Donde los sueños no tienen fin, Blanca Sánchez Braza

Que bonitas sorpresas nos de la Literatura de vez en cuando. Hemos podido descubrir a una autora fabulosa a través de su primer poemario. Blanca Sánchez Braza tiene toda la carrera literaria por delante y ya ha dado pasos gigantescos para conquistar todas las retinas que se proponga. Su ópera prima Donde los sueños no tienen fin ( Editorial Adarve, 2020) es una apuesta segura por el sentimiento, la dulzura, el universo onírico y la infinita pluralidad formal del lenguaje.

Hemos leído muchas primeras obras, muchos primeros balbuceos literarios, especialmente en poesía; en la gran mayoría de ellas había ciertos tics estilísticos que se sabían abocados a la desaparición conforme la voz autoral creciera y avanzara. Este no es el caso de Blanca. Su primer poemario es ya un fruto maduro, trazado desde la verdad filológica, el conocimiento y la experimentación lingüísticos y una coherencia admirable.
Hallamos en el conjunto de los veintiséis textos que componen el libro una exposición absolutamente personal del idealismo romántico mezclado con el onirismo y las fascinaciones propias del amor, que se manifiesta en una voz que se centra en el Yo, se enfrenta al Tú y nos engulle bajo un Nosotras para completar un espectro perfecto del mecanismo narrativo que requiere cada reflexión acerca de las múltiples maneras de sentir y hacer sentir. Estamos ante una obra intimista, pero aventurera y retadora. La autora huye de los focos habituales y transmite un aplomo espectacular al hacer suyas las diversas etapas amorosas y los desafíos a los que se someten las relaciones sociales.
Es un poemario nominal este que tenemos entre manos: la selección de títulos que encabezan cada propuesta versificada no es sino una hermosa colección de lemas merecedores de un himno. La apertura con Sueños y el epílogo con Donde los sueños no tienen fin son los extremos de una cuerda minuciosamente adornada con noches de luna llena, fotografías, éxtasis o traviesas bromas del destino. Las interpelaciones a la figura deseada/añorada es uno de los recursos más destacados junto con la recurrencia a los diferentes momentos del día y ciertos aspectos de la naturaleza que nos trasladan a una conversación a plena hierba, a pleno cielo, a plenos ojos de ese a quien buscamos.
La delicadeza y el erotismo conviven en un sugerente baile de máscaras en el que prevalece el tacto. El ámbito del sueño alcanza la imagen celestial en muchas de sus representaciones: las estrellas, la luna, el vuelo o la mención a Peter Pan, sin obviar la propia cubierta que viste la obra física, son puntos de encuentro para pensamientos, inquietudes y vías de escape. La belleza está en cada milímetro de página.
Resulta inevitable revelar un último factor embellecedor del redondo, acertadísimo primer poemario de Blanca Sánchez Braza: tres poemas son emitidos en versión bilingüe. Dime se convierte en Dis-moi en su versión en francés, Amanecer en Galway se emparenta con su versión inglesa Dawn in Galway y El lago torna en Il lago para paladares italianos. La lengua madre tiene nombre y apellidos: es de Cádiz y debuta gloriosa.
-Altavoz Cultural-

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