Reseña: INFIERNO: El más allá en la Mesopotamia antigua, Érica Couto-Ferreira

      Aurora Dorada nos abre las puertas de su casa de par en par. Nos invita al salón conocido como Colección Urano y dentro, en la librería que preside la estancia, hallamos una perla que brilla al apagar la luz. Infierno: El más allá en la Mesopotamia antigua es la hazaña de la magistral Érica Couto-Ferreira. La extraordinaria edición de Carlos M. Pla y la espectacular cubierta ilustrada por Diana Calabaza Cósmica y diseñada por Virginia M. Ramos visten una obra fascinante, que derrocha tanto conocimiento -y placer para el cerebro- como pasión -y placer para los sentidos-. Da gusto leer a quien sabe sobre una materia, da mucho gusto leer a quien disfruta escribiendo sobre ello. 

        Esta obra ha sido objeto de un experimento social: debemos confesar nuestra satisfacción al revelarle a nuestro círculo cercano que estábamos leyendo este infierno. Efectivamente, todas las personas, sin excepción, ponían cara de incredulidad, sospecha, incluso cierto miedo como camuflaje de la más absoluta ignorancia. El chip cambiaba radicalmente al comenzar a hablarles del interior, de su contenido y de su forma de transmitirlo. Todas esas caras cambiaban el gesto y explotaban en un “¿Me lo prestas cuando lo acabes?”. Ese es otro de los grandes méritos de la prosa de Érica: curiosas y curiosos del mundo, vais a disfrutar mucho de este infierno y todavía no lo sabéis.

        Los cinco capítulos planteados hilan una narración elegante, amena, trufada de detalles verbales prodigiosos y abrazada a un tono didáctico admirable. Un apetitoso ¿Qué es el infierno? introduce la citada estructura. Solo nos queda entrar, solo nos queda… ¿descender? 

        El primer capítulo detiene la barca en la casilla de salida: los orígenes de la conceptualización infernal, la clasificación de los estatus y la repartición divino-social diseña un panorama atractivo y altamente digerible. Se desborda la humanidad -valga la metáfora- y llega el desastre, somos la primera plaga. Mesopotamia se nos presenta pincelada con cierto toque fantástico, mágico, propio de lo lejano, de lo inalcanzable. La sucesión de los ladrillos que cimentan la magnánima visión original se traduce en una estimulante alternancia de conceptos, explicaciones -destacamos la heterogeneidad y la multiplicidad de valoraciones aptas y compatibles- y reanálisis léxicos. Se nos inauguran temas posteriormente ampliados que servirán de pilares troncales para fines mayores: la permanencia furiosa, el fallecimiento idóneo, la riquísima etimología vinculada al infierno, definido como “sede de silencio y negrura” tras una colección de hermosas opciones léxicas. La geografía del infierno, sus habitantes y sus demonios -¡sus demonios!- disponen un mapa dinámico que nos dibuja una sonrisa en los ojos descubrimiento a descubrimiento. 

        El capítulo 2 se llama Los muertos y se apellida “tesoro”. Almas, espectros, difuntos y fantasmas bailan la danza de la no vida en distintas dimensiones y planos espirituales. La transformación en pájaros es una de nuestras mayores predilecciones. Las notas sobre necromancia e invocación ponen el foco sobre otro de los temas más interesantes de la cultura mesopotámica. La progresión de los hechos se palpa suavemente, sin saltos ni estridencias, con información precisa, muy bien completada mediante citas y referencias, apuntalada con vistosas figuras. La dificultad presupuesta desde fuera acerca del ordenamiento de la exposición queda resuelta y despejada conforme avanzamos: la coherencia y el buen hacer nos guían por un segundo bloque que toca la puerta de la gran palabra.

        El tercer capítulo nos habla de la buena muerte y la mala muerte, con un tremendo encabezado, Saber morir, que nos seduce poderosamente después de haber explorado la importancia de la familia, del círculo cercano y de la paz en vida, en contraste con los diferentes grados de indiferencia, violencia y terror con los que se podría llegar a despedir el mundo terrenal. Nos llama mucho la atención la cuestión de la enfermedad, de aquello que se queda en “la tierra”, de la intersección de niveles verticales y la preocupación, inmediatamente surgida de la conciencia, de aquellos que ven más allá de su presente. Una espléndida reflexión sobre la finitud de nuestra existencia sacude esta tercera parte a ritmo de correcciones tradicionales, honor y dicha. El viaje es el protagonista y los pasajeros son nerviosas velas titilantes.

        El siguiente capítulo está dedicado a los rituales mortuorios y los espacios funerarios. El proceso de despedida, duelo y posterior culto nos embelesa desde esa doble perspectiva ancestral y rabiosamente actual en ciertos contextos. Nos adentramos en las tumbas agarrados a dos grandes palabras: Morir y Llorar. Sentimos con una curiosidad enorme todo lo que sucede mientras se descompone la vida, empatizamos con ciertos aspectos más o menos próximos y, desde luego, descubrimos todo un reguero de códigos y formas de convivir con el adiós. El hambre y la sed del difunto nos hace detenernos en la vida post mortem y plantearnos observaciones nunca antes previstas. 

        El último capítulo nos propone un jugoso repertorio de mitos y relatos acerca de los moradores del reino mortal. La simbología nos ofrece un universo de magnitud asombrosa. En este quinto bloque reside, a nuestro juicio y en cierto sentido, la parte más técnica del texto, que absorbe todo lo explicado en los anteriores para agilizar la fluidez de las diversas subsecciones. Las afrontamos con cautela y la hoja de notas a mano. Maravillosa aventura.

        Infierno: El más allá en la Mesopotamia antigua es ambiciosamente multidisciplinar en su metodología: la historia y la filosofía se fusionan con la asiriología y la mitología; la lingüística es vehículo y fin, posee un papel fundamental en el desarrollo de la obra; la ciencia y el arte coinciden en la misma fuente de cultura y humanismo. El broche formal corresponde a un espectacular glosario, una oportunísima cronología y una riquísima bibliografía. 

        Deseamos agradecer a la editorial y a la autora su impecable trabajo, su esfuerzo y su amor por las letras, su generosidad intelectual y humana. Gracias, Érica, ha sido un verdadero placer leerte, es un gran placer conocerte. No dejéis de visitar este Infierno, capturaréis una experiencia única.

Y si quereis haceros con el, pinchad aquí

-Altavoz Cultural-

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