Lilu Izar

¿Cuándo comienzas a ejercer Trabajo Sexual y cómo valoras su situación social actual en lo que respecta a derechos y estigmas?

Empecé en 2013 con 23-24 años haciendo webcam para pagarme los estudios. En menos de tres meses vi que no era lo mío, pero la parte sexual no me disgustaba. Eran más bien las condiciones en el sitio en el que estaba y que a distancia con gente anónima no sabía con quién estaba hablando y eso me daba ansiedad. Pero la gente en general era agradable y empezó a romper un poco mis esquemas respecto a la idea de que el cliente de trabajo sexual siempre es violento y desagradable. La mayoría eran tímidos y tranquilos.

Tras esta entrada inicial me metí directamente a una “casa de relax” en Barcelona. Tenía curiosidad y miedo a partes iguales, porque creía que pasar de online a persona real cambiaría el comportamiento de los clientes, pero nada más lejos de la realidad. No solo eran los mismos, gente normal y corriente, sino que en persona tenía la ventaja de poder leerles las intenciones con mucha más facilidad que por la webcam. Allí vi que el trabajo sexual que me gusta es en persona. En este local sí estuve a gusto con el trato, pero los horarios me retorcían mucho el sueño así que eventualmente lo tuve que dejar.

Después de terminar mis estudios, empezar en mi carrera de artista para videojuegos fuera de España y ver que esa industria era tan explotadora como la hostelería, volví a Barcelona y me metí en un piso de masajes eróticos. Nuevamente el trabajo en sí me gustaba, pero las condiciones, no. No estaba cerrada a la idea de tener sexo, pero en ese local no se ofrecía. Aunque tuve varias ofertas “por debajo de la mesa” por parte de clientes que me tentaron mucho, en aquel entonces tenía pareja y lo que habíamos consensuado era que masajes eróticos era nuestro límite.

Tras este y otro local de masajes finalmente decidí hacerme escort independiente. El trabajo me gustaba, pero veía que siempre que hubiera alguien gestionando una parte no iba a estar cómoda del todo. Quería control absoluto de mi vida y trabajo. Los inicios fueron caóticos porque de repente tienes que decidir tus tarifas y condiciones y que no te tomen por el pito del sereno. No tenía ni idea de lo que era un “timewaster” (en España los solemos llamar “curiosos” o “pajilleros” pero “TW” se está aceptando cada vez más) hasta que me hice independiente. En el local te acostumbras a que un cliente entre y contrate un servicio, y si no contrata ninguno y se va suele ser porque nadie le gusta. Alguna vez aparecía un pajillero que quería solo mirar a las mujeres en el paseíllo y después irse, pero era una ocurrencia muy rara. 

Al pasar al teléfono y el e-mail, la cantidad de curiosos se dispara. La gente que tiene la capacidad de acceder a la atención de una escort con un esfuerzo mínimo se hace evidente y tienes que aprender a filtrar quién va en serio y quién, no. Con el tiempo y los años de experiencia acabas pillando las “red flags” al vuelo y sabiendo desde el primer mensaje si esa persona tiene intención de contratar de verdad o solo quiere que lo entretengas gratis. En los grupos de apoyo intentamos enseñar a las trabajadoras más nuevas cuáles son esas red flags para que las tengan en cuenta hasta que desarrollen su propia intuición.

Precisamente este problema está derivado de la falta de reconocimiento y derechos. He sido freelancer anteriormente, como artista digital, y no he tenido nunca ni de lejos el volumen de mensajes que no terminan siendo clientes que se tiene como escort. Si la sociedad cree que nuestro trabajo “no es real”, anima a la gente a que nos tome el pelo, se ria de nosotras, nos vacile, nos escriba para hacernos perder el tiempo o insultarnos, o intente sacarnos sexo gratis. Como “el sexo no es un trabajo”, hay gente que se niega a pagar por el pero lo quiere obtener igualmente. El principal objetivo de los derechos para las trabajadoras sexuales es la seguridad ejerciendo, pero una consecuencia secundaria de obtenerlos sería que paulatinamente la sociedad dejaría de vernos como seres inferiores e idiotas de los que aprovecharse (para cualquier objetivo, sea las pajas de uno o las organizaciones que piden dinero al gobierno con la excusa de salvar a las putas para las que no ofrecen soluciones realistas) y más como trabajadoras reales con unas condiciones que han de ser respetadas como las de cualquier otro trabajador. 

La situación respecto a derechos y estigmas, aunque varía en función del país y sus movimientos sociales, es más o menos similar para todas. La falta de derechos laborales hace que podamos ser pasto de “managers” fácilmente y sin derecho a réplica legal. Los clubes pueden imponer las normas que les dé la gana porque saben que no tenemos manera ninguna de denunciar sus abusos ya que “no somos trabajadoras reales”. La retórica abolicionista de que no es un trabajo le viene de perlas a los dueños de pisos y clubes. Ah! Como “no es un trabajo” entonces puede imponer las condiciones que le dé la gana y si no te gusta, puerta, que hay más putas fuera. Como “no es un trabajo” no tienes manera de denunciar ante un juez que las condiciones que el local impone van contra los derechos laborales. O las tomas o te vas y te buscas la vida.

Por poner un ejemplo, en Nueva Zelanda, país donde sí está reconocido como trabajo (aunque el modelo no sea perfecto, es el que ha demostrado funcionar mejor hasta ahora) una trabajadora denunció por abuso al dueño del local en el que ejercía y ganó. El local tuvo que indemnizarla, como habría tenido que hacerlo cualquier empresa que abuse de un empleado. Eso en cualquier país donde no está reconocido como trabajo es directamente imposible. Las trabajadoras tienen que seguir aceptando mierda porque nadie le para los pies a los dueños de locales. El ideal que contemplan es que “no existan” dichos locales. Qué más quisiera yo, trabajadora independiente, que que no existieran y que todas las putas fuéramos independientes. Que la figura del empresario, manager, madame, agencia y proxeneta no existieran. El paraíso.

Pero no vivo en el paraíso, vivo en el planeta tierra, donde si no existe renta básica universal, no existe apoyo real a la discapacidad y a las personas que cuidan a familiares con necesidad, no existe una realidad laboral compatible con las personas neurodivergentes, no hay suficiente lucha contra la transfobia, lgtbifobia, el racismo y un largo etcétera de condiciones necesarias para que nadie tenga que aceptar un trabajo de mierda, sea el que sea, para poder sobrevivir; de nada sirve tener ideas de unicornios donde los clubes mágicamente dejan de existir y no se acepta ninguna otra solución que no sea esa. Es o todo o nada. Y todo lo de en medio, que somos las personas que realmente estamos ahí dentro implicadas trabajando, vemos como por no poder darnos el “todo” (que no existan los clubes, que no exista el TS), nos dejan con la nada. Sin derechos, sin manera de defendernos ante los abusos, en muchos países (modelos sueco y prohibicionista) sin poder siquiera contactar con la policía sin correr el riesgo de que te afecte a ti como trabajadora, cuando no has hecho otra cosa que intentar sobrevivir como cualquiera.

La retórica de que necesitamos ser salvadas y que el Trabajo Sexual “no debería existir” es peligrosa. Sin arreglar primero los condicionantes que hacen a la gente entrar en el Trabajo Sexual no vas a erradicarlo. Nunca. Y después de eso tampoco vas a erradicar a quien prefiere ejercerlo por encima de otras opciones. Intentar hacer que desaparezca algo que se ejerce por necesidad sin eliminar primero la existencia de la necesidad es similar a intentar prohibir el aborto. No vas a hacer que deje de ocurrir, vas a hacer que cuando ocurra sea mucho más peligroso.

Y no nos vale el manido “pero el modelo sueco garantiza alternativas para las putas”. Es, en el mejor de los casos, ingenuo de cojones, y en el peor, mentira paternalista porque considera que “ayudarte a rellenar papeles del INEM” u ofrecer empleos hiper precarios en sectores feminizados y empobrecidos tales como costura o limpieza de habitaciones de hoteles es una alternativa viable. Como si no lo hubiéramos hecho ya antes, como si no hubiera centenares de putas que vienen precisamente de ser costureras y camareras de pisos hasta el coño de no llegar a fin de mes en condiciones abusivas. Esto también es parte del estigma, la idea de que somos tan tontas, tan poco educadas y tan despojos humanos; que a la mínima que nos enseñen a enhebrar una aguja o hacer una cama ya nos están salvando. La mayoría de putas que he conocido en todos estos años les dan mil vueltas en inteligencia, supervivencia y habilidades a muchas personas que no ejercen y se creen más listas por “no haber acabado de puta”.

¿Por qué acaban de putas entonces? Racismo, transfobia, lgtbifobia, migración, pobreza extrema, neurodivergencia. Una persona racializada, trans, queer, migrante, pobre o neurodivergente no es más tonta, no tiene menos habilidades o menos conocimientos por serlo. Pero si tiene menos acceso a recursos y eso es uno de los puntos de entrada al Trabajo Sexual. Basta de tratarnos como si estas condiciones supusieran que necesitamos aprender a hacer camas durante 12 horas teniendo que medicarnos por el dolor de las articulaciones para poder ser “salvadas” de aquello que nos ha dado una oportunidad de poder vivir en esta sociedad.

¿Cómo entiendes la relación entre Trabajo Sexual y Feminismo? ¿Cómo percibes la sororidad que se le presupone al conjunto de personas dedicadas al Trabajo Sexual? ¿Qué referentes ideológico-sociales tienes?

Siguiendo desde la pregunta anterior, el trabajo sexual debe ser uno de los pilares de la lucha del feminismo junto con el trabajo y servicio doméstico, el cuidado de ancianos y personas vulnerables y cualquier otro sector altamente feminizado y propenso a recibir abuso. En mi caso incluso incluyo aquellos que no están tan feminizados pero sí son altamente abusivos como la recogida agrícola, la hostelería y similares. La lucha por derechos laborales debe ser transversal y estar incluida en el feminismo.

Hilando con lo que comenté antes de aquellos que intentan que los entretengas gratis, encuentro un punto interesante aquí para el feminismo. Por mucha crítica que se lleve cobrar por sexo, siguen existiendo otras maneras de pagar que sin embargo no son tan mal vistas. Los hombres que pretenden tener sexo al final de una velada “porque han pagado la cena y el champán” no dejan de ser intentos de cliente mas escondidos. Las mujeres que “recompensan” a sus maridos con sexo cuando estos hacen las tareas que ya les deberían corresponder de base por convivir en una casa, también están utilizando el sexo como moneda de cambio. Porque no se intercambien billetes no implica que el sexo no sea transaccional. Incluso cuando hablamos de deseo mutuo existe la transacción del deseo. Y por eso lo importante es el consentimiento, no el deseo. Puedes consentir a tener sexo porque alguien te atrae físicamente, o porque te gusta su personalidad (o ambas), o porque obtienes algo a cambio, ya sea dinero, estatus, acceso a algo que quieres o necesitas, atención, adoración, etc. Todo son monedas.

Es este punto en el que me di cuenta de cuánto sexo había “regalado” a personas que no me compensaron de ninguna manera. La compensación más básica habría sido que yo también hubiera disfrutado. Pero si no tenían intención de hacerme disfrutar a mi también, pues qué menos que compensarlo de otra manera.  Si volviera atrás habría querido que me pagaran todos aquellos que follaron conmigo consiguiéndolo con engaños, cenas y promesas vacías. Esas monedas de cambio no tenían valor alguno.

Por supuesto también he disfrutado con mucho sexo gratis y varias de las parejas que he tenido, pero también te digo que disfruto mas del sexo en general, sea cobrando o sin cobrar, ahora que se que tiene un valor y que no lo voy a volver a intercambiar por palabras sin valor alguno. 

Y este es un punto interesante, el como muchos hombres creen que el sexo debería ser gratis, pero en todo tipo de transacciones. Muchos se dedican a intentar engañar en lugar de ofrecer algo a cambio. No quieren ofrecer deseo mutuo ni cuidados ni compromiso ni dinero. El sexo es cosa de dos (o mas) personas que deberían estar de acuerdo en los términos bajo los que tienen sexo, sean los que sean. Si uno está intentando llevarse todo el pastel sin que el otro sea compensado, eso es lo que me parece mal. Y no cual es la moneda de cambio elegida.

Otro punto importante del feminismo es, dejando de lado el sexo, la parte del trabajo. Este trabajo se ejerce en gran medida debido a necesidad económica (como la inmensa mayoría de trabajos, no digo nada nuevo) y tiene una feminización y precarización importante. A eso le sumamos el no reconocimiento de la actividad y es echar más sal en la herida. El feminismo debe estar del lado de las trabajadoras sexuales y darles voz, como se la debe dar a las trabajadoras precarias en otros sectores, especialmente los feminizados. Debe ser transversal y entender que si entramos aquí por necesidad, lo último que nos importa son las teorías académicas sobre el deseo por parte de señoras blancas cómodamente ensillonadas en su privilegio de no tener que ejercer trabajo sexual por necesidad. A muchas putas el deseo se la pela. Así de claro. Lo que quieren es trabajar y tener derechos mientras trabajan. Y si quieren dejar el trabajo sexual que puedan dejarlo con seguridad y una salida realista, no con la ultraprecarización de la que ya venían previamente.

Hay cierta ala del feminismo que no es realista en absoluto, que no se digna a bajar a donde estamos las personas ejerciendo trabajo sexual por necesidad económica, racismo, transfobia o capacitismo y entender nuestras motivaciones y vidas. Utilizan nuestras necesidades como munición para su discurso, pero no les preocupan lo más mínimo.

Si tanto les preocupara que la pobreza es un punto de entrada para ser puta, estarían trabajando por implementar la renta básica universal y políticas públicas anti pobreza.

Si tanto les preocupara que el racismo y la xenofobia son puntos de entrada para ser puta, estarían trabajando por implementar políticas anti-racistas y por denunciar el abuso de las leyes de extranjería y el trato policial a víctimas de trata que son deportadas de vuelta a sus países de origen desde donde vuelven a ser traficadas.

Si tanto les preocupara que la lgtbifobia y la transfobia sean un punto de entrada para ser puta, estarían escuchando a las personas LGTBIQ (especialmente trans) y otorgándoles derechos en lugar de aunarse con las personas que se los quieren quitar. En inglés solemos decir “Scratch a TERF (transexcluyente), find a SWERF (putaexcluyente)”. No puedes pretender denunciar que la prostitución está llena de personas en situaciones de necesidad extrema mientras contribuyes a crear esas condiciones con tu transfobia.

Si tanto les preocupara que ser una persona discapacitada sea un punto de entrada en la prostitución, estarían trabajando por políticas que cambien nuestro entorno laboral para que no sea tan rígido y permita un acceso fluido a personas neurodivergentes y/o con discapacidades físicas. De nada sirve que nos den clases de costura o hacer camas de hotel si nuestras condiciones físicas y mentales van a seguir siendo las mismas y las condiciones laborales nos van a seguir excluyendo porque no encajamos.

Si tu feminismo no es interseccional, si no incluyes a personas con vivencias completamente diferentes a las tuyas pero igualmente válidas y si dejas de lado a todas las que están por debajo de ti en privilegios porque no puedes entender por qué elegirían lo que han elegido; entonces me bajo de tu feminismo y me subo en el que sí que entiende la diversidad como punto central para conseguir una igualdad plena. Y me va a dar igual que no lo quieras llamar feminismo. Cómetelo con patatas.

Mis referentes tienden a ser putas en activo que hacen un gran trabajo de divulgación más de académicas. Diría que de las “conocidas” principalmente Virginie Despentes. Y de trabajadoras en activo con las que además he tenido el gusto de hablar en privado y conocerlas más directamente, Juno Mac Y Grace Sumner. Grace especialmente hace un trabajo brutal enseñando como hablar de derechos para las trabajadoras sexuales no tiene absolutamente nada que ver con pintarlo de color rosa, decir que es super chachi ni ser escort de lujo bañada en regalos. Grace es una ex-trabajadora de trabajo sexual de calle y polígono, que siempre ha querido salir del mismo y ha luchado contra su drogadicción. Vamos, es literalmente el ejemplo que te ponen cuando hablas desde una posición más cómoda como la mía y te dicen “vete a hablar con las del polígono que se drogan”, pensando que van a decir algo distinto a lo que decimos las demás. Resulta que ya hablamos con ellas, los discursos de las que ejercemos algún tipo de activismo están literalmente basados en personas como Grace, en el trabajo sexual mas precario. Tiene un blog (en inglés) completísimo con entradas muy variadas e interesantes: https://street-hooker.com/

Juno Mac ha coescrito con Molly Smith el libro “Revolting Prostitutes”, lectura prácticamente obligada si se quiere hablar sobre la lucha por los derechos de las putas con datos en la mano.

En cuanto a la sororidad, tengo que decir que en ningún otro grupo me he sentido más arropada que entre trabajadoras sexuales. Aquí dentro hay algunas de las personas mas amables, educadas, fuertes y comprensivas que he conocido nunca. La naturaleza de nuestra situación y la existencia del estigma hacen que entendamos mucho mejor que necesita una compañera. El que la sociedad nos trate con prejuicios y tópicos hace que tengamos más cuidado al entender la situación de una compañera que tiene vivencias distintas a las nuestras. Por supuesto que hay roces, hay algo que en inglés llamamos “whorearchy”, que sería algo como “jerarquía de puta” y hace referencia al clasismo que a veces ocurre aquí dentro por pertenecer a distintos niveles de trabajo sexual. Generalmente viene por parte de personas privilegiadas que pueden ejercer en rangos económicos altos y que miran por encima del hombro a aquellas que tienen menos recursos u opciones para sobrevivir y tienen que aceptar condiciones o clientes peores.

¿Qué consideras que abarca el concepto de “sexo” y dónde sitúas sus límites? ¿Qué papel crees que juega el ámbito del porno en la forma en la que se construyen los escenarios, las fantasías y las expectativas de los encuentros sexuales?

El límite principal del sexo es el consentimiento. Y el consentimiento todavía está muy mal entendido entre la sociedad. Todavía hay mucha gente que cree que vendemos consentimiento por dinero. Eso es un error. El consentimiento no es algo que se da una vez y ya está. El consentimiento tiene que ser siempre informado, constante y revocable en cualquier momento y por cualquier razón. La narrativa de que vendemos el consentimiento no solo es falsa si no que además es peligrosa. Le dice a la sociedad que una vez se nos ha pagado “se puede hacer lo que sea porque se ha consentido”. No, no y no. Consentimos a sexo bajo ciertas condiciones que imponemos lo mejor que nuestras situaciones nos permiten, y lo ideal sería poder imponerlas siempre. Si no se imponen no es porque se haya pagado, sino porque no todo el mundo puede permitirse negarse. Y el problema está en no poder permitírselo, no en que a cualquiera que le paguen se le anule su derecho a decir no.

Tenemos derecho a negarnos a continuar si no queremos, por mucho que nos hayan pagado. Pagar no compra la falta de respeto y la incomodidad. Precisamente el modelo que defendemos continúa garantizando este derecho. Uno de los argumentos habituales para decir que no debería ser un trabajo es que si te pagan implica que estas forzado a hacer lo que quiera el cliente, quieras tú o no. Eso es erróneo tanto para nuestra profesión como para las demás. Si en un taxi el cliente te agrede tienes derecho a echarlo del coche. Si en una tienda te pones gilipollas tienen derecho a echarte. Podríamos entrar en que no todo el mundo tiene la suerte de poder negarse ante el abuso. Eso es cierto. Y sigue sin implicar que porque te paguen significa que puedan abusar de ti. Si hay clientes que pueden abusar de personas en sus trabajos no es porque esos trabajos impliquen servidumbre y esclavitud, si no porque su situación personal y económica no se lo permite. Lo que hay que arreglar es lo segundo.

El porno está jugando un papel que no debería estar jugando actualmente. El porno es entretenimiento y fantasía. Sabemos perfectamente que las películas de superhéroes no representan la realidad, pero la sociedad todavía tiene problemas entendiendo que el porno no representa la realidad. Y ocurre no solo dentro del trabajo sexual si no también fuera. A mi en concreto me ha ocurrido mucho más fuera que dentro de mi trabajo. Hombres obcecados en hacer una postura imposible, o en hacer cosas que requieren de entrenamiento y fuerza.  

Muchas veces somos las propias trabajadoras sexuales las que enseñamos a clientes la diferencia entre porno y realidad, el consentimiento y una sexualidad sana. Esta idea de que todos los clientes que vemos son violentos, agresivos o quieren todo a su manera es errónea. No es que no sea cierta, lo es para algunos. En todas partes te vas a encontrar personas controladoras, manipuladoras y desagradables. Pero hay una gran cantidad de gente que es simplemente inexperta, tímida o acomplejada y viene a nosotras buscando respuestas. Si viene con respeto, generalmente las suele encontrar. Y a mí personalmente me gusta mucho ver la evolución de alguien que hacía las cosas mal pero traía intenciones de arreglarlo y al cabo de un tiempo ves que ha mejorado no solo su propia sexualidad sino su trato hacia ti, tus otras compañeras y presumiblemente las otras mujeres de su vida.

Las personas son muy complejas y encasillar a alguien en que si hace una única acción (comprar sexo) eso tiene que definir completamente toda su personalidad y acciones, es tan simplista que todavía me sorprende que esto sea un tópico. A poco que lo pienses es muy absurdo.

¿Qué importancia le das en estos tiempos de redes sociales, webs y plataformas de contactos a la imagen previa a las citas y cómo crees que han evolucionado el canon estético femenino y sus prejuicios históricos?

Tiene una gran importancia actualmente. Antaño el contacto principal se hacía mediante anuncios en los periódicos y raramente había alguna foto. Normalmente se usaban descripciones físicas y/o de servicios. Ahora con internet el método principal de contacto es mediante un anuncio online o una web propia, por teléfono o e-mail. 

El juego ahora se basa en tener la presencia que te atrae los clientes que quieres. Hay una tipología de cliente y rango económico muy diferente, con muchos nichos de mercado diferentes. La creencia popular es que a más guapa o más buena está, más cobra, y esto es cierto hasta cierto punto. Hay una amplia demografía de clientes que solo buscan mujeres maduras, o solo trabajadoras a partir de cierta cantidad de dinero, o que se leen lo que escribimos porque buscan conectar con la personalidad, o una combinación de todo esto o mil cosas más.

Por supuesto el canon estético es tristemente importante todavía, y sabemos que las compañeras racializadas, con cuerpos no normativos, con necesidades personales que limitan sus horas de trabajo o sin acceso a hacerse sesiones de fotos de alta calidad, entre otras razones, tienen muchas menos oportunidades para ganar más dinero o atraer a más clientes. Aún se siguen manteniendo vivos prejuicios históricos y esto hace que muchas trabajadoras se anuncien con nacionalidades distintas a las suyas propias.

¿Qué estereotipo o prejuicio consideras más dañino hacia las personas dedicadas al trabajo sexual?

El de que “vendemos el cuerpo”. Esto está relacionado con lo que mencioné antes del consentimiento. Esta retórica es muy peligrosa, porque le dice a la sociedad, en la cual viven los clientes, que una vez se nos paga somos “una cosa”, y esto no es cierto. Somos personas y vendemos un servicio que debe tener unas condiciones que se han de respetar y si no se respetan eso no es parte del servicio si no una agresión a nuestros términos y una enorme falta de respeto. Cuando el cliente se marcha no se lleva nada nuestro, ningún trozo de cuerpo. No somos carne ni mercancía, somos seres humanos trabajando. Seguir usando estos términos para referirse a nosotras es estar diciéndole a la cara a los clientes “corre, vete a usarla como quieras porque puedes”. ¿Que tal si dejamos de animar a la sociedad a que nos violente constantemente? ¿Que tal si empezamos a decir que no vendemos cuerpos ni cosas ni somos objetos, por mucho que haya clientes que lo quieran seguir pensando? Esta absurda idea de decir que vendemos el cuerpo como forma de crítica social es inútil. No vas a cambiar la mente de alguien porque le digas esto así, porque pretendas hacer que “suene duro”. No vas a impactarle, porque ya lo ha oído mil veces antes y si no le impactó la primera, tampoco lo vas a conseguir tú. Lo que sí puedes hacer por el cambio es hacer entender que si, que hay personas que piensan esto, pero que esa visión es horrible y equivocada; en lugar de seguir repitiendo como un loro lo que esas personas que tanto criticas piensan. Dejad de ser altavoces de los clientes abusivos y empezad a ser altavoces de la seguridad de las personas de las que tanto presumís de preocuparos.

Este va de la mano con el de que “hacemos cualquier cosa por dinero”. Porque follemos por dinero no implica que aceptemos cualquier oferta. Esta idea está muy extendida entre muchos clientes que se sorprenden cuando te niegas a hacer algo incluso aunque ofrezcan más dinero. He visto caras de sorpresa e incredulidad reales por parte de clientes primerizos al decirles que lo que proponían no era lo que yo ofrecía, ofrecer más dinero y yo continuar negándome y ellos seguir con su cara de “no lo entiendo” como si fueran niños pequeños a los que les estás explicando un teorema hiper complejo. Por favor, dejad de repartir esta idea porque luego la gente se la cree, y lo que es peor, los hay que fuerzan a las personas con menos recursos a aceptar lo que quieren y así reforzar la idea de que somos todas unas personas sin moral ni escrúpulos que venderíamos a nuestras madres por dinero. Somos personas como cualquiera, las hay que encajarían perfectamente en la agencia de marketing más agresiva del mundo igual que hay las que en un convento no destacarían en absoluto.

¿Qué relación(es) crees que hay (o has vivido) entre trabajo sexual y salud mental? ¿En qué crees que puede ayudar y en qué crees que puede perjudicar?

Hay un estigma importante respecto a esto. La creencia popular es que ejercer trabajo sexual “causa” trastornos mentales, y que a la vez personas con trastornos mentales entran en la prostitución por ello. Aunque ambas son correctas, no lo son en la manera en que la sociedad las ve. Aquí se une el estigma que ya tienen de por si las enfermedades mentales al estigma del trabajo sexual y se crea uno nuevo: “ser puta causa traumas y hay que estar loca para meterse a puta”.

Esta idea despoja a las personas neurodivergentes de agencia propia, de capacidad para tomar sus propias decisiones informadas y asocia a la profesión unos riesgos que dependen del nivel en el que la ejerces, y no de la profesión en sí misma. Hay otros sectores que pueden causar trastornos mentales y tampoco es porque esas profesiones “sean malas” si no porque generalmente tienen condiciones abusivas y precarias en un gran porcentaje de trabajadores, y eso es lo que genera un descenso en la calidad de la salud mental de quienes trabajan. Trabajar en condiciones abusivas, sea el trabajo que sea, tiene un coste mental. Y sin embargo no decimos que ser camarera de pisos o trabajar en hostelería causan de por sí enfermedades mentales.

Ser trabajadora sexual puede causar traumas si tu situación es abusiva, si realmente no deseas estar ahí bajo ningún concepto o si sufres el estigma mucho más que otras trabajadoras. De aquí se deriva un tópico muy dañino, que es el de que ser puta “te rompe” y por lo tanto todo lo que digas sobre ello que no sea para decir que es malísimo, queda invalidado. Tu agencia es negada basada en que “estás mal de la cabeza por ser puta” y no hay que escucharte. Hay testimonios perfectamente válidos por parte de personas que han sufrido mucho dentro de la industria y aun así siguen basándose en la evidencia existente que indica que el mejor modelo para reducir esos abusos es la despenalización. Hay personas que no desearían que nadie tuviera que ser puta y aun así siguen entendiendo que las personas que lo son necesitan derechos y no rescates paternalistas que les niegan la agencia. Hablar de los aspectos negativos de este trabajo es muy difícil, porque enseguida es utilizado por quienes se oponen al mismo como “prueba” de que no debería existir. Lo que no debería existir es el abuso, las condiciones precarias, la pobreza y la necesidad. Tenemos que poder hablar libremente, como todo el mundo, de lo que no nos gusta de nuestro trabajo, de los problemas actuales que tiene y de las soluciones que necesitamos para ello. Y esto no se puede hacer si a la mínima que dices algo negativo se utiliza en tu contra para presionar con leyes que harían que sufriéramos todavía más. 

Se puede entrar en el trabajo sexual porque se tienen problemas de salud mental, efectivamente, y además es mi caso. Aquí es donde la sociedad piensa “estás tan loca que te has metido a puta porque una persona normal no se metería”. Otra vez el estigma de las enfermedades mentales junto con el estigma de puta. Esto asume que nuestra salud mental es “tan incontrolable” que hacemos “cosas locas”. Otra vez despoja de agencia las decisiones informadas que las personas neurodivergentes podemos tomar. Como cualquiera, sopesamos la información que tenemos, nuestra circunstancia y nuestras necesidades, y tomamos una decisión. Tan válida como la de cualquiera y tan válida como la de una persona neuronormativa. 

En mi caso, y habiéndolo visto a lo largo de los años, en el de muchísimas otras trabajadoras sexuales; el trabajo sexual me ayuda precisamente a vivir con mi enfermedad mental. Tengo un trastorno de ansiedad que me impide tener un trabajo “normal” de horario fijo incluso si las condiciones y el sueldo fueran buenos. En los trabajos que tuve antes de ser puta no lo eran, desde luego. Me pasé años intentando recuperar mis estudios cuando acabé el colegio y trabajando me era imposible. He sido camarera, recepcionista, dependienta, camarera de pisos y operadora en un call center. En todos ellos me acabaron despidiendo por no poder cumplir con los horarios o me marché yo de buena fe al ver que era imposible. 

Mi necesidad de un trabajo ultraflexible al que acceder cuando pudiera y poder marcharme cuando mi mente necesitara descansar era imposible en el capitalismo en el que vivimos. Y si no podía compaginarlo con estudiar, algo que de por sí también me costaba hacer con mi ansiedad, ¿Cómo iba a conseguir habilidades nuevas que me permitieran acceder a trabajos con, presumiblemente, mejores condiciones? Mi yo de 20 años creía en esta fantasía de que estudiar te sacaba de pobre, sí.

Así que cuando entré en el trabajo sexual prácticamente el primer dia pensé lo mismo que luego descubriría que hemos pensado cientos de putas mas: “¿Por qué coño no se me ocurrió probarlo antes?” Este trabajo encaja perfectamente con mis necesidades de salud mental. Trabajo cuando puedo, y por pocas horas de trabajo al mes, el sueldo da para vivir. No hace falta ni que hablemos de lujos, vivir sin la preocupación de que te vayan a echar de tu casa es un gran efecto en la salud mental.

En mi caso particular, mi ansiedad está relacionada con situaciones sociales, así que pasar de estar en una tienda, bar o centro de llamadas y tener que lidiar con decenas de personas diferentes cada día a las que raramente podía leerles las intenciones y que podían abusar verbalmente (y en algunos casos físicamente) de mi sin consecuencias, a atender un teléfono y un e-mail, de una persona en una, hablando previamente de que es lo que buscan, cuales son mis condiciones y cortando el contacto cuando no las aceptaban; la diferencia para mi trastorno es muy notable. Sigo estando nerviosa muchas veces, sobre todo si la persona no me da información suficiente para sentirme tranquila, pero la diferencia entre esto y la incertidumbre total en cantidades industriales que me daba el call center, es sencillamente abismal. 

Además con el tiempo he podido retirar el teléfono de mi web y atender exclusivamente por e-mail, algo que ha ayudado todavía más. Las situaciones imprevistas en las que tienes que responder al momento me dan ansiedad y poder responder por e-mail con calma, repensando lo escrito y estando segura de que ambos entendemos las condiciones del encuentro, es algo que me ayuda y hace que mi trabajo sea mucho más tranquilo.

Una de las ventajas del trabajo sexual es precisamente esta ultraflexibilidad en la que puedes adaptarlo a lo que necesitas mentalmente. Cuando una persona nueva nos pide consejo, le solemos decir que primero mire a sus necesidades y en base a ellas dónde pone sus límites. Puedes trabajar muchas horas o pocas, puedes compaginar cuidado familiar u otro trabajo, o estudios o tu necesidad de descanso por salud mental. Y eso es algo que ningún otro trabajo puede ofrecer, sobre todo sin formación, sin papeles y sin requisitos. Si alguien pretende salvarnos del trabajo sexual, lo primero que tendría que hacer es conseguir que el tejido laboral tenga estas opciones disponibles. Da igual cuántas clases de cualquier conocimiento me des, no vas a hacer que mis necesidades mentales desaparezcan y por lo tanto voy a ser puta, te guste o no. Y como yo, decenas de miles más, a las que solo vas a perjudicar si pretendes salvarnos con migajas y limosna. Ya nos buscamos la vida aquí dentro, gracias, solo pedimos que no nos la hagan más difícil.

¿Cuál dirías que es el objetivo principal de KLE Collective y desde cuándo formas parte de él?

KLE quiere luchar contra la presencia masiva de directorios y páginas de escorts gestionadas por personas ajenas a la industria que muy raramente tienen en su mente nuestro bienestar como trabajadoras. Es un colectivo integrado y dirigido por exclusivamente trabajadoras sexuales independientes. No se aceptan agencias ni locales de ningún tipo y se hace un proceso de veto para cada nuevo miembro, para asegurar que es quien dice es y que trabaja sin ningún mediador.

Yo soy miembro desde hace aproximadamente medio año, y estuve en lista de espera desde finales del año pasado. Actualmente solo está abierto a personas racializadas, trans y con discapacidad, para garantizar más diversidad.

¿Qué grado de curiosidad te despierta el BDSM ? ¿Qué tres juguetes, instrumentos o utensilios caseros consideras apropiados para iniciarse en él con una pareja?

Siempre he tenido curiosidad al respecto pero nunca me había lanzado a intentarlo demasiado porque las primeras veces tuve malas experiencias debido a mi desconocimiento, inexperiencia y el poco o nulo conocimiento sobre consentimiento por partes de las otras personas. Hay todavía muchos mitos y prejuicios sobre el BDSM que hay que combatir. Ahora que he vuelto a entrar en él con más madurez y experiencia puedo decir que la gente dentro del mundo del BDSM en general tiene un mucho mejor conocimiento del consentimiento y la sexualidad sana que la población general, y que las personas que yo conocí en mis experiencias previas no pertenecían al mundillo en sí sino que se guiaban por lo que la sociedad cree que es el BDSM, la manera en la que es representado en los medios y los prejuicios asociados a este. Y eso es lo que causa problemas. 

Aquí hay que apuntar que las herramientas siempre deben ser buenas. No se deben improvisar utensilios caseros de ningún tipo a no ser que se tenga un conocimiento muy avanzado del BDSM. Hay tantos gustos diferentes dentro del mismo que es imposible recomendar herramientas específicas que vayan a servir siempre a todas las parejas. Mucho más importante que los juguetes o las herramientas es conocer primero los límites de ambos. No solo las sumisas tienen límites, las personas dominantes también. Hay cosas que yo no estoy dispuesta a hacer por mucho que esté dominando y mucho que me quieran pagar. 

Otro aspecto importante es aprender primeros auxilios, zonas rojas donde no se debe pegar ni hacer ningún tipo de herida por mucho que el sumiso lo pida, y cuidado de salud mental. Estas cosas son mucho más importantes que cualquier juguete para aprender, y los primeros juegos de BDSM se pueden hacer sin juguete alguno, marcando los límites y explorando en lugar de pasar directamente a la acción corriendo el peligro de hacer daño no deseado.

¿Qué rasgos o características te aventurarías a decir que tiene el sexo desde nuestra concepción sociocultural?: ¿cómo definirías la forma “española” de entenderlo y practicarlo en contraste con el resto de perspectivas universales?

Personalmente no he visto ninguna diferencia sustancial entre el sexo “a la española” y en otras culturas. He tenido clientes y parejas de distintas nacionalidades y suelen diferir mas en otras ideas y vicios culturales que en el sexo. Si que noto que los británicos tienden a tener mucho más respeto y comprensión por el BDSM que los españoles, pero esto es lógico porque ha estado más presente y menos escondido en su cultura que en la nuestra. 

En toda esta conversación aún no hemos hecho la más mínima mención al hombre como trabajador sexual. ¿A qué dirías que se debe la habitual separación drástica entre hombres y mujeres en este ámbito y de qué maneras consideras que deben involucrarse ellos en la lucha por vuestros derechos? ¿Qué opinión te merece la etiqueta “aliado feminista”?

Conozco muy pocos hombres trabajadores sexuales y la mayoría atienden otros hombres, así que no estoy muy cualificada para responder del todo a esta pregunta. En general la separación drástica tiene que ver con que la prostitución es un trabajo feminizado y hay mucho mas trabajo disponible si eres mujer que atiende hombres que cualquiera de la otras opciones.

Los hombres trabajadores sexuales tienen espacio en la lucha por los derechos como cualquier otro trabajador sexual. En cuanto a los aliados tienen espacio al lateral y agradecemos que amplifiquen nuestras voces en lugar de intentar imponer las suyas. Muchas veces las trabajadoras estamos mucho mejor informadas de nuestras situaciones y lo que necesitamos para mejorarlas que personas que están fuera y que en muchos casos, aunque bien intencionados, hablan de oídas y consiguen el efecto contrario al que necesitamos. Un ejemplo muy claro de esto es cuando alguien en un debate sobre prostitución en el que no hay putas presentes, defiende el modelo alemán ante otro que defiende el sueco. Las putas defendemos el modelo despenalizador, presente actualmente en Nueva Zelanda y algunos estados de Australia (con puntos a mejorar pero muy efectivo en el aumento de la seguridad), y el modelo de cooperativas, presente, si no me equivoco, en Bolivia, que también tiene muy buenos resultados. El modelo alemán, conocido como “legalización”, aunque pueda parecer bien intencionado hacia nosotras, no lo es. Y la gente que no conoce lo que causa lo defiende creyendo que nos ayuda. Preferiríamos que esas personas nos escuchen cuando explicamos los efectos de los diferentes modelos, que en algunos casos distan mucho de la teoría de los mismos. Esto es particularmente cierto del modelo sueco, el cual se vende como que protege a las putas cuando su efecto es justamente el contrario. Uno se lee la teoría de este modelo, se cree que realmente va a funcionar como dicen y entonces se puede autoetiquetar como aliado feminista de las putas e ir por ahí esparciendo que es una maravilla, cuando en la realidad este modelo causa que los caseros echen a las putas de sus casas para evitar ser arrestados como proxenetas; destina muchos recursos a que la policía persiga a putas vulnerables y migrantes y las deporte, y muy pocos a realmente proveer de salidas realistas para las mismas; obliga a las putas a que paren de ejercer si quieren recibir algún tipo de ayuda (ayuda insuficiente que requiere que dejes de hacer aquello que se supone que ellos te deberían ayudar a que dejes de hacer, y que no tiene en cuenta que si aquellas que quieren salir pudieran simplemente parar de trabajar… ya lo habrían hecho sin que se lo pidan); incremento de la violencia y el control por parte de clientes que al verse amenazados por una multa o cárcel descargan eso en las trabajadoras exigiéndoles que garanticen su seguridad, lo cual suele transformarse en ejercer en lugares más escondidos y circunstancias más peligrosas, además de otorgarle al cliente una mano más fuerte en la balanza de la negociación y reduciendo el uso del condón, las tarifas y las capacidad de imponer condiciones; y reduce enormemente la relación y colaboración con la policía, haciendo que las putas tengan miedo de contactar con la policía en caso de agresión y por lo tanto incrementen los límites de abuso que aguantan si creen que al menos saldrán vivas. 

El modelo sueco es un paraíso para el cliente abusivo y la poca clientela que ha reducido en los países en los que está presente es a los que llamamos buenos clientes, que respetan nuestras condiciones. Si nos quitas la opción de ejercer con nuestras condiciones siendo respetadas y nos dejas siendo pasto de los mas abusivos, a los cuales les incrementas el poder, no te puedes llamar ni aliado ni feminista.

¿Crees que ha evolucionado la Educación Sexual en las últimas generaciones? ¿Has sentido en alguna ocasión la necesidad de tener que “educar” o “enseñar” respecto de algo a la persona con la que ibas a tener relaciones?

Creo que como sociedad he visto una mejora en los últimos años. Con la globalización de internet y el acceso a más información cada vez veo más gente que se molesta en intentar entender aquello que no le enseñaron de pequeño, y cada vez hay menos tabúes respecto a enseñarlo. Sigue siendo una gran falta en las escuelas, por desgracia. La que me dieron a mí en un colegio católico abarcaba cómo funcionaba la regla de modo teórico. Y se hizo todo con un aire de vergüenza y estigma que no contribuyeron a que lo entendiéramos bien de todas formas. Ahora siendo adulta y habiendo tenido que aprender sobre sexualidad sana por mi cuenta y a base de hostias, entiendo lo sumamente necesario que es que exista una educación sexual en la entrada de la adolescencia sobre todo para enseñar consentimiento, límites, lo que un cuerpo puede sentir, a no sentirse mal con lo que uno desea y si con lo que uno fuerza a hacer a otros por mucho que lo desee. E incluir una mejora en esa educación sobre la regla, o la versión correspondiente para quien tenga pene, mucho más avanzada y con menos estigma. 

En el caso de clientes he tenido más de una vez alguno que viene a que le enseñe, y suele ser algo bonito ver como alguien tiene de verdad ganas de aprender para no meter la pata y te hace mil preguntas que sabes que está queriendo asimilar. Estoy orgullosa de haber enseñado a varias personas a explorar su cuerpo sin miedo ni tabúes y haber inculcado ideas base sobre la importancia del consentimiento y de la revocabilidad del mismo. Que no vale con que te digan que sí, en cuanto digan que no se acabó el si. Parece un concepto fácil, pero luego sales a la práctica y la gente no lo entiende. Pero vamos mejorando.

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