midsommar es la primera que nos viene a la cabeza. Te traspasa, te expone, te pone el espejo delante y te analiza atómicamente. Es imposible no sentirse desnudo, desprotegido, ridículamente jubiloso en un instante, absurdamente esperanzado al siguiente; aterrorizado ante lo que somos.
Enrique Fuenteblanca es terriblemente, hermosamente, quirúrgico.
La imagen completa de Des-naturalizaciones es más que la suma de todos sus átomos versificados. Kase.O y su Círculo. Es belleza, una belleza metalizada, una suerte de evolución de la estética clásica hacia un reencuentro con lo que siempre ha sido bello y que ahora vemos con ojos de porcelana -o con rayos gamma-; es, ante todo, algo nuestro, de nuestro tiempo, de nuestra deconstrucción, de nuestra herencia, manipulada conscientemente para ser lo que necesitamos y no lo que necesitan que seamos.
Toda palabra se hace breve para describir aquellas que nos fascinan. Inefable.