Mariana Enríquez

Mariana Enriquez Žcrivaine Argentine

Bienvenida, querida Mariana, a las II Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío. Desde Altavoz Cultural y Círculo de Lovecraft queremos saber, antes de nada, cómo estás y cuál ha sido la última vez que sentiste un escalofrío a través de la Literatura.

Hace unas semanas, leyendo The Fisherman de John Langan. Hay una resurrección, un personaje –una mujer suicida– que vuelve, es impresionante e impecable. Me gusta mucho Langan.

Desde Bajar es lo peor (Espasa Calpe, 1995) hasta Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019) pasando por Los peligros de fumar en la cama (Anagrama, 2009), ¿de qué formas han sido tus obras vertebradas por tus propios miedos y fobias? Como contraste, ¿consideras posible -o convincente- escribir Terror desde la ausencia de experiencias vitales mínimamente vinculadas al estereotipo del género?

Toda literatura, de cualquier género, está vertebrada por la experiencia y las propias emociones, no tenemos otra cosa con la que trabajar. Así que está vertebrada como cualquier otra literatura: tomo cosas de mi vida, de mis observaciones y las deformo hasta que logro lo que creo. Y en cuanto a lo segundo: por supuesto. Todos tenemos miedo, con eso es suficiente. En cuanto a los estereotipos de la gente, muy poca ha tenido experiencias paranormales. Quizá sirva un interés por lo oculto o lo sobrenatural. Quiero decir: ¿quién ha visto un fantasma? ¿Quién ha invocado un demonio? ¿Quién conoce una ciudad maldita? Poca gente; nadie; depende de qué se crea o no. Yo, por ejemplo, jamás tuve una clara experiencia paranormal pero me interesa el ocultismo. No creo que haya necesidad de ninguna vinculación.

Continuando por la senda biográfica, ¿qué cualidades particulares de la producción literaria argentina dedicada al Terror te resultan originales y relevantes desde un punto de vista universalizador? ¿Crees en la señalización espaciotemporal de movimientos, corrientes y generaciones o la entiendes como una mera herramienta cronológica para aglutinar autores y obras? ¿Has desarrollado personalmente algún sentido de pertenencia?

No hay demasiada producción literaria argentina vinculada al terror y la que hay es muy variada. No me interesan los puntos de vistas universalizadores ni las cuestiones generacionales, para ser sincera. Me siento cercana a escritores como Luciano Lamberti, Agustina Bazterrica y varios más, pero no pienso la literatura en el sentido de la pertenencia.

¿Cuáles fueron las primeras lecturas de género, en concreto de Terror, que cayeron en tus manos?

El gótico, Frankenstein antes que Poe, Emily Brönte antes que Lovecraft. El primer libro que me dio miedo fue Cuento de Navidad de Dickens.

¿Qué maestros y maestras de la Literatura te han ayudado en la consecución de ese particular estilo tuyo, interpretado como caminar sobre el alambre que separa lo preternatural y lo humano? ¿Qué porcentaje dirías que existe de Machen, Blackwood o del propio Lovecraft en tus obras?, ¿cuánto hay de Jackson o de Allende, entre otros?

Mucho más Machen y Jackson que Lovecraft pero, sobre todo, King. El más realista de todos. Y muchos maestros del weird, como Aickman. También Clive Barker, Alan Moore. De Allende nada, nunca la leí.

Te sirves de nuestra subjetividad para presentarnos finales singulares a la par que aterradores; siguiendo con las influencias literarias, ¿dirías que Cortázar, por su estilo innovador y renovador del cuento delo fantástico, resultó decisivo para lograr que hicieras de la subjetividad de tus lectores algo maleable, para transformarnos en “sujetos transicionales” (a expensas de cumplir con toda una serie de expectativas socioculturales, emotivo-afectivas, etc.)?

Posiblemente, Cortázar es un escritor que en Argentina se lee en los primeros años de la escuela, así que su estilo y sus temas están inevitablemente en el adn de los escritores, nos guste o no. Pero no sé si el tema de los lectores tiene que ver con él porque no pienso tanto en los lectores cuando escribo, sinceramente. En todo caso pienso en un lector que se puede identificar porque reconoce las situaciones como cotidianas: eso es muy de Cortázar, pero también es de King.

En las primeras Jornadas se habló mucho acerca del poder visual de las palabras: Desirée de Fez y Verónica Cervilla nos dejaron algunas claves para construir imágenes de un modo casi cinematográfico. ¿Cuánto Cine y, en general, cuánto Arte absorbe tu proceso escritural, no solo respecto de referencias directas o indirectas, sino en cuanto al factor técnico, a los recursos empleados?

Lo que yo más absorbo es música y diría que la influencia es muy amplia: desde ritmos hasta personajes, mitologías rockeras, bandas de sonido, escenas escritas e imaginados con una canción determinada sonando. Me gusta mucho el cine pero no lo considero una influencia muy importante; quizá me influencien más las artes plásticas, hay una gran cantidad de artistas contemporáneos que me influencian, desde Aron Wiesenfeld hasta Remedios Varo.

Tu literatura “cuenta”. Te han definido como vital, desenfrenada, oscura y cautivadora al reescribir las historias más representativas del género de Terror y darles una perspectiva actual; es más, diríamos que aportan, además de frescura, también una terrible ambigüedad. ¿Consideras que esa es la clave del éxito a la hora de generar miedo en el lector del siglo XXI, que ya está “de vuelta” de todo?

Es que creo que la incertidumbre y la ambigüedad es el signo de los tiempos, no entiendo como se podría escribir ficción especulativa de algún tipo con certezas. No sé si es clave del éxito, no se me ocurre otro modo.

¿Cómo afrontas desde cero un nuevo proyecto literario? Nos interesa mucho saber si tienes algún modo específico de encarar el folio en blanco y si tienes algún ritual que realices cada vez que reanudas una historia.

Los pienso mucho, mucho, antes de empezar a escribir, casi convivo con la historia y los personajes. Cuando se vuelven presencias obsesivas, recién entonces escribo. No sé si es un ritual, pero ya tengo claro que es una especie de método. Recién entonces empiezo con las cuestiones más tradicionales de tomar notas, investigar o lo que sea. Es como si primero necesitara que la historia o los personajes me ocupen demasiado la cabeza de modo que tengo que sacarlos.

¿Consideras necesario autoimponerse límites de expresión a la hora de construir un texto? ¿Cómo valoras el notable crecimiento de -muestras de- sensibilidad por parte de los lectores, que últimamente se fijan puntillosamente en cómo se dicen las cosas casi más que en las cosas que se dicen?

No les doy mucha importancia en ese sentido a los lectores, si un escritor vive pensando en cómo lo leen está perdido. Ni siquiera soy consciente de que eso que mencionan sucede. Considero que no hay que ponerse ningún límite por supuesto, la literatura no debe tener responsabilidad.

¿Cómo viviste los primeros tiempos de este terrible período impregnado de pandemia y crisis social? ¿Qué crees que nos puede aportar la Literatura en situaciones existenciales tan extremas?

No creo que pueda aportarnos casi nada, quizá consuelo que es necesario, para el que pueda leer. Yo no pude leer en el primer tiempo de la pandemia. Si el arte tiene algún efecto reparador o que ayude a pensar nuestro tiempo, que sí lo tiene, para mí es a largo plazo. La literatura me parece siempre algo que aporta siempre a largo plazo.

¿Qué consejos les darías a los escritores que recién comienzan a escribir ficción, especialmente literatura de terror?

Que lean mucho. Que busquen autores, que no se queden en los clásicos, hay muchísimo buen terror actual, es un momento extraordinario del género.

Una nota musical: ¿Cuándo y cómo surge tu interés por el Rock y de qué modo realizas la transición del gusto personal al tratamiento profesional? ¿Qué tres canciones podrían atravesar a modo de banda sonora tu trayectoria como escritora?

Me interesa el rock desde la adolescencia; trabajé como periodista de rock muchos años, hasta que me aburrí, pero la transición fue bien de tono laboral. Yo trabajaba en un diario y cubría noticias cotidianas, cosa que no me gustaba, y un día le pedí al jefe de espectáculos cubrir un show y durante un tiempo trabajé de eso. Canciones, muy difícil pero: “The Asphalt World” de Suede, “Do You Love Me?” de Nick Cave y “Thunder Road” de Bruce Springsteen.

¿En qué puntos consideras que se tocan tu faceta periodística y tu faceta docente con tu faceta literaria? ¿Qué diferencias aprecias entre la profesora Enríquez y la autora y qué es lo que más te satisface como comunicadora?

En muy pocos, para ser sincera. El periodismo y la docencia son trabajos, no se puede tener un ingreso económico solo con la literatura, o muy poca gente puede hacerlo. El periodismo quizá haya influenciado más, sobre todo en tomar la literatura como un trabajo y en cierta falta de solemnidad en mi aproximación, también en mantenerme actualizada. Pero yo hago periodismo cultural, o sea crítica en la mayoría de los casos, hay muy poco narrativo ahí. La docencia nada, es un trabajo. Lo que más me satisface es la literatura, pero no creo que la literatura sea comunicación.

¿Qué proyectos tienes a corto, medio y largo plazo? ¿Qué mensaje deseas enviarles desde aquí a tus lectores y seguidores?

No hablo de proyectos por cábala; además, no estoy con nada en especial. Un mensaje solo: gracias por leerme y cuando quieran comunicarse conmigo, si tengo tiempo, suelo contestar.

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