Memorias olvidadas, Guzmán Villardón

     Existe una gran virtud en aquellos libros que nos retrotraen a nuestras primeras lecturas, a aquellos primeros atisbos de descubrimiento de nuestro gusto por la Literatura. No resulta baladí la aparente sencillez con la que nos abrazan los estímulos más primarios, como no resulta menor la capacidad de aquellos autores aptos para ofrecernos tal repertorio sensorial. Qué infravalorado está lo bien hecho.

     Memorias olvidadas, escrito por Guzmán Villardón, es una esperanza. Sostiene en sus páginas una demostración de pureza, de tradición. Introducido por un prólogo de Zahara C. Ordóñez -¡artista!- y un prefacio titulado Pinceladas libres lanzadas al viento, el cúmulo de una setentena de composiciones poéticas describe una melodía vital sensible y ligera, como un arrullo que, sin embargo, no peca de simplista ni de autocomplaciente.

     El previsible estatismo queda eliminado rápidamente debido a un zarandeo grácil: el corte estructural a modo de interludio, denominado Alegoría del ayer y clavado en torno al primer tercio de la obra, determina diversos microcambios de efecto visual y musical indiscutible: los poemas previos a dicha anotación nacen bajo títulos unimembres y su extensión es relativamente cercana a una brevedad mayor. Frente a ellos, las composiciones posteriores a la Alegoría del ayer se desarrollan en una extensión versificada superior y son titulados con más de una palabra. Asimismo, estos segundos presentan una complejidad interna progresiva, con un crecimiento en sus líneas y una elevación de los juegos léxicos que en ellas se incrustan.

     Impera a lo largo y ancho de ambas etapas el poder de las palabras madres, aquellas que han significado poesía y la han motivada históricamente. Los tonos, los colores, los sentimientos más naturales y fuertes engarzan con una madurez literaria que nos habla con la verdad, sin imposturas ni dolor sobredimensionado, sin amor artificial.

     La intensidad es el rasgo más generoso: mediante una alta frecuencia de uso de la exclamación, entre otros recursos gráficos, apreciamos un poemario forjado a fuego, con facilidad para crear una férrea inmersión en el lector. La poesía de Villardón es románticamente demoledora.

     Sobre el mapa de versos se despliegan una suerte de capitales internacionales: la soledad, el miedo a, la búsqueda de respuestas a errores o accidentes del destino, la hiperconsciencia como castigo y el tiempo como dador y negador. La dificultad de superposición de todas ellas queda diluida gracias al tratamiento atómico del poema mismo: si bien estamos ante un camino, ante un recorrido por imágenes, recuerdos y vivencias, el autor afronta con honestidad y rigor cada escalón de su escalera, no permitiendo la trivialización de ninguno de ellos ni la fragilidad del espectro por mera reiteración.

     Nos han atraído muy especialmente aquellos poemas que retratan la evolución de los sentimientos sin gastar tinta en culpabilizar a nadie por ello; nos ha encandilado también la reunión de pequeñas gotas de naturaleza que fabrican algunos de los escenarios intuidos en ciertos versos -el paisaje es casi completamente anímico y cutáneo-. Desde aquí agradecemos a Guzmán Villardón su pasión y su estupenda aportación a nuestra brújula poética.

-Altavoz Cultural-

CUATRO PREGUNTAS AL AUTOR

Dada la espectacular apertura de alma que nos ofreces en Memorias olvidadas, ¿qué sentimiento crees que es el que prevalece sobre el conjunto diverso y qué sentimiento dirías que es el que mejor has sabido ocultar o disimular dentro de lo que cabe, de forma que cueste un poco más señalarlo en los poemas?

El sentimiento que prevalece en el poemario es el amor en su más amplio sentido. Amor a la lluvia, a un atardecer, a una persona amada que marchó para siempre, a una mujer cuyo amor ya se ha olvidado, el de otra que regresa, el de una tarde en calma… y todo ello con la naturaleza como nexo de unión. Y por supuesto que ningún sentimiento ha sido guardado o escondido en el alma ya que no me he dejado nada por contar. Con este poemario se cerraba un ciclo de mi vida y por eso he querido plasmarlo todo en cada poema, en cada verso, en cada una de sus palabras.

¿Cómo ha sido el proceso de estructura y montaje de Memorias olvidadas? Nos interesa mucho saber cómo decides el orden de los poemas, así como el momento exacto en el que introducir la prosa de ‘Alegoría del ayer’, y cómo decides concluir con su último poema ante la arriesgada tentación de ampliarla indefinidamente.

La estructura ha sido diseñada desde el primer momento que me lancé a escribir el poemario. En este libro se cierra un ciclo de mi vida y quise dividirlo en tres partes: pasado, presente y futuro. Los poemas de las dos primeras partes los he escrito durante toda mi vida. Algunos de ellos han resistido el paso del tiempo, otros han sido retocados y otros desestimados. Los poemas de la última parte son nuevos y recojo en ellos cómo me habla mi alma en este momento de mi vida. Y todo ello escrito en orden cronológico porque así me parecía que recogía mi caminar por los momentos trascendentes de mi vida. Los textos introductorios sí decidí incluirlos cuando terminé de organizar todos los poemas. Me parecía que era una manera de dar pie a cada espacio del libro.

¿Cómo consideras que se integra Memorias olvidadas en la tradición poética hispanohablante en cuanto a concepción, tono y referentes? Paralelamente, ¿cómo valoras el panorama poético actual?

Mi poemario se integra en la poesía surrealista cuyos referentes principales han sido los poetas de la Generación del 27, en especial García Lorca y Miguel Hernández, en cuya poesía social he hecho alguna pequeña introducción y ya avanzo que estoy trabajando en poesía de esta vertiente. También hay un pequeño homenaje a Bécquer y a Edgar Allan Poe. La poesía actual creo que goza de muy buena salud. Además de los canales tradicionales de publicación, contamos con las nuevas formas de darse a conocer, en especial por las Redes Sociales, blogs… abre el abanico a nuevas maneras de dar a conocer el arte, el alma y los sentimientos de las personas. Yo mismo tuve la oportunidad y honor de publicar junto a otros compañer@s poetas a través de Instagram un conjunto de poemas escritos durante el confinamiento domiciliario que vivimos durante los meses de marzo, abril y mayo. El libro se titula “Inversos, todos somos poesía”.

¿Cómo ha sido la experiencia de publicar la obra en sí misma, en cuanto al propio proceso y respecto de esta época tan singular en la que has dado el paso?

El momento determinante que me animó a publicar “Memorias olvidadas” fue aquel en el que me incluyeron en el poemario “Inversos, todos somos poesía”. Ahí vi que mi sueño de publicar un libro de poesía era posible y que estaba más cerca de lo que yo pensaba. En los momentos de tinieblas y oscuridad es más necesario que nunca aportar luz para que la vida se abra camino. Sin confinamiento no hubiese escrito el poema que me llevó a publicar un poemario junto a más poetas. Sin confinamiento no hubiese estado mucho tiempo en casa y hubiese tenido tanto tiempo para escribir. Y sin confinamiento es posible que “Memorias olvidadas” no estuviera publicado en este momento. Es como una metáfora de lo dicho con anterioridad. Sin oscuridad no surge la necesidad de ver. Con la oscuridad es imprescindible arrojar algo de luz para ver dónde y cómo estamos.

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