Verónica Cervilla

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¿Cómo le explicarías quién es Verónica Cervilla a un feroz alien que, si se siente decepcionado, la devorará? ¿Qué personaje de Stephen King eres?

Pues Verónica podría ser ese alien, jaja. Nunca he sabido bien responder a esa pregunta de quién soy, creo que me queda mucho tiempo para tener una respuesta acertada. Solo me salen descripciones de perfil de Tinder: introvertida, amante de los animales y del rock. Hasta hace unos años me podría identificar bastante con Carrie, una outsider que parece un bicho raro y que solo quiere encajar en lo que se supone que es normal, pero creo que con la edad me voy asimilando más a Jack Torrance. Este mundo, que se va pareciendo cada vez más al Overlook, me va a volver loca.

¿Qué cuatro momentos vitales dirías que te han marcado de manera fundamental a la hora de forjar tu carácter actual?

Mi infancia, supongo que como casi a todo el mundo, puesto que es un momento muy importante del desarrollo de la personalidad. Mis últimos años de instituto, que fue cuando tomé la decisión de dedicarme a lo que era mi vocación, escribir, y donde forjé amistades que siguen acompañándome. Los años que viví en Inglaterra fueron una bofetada de realidad en todos los sentidos, y por último el año que viví en Perú, una de las aventuras más interesantes que he vivido hasta la fecha.

¿Cómo es tu proceso creativo en cada una de las diferentes modalidades que dominas? ¿Hay varias Verónicas dentro de la escritora?

Pues ahora que lo mencionas, sí que existen conflictos entre mi yo creador y mi yo racional a la hora de escribir. Normalmente todo empieza con mucho caos, tengo una idea que me interesa y me obsesiono con ella. Pienso mucho sobre qué quiero contar, cómo, quién es el personaje que debería hacerlo, qué sé sobre él… Y a veces me dejo llevar por esa idea y otras planeo la historia primero. Soy un poco híbrido de escritora de brújula y mapa.  En guión, sobre todo, se me hace más necesario construir una escaleta antes de empezar a escribir. Al principio hacía fichas de personajes, pero últimamente lo que hago es conocer al personaje en mi cabeza, si eso tiene sentido, y acabo sintiendo que sé quién es, aunque siempre me sorprenden en algún momento.

¿Qué fue antes: tu enamoramiento de la Literatura o tu decisión de estudiar y formarte en lo que lo has hecho? ¿Cómo se ha tejido la relación entre ambos mundos desde su origen y hasta hoy?

Pues recuerdo perfectamente el momento en el que aprendí a leer porque pensé: «anda, si hay otros mundos ahí fuera». Y no dejaba de leer todo lo que caía en mis manos, revistas de mi madre o carteles que veía por la calle. Creo que me enamoré de lo que la literatura me ofrecía como vía de escape para mi propia creatividad. Y a partir de ahí, fui entrelazando ambas facetas. Leer y escribir para mí siempre han ido de la mano. Debo decir que, además, nunca he separado literatura de cine. Me considero escritora, el formato no me importa. Cada uno ofrece algo especial, así que fue más o menos con diez años cuando le dije a mi madre que quería ser escritora de mayor y empecé a escribir mis propios guiones y relatos.

¿Cómo es tu experiencia como profesora de narrativa audiovisual? ¿Qué es lo que más te satisface de ello y qué es lo más complicado de la profesión?

Me apasiona hablar de cómo se utilizan los elementos que nos ofrece el audiovisual para tejer una historia que nos atrape. Disfruto mucho viendo cómo mis alumnos descubren que todo lo que un equipo ha colocado en la película no está ahí porque sí, porque lo dice el director y punto, sino que sirve a un propósito mayor, que es el de contar esa historia. Lo más complicado es enseñar a pensar a los alumnos. Creo que durante tanto tiempo nos hemos dedicado a darles material para memorizar y hemos olvidado enseñarles a usar el pensamiento crítico y abstracto, a leer entre líneas, a profundizar. Ahora con el uso de redes sociales y la sobreestimulación, les cuesta cada vez más concentrarse y abstraerse del mundo, y la parte creativa necesita silencio para resurgir.

¿Se puede enseñar a escribir? ¿Qué opinión te merecen los cursos de Escritura Creativa? Por otro lado, ¿sientes desde tu experiencia que se escribe diferente una historia que se presenta a un certamen literario?

Se puede enseñar a escribir en cuanto a la técnica, al igual que se podría enseñar a dibujar o a cocinar. Dicen que casi todo es un 90% de trabajo y un 10% de talento, pero ese pequeño porcentaje de talento es lo que marca la diferencia muchas veces, en mi opinión. Es cierto que para lo que ahora llaman «triunfar» hacen falta otras cosas y que a veces llegan los que carecen de ese talento, pero hablamos de escribir algo que deje huella, eso requiere algo especial que debe trabajarse. Los cursos de escritura creativa son una buena herramienta para practicar y mejorar. La creatividad se ejercita como un músculo, así que cuanto más la entrenemos, más fácil podremos acceder a ella.

En cuanto a los certámenes literarios, en mi caso, lo único que me limita es el tema propuesto, pero no suelo plantearme ni quién es el jurado, qué género está más de moda o si debo incluir esto que me dará puntos. Entiendo que otras personas lo tengan en cuenta, pero a mí no me ha servido de nada en el pasado y al final siento que no escribo de lo que me apetece y la experiencia acaba por no servirme para nada.

¿Cómo valoras el mercado editorial actual, especialmente en lo concerniente a la literatura de género?

Valoro positivamente que hayan surgido iniciativas y editoriales especializadas, sobre todo en España, que se estén esforzando por dar a este tipo de literatura el lugar que merece. Cuando empecé con Tártarus no era el caso y prácticamente estábamos solos, salvo alguna iniciativa como «Leo fantasía en español». Cada vez se da más oportunidad a escritores desconocidos y se promueve lo que se escribe en España y Latinoamérica, con lo cual creo que vamos por el buen camino. Siempre hay aspectos que mejorar, pero poco a poco se va creando una comunidad muy interesante y eso es positivo.

¿Cuál es tu definición de Terror? ¿Qué elementos debe contener una novela para provocarte angustia? En el plano cinéfilo, ¿modelo Psicosis o modelo Midsommar?

Para mí el terror es la puerta hacia esas partes oscuras de nosotros o del mundo sobre las que no queremos hablar o que desconocemos. Creo que por eso es tan difícil crear una buena obra, ya sea audiovisual o literaria, de terror. Para eso hay que bucear en sitios donde no nos gusta estar y a veces pasarlo mal, pero el terror nos libera y nos da respuestas a preguntas que nos llevamos haciendo siglos. Para que una novela me provoque angustia necesito un personaje con el que identificarme y eso no quiere decir que el personaje se parezca a mí, sino que pueda ponerme en sus zapatos. Las descripciones más o menos sangrientas o las apariciones sobrenaturales son lo de menos. Creo que lo que nos asusta cuando vemos una película de miedo es que ese personaje que huye de un asesino, el que se está volviendo loco o quien acaba obsesionándose con algo en particular que lo acaba destruyendo, por poner ejemplos, podríamos ser nosotros mismos.

Me obligais a elegir entre dos grandes películas, pero me voy a mojar. Desde que vi Hereditary me he declarado fan de Ari Aster, así que voy con Midsommar. Sigo maravillada con la profundidad que da a sus personajes, de esa composición de planos que son cuadros de museo y de la capacidad narrativa que posee. Sé que muchos dirán que se ha inspirado de The wicker man y que tiene poco mérito, pero que una historia ya se haya contado no significa que Midsommar no sea una masterclass de cine en sí misma.

¿Consideras que la Fantasía ha tendido a romantizar e infantilizar la figura de la mujer y la Ciencia Ficción ha tendido a empoderarla, a heroizarla? ¿Crees que ha cambiado la opinión del público hacia Disney en los últimos tiempos al reanalizar su tratamiento del personaje femenino?

Creo que todo lo artístico ha pecado de infantilizar y romantizar a la figura femenina y que, cuando se ha intentado hacer lo contrario, a veces se ha acabado creando un personaje tan fuerte que parece de hielo, que no tiene debilidades y que, por lo tanto, sigue siendo tan plano como el estereotipo del que quería alejarse. La Ciencia Ficción ha tenido aciertos en este sentido, como la protagonista de Alien, la teniente Ripley, o incluso diría que la replicante de Blade Runner. Disney está haciendo esfuerzos por alejarse de los cuentos de hadas clásicos, afortunadamente, y en mi opinión va dando pasos en positivo, al igual que Pixar.  No les queda otra si quieren tener los pies en el siglo XXI.

¿Cómo construyes tus personajes?; ¿a cuál le tienes especial cariño? ¿Cuánto autobiografismo, directo o indirecto -contextual-, hay en tus obras?

Mis personajes tienen trocitos de personas que han pasado por mi vida, de gente con la que me cruzo, de personas que me llaman la atención en algún momento. Soy muy observadora en ese sentido. Me gusta sentarme a esperar el autobús y fijarme en la gente que hay en la estación, en lo que hacen, lo que dicen… Será deformación profesional, jeje.

Hay un personaje que me ha encantado crear y conocer. Se llama Mitica y es la protagonista de mi próxima novela, que verá la luz a finales de año, si todo va bien. Aún no he contado mucho sobre esta historia, pero puedo decir que es un personaje impredecible, una antiheroína de esas que no puedes evitar querer, aunque a veces se equivoquen.

En mis obras hay mucha parte autobiográfica indirecta. Al fin y al cabo, escribo sobre lo que me interesa a mí y utilizo lo que he vivido, aunque lo sitúe en un mundo imaginario. Creo que conforme lees mis relatos, novelas o los guiones que he escrito, se puede ver qué me ha ido preocupando y quién era en el momento que lo escribí. Ahora estoy trabajando en una novela que podría ser, hasta la fecha, la más personal y con algunas escenas autobiográficas directas porque forman parte de un tema del que tengo muchas ganas de hablar…

Desde el punto de vista del creador, ¿son muy diferentes el teatro y el cine?      ¿Cuál dirías que es más complejo de materializar gráficamente? ¿Está el cortometraje tan infravalorado como parece?

Desde el punto de vista del proceso creativo sí que son diferentes. No contamos con los mismos elementos para contar nuestra historia, por lo que hay que pensar desde otra perspectiva. En teatro se juega mucho con el público, con la imaginación (no siempre hay decorado realista, por ejemplo) y se habla y dialoga de otra manera. En cine, las imágenes ya cuentan historias y la acción y el diálogo debe ser lo más natural posible o acaba sacándonos de la historia. Cada uno tiene su complejidad, si bien es cierto que montar una película conlleva un proceso de preproducción y producción mucho más largo en el tiempo por la propia característica del formato.

Fíjate que yo creo que el cortometraje está resurgiendo de sus cenizas. Ahora que lo queremos todo rápido y breve y que consumimos muchísimo más contenido que hace unos años, la ficción corta está en auge. Incluso las series empiezan a recortar minutos.    Los festivales son cada vez más accesibles al público general y hay muy buenos cortometrajistas en España que están dejando este formato en lo más alto.

Participas en nuestra antología El Tercer Ombligo de Cerbero con tu relato El Candelabro del Diablo: ¿cómo afrontaste este reto y por qué lo hiciste con El Candelabro del Diablo? Nos fascinó su ambientación western: ¿fue un afortunado experimento creativo o una demostración de conocimiento de la estética?

El Candelabro del Diablo fue una aventura en la que me embarqué porque me fascina          la leyenda de la mano de Lorian o la mano del ahorcado—tiene varios nombres según la tradición oral—y esto viene de mi fascinación por la brujería, más desde el punto de vista antropológico que exotérico. Aunque es cierto que me siento muy cómoda en este tipo de ambientación, quería también darle una vuelta de tuerca y contarlo desde otra perspectiva, y me lancé a la piscina. Parece que no me salió del todo mal porque me hacía mucha ilusión ser parte de la antología.

¿Cómo ha evolucionado Revista Tártarus desde su origen hasta hoy? ¿Cómo lo has hecho tú como su directora? ¿Qué le reporta este proyecto a tu faceta como escritora?

Tártarus ha dado un giro completo en estos cinco años, en gran parte gracias al equipo que lo forma, que la ha nutrido con su talento y sabiduría. Creo que mi mérito es más el haberlos encontrado por el camino y haberlos convencido de subirse a esta locura conmigo. Hemos pasado de ser dos personas con mucha ilusión y poca formación editorial a convertirnos en un equipo completamente profesional y creo que eso se nota en la evolución tanto de contenido como visual de cada número. He aprendido mucho sobre cómo organizar un equipo, cómo confeccionar un producto editorial, cómo seleccionar contenidos. Seguramente sea en esto último en lo que mi faceta de escritora me ha sido más útil. Mi experiencia en este sentido me ayuda a ver qué puede ser interesante para los lectores, qué sucede en el mundo editorial que necesita un poco de apoyo, qué autores siguen ocultos y necesitan ver la luz…

¿Qué proyectos tienes a corto, medio y largo plazo?

A corto plazo estoy terminando una novela de terror, que espero tenga un primer borrador para finales de mayo, y estoy inmersa en preparar el lanzamiento de mi última novela para finales de año, que será de fantasía oscura, se llama «La bruja de Biertan» y en la que me sumerjo por completo en ese tema que ya comenté que me fascina, la brujería, pero desde un punto de vista diferente y dejando a un lado los estereotipos que tanto han calado y que tienen tan poco que ver con la figura de la bruja en la Historia. Creo que las dos son novelas que van a sorprender por razones diferentes, y adelanto que para escribir una de ellas me pasé un verano en Transilvania (muy recomendable, por cierto).

A largo plazo, estoy trabajando en un guión de largometraje que está casi a punto de empezar su preproducción y en una serie de televisión muy interesante, basada en relatos de autores y autoras de terror de distintos momentos de la Historia de la humanidad. Ambos proyectos están dentro del género de terror y espero que este virus nos deje pronto ponernos manos a la obra con el rodaje.

Concluimos con este bombardeo amistoso:

–*¿Qué conservas de tu yo de hace diez años y qué has desechado?

Conservo la constancia y la persistencia, no sé cómo, la verdad. El caso es que cada vez que me vengo abajo y pienso en dejarlo todo, creo que es esta parte de mí la que se niega.   Y he desechado la necesidad de aprobación. Hace mucho tiempo que comprendí que no se le puede gustar a todo el mundo y que se pierde mucha energía intentándolo.

–*¿Qué época histórica te hubiera gustado vivir? ¿Qué personaje histórico resucitarías? ¿Cuál es tu villano favorito (bien en cine, bien en literatura)?

En la época victoriana, sin duda. No creo que sorprenda mucho mi respuesta, sabiéndose mi obsesión por el terror. Ese fue el momento más prolífico del género con diferencia y, además, viene a colación con el personaje que resucitaría. Me encantaría tomarme un café con Bram Stoker y que me contara cómo escribió esa maravilla que es Drácula, y sobre su vida que fue bastante interesante y no se cuenta tan a menudo. Supongo que con esto ya habréis adivinado mi villano favorito. Me parece que Drácula es un fenómeno que ha superado las expectativas de cualquier escritor y editor. No creo que fuera posible predecir  la repercusión que iba a tener en la literatura, en el cine y en otros ámbitos de la cultura y la civilización, y todo eso siendo un ser que encarna todos los vicios y defectos que  la humanidad siempre ha rechazado. Tiene mérito, eh.

–*¿Cómo ordenas tu biblioteca?

Normalmente por géneros, pero cuando me empieza a faltar espacio, como puedo.

–*¿Cuál es tu concepción de Arte? ¿Cuál es tu ideal de Belleza?

El arte es una vía de escape, una forma de canalizar lo que no podemos expresar de otra forma, es una necesidad de salud mental. Una escritora compañera me dijo una vez que si todos encontráramos nuestra forma de arte a través de la que expresarnos habría muy pocos criminales y asesinos en el mundo, y me inclino a pensar que tenía razón. Respecto a la belleza, hace tiempo que no me planteo cuál es mi ideal porque tampoco lo tengo muy claro. Hay obras que me atraen poderosamente que no se parecen en nada con otras que me causan el mismo efecto. Supongo que tiene que ver con algo más allá que la pura belleza estética.

–*Dinos tres palabras que te encanten y tres palabras que te repugnen. En español y en inglés, por favor.

En inglés, me gustan las palabras que suenan extrañas o que no tienen equivalente exacto con el español, como «Worcestershire» (prueba a decirlo, risas aseguradas), «melliflous» y «cherish». La mayoría de las palabras en inglés que no me gustan suelen ser insultos que conllevan connotaciones muy machistas, que no sé si debo escribir aquí, jaja.

En español, hay algunas palabras que me encanta como suenan, como «sempiterno», las que nos conectan con nuestro pasado como civilización, como «ojalá», y otras cuyo significado es tan específico que resulta interesante, como «petricor». Me pasa un poco como con el inglés en cuanto a palabras que no me gustan o no uso, como «cuarentona», «solterona» o «bastardo».

–*¿Con qué cuatro herramientas básicas te enfrentarías a un apocalipsis zombi?

Con un montón de libros y películas, comida en lata y mis perros. No creo que saliera de mi sótano; no tengo rifle para disparar ni sé luchar como Alice en Resident Evil. Aunque admito que me podrían las ganas de grabarlo todo y al final quizás me acabarían mordiendo.

–*Confiésales a nuestros lectores:

a) un miedo: 

Las alturas. Suena a tópico, pero me afecta hasta el punto de que no visité Machupichu porque no era capaz de subir hasta allí.

b) un vicio: 

El té. Bebo cantidades ingentes de té de todas clases.

c) una habilidad socialmente subestimada: 

La de apreciar el silencio. Mucha gente no entiende esta característica de los introvertidos, pero es esencial para poder crear.

d) una manía molesta: 

Ordenar la lista de la compra en función de los pasillos del súper (pero es súper útil, probadlo, jaja).

e) un sueño cumplido: 

Haber estado en el Amazonas y conocer cómo viven de verdad las comunidades indígenas.

–*Recomiéndales:

a) tres novelas de género FTCF: 

Un cuento Oscuro, de Naomi Novik; Casa de Muñecas, de Patricia Esteban; El exorcista, de William Peter Blatty.

b) tres autoras de FTCF: 

Shirley Jackson, Mariana Palova y Angela Carter.

c) tres editoriales: 

Triskel, Impedimenta y Biblioteca de Carfax.

d) tres librerías: 

Entrelibros (en mi ciudad); Pasajes (Madrid); The winding stair (Dublín).

e) tres series: 

Hill House; El visitante; Sabrina (primera temporada).

f) una ciudad para vivir, otra para veranear y otra para pasar miedo: 

Para vivir, Dublín; para veranear, Nantes; para pasar miedo, depende un poco de lo que te asuste, pero Transilvania tiene pueblecitos muy interesantes.

–*Envíales un mensaje a la persona que más quieres, otro a tus lectores y otro a tu yo de 2030. ¡Muchas gracias por tu tiempo!

A mi hermano: sigue trabajando, que pronto lo vas a conseguir. Estoy segura.

A mis lectores: gracias por seguir ahí, espero estar a la altura y que disfrutéis de mis historias.

A mi yo del 2030: Has llegado hasta aquí después de ese 2020 desastroso, eres una superviviente, no lo olvides.

fbt

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