El origen de mi terror, David P. Yuste

III Jornadas sobre Arte y Cultura del Escalofrío

Altavoz Cultural 

Mayo – Julio 2021

El origen y los motivos por los que un autor escribe siempre son tan diferentes como dispares, e incluso a veces, por qué no, sorprendentes.

En mi caso, la llegada de las Musas a mi vida estuvo acompañada por mis primeras lecturas en el ámbito del misterio y el terror. Siendo todavía un niño, descubrí a un autor que sembraría en mí ese germen con sus fabulosas y terroríficas leyendas. Hablo por supuesto del enorme Gustavo Adolfo Bécquer. Su manera de contribuir a ese tipo de literatura, mezclando un aura romántica con todo ese suspense y a veces también mitología, terminó por encauzar mis primeros pasos a este tipo de lectura.

Luego, fue inevitable que Stephen King se cruzara en mi vida. Habiendo visto varias de sus películas, siendo un pequeño cinéfilo como era ya muy jovencito, comencé a interesarme por sus textos. Pero curiosamente continué con la misma pauta que ya me había arrastrado por ese sendero plagado de oscuridad y huesos: los relatos.

Así, el primer libro que leí de él fue El umbral de la noche. Un trabajo de relatos cortos, muy exitoso y lleno de tesoros que terminaron de arrastrarme hasta el sendero siniestro por el que me muevo hoy como escritor. Recuerdo con gran pasión relatos como “El coco”, “El último turno” o “La trituradora”. Todos ellos excepcionales.

De aquí di el salto por supuesto a sus novelas. Estaba literalmente enganchado al género tanto en lo que al cine se refería como también literariamente hablando. Primero llegaron It, El resplandor, La Torre Oscura o Carrie. Más tarde seguiría bebiendo de sus aguas, pasando a engancharme a otros autores también maravillosos que terminaron de convencerme de que mi estilo estaba en el terror: Richard Matheson, Anne Rice, Mary Shelley, Shirley Jackson, Joe Hill…

A día de hoy recuerdo muchas de estas historias todavía con gran cariño. Y eso sin olvidar que como cinéfilo declarado eso también me llevó por el camino (creo) acertado. Maestros del celuloide como Wes Craven, John Carpenter, u otros más contemporáneos como Alexandre Aja o M. Night Shyamalan terminaron de encauzarme por la senda de los huesos. Un lugar por el que disfruto paseando y plasmando mis ideas.

Y estos, sin más, amigos y amigas, fueron algunos de los inicios que mi mente atesora y que me trajeron hasta este lugar donde me hallo y donde no podría estar más a gusto.

¿Os atrevéis a pasear conmigo por mi mundo?

CUATRO PREGUNTAS A DAVID P. YUSTE

¿Qué grado de vigencia le atribuyes a la figura del diablo en la literatura de Terror actual?

A día de hoy es difícil encontrar un personaje que haya aterrorizado tanto a los seres humanos como el diablo. Incluso en los tiempos que corren es complicado separarlo de obras literarias, cine, y el Terror en general.

Es una figura muy recurrente a la hora de atribuir los males que aquejan a los humanos en muchas obras de Terror. Tanto es así que, aunque una buena parte de la sociedad se ha apartado de determinados ritos religiosos, el diablo sigue presente a través de posesiones, pactos, conduciendo la mano que baja el hacha sobre el cuello del inocente, o guiando los pasos de un incauto y pobre desgraciado que poco tiene que perder en la vida.

Por tanto y en definitiva, creo que tiene un papel importante aún en nuestros tiempos en la literatura de Terror. Tal vez maquillado bajo otras formas, pero siempre presente y, por tanto, vital.

Como lector, ¿cuánto valoras poder empatizar con el ámbito sociocultural y geográfico del autor y su historia?

Yo siempre opino que es un plus poder empatizar con un autor y su historia teniendo en cuenta estos valores. De hecho, muchas veces no solo te das cuenta de que influyen en su historia sino que además te ayudan a conectar con él y con su modus operandi a la hora de trabajar; si tienes la suerte de conocerlo en persona, pues también puede ser un extra coincidir o compartir su ámbito sociocultural… Y es ahí donde nacen después ese nexo, esa relación entre lectores-autores, autores-autores tan importante y agradable a veces. De hecho, gracias a esto he conocido a grandes escritores que después se han convertido en amigos y con los que puedo pasar horas charlando casi de cualquier cosa.

¿Con qué personas sueles compartir y fomentar activamente vuestro mutuo gusto por la literatura de Terror?

Pues aunque a priori pueda parecer sencillo, es más fácil encontrar personas que vean cine de Terror que lectores de género. Antes me resultaba muy complicado encontrar personas con estos mismos gustos, y en ocasiones caías en el cliché del “bicho raro que lee cosas extrañas”.

Por fortuna ese estigma ha ido desapareciendo, y gracias a las RRSS, a numerosos eventos, participaciones en antologías, etc., he conocido mucha gente con gustos afines además de personas maravillosas. Para muestra un botón. Vosotros sois un claro ejemplo de ello. Círculo de Lovecraft, Amparo y José Montejano; Dentro del Monolito, José Luis Pascual y todo el equipo; Chica Sombra, Tamara López, Tony Jiménez y muchos más que me dejo en el tintero… Todos ellos son ejemplos innegables también de ello. Son personas con las que comparto este gusto por lo macabro y por el horror latente, por el Terror, y con los que puedo disfrutar de una charla sobre temas tan especiales y particulares siempre que lo deseo.

Busquemos la acotación: ¿qué no consideras que es Terror aunque se le parezca?

Yo siempre digo que hay una línea muy delgada que separa el thriller y el suspense del Terror. A veces es complicado distinguirlos pues sobre todo el horror (esa emoción que refleja los miedos humanos), ese horror en el que el protagonista es un ser vivo, una persona latente, un asesino en serie tal vez, confunde y difumina esa misma línea de la que hablamos.

De hecho un thriller y una obra de Terror contienen tantos elementos similares que si eliminamos los componentes sobrenaturales o propios de ese Terror en muchas obras, perfectamente y tras un pequeño lavado de cara, podría convertirse en un thriller de calidad notable (véase por ejemplo la novela Horns, de Joe Hill).

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