Coloquio en torno al concepto de Escalofrío en Literatura y Cine

I Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Érica Couto-Ferreira y Verónica Cervilla

¿Cuándo sentiste por primera vez un escalofrío leyendo o visionando cine? ¿Qué lectura o película te generó incomodidad, angustia o pánico en tu adolescencia?

Érica: Creo que mis primeras experiencias con el terror literario y cinematográfico me produjeron miedo por ausencia, es decir, no por haber visto o leído tal o cual obra, sino por no haber podido hacerlo. Recuerdo que, cuando tenía 7 años, anunciaron en televisión Viernes 13. Le pedí permiso a mi madre para verla, cosa que, obviamente, no conseguí: aquella era una peli violenta, de mucho miedo, inapropiada para mí. La negativa tuvo un efecto indeseado. Junto a esa sensación de un horror intuido, apenas imaginado (¿qué podía saber yo de cine con 7 años?), creció otra todavía más fuerte que me sigue acompañando más de treinta años después: la del deseo. Para mí, el terror y el deseo siempre irán de la mano.

Algo parecido me pasó con uno de mis grandes amores literarios de la infancia, el Libro de San Cipriano, un grimorio de fama oscura en la cultura popular gallega que, gracias a la abundancia de editoriales esotéricas de los 70 y los 80, se podía conseguir fácilmente casi en cualquier librería. De pequeña me gustaba leerlo a escondidas, especialmente los pasajes en los que se describían invocaciones demoníacas. Eso sí, ponía mucho cuidado en leer únicamente las descripciones de los preparativos rituales y no los encantamientos que los acompañaban. Hacía un esfuerzo terrible para saltarme esos pasajes. Tenía la convicción de que, si tocaba con la mirada una sola de las palabras de la invocación, algo horrendo sucedería y, sin embargo, a pesar de la congoja, seguía volviendo una y otra vez al libro.

En cuanto a mis experiencias adolescentes con el terror, recuerdo dos escenas que me impresionaron: la imagen del padre Brenan siendo atravesado por un pararrayos y la decapitación del fotógrafo Keith Jennings a manos de una lastra de vidrio en La profecía. Candyman, en su día, también me produjo pesadillas por la incomodidad que me suelen provocar los espejos.

Verónica: Es muy fácil responder esta pregunta porque tuve tal trauma que jamás lo olvidaré. Tenía 5 años y eran las fiestas de mi pueblo. Estaba con mi madre y mi hermano en un bar (y algunos familiares más) y en la tele daban una película de terror que tenían al resto de niños, más mayores que yo, alucinados. No podía ser menos, así que me fui a verla con ellos. Craso error. La película era Muñeco Diabólico y me amargó la infancia durante unos años. Tiré todos mis muñecos (con miedo de que volvieran a aparecer en mi habitación para matarme). 

En la adolescencia el terror adquirió ese binomio de atracción/miedo que lo hace tan interesante. Recuerdo que El exorcista me fascinó y me asustó a partes iguales. Es una obra maestra que no me canso de ver, aunque me siga causando pesadillas.

¿Qué miedos y fobias tienes hoy en día? ¿De qué formas los combates? ¿Si sufrieras coulrofobia -fobia a los payasos-, leerías It, de Stephen King, o verías alguna de sus adaptaciones cinematográficas como terapia de choque?

Érica: Mis mayores miedos en el presente tienen que ver con la maternidad. Tengo miedo de perder a mi hijo, temo esos momentos en los que sale de mi campo de visión y no sé dónde está, las ventanas abiertas y los monstruos cotidianos, los de verdad, esos que podrían hacerle daño. Estos miedos no se combaten, porque están ligados a los instintos de protección y supervivencia. Simplemente se aceptan y se controlan en lo posible para que no interfieran demasiado en el día a día. 

Si sufriera coulrofobia, probablemente me echaría en brazos de Pennywise. Los espejos me producen angustia y, justamente por ello, los libros y películas que lo toman como elemento central me atraen especialmente.

Verónica: Mi miedo principal es la incertidumbre. El futuro de mi generación (y de las que vienen detrás) se ha vuelto sumamente incierto y volátil. El trabajo, el amor, la salud, el dinero. Nada es para siempre. Todo aquello que nos da una sensación de seguridad (necesaria para tener una buena salud mental) y que nos prometieron que estaba garantizado se ha vuelto inestable. Y otro miedo que crece a medida que cumplo años es el miedo a perder a gente que quiero. Supongo que con la edad somos más conscientes de nuestra naturaleza mortal. Los combato principalmente con la ficción. Esa es mi vía de escape. Libros, películas, videojuegos. Sin eso, me volvería loca y no dejaría de darle vueltas a la cabeza.

Pues, al igual que hice con mi fobia a los muñecos gracias a Chucky, haría una terapia de choque intensiva con todo lo que hubiera a mi alcance que tuviera payasos asesinos.

Verónica (a Érica): ¿Qué crees que tiene el género de terror que nos fascina tanto?¿Qué te atrae a ti de este género?

Respuesta: Es un género que nos coloca en los límites de lo admisible, lo legal o lo aceptable y nos permite explorar las consecuencias de la transgresión. Como ya he apuntado más arriba, a mí el terror me proporciona una mezcla contrastante de espanto y fascinación, de escalofrío y deseo. Es el género del temblor, de esa sacudida y ese estremecimiento que nacen tanto del miedo como del enamoramiento. ¿Por qué me siento atraída por el terror? Como lectora y espectadora, no solo me permite transitar de manera segura por el miedo, sino que también me da carta blanca para convertirme en monstruo. Puedo ser Hannibal Lecter, Carmilla o Miriam Blaylock sin tener que pagar las consecuencias en la vida real.

Érica (a Verónica): ¿Qué te da la literatura y el cine de terror (como autora y como lectora/espectadora) que no te proporcionen otros géneros?

Respuesta: Como autora, me da una libertad que no consigo en ningún otro género. Me fascina hablar sobre aspectos oscuros y escondidos de la naturaleza humana, de su psicología y de su historia, y creo que no hay un género en el que esto se pueda lograr con un impacto tan profundo como lo hace el terror. Como lectora o espectadora, es el género que me proporciona una oportunidad de divertirme en una situación peligrosa pero controlada y a la vez indagar un poco más en las diferentes capas de la historia en cuestión para reflexionar sobre ciertos temas. El terror se presta muy bien a contar con metáforas y alegorías. A menudo las temáticas más tabú, polémicas o delicadas se cuentan mejor a través del terror, de personajes ambiguos, siniestros y misteriosos. Y debo admitir que todo lo sobrenatural y oscuro me llama mucho la atención.

Verónica: Veo que tienes predilección por lo que llamas «libros raros». ¿Qué es la literatura bizarra? ¿Nos recomiendas algunos?

Respuesta: Hace tiempo utilicé la etiqueta «ensayo bizarro» o «ensayo de lo extraño» como un modo personal y subjetivo para referirme a todas aquellas obras de investigación o divulgación que analizaban temas inusuales y que a mí me producen maravilla. Como todas las etiquetas, también esta es imperfecta y discutible. Ejemplos de esto podrían ser Cultura del apocalipsis de Adam Parfrey, El planeta incógnito de Peter Kolosimo (o cualquiera de sus demás obras, en realidad) y El Tercer Reich y el sueño de la Atlántida de Franz Wegener, este último inédito en español.

En el campo de la ficción, bizarro se ha utilizado durante los últimos quince años para agrupar una serie de textos de lo raro de autores norteamericanos (recomiendo echarle un ojo a la editorial Orciny Press ( https://www.orcinypress.com/ ) para saber más sobre esta tendencia artística a ambos lados del charco), pero, a lo largo de su historia, la literatura fantástica nos ha dado muchos y buenos ejemplos de creaciones extrañas llevadas al límite. Pienso en La caja de hueso de Antoinette Peské, El ojo del purgatorio de Jacques Spitz, Rabia carnal de Jean-François Elslander o incluso El proceso de Kafka.

Érica: Recomiéndanos una película escalofriante que esté mejor que la novela y una novela que supere su adaptación cinematográfica. Argumenta tu respuesta.

Respuesta: Es difícil encontrar una película que supere a la novela porque normalmente hay detalles que se pierden por el camino, pero una que me parece que hizo un buen trabajo en este sentido fue Déjame salir, de Thomas Alfredson. La atmósfera que consigue crear con su fotografía es maravillosa y la relación entre los personajes, posiblemente lo más interesante de la novela, está muy bien trabajada en la película. También lo hicieron muy bien en la adaptación del relato En la hierba alta, de Stephen King, que es bastante soso. La película le dio una profundidad que no tenía.

En cuanto a novela que supere a su adaptación, podría decantarme por La maldición de Hill House, de Shirley Jackon, que tuvo un intento de adaptación muy pobre con La guarida, de 1999, de Jan de Bont. Es cierto que era muy fiel a la novela en muchos sentidos, pero perdía gran parte del terror gótico / cotidiano de la novela. Creo que cualquier obra de Jackson es complicada de adaptar, aunque Mike Flanagan le dio un giro que le salió casi perfecto con la serie para Netflix.

Verónica: Parece que compartimos amor por dos personajes terroríficos, pero si te pido que elijas: ¿Vampiros o demonios? ¿Qué figura crees que tiene más peso en la literatura o cine de terror?

Respuesta: Sin dudarlo, vampiros. A pesar de la sobreexplotación en la cultura popular, han demostrado tener una gran capacidad de adaptación a todo tipo de contextos. Pienso en los vampiros infantiles de El pequeño vampiro y Déjame entrar, en las sensuales depredadoras de Carmilla y El rojo en los labios, en los subyugantes relatos vampíricos pasados por el filtro del realismo de Un poco de tu sangre y El elixir negro. Todos son diferentes e igualmente cautivadores.

Érica: Creo que fue Ingmar Bergman quien afirmó que él siempre rodaba la misma película. Cada autor tiene temas y motivos que recurren en sus obras, como las clases medias y el reverso oscuro de las pequeñas poblaciones norteamericanas para Stephen King, por ejemplo, o los espacios domésticos y la familia para Shirley Jackson. ¿Cuáles son los elementos recurrentes en tu obra de terror y qué revelan de ti?

Respuesta: Estoy totalmente de acuerdo con Bergman. A veces tengo una idea (para mí) muy interesante para una historia nueva y cuando la acabo y la leo me doy cuenta de que vuelvo a hablar de lo mismo, aunque en un entorno y con personajes diferentes. Supongo que los creadores en general necesitamos expresar lo que nos preocupa, nuestros propios conflictos internos, a través de la ficción. A mí me preocupa mucho la situación de la mujer en varios aspectos de la vida, por ejemplo, y por eso acaba saliendo en mis historias de una u otra manera. La maternidad (sobre todo la No-Maternidad), los roles de género tradicionales, las crisis de identidad, la necesidad de encajar en la sociedad, todos esos son temas que se suelen repetir en lo que escribo, sobre todo porque son los que me dan vueltas en la cabeza por la noche y contra los que me rebelo o me causan dilemas en mi vida personal.

Verónica: Acabas de publicar un maravilloso libro sobre el infierno en Mesopotamia. ¿Por qué escogiste este tema?, ¿estás trabajando en nuevos proyectos?

Respuesta: Ay, muchas gracias, Verónica. El más allá y la mitología fúnebre, como parte del universo de lo gótico, lo extraño y lo oscuro, siempre me han interesado, pero mi relación amorosa con la Mesopotamia antigua comenzó hace veinte años con el inicio de mis estudios de doctorado. La historia viene de largo, pues. Le propuse el tema a Aurora Dorada Ediciones porque me parecía necesario acercar a los lectores hispanohablantes un texto original (esto es, no traducido) que abordase algunos de los elementos clave del infierno mesopotámico desde el rigor histórico, pero con un punto literario inspirado por la literatura fantástica. No sé si lo habré conseguido, pero me lo pasé muy bien escribiéndolo.

En cuanto a si estoy trabajando en otros proyectos similares a este, por el momento solo tengo en agenda un artículo sobre plagas y epidemias en ámbito mesopotámico. Eso sí, me encantaría preparar un nuevo libro que versase sobre magia y ritual. Es una idea que lleva años dándome caza.

Érica: Eres guionista de cine y autora de ficción. ¿Cómo influye esta duplicidad en tu escritura? ¿Aplicas técnicas de escritura cinematográfica y teatral para componer tus relatos o novelas? ¿Qué consejo le darías a cualquier escritora de terror que quisiese hacer más visual su ficción?

Respuesta: Influye bastante, sobre todo en mi forma de trabajar. A menudo los lectores me cuentan que hay dos cosas que les gustan de mis novelas o relatos: los personajes y la atmósfera. Todo eso viene por deformación profesional de guionista. Soy muy estricta en cuanto a la construcción de personajes y elaboro un backstory muy profundo. Necesito conocerlos bien. Esto viene de la forma de trabajar en cine, al igual que mi estilo visual a la hora de describir escenas y mi obsesión por cerrarlas siempre con un cliffhanger. Además, trabajo la escaleta, lo mismo que haría con un guión, antes de sentarme a escribir una novela, y así puedo jugar con puntos de giro y demás elementos de tensión.

Para conseguir ser más visual, aconsejaría leer guiones de cine y analizar cómo se escriben las escenas, los detalles que suelen incorporarse (en cine lo que no se puede ver u oír, no cuenta) y cómo se juega con esos elementos. Además, siempre recomiendo leer poesía para aprender a jugar con las palabras y crear imágenes mentales más interesantes.

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