Dibujos en las rocas, Verónica Cervilla

-Selecta-

        Una categoría aparte, propia, ajena al resto dentro de la inevitable clasificación en muy diversos parámetros de las escritoras y los escritores es aquella ocupada por selectas plumas que te hacen querer devorar todo lo que producen desde sus entrañas. Es el caso de Verónica Cervilla, que ha logrado convertirse en su propio género literario, que ha logrado extender su identidad como autora por encima de etiquetas y gustos apriorísticos. 

        Acostumbrados a su faceta más terrorífica, en esta ocasión saltamos hacia una propuesta rompedora y rupturista: la primera por su originalidad, su frescura y su valentía; la segunda por, como decimos, haber logrado arrastrarnos afuera de nuestra zona de confort, que por pura estadística también parecía ser la suya. La victoria es total.

        Catorce son los capítulos que integran Dibujos en las rocas, catorce cortes precedidos de una suerte de prólogo o introducción que nos sitúa en el reino de Al-Ándalus en el año 1.238 d. C. Fragmentados en sucesivas partes dentro de su estructura interna, podríamos asimismo asumir el último de ellos como un epílogo a esta historia de misterio, leyenda, aventura y amor.

        El mencionado primer tramo de la obra, encabezado por esa inscripción a modo de ubicación espaciotemporal en el reino andalusí del siglo III, nos presenta a Najma, la princesa musulmana que, bajo el mando de su padre, tratará de sobrevivir al ataque de los cristianos. El rey, con el afán de proteger a su hija del inminente peligro, tomará una decisión drástica, arriesgada y a la postre de impacto histórico. Con la muerte de él nace la leyenda de ella.

        Sufrimos una electrocución de puro presente y amanecemos del lado de la cama de Emma Egger y Noah, en Ginebra, en plenos instantes de incendio rutinario en el seno de una pareja quebrada por el desgaste. Emma, promesa de la investigación y vitalista incorporación docente al Departamento de Historia de la Universidad de la ciudad suiza, necesita una aventura que sacuda su monotonía hasta reducirla a ínfimos granitos de arena. 

        En el primer capítulo ya se prende esa chispa: la veterana profesora Genolet tiene una propuesta que hacerle, una propuesta que cambiará su vida, muy por delante del mero concepto de aventura. Tras exhibir sus dotes comunicativas ante sus alumnos en una exposición de clase sobre los misterios legendarios que envuelven la maravillosa Alhambra de Granada, Emma será invitada a embarcarse en un ambicioso y aún muy sigiloso proyecto capitaneado por la Universidad de Jaén.

        Sus raíces paternas, su predisposición a la labor detectivesca que alcanza a esos niveles la investigación universitaria y la huida hacia delante que la alejará de una vez por todas de una relación rota y su enquistada rutina serán motivos de peso para que tome ese avión hacia la Península Ibérica. El costumbrismo andaluz, la belleza natural que tan hábilmente nos traslada la autora y ese eco de gigantesca leyenda que abraza por detrás cada momento desde que Emma pisa Jaén son notables, dignos de reverencia. Estamos ante una novela bonita, en sus muy positivas acepciones. En apenas unos primeros pasos ya estamos enganchados.

        La promesa de misterio se cumple con sobrante contundencia: lejos de acomodarse en una parsimoniosa llegada, una suave estancia incipiente y algún que otro chiste provocado por el choque intercultural, Cervilla agiliza la trama o tal vez nunca deja que esta se relaje hasta tal punto. Emma aterriza en Jaén de manera accidentada, en un claro síntoma de intriga camuflado bajo un aparente amago de casualidad en forma de río. La combinación surgida de la suma de turistas desaparecidos, río y leyenda del lugar es muy jugosa como imán para el lector avezado. 

        Conocemos pronto al otro gran protagonista de la historia: Biel, que se convertirá en la mano derecha de la intrépida investigadora. La Pensión Hedera será el cuartel general de la pareja y la casilla de salida del enésimo contraste realista: la eminencia de Don Manuel Aguilar aguarda a la joven profesora Egger, resultando su binomio la otra gran pareja de la obra con permiso de los íntimos amigos Biel y Celia. 

        El profesor Aguilar será el que preste su voz al paulatino desentrañamiento de aquella aura misteriosa que baña el Castillo de la Yedra y lo aprieta fuerte contra sus costillas, todo ello alimentado por una escena estupenda a la altura del todavía primer tercio de la obra: el cultivo de lo asombroso desde la mismísima voz del pueblo en forma de guía hacia aquellos incrédulos y bromistas extranjeros que contemplan los monumentos con la paz de la ignorancia. Cazorla como nunca antes la habías visto.

        La Noche de San Juan captura toda nuestra atención cronológica a partir de la explicación de la leyenda que recorre los aledaños del castillo. En el capítulo cuarto comienza a haber ese no-sé-qué en el ambiente, como si algo estuviera a punto de explotar. Lo hará en el ecuador de la novela: un punto de inflexión que fascinará a quien acerque sus curiosos ojos al texto. El nombre de Tragantía y la reminiscencia de la figura de la bruja asomando de nuevo sonriente desde el imaginario de Cervilla serán dos coordenadas claves para garantizar emociones potentes y un desenlace fabuloso.

        Las referencias policulturales cervillescas son una delicia y en esta obra hemos podido volver a saborear su genial riqueza: desde Imagine Dragons hasta Banksy pasando por Indiana Jones, Verónica vuelve a capturarnos en su mundo con sabrosos caramelos que nos empujan hacia la comodidad del hogar. Hace tiempo que leerla se convirtió en algo parecido a volver a casa.

        El estilo con el que defiende esta magnífica aventura bajo el sello Selecta del Grupo Editorial Penguin Random House es original, atractivo y valiente. Logra imprimir su carácter a unos personajes firmes, habilita espacios sencillos de distinguir y ensalza adecuadamente los puntos emocionales que se incrustan en la monumental historia que esconde la convincente aventura de Emma, una protagonista, a nuestro juicio, con mucho deje personal de la propia Verónica, con todo lo bueno que ello significa.

        Desde Altavoz Cultural no queremos profundizar en mayor detalle en la historia que levanta esta fantástica novela para no afectar gravemente la espontánea recepción de la misma por parte de nuestros lectores; solo os prometemos que os seducirá, os abrigará la panza y os producirá ganas de perderos por las hermosas y legendarias tierras andaluzas.

-Altavoz Cultural-

*CUATRO PREGUNTAS A LA AUTORA*

     Querida Verónica: enhorabuena y mucho éxito con Dibujos en las rocas. Nuestra primera pregunta va dirigida a la labor de documentación que respalda siempre tus textos. ¿Cómo ha sido esta vez ese proceso de búsqueda e investigación para construir fehacientemente la historia?

     ¡Muchísimas gracias! Escribir esta historia ha sido especialmente divertido, la verdad. Partía de una leyenda que ya conocía, aunque más de pasada, y la investigación ha sido muy interesante. Desde el viaje a Cazorla para indagar un poco más en la Tragantía y en lo que significa para este pueblecito de Jaén hasta la investigación sobre este periodo en concreto de Al-Ándalus al que hace referencia —y del que ha sido bastante complicado encontrar datos—. En cierta forma, me convertí en mi propio personaje en la búsqueda de datos, jeje. Afortunadamente, también he contado con la ayuda de mi compañero de letras Manuel Jesús Segado, historiador conocedor de los misterios de Jaén y a quien os recomiendo leer. Y como curiosidad, la historia de la mujer mitad sierpe me llevó hasta la India, porque parece ser que allí también existe algo parecido.

     ¿Te ha resultado sencillo mantener ese equilibrio entre luminosidad y oscuridad en cuanto a lo que pedía la historia y tu gusto natural por las sombras y sus monstruos? ¿Qué ha sido lo más fácil del proceso escritural y qué ha sido lo más complicado?

     Ha sido complicado no dejarse llevar por las sombras, tengo que admitirlo. Mi naturaleza habría sido enamorarse del monstruo y explorar esa parte un poquito más, pero también ha sido un proceso de aprendizaje enriquecedor porque la literatura romántica se percibe como algo simple y nada más lejos de la realidad. Hablar sobre relaciones y amor de manera creíble sin caer en tópicos y excesos es un arte. Quizás el reto que me autoimpuse fue ese: conseguir contar una historia de amor realista y a la vez excitante. Espero haberlo conseguido o al menos que los lectores pasen un buen rato.

     Decimos en la reseña que Emma Egger es un poco bastante Verónica Cervilla en algunos rasgos: le encanta el misterio, es profesora, siente atracción por su tierra andaluza y es altamente creativa. ¿Cuánto te miraste al espejo para dibujarla y qué otros autobiografismos más o menos ajustados nos puedes confesar respecto del resto de personajes?

     La verdad es que no me planteé construir un personaje parecido a mí. Es cierto que Emma y yo compartimos interés por el misterio y lo oculto, aunque es un rasgo que necesitaba para esta historia. Además, siempre me ha llamado la atención el tema de los ancestros y cómo nos influyen, y me apetecía ahondar también en ese sentimiento de no pertenecer a ningún sitio, de no saber bien qué parte de ti es de cada parte en la que has vivido. Puede que esa sea otra de las cosas en las que me parezco a Emma, por haber vivido en varios países distintos. Biel es el contrapunto, sentirse atrapado en lo conocido es otro de los males de nuestro tiempo. La falta de expectativas, sobre todo conforme pasa el tiempo, la falta de aventura para salir de la rutina. Al final, los que buscan algo de emoción en su vida se acaban encontrando, ¿no?

     ¿Cómo ha sido tu experiencia con Selecta en esta época de incertidumbre y convulsión editorial? 

     Mi experiencia con Selecta ha sido maravillosa. Tengo la suerte de haber trabajado con una gran editora como es Camino Fuertes, y de que apostaran por mí aun viniendo del género de terror, y que me dieran libertad para relatar una historia de amor salpicada por un poquito de oscuridad y mantener mi esencia como autora. Me parece que su apuesta por nuevas voces siendo un sello de un grupo editorial tan importante como Penguin Random House es un gran paso, muy necesario para que entre algo de aire fresco en el panorama literario actual. Hay muy buenas apuestas en el sello.

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