[Semana de la Poesía // 20-27 de Marzo 2022 – Altavoz Cultural]

¿Quién es Ray Benzal Martínez desde lo no literario? ¿Qué intereses, inquietudes y pasiones conforman tu vida? ¿Qué tres experiencias dirías que han marcado especialmente tu carácter, tu personalidad?

Nací en Cartagena un octubre de un ya lejano 1975. He sido un trotamundos desde bien pequeño – por trabajo de mi padre, en mi más tierna infancia viví dos años en Porto Cristo, Mallorca, y luego por idéntica razón tuve la inmensa fortuna y honor de vivir en Roma en mi infancia y primera juventud, siendo esta sin lugar a duda una de las experiencias que más ha marcado tanto mi vida como mi personalidad. Fueron seis años fundamentales en la formación de una persona, y desde el primer día hasta la actualidad he sido un enamorado de Roma, sus gentes, sus barrios, sus monumentos, además de despertar en mí un interés profundo por la historia y las humanidades. Parafraseando a Gertrude Stein: España es mi país, y Roma mi hogar.

En el ámbito académico siempre me decanté por las ciencias, en concreto la ingeniería, que cursé en la Universidad Politécnica de Cartagena. Esta elección es otra de las experiencias vitales que más ha marcado mi carácter, consiguiendo una mezcla muy interesante entre mis estudios técnicos y mis inquietudes humanísticas.

Y a partir de esos estudios llega la otra gran experiencia vital, sin duda la más importante por impacto y duración, realizando el proyecto fin de carrera a través de una estancia Erasmus en Utrecht, Países Bajos, y ya llevo más de veinte años fuera de España. He tenido la oportunidad de trabajar a lo largo y ancho del mundo; estos últimos doce años los pasé en Reino Unido, y desde hace unos seis meses en Italia, adquiriendo, aparte de una experiencia de la que se nutre mi día a día profesional, un bagaje multicultural del cual me siento muy orgulloso y que ha ido moldeándome estas dos últimas décadas.

¿Cómo nace tu relación con la Literatura? ¿Qué obras, qué géneros y qué plumas nutren tu yo lector en su estado inicial?

Empecé a leer de muy joven, mis primeros recuerdos como lector son precisamente al llegar a Roma con casi ocho años. Y de ahí sin parar, devoraba y devoro libros, de muchas y variadas fuentes. En primera instancia los libros típicos de aventuras propios de la juventud, con clásicos como La isla del tesoro de Stevenson, Las aventuras de Tom Sawyer de Twain, el Quo Vadis de Sienkiewicz, o El Conde de Montecristo, de Dumas, una obra que me marcó mucho por los distintos géneros que engloba. Un lugar especial lo ocupa una novela que lo contiene todo, “el Quijote”, leído en dos ocasiones, la primera a los trece años, y luego repetida a los treinta y ocho. Es algo que recomendaría a todo el mundo, una lectura en la preadolescencia y (por lo menos) otra de adulto.

Mis años en Italia los aproveché para empaparme bien de su cultura, y tuve la oportunidad de disfrutar de obras maestras de lo que llamo el realismo italiano imperante sobre todo en la primera mitad del s.XX. Algunos de esos libros que recomendaría a cualquier lector son Fontamara de Ignazio Silone, El jardín de los Finzi-Contini de Giorgio Bassani, El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, El barón rampante de Italo Calvino, el durísimo y emocionante Si esto es un hombre, de Primo Levi, o sin duda mi autor italiano preferido, Luigi Pirandello con su El difunto Matías Pascal.

En mi juventud tuve una época muy fuerte con el género de suspense, leyéndome prácticamente toda la serie de Poirot, de Agatha Christie – he de reconocer que siempre he sido más del detective belga que de Miss Marple. Muchos años después visité su casa Greenway en Cornualles, que permanece como si la entrañable escritora inglesa hubiese dejado de escribir unos instantes para bajar a tomar el té. Una coqueta mansión con unas vistas espectaculares de la costa inglesa, y donde se respira literatura por los cuatro costados. Hasta me aventuré a tocar un par de piezas breves en su maravilloso Steinway de finales del s.XIX, una gentileza de la fundación que lo gestiona a todo el que se atreva.

Una persona a la que quiero reconocer aquí fue mi profesor de literatura de 2º BUP, don Agustín, en el instituto de Murcia donde cursé el bachillerato. En vez de seguir el típico libro de texto, leíamos libros enteros que discutíamos en clase. Yo llevaba un año de vuelta en España y ahí me adentré en obras maestras de nuestra literatura, desde el Cantar de Mío Cid, a Las inquietudes de Shanti Andía, de Baroja. Ese mismo año me enrolé en el grupo de teatro del instituto, donde adaptamos El sueño de una noche de verano de Shakespeare, y eso me llevó a leer toda su producción teatral durante ese año.

La poesía llegó más tarde. Por supuesto había leído de vez en cuando, incluso me había aventurado a escribir un par de poemas en el instituto, pero hasta el comienzo de mis estudios universitarios la mayoría de mis lecturas eran en prosa. No recuerdo exactamente ni cuándo ni qué provocó que empezara a leer más y más poesía, pero fue un proceso bastante rápido, y empecé a interesarme hasta que se convirtió en mi lectura principal, hasta hoy día. Me decanté muy pronto por nuestras dos épocas más gloriosas, el Siglo de Oro y la Generación del 27, especialmente Góngora y Lorca. Admiro mucho la revolución de la poesía en la España de los 50, liderada por poetas como Hierro, Brines, Bousoño, Caballero Bonald o Claudio Rodríguez, hasta llegar a más recientes como Luis García Montero, y coetáneos como Raquel Lanseros y Fernando Valverde. A ello hay que añadir la gran hornada de poetas hispanoamericanos, desde Rubén Darío a Ida Vitale, sin olvidarme de Neruda u Octavio Paz. Del mundo anglosajón siempre me han atraído Eliot y Whitman, y estos últimos años viviendo en Reino Unido me han permitido adentrarme en figuras como Dickinson, Keats, Auden, y sobre todo Dylan Thomas, hasta más modernos como Seamus Heaney, Sharon Olds, Simon Armitage, Don Paterson o Carol Ann Duffy.

¿Qué formatos y géneros te atraen a la hora de crear? ¿Qué primeros pasos das como autor antes de tu primera publicación editorial?

Todo mi bagaje lector, sea poesía o prosa, además de otras aficiones como el piano, la fotografía, y los viajes, me han dado un rango muy variado de experiencias a las que acudo regularmente, mezclándose cuando escribo.

A la hora de escribir siempre me he decantado por la poesía. Mis primeros pasos serios se remontan a finales del siglo pasado, y desde entonces he escrito por temporadas, a veces largas y otras más cortas. Y siempre leyendo durante esas etapas y en los periodos intermedios. A medida que van surgiendo los poemas te das cuenta poco a poco si pueden llegar a formar un conjunto, pero no es ese el objetivo durante el proceso de escritura.

Después de un tiempo prudencial empieza el proceso de relectura, y cambios aquí y allá buscando la mayor claridad del poema, que no quiere decir darlo todo masticado al lector. Creo firmemente en la teoría de que, una vez en manos del lector, el poema toma una vida propia que le dará cualquier lector, con sus interpretaciones y según su estado de ánimo en el momento de la lectura. Me gusta buscar su complicidad y dejar varios caminos de interpretación.

¿Qué te ofrece la poesía en detrimento de otros medios de expresión?

A la hora de escribir, la poesía surgió de manera espontánea, natural, quizá también un poco guiada porque en aquella época era el género que más leía, pero después a lo largo de los años he seguido con ella, me gusta la conceptualización del poema, el buscar la palabra o expresión adecuada, para expresar mi visión de la vida, del mundo, de las emociones, ya sean propias o extrañas. Al final es una manera de comunicarme, y surgió en forma de poesía como podía haberlo hecho en prosa. Incluso en música he hecho algunos pinitos con unas pequeñas composiciones simples para piano; mi dominio del piano me permite interpretar hasta piezas digamos intermedias, pero no lo suficiente como para componer con la seguridad que sí noto en el empleo del lenguaje. La poesía, en su concepción actual, permite casi todos los artificios de la prosa, desde el tempo más lento hasta acciones más aceleradas, diálogos, y nunca he sentido la necesidad de ir a otras opciones como la prosa para expresar exactamente lo que quiero. Siempre tengo presente los versos de Alejandra Pizarnik: “una mirada desde la alcantarilla / puede ser una visión del mundo / la rebelión consiste en mirar una rosa / hasta pulverizarse los ojos”. Por el momento no creo que deje de emplear la poesía como medio de expresión, pero no cierro la puerta a ninguna otra opción en el futuro.

¿Cómo se gesta Septimontium. Un canto a Roma desde su primer estímulo conceptual hasta sus imágenes finales?

Roma es sin lugar a duda mi primer amor cívico. Después de mi estancia he vuelto en numerosas ocasiones, como curiosidad debo decir que he acompañado a mucha gente a la Fontana de Trevi para su admiración y dar la oportunidad de seguir la tradición de tirar la moneda. Yo nunca tiro la moneda, al no sentir que llegue a dejar del todo la ciudad. Momentos clave de mi vida han surgido gracias a mi estancia allí de joven, por ejemplo, a mi mujer, aunque española, la conocí a través de unos antiguos compañeros del Liceo Español donde estudié, así que no es de extrañar que luego a la hora de pedirle que se casara conmigo quisiera hacerlo también allí. Con anterioridad a Septimontium había escrito algún poema con referencias a la ciudad, pero nada remotamente temático. Los primeros poemas surgieron casi sin quererlo, lo curioso es que fue en el periodo más largo que he estado sin ir, que por circunstancias fue de varios años. Quizá esa morriña de la presencia física tuviera algo que ver.

En los poemas que lo componen se desarrolla una bella mezcla entre rutina recreada, viaje de corte turístico desde la retrospectiva y un derroche de admiración a la ciudad. ¿Cuál fue tu manera de enfocar el conjunto en cuanto a ese reparto de referencias, parajes y vivencias? ¿Lo planteaste como un ejercicio lineal según ibas desentrañando tu inspiración o sopesaste la dosis calculada de los diferentes ingredientes?

Los poemas, si bien siguen una temática urbana concreta, son muy distintos tanto en el argumento como en el planteamiento. Sí que me detuve en el estilo a utilizar según lo narrado, o lo que quería transmitir. Por ejemplo, el soliloquio de un emperador, o una suerte de regreso al futuro de un turista ilustre del s.XIX con las contradicciones entre ambas épocas que conlleva, o los recuerdos de un poeta moribundo.

Luego están los que hablan de distintos rincones de la ciudad, no particularmente turísticos, pero con un significado importante para la historia urbana y los actuales habitantes, y otros más irónicos sobre algunas costumbres y contradicciones. Finalmente hay una parte autobiográfica, pero no seguí ningún tratamiento ni plan especial con los mismos, en algunos casos son poemas completos, en otros referencias escuetas en un par de versos.

¿Cómo ha sido tu experiencia editorial con Círculo Rojo? ¿A qué público recomendarías la lectura de esta obra dedicada a Roma?

Una vez concluido, envié el manuscrito a varias editoriales, y debo decir que el recibimiento fue muy bueno por la gran mayoría. Al final me decanté por una forma algo más alejada de la edición tradicional, a través de Círculo Rojo. Debo decir que la experiencia ha sido sobresaliente, desde el primer paso hasta el último. La editorial tiene un proceso muy concienzudo y bien engranado a cada paso – el más importante el trabajo con mi editora, en contacto permanente desde el momento del envío del manuscrito hasta la entrega de los ejemplares, y el posterior apoyo de las áreas tan importantes de servicios post publicación.

Septimontium es un poemario destinado a cualquier amante de la poesía, y en general a cualquier lector que tenga interés en la Ciudad Eterna y quiera adentrarse en los recovecos, los mercados, los monumentos, las gentes, las costumbres, lo fascinante y lo contradictorio, e intentar rellenar algunas de las piezas del puzle que compone la ciudad.

Nace como un paseo por Roma, saltando de época en época, desde su fundación mitológica y el posterior imperio romano hasta la Roma dividida por estado y papado, encontrando a su paso personajes tanto históricos como singulares, y en el trasfondo de cada poema, el alma de la ciudad: el romanaccio, los callejones, el ruido de gentes y vehículos sobre los adoquines, los olores, el fluir del Tíber.

Al final lo que intento es, a través de muchas miradas, dar mi visión, que por definición siempre será subjetiva y parcial, y contagiar el magnetismo de la ciudad; a los muchos que ya han estado, que se enamoren un poco más de la ciudad, y a los que no, cualquier excusa es buena para una visita.

¿Cómo es tu rutina escritural ajena a proyectos concretos? ¿Cuántos de tus textos producidos reservas y cuántos sacrificas una vez vislumbras la idea de transformación de ese ejercicio constante en un objetivo determinado, sea libro o sea primero colección privada de autor?

Los poemas surgen casi sin aviso. Sí es verdad que hay épocas de creación más concentradas, y otras más relajadas, donde siempre te queda la duda de si la inspiración volverá en algún momento. Menos el periodo de Septimontium, donde sí hubo un enfoque claro en la temática, no suelo tener una idea preconcebida de un posible libro o colección. A medida que voy escribiendo y finalizando los poemas, lo único que hago es fecharlos, luego los guardo para revisarlos más adelante, a veces es cuestión de semanas, otras de meses, y en algún caso han pasado años entre la escritura y la revisión.

A la hora de elegir los textos más susceptibles de formar un conjunto hay bastantes que quedan fuera, ya sea porque no me convencen, o porque no aportan al conjunto. Por ejemplo, escribo sonetos de cuando en cuando, pero ninguno de los libros publicados tiene ninguno porque se hubiesen sentido como cuerpos extraños en sendas obras.

De Septimontium a Margaritas de azul y plata. ¿Qué dejas atrás y qué incorporas en torno a tu poética a la hora de encarar este nuevo desafío literario?

Aun siendo Septimontium mi primer poemario publicado, la mayoría de los poemas de Margaritas de azul y plata son anteriores, y están escritos en un periodo de tiempo mucho más extenso. La razón de esta inversión en la publicación se debe sobre todo a motivos sentimentales: quería que el primer poemario en volar del nido estuviera dedicado a “mi” ciudad.

Lo que sí es posterior en Margaritas de azul y plata es todo el trabajo final de revisión y selección de poemas, y su inclusión en las tres partes que lo forman. Es completamente diferente a Septimontium, con una poética centrada en temas actuales, como el descubrimiento personal y de los sentimientos, algo que a veces va por separado y a veces se mezcla a medida que nos desarrollamos como personas. Son poemas muy de presente, del momento, pero sin olvidarnos de echar unas cuantas ojeadas al pasado y preguntándonos por el futuro.

Este segundo libro consta de tres partes explícitamente marcadas. ¿Qué grado de postproducción aplicaste, particularmente en cuanto a ese diseño formal, con vistas a su composición definitiva una vez que tuviste entre manos el primer borrador?

A medida que fueron surgiendo en las distintas épocas en que los escribí, vi que podrían englobarse en un conjunto, y una vez revisados y limpios de polvo y paja escogí los más adecuados para narrar esa historia de evolución, que es el leitmotiv principal de la obra. Cada una de estas partes se corresponde bastante bien con las etapas en que los escribí, por lo que la confección del diseño vino casi por sí misma, los movimientos de poemas fueron mínimos.

¿Cómo dirías que se inserta Margaritas de azul y plata en el panorama poético actual? ¿Qué virtudes destacarías de Valparaíso como hogar para tu obra?

Margaritas de azul y plata narra tres etapas de una historia de descubrimiento gradual, tres fotografías secuenciadas temporalmente. La primera etapa es introspectiva y de una evolución personal, casi abstracta en el reconocimiento de significados vitales; una posterior de búsqueda de la realidad y solidificación de los recuerdos; y finalmente una conclusiva donde las emociones se exploran y explotan.

El poemario, siendo muy personal, creo que se inserta bien en las actuales corrientes poéticas que se han dado en nuestro idioma en el s.XXI, con ciertos toques vanguardistas, y con una exposición del yo extremadamente subjetiva, ficcional y que intenta expresar sentimientos de una manera muy visual. Desde el punto de vista estilístico, hay registros y temas muy variados, yendo desde esquemas más canónicos hasta una poesía casi minimalista, ya sea en el fondo como en la forma, siempre escogidos según me dictaba el poema y lo que quería transmitir, más que a causa de un plan preestablecido.

Con Valparaíso Ediciones la relación fue estupenda desde el primer día. Había sido una de las editoriales que se interesaron por Septimontium, pero en ese momento ya tenía la publicación apalabrada, con lo que propuse la posibilidad de Margaritas de azul y plata, y no tardamos en ponernos en marcha. Creo que ambos poemarios encajan muy bien en las líneas de sus respectivas editoriales, y Valparaíso ofrece un catálogo extraordinario de poesía, donde se concentran desde premios Nobel de Literatura hasta voces inéditas; en definitiva, una gran familia de la que estoy tremendamente orgulloso de formar parte.

¿Qué feedback estás recabando por parte del público respecto de ambos poemarios por separado y hacia tu persona como escritor? ¿Cómo vives todo ello desde la dualidad geográfica Italia-España en cuanto a familia, amigos, lectores de confianza y consumidores anónimos de tu obra?

Ambos poemarios se publicaron cuando aún vivía en Reino Unido, por lo que todo el proceso editorial lo viví desde la distancia, además de en medio de la pandemia, con lo que las interacciones se sustentaron en la tecnología.

Las reacciones a ambos poemarios están siendo bastante interesantes y muy alentadoras, de hecho, como comentaba, Septimontium me dio la oportunidad casi inmediata de publicar Margaritas de azul y plata, obteniendo ambos poemarios buenas reseñas en diversos canales como radio o webs especializadas en literatura. Incluso una reconocida poeta italiana hizo hace unos meses una traducción de uno de los poemas de Septimontium en su reconocida web literaria, con bastante repercusión en el ámbito poético italiano.

En los temas de interacción sí que noto la dificultad añadida de no vivir en el país donde están publicados los poemarios – hoy en día mediante las redes sociales puedes llegar a todos los rincones del mundo, pero también es importante la presencia física y la interacción directa con lectores, libreros y editores. Las restricciones de la pandemia me impidieron por ejemplo el poder realizar una presentación en España, o el acudir a alguna Feria del Libro, cosa que hablé con ambas editoriales pero que no pudimos llevar a cabo al estar yo también en plena mudanza. Quedan pendientes para 2022, si puede ser. Estos últimos periodos vacacionales en los que he podido volver sí me he pasado por diversas librerías para hablar de ambos poemarios con sus responsables, con una muy buena acogida en varios establecimientos especializados de distintas ciudades.

¿Qué proyectos confesables tienes a corto y medio plazo? ¿Dónde podemos encontrarte y leerte?

El proceso creativo nunca se para del todo, ahora mismo diría que estoy en un periodo intermedio entre pleamar y bajamar, con algunas cosillas escritas y unas cuantas ideas a las que dar forma. Sigo dedicando considerable tiempo a la lectura y a las otras actividades creativas que comentaba antes, como el piano, los viajes y la fotografía, todas ellas muy importantes en el pasado a la hora de escribir. También estoy en los albores de un nuevo proyecto literario a largo plazo, todavía sin definir del todo, completamente distinto a lo hecho hasta ahora. Y hasta ahí puedo leer.

Soy relativamente activo en redes sociales, con un par de cuentas de Instagram dedicadas a la poesía y la música (Bach_Lorca_andallthatjazz), en honor a mi compositor y poeta favoritos, y otra a mis vaivenes fotográficos (raybenzalmartinez), así como una cuenta en Twitter también sobre poesía y música: @BachLorca. También estoy trabajando en la creación de una página web que recoja mis inquietudes creadoras. No me aburro.

SEPTIMONTIUM

Un canto a Roma

-Círculo Rojo-

   Roma desde sus siete corazones, desde sus siete retinas perfectas, desde su manto eterno de exquisitez de siete puntas. Ray Benzal Martínez es el poeta de la capital italiana, una ciudad, dicho sea de paso, muy querida por esta voz que les habla. Leer estos poemas permite el acercamiento, la aproximación al encanto romano; permite también el (re)descubrimiento de la felicidad, la añoranza o el suspiro a través de su detenido recorrido. Permite, por supuesto, el -segundo- enamoramiento.

   Veinticuatro notas componen el canto del poeta a su diosa, a su grandiosa amada. Comienza en las calles con menciones históricas -ese mil ochocientos setenta- y presenta temprano el primer elemento del prisma: el avión abandonado en pro del regreso, del reencuentro y el reconocimiento. El autor dirigirá sus palabras en un altísimo porcentaje al nombre de Roma implícito en un tú/ella distanciado para la admiración y acercado para el amor.

   Esa cúpula alberga en su seno una nutrida selección de individualidades: en las dedicatorias, en los telegramas versificados y en las vistosas citas introductorias que dos de cada tres poemas luce bajo nombres tan ilustres en lo artísticocultural, lo popular y muy particularmente lo literario -de Juan Gelman a Federico García Lorca pasando por Stendhal; alternando un tridente de lenguas: español, italiano e inglés, siendo las dos primeras las integrantes de una danza pegada pecho contra pecho que intercambiará posiciones a lo largo de todo el escenario textual-. 

   Aterrizados los ojos que se posarán sobre sus columnas, el cuerpo que habitará sus esquinas y la pluma que trazará sus secretos, la ciudad se muestra viva y vívida, repleta de frutos de muy diversa índole respecto de lo estético, lo sentimental y lo retroalimentado. Paisajes y amigos son las manifestaciones más generosas de la cara monumental, si bien su idílico mármol también es testigo de la crudeza del mundo, el asalto a la experiencia que practican las redes sociales y la empañada huella que graba en nuestras -sus- pupilas la extrañeza del presente sociovital entroncado con la nueva versión del hogar.

   Los recuerdos, las imágenes familiares, la recurrencia al fútbol como pasión y otros anuncios de costumbres y hábitos nos acercan al fin al autor -y su personaje- en su contexto natural, ya instalado y en calma nerviosa -ávida de iniciar el viaje de reconquista palmo a palmo-. Es aún en el primer sexto-tramo (de cuatro formados: 6×4 = los 24 poemas) cuando detectamos, por una parte, un rasgo creativo al pie del final narrativo: ese verso último desplazado lateralmente, y, por otra, la asunción de una óptica “turística” que nace de la confesión: “la ciudad ha cambiado tanto, no sé qué me espera” / “quiero centrarme en el viaje”.

   Vaya guía, qué anfitrión perfecto: ocupamos el sidecar de un caminante que disfruta de todo cuanto le abre en sus brazos Roma; lo hace, por supuesto, con conciencia de cambio, de revisión, de crítica constructiva en casos aislados. Ray Benzal Martínez nos habla, transparentemente, de Ray en Roma, desde un antes vs. ahora, lo cual nos regala dos oportunidades magníficas: conocerle a él y (re)conocer la ciudad. En XIII se levanta otro andamio -“vuelvo a mi yo poético”- desde el cual sentiremos una aceleración en el ritmo -andamos, corremos, ahora volaremos-, una mayor extensión en las composiciones -será XXI el techo- y un quiebro de estrofas que hará de los cambios tonales y la fluidez dos banderas afiladas.

   El paralelismo -a veces directamente arrancado y lanzado hacia la bifurcación estricta- que recorre femeninamente en dos focos de interlocución el verso de Ray alcanza su clímax en XIX. Roma y la mujer -en ocasiones muy concretada- son las dos facetas de una misma silueta escudriñada. 

   Alcanzamos el vigésimo cuarto peldaño para dejar la puerta abierta al vitalicio regreso -con recuerdos recobrados, otros superados, otros ya adquiridos como salvaje presente- y poder entrar en las estancias cotidianas de la eternidad y la permanencia. 

   SEPTIMONTIUM es uno de los más hermosos homenajes creados por un hombre a una ciudad. El poeta dignifica el oficio haciendo gala de una capacidad brutal para transmitir y de una gama de recursos que, lejos de entorpecer la digestión de la belleza natural del tributo, agregan una hondura formal que eleva el trabajo final a una cota ciertamente destacada. En lo personal, hemos disfrutado mucho de admirador y admirada, desentrañando la pluma de él y recuperando un viejo amor. Ambos comparten inicial.

Margaritas de azul y plata

-Valparaíso-

   Os presentamos al Ray de segundo ciclo. La lectura de su SEPTIMONTIUM adquiere una cuota de ventaja sobre esta nueva aventura poética que vamos a degustar en todo su esplendor. Las expectativas de previsible evolución no nos traban el paso y asumimos con naturalidad una heterogeneidad tanto formal como semántica que ha sido holgadamente desabrochada desde aquel atómico homenaje a Roma. Comencemos.

   El primer contraste es, efectivamente, estructural, vinculado a la repartición de separadores seccionales: el chorro incontenible del poemario anteriormente comentado -carente de todo dique entre sus sucesivas composiciones- halla en este nuevo escenario una distribución tripartita recia, con nombres determinados para cada cual. 

   La quincena y sus proximidades -doce y dieciocho- conforman cronológicamente una triple puerta de entrada hacia un cada vez más palpitante corazón. Las citas introductorias de cada una de ellas ejercen de jardín de bienvenida prestigiosa y suerte de advertencia de contenido sensible -de Eugenio Montale a Walt Whitman, la expresión leitmotivadora se encuentra en manos duchas-.

   ABECEDARIO

Qué primera etapa sombría, cavernesca -desde el platonismo-. Partimos de la espesura interior, de una selva anímica tan frondosa como abstracta que produce una claustrofobia extraordinaria. Una fuerte privación -cuando menos, mutilación parcial- de los sentidos y una marcada negatividad -y negación como mecanismo interpelador- forjan sendos pilares para este desierto frío y angustioso que ofrece su primer bocado en Pensamientos

El título de la quincena no es baladí desde el importante punto de vista de la actitud cimentadora de los encadenados poemas. Una aparente bruma de desconexión ideológica deja entrever furia en las maneras y tamaña adhesión de incertidumbre como otra de las negras nubes que someten el presente y el horizonte. 

La feroz tecnología, la terrible modernidad, el grave costo de la vida son algunas de las lacras que generan el abatimiento del individuo en un mundo que en muchas ocasiones se siente extraño -en lo más próximo al concepto de lo otro-, ajeno, no-integrador. El agónico uso de un hilo de visión – poemas volcados en el molde de la ceguera, el manejo a tientas y la falta de luz ocular por incapacidad o venda- establece un marco de entendimiento perfecto con la cruel situación de genericidad nominal: individuos sin identidad, como una masa compacta y sosa cortada por el cuchillo de lo común / semejante. 

La dureza del contenido se acrecienta jaleada por una cadencia tan ágil -para la cual venimos mínimamente entrenados-. El impacto surge de la paulatina materialización de lo abstracto hacia rincones forzosamente cotidianos, impregnados en algunos casos de un toque de pasado -más en un sentido colectivo como especie que personal- y furtivas miradas hacia el futuro.

La constitución textual encauzada por la vía del diálogo ficcionado, del soliloquio que aspira a monólogo -especialmente, por paradójico que resulte, desde un yo hacia yo-tú del propio autor- tolera a las mil maravillas la contundencia del lenguaje directo, que, a pesar de no arañar el cristal humoso de lo excesivamente intimista, golpea de forma muy peculiar en los oídos del lector. El germen ha penetrado con rabiosa reclamación de consideración.

   LA VISTA ATRÁS

La retrospección y el deseo futurible obtienen en esta segunda fase un jugoso banquete de ofrendas brotadas del árbol de una realidad que comienza a expandirse, a través de la luz de la determinación, y logra rescatar recuerdos -culpables de ese título general- y donar pequeños síntomas de calidez. 

Su situación en el eje de la totalidad de la obra no es un aspecto menor ni nos tememos que azaroso: La vista atrás formula la transición estacional entre Abecedario y Una nueva vida. Su principal herramienta para tal menester radica en la presencia cada vez menos translúcida de los sentidos, muy particularmente el oído y la vista.

A través de ellos -sonidos e imágenes- la sensación espacial de apertura liquida casi por completo la asfixia con la que nos condenaban silencios y sombras. Esta apertura tiene una consecuencia rápida: comienza el festival de nombres, primero, de lugares: Moncloa y el puerto de Cartagena, entre otros, reciben su preciso homenaje.

Aligeramos el paso y observamos una amabilidad contenida en el tono. Algunas calas en el universo de la noche sedimentan ciertos pasajes magistrales que se comunican con diferentes sentimientos explotados en poemas posteriores a su desarrollo. Continuará concluye -pasa el avión de papel a la siguiente atalaya- con demostración de metarreferencialidad -que derramará todo su poderío allá por el final finalísimo de tercera parte y cierre total- este segundo segmento haciendo uso de una versatilidad muy disfrutable en el aspecto formal y muy esperanzadora en el punto transcrito.

   UNA NUEVA VIDA

La consecución de la entidad racional que camina al fin plena de sensibilidad positiva. Esta es la parte final y más visceral de la obra: la fuerza de los sentidos como temática central rebosa los títulos y se emparenta con el gusto por la creación y el desarrollo del conocimiento empírico.

Así, tenemos encabezados como: Fotografía, Visión, Imágenes I, Imágenes II, Colores -poema fundamental de esta fase y precioso-, , Los creadores, Pregunta. Respuesta, Voz, letras, palabras, Solo tu voz basta, Notas de jazz en mi cabeza, entre otros.

Ligado a esta liberación explícita de los sentidos, asistimos a un generoso posicionamiento de la mujer como gran receptora de tantos y tantos versos -y poemas completos- en los que la dedicatoria es no solo un síntoma de integración natural de un Ella en la nueva vida del poeta, sino todo un acontecimiento desde el punto de vista de la confirmación -o el origen incluso- de un buen número de estímulos. 

Preludio como final retrata maravillosamente esta simbiosis mediante proyecciones como “sentirte cerca”, “abres la puerta” o “arcoíris silencioso”, en un texto que sitúa el broche del conjunto en un grado altísimo. Por otro lado, cabe señalar la conexión última entre aquel estupendo libro que es SEPTIMONTIUM y este estupendo libro que es Margaritas de azul y plata: ambos cierran sus páginas dejando la puerta abierta.

Altavoz Cultural

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