Las Haraganas, Manuel Horno

-Bala Perdida-

Las Haraganas es un libro pausado y triste que circula alrededor de la vida de unas hermanas que, ya ancianas, se muestran hastiadas en el presente y resignadas a compartirlo, dado el pasado tan complicado que han vivido..

Es un libro muy íntimo, en el que sientes que estás con las tres hermanas en todo momento, compartiendo con ellas sus días y en los que sientes su tristeza. Las tres son muy diferentes las unas de las otras y eso es lo que las hace increíbles y explosivas al mismo tiempo. La verdad es que la construcción de los personajes es una pasada. De los mejores personajes que he leído, de verdad. 

Un libro partido en tres, donde conoces la vida de los personajes en presente y pasado contados por ellas mismas. Una vida dura, llena de adversidades y secretos familiares. Una trama con un ritmo regular pero que te engancha, te encoge el corazón y decide no soltarte nunca. 

Es increíble como un libro tan corto puede hacerte sentir tantas cosas: en algunos momentos rabia, en otros, risa y en otros, pena… Me gustó mucho porque pude disfrutarlo, porque sé que a partir de ahora la historia se irá conmigo.

Y sin quererlo Las Haraganas entró en mi TOP 5 de libros del 2021, por historia, creación de personajes, trama, ritmo y edición. 

Querido Manuel, no dejes nunca de escribir. Queridos Balas Perdidas, no dejéis de apostar por voces nuevas tan geniales.

Rut Alameda

ENTREVISTA A MANUEL HORNO

Bienvenido, querido Manuel, a Altavoz Cultural y enhorabuena por tu fantástica obra Las Haraganas (Bala Perdida, 2020). Quisiéramos saber, en primer lugar, cuál fue el principal estímulo que te llevó a afrontar el desarrollo de la obra y cómo fue su construcción desde cero, atendiendo a referencias, imaginario, tal vez autobiografismo en mayor o menor dosis… Cuéntanos, por favor.

Gracias, Altavoz Cultural, por la oportunidad que me da esta invitación. Creo que el estímulo principal que me ha llevado a escribir ha sido la lectura. Desde niño me ha gustado leer, he disfrutado mucho metiéndome en historias ajenas, viviéndolas mientras pasaba páginas. A la vez soy muy observador, me han llamado de siempre la atención las formas de ser, las vidas que pueden llevar personas diferentes a mí. Y de pronto, un día, ambas cuestiones se encuentran, lo leído y lo observado, y tú te preguntas ¿por qué no escribir y contar algo? Las Haraganas surgió de una de estas observaciones, de darme cuenta de cómo a nuestro alrededor podemos encontrar personajes con su propio devenir, un devenir que nada tiene que ver con el nuestro y que además nos puede parecer ajeno a nuestro tiempo, con toda una historia detrás que hoy se nos haría pasado. No es una novela autobiográfica en el sentido de haber relatado una historia personal o familiar, aunque pueda haber aspectos, rasgos, detalles de personas que he conocido.

Luego está el tema de las referencias literarias, las que me han formado como escritor, algunas que he tenido claras, como la de Delibes en el aspecto costumbrista y rural, Laforet en la creación de esos personajes femeninos de la posguerra (aunque no haya ninguna referencia concreta, se podría situar ahí), o Lorca en el personaje de la madre omnipresente, y otras que los lectores me han destapado, y que sí, que he visto que están ahí, aunque no haya sido tan consciente de ellas a la hora de escribir; y aquí me remito a comentarios recibidos acerca de la literatura rusa del XIX en cuanto a la psicología de los personajes, por ejemplo.

En todo caso ha sido una labor apasionante esta de enfrentarme por primera vez a una novela.

Dadas las impresionantes posibilidades narrativas de la obra, ¿concibes la novela como el formato definitivo para contar esta historia (frente a, por ejemplo, una serie de relatos o una saga de varios libros)?

No, para nada; yo opté por la novela para contar esta historia porque quería escribir una novela; quizá porque es el género por el que me introduje en la literatura como lector. Pero creo que se podría condensar la esencia de la misma en un relato, por ejemplo. También me he planteado alguna vez la posibilidad de prolongarla en otras novelas, qué pasaría cuando se quedase una de las tres hermanas sola (algo que de un modo natural pasaría en un momento u otro), o la opción de llevar Las Haraganas a la escena. He trabajado en teatro y veo mucha tabla en esta historia. De hecho, creo que se podría hacer una dramaturgia con ella, ya que muchos de sus capítulos, en mi cabeza, surgieron como escenas teatrales.

¿Por qué Bala Perdida como editorial madre de la criatura? 

Quizá la pregunta habría que hacérsela a Bala Perdida, por qué decidió publicarla. Es una editorial que apuesta por voces nuevas, por escrituras personales… Que es joven como editorial, del mismo modo que yo soy joven como escritor aunque ya peine canas. Por mi parte no tengo más que agradecimiento por haberme sacado a la luz. Cuando uno comienza a escribir tiene el deseo de llegar a ver publicado su escrito. Luego, en el momento en el que empieza a moverlo, se da cuenta de que el mundo editorial es otro al de la creación, en el que no resulta fácil meter la cabeza. Pero no he tenido prisa y sí fe en que un día podía llegar.

El camino ha tenido vericuetos, que tampoco vienen al caso ni creo que sean muy diferentes a los que han podido vivir otros escritores, y al final llegó a un muy buen puerto. Hay dos personas fundamentales en ese recorrido: Jose Ángel Mañas, que me ha apoyado desde el principio y le pasó la novela a la editorial, y por supuesto Lorena Carabajo, la editora de Bala Perdida, que hizo la apuesta definitiva. Lorena es una jabata en este oficio, te apoya y acompaña, confía y empuja… Una gran suerte ser uno de sus Balas.

¿Cómo consideras que se inserta Las Haraganas en el espectro literario al que pertenecen obras como Nietas de la Memoria, hermana de la misma casa, o nuestra antología Memoria Histórica? ¿Qué crees que puede aportarle al mercado editorial en este sentido, especialmente desde el tratamiento del mundo rural y, tal vez, también desde su aspecto más feminista?

Las Haraganas no está ubicada ni espacial ni temporalmente, al menos con una ubicación concreta. La única ubicación temporal está en la primera frase: «Julita nació el mismo día en que estalló la guerra…», y ni siquiera se especifica a qué guerra se refiere, aunque podamos imaginarnos que se trata de la Civil española. Esto fue una decisión consciente, porque no quería centrar la historia en un marco concreto; quizá pequé de ambicioso, pero quería hablar de formas de vida que trascienden épocas y lugares. En este sentido recibí un comentario que me gustó mucho: un lector me dijo que se podía imaginar la novela en la campiña inglesa del XIX. Y me gustó porque en el fondo Las Haraganas habla de cómo hay veces que el entorno social, familiar, nos puede condicionar a la hora de tomar decisiones sobre nuestra propia vida, de cómo no siempre somos capaces de ejercer nuestra libertad como personas. Y eso, en diferentes marcos, ha existido y creo que sigue existiendo. Hace poco me decía una amiga que se había sentido muy identificada con las protagonistas. Mi amiga es una mujer de cincuenta años, muy vital, muy echada para delante, con hijos, un trabajo, una vida social intensa, una mentalidad que nada tiene que ver con la de las tres protagonistas… y sin embargo encuentra una conexión. Me resultó muy curioso pero a la vez lo comprendo y lo comparto. Yo mismo puedo encontrar esa conexión en mi propia vida, lo que no significa que haya pasado por esas vivencias exactas. Creo que la literatura tiene ese poder evocador.

Con las dos obras que mencionáis (Nietas de la Memoria y la antología Memoria Histórica) está la relación de que Las Haraganas es una historia cuyas protagonistas son mujeres y que, como acabo de decir, podríamos situarla en la posguerra. Pero yo no la he escrito con la intención de hacer una novela de memoria histórica ni de trama feminista. A veces me he preguntado si los personajes podrían haber sido hombres. Creo que sí, es cierto que hay más casos de hermanas que han permanecido solteras y viviendo juntas que de hermanos, pero el tema de los condicionamientos a la hora de tomar decisiones que mencionaba antes no creo que sea un tema de sexos.

Es cierto que el tema rural y el tema de la mujer están muy presentes hoy en el mundo editorial, pero creo que también lo han estado en otras épocas. Ya digo que detrás de Las Haraganas está todo mi bagaje como lector, y como lector sobre todo de novela del XIX y primera mitad del XX. No he pretendido hacer algo nuevo, ni distinto, ni sumarme a ninguna corriente concreta. Simplemente he querido escribir. Y no he podido evitar (ni ha sido mi intención hacerlo) que me influya lo que está ya ahí.

¿Cómo fue el proceso de construcción de los diferentes personajes? ¿Y, en particular, el de las hermanas?

Fue un proceso apasionante, la verdad. Yo creé en mi mente ese grupo de tres hermanas y las concebí con unos rasgos básicos, cada una diferenciada de las otras dos. Podría hablar, de mayor a menor, de la sería, la sumisa y la caprichosa, esquematizando mucho; y cada una de ellas, conforme iba escribiendo, fue adquiriendo su propia personalidad, hasta el punto de que llegué a experimentar eso que había leído en entrevistas a escritores de que los personajes «cobran vida propia», en el sentido de que ellas mismas me iban diciendo qué hacer, por dónde tirar. A veces trataba de forzarlas en algún aspecto que me convenía para la trama y ellas mismas me paraban los pies y me decían: «yo eso, no». Es curioso, con lo poco capaces de tomar las riendas de sus destinos que han sido, la capacidad que han tenido de plantarse ante mí…

Nos gustaría concluir esta charla preguntándote acerca de este año de sensaciones, opiniones y mirada hacia el pasado más presente que nunca: ¿cómo ves casi trescientos sesenta y cinco días después tu publicación? ¿Qué poso, qué huella vital te deja? Te deseamos todo lo bueno.

Casi trescientos sesenta y cinco días después de su publicación y varios años después de su creación, porque la comencé a escribir en 2014, o quizá un poco antes. Ahí están, ya solas, me he alejado de ellas, las he dejado de alguna manera tranquilas en sus propios pensamientos. Fueron muchos meses con ellas, más o menos un año y medio esparcido en el tiempo, en una relación muy intensa, y una vez publicada la obra nos respetamos nuestra intimidad. Es curioso que no he podido volver a leerla, y mira que la he leído y releído veces durante su escritura y edición. Tenía ilusión por hacerlo, leerla en libro publicado, y no he sido capaz. Ahí también se me han plantado, como si me dijesen las tres: «déjanos ya en paz». Pero el poso vital ha sido mucho. Conocer un mundo nuevo como es el mundo editorial, conocer a otros escritores, a libreros, lectores, medios de comunicación como el vuestro… y también, claro, despertarme el gusto de escribir. Ya no lo abandono. Tengo terminada una segunda novela y estoy comenzando otra… No puedo dejarlo. Digo que es un placer arduo.

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