-Virginia GA-
Hay algo místico en pasear por un cementerio, como si al atravesar la puerta de entrada, ese velo de ladrillo y verja que separa ambos mundos, se estableciera un pacto silencioso entre vivos y muertos. El vivo se compromete a pronunciar los nombres que descansan sobre la piedra, los rescata por un momento de las tierras del olvido. Y el muerto, en agradecimiento, le ofrece compañía y la serenidad que otorga el no estar asido ya en el tiempo.
He tenido la suerte de recorrer algunos de los cementerios más bonitos de España, y espero poder visitar otros tantos más antes de que me toque habitar el mío. Aquí te dejo una lista de ellos:
Cementerio de la Almudena, Madrid
Con él empezó todo. Mucho antes de saber que ese “todo” empezaría. Aún no había desarrollado mi particular interés por el mundo de la muerte y los móviles ni siquiera tenían cámaras para inmortalizar estos momentos. Recuerdo el silencio y la calma, y esa sensación de estar a gusto, en familia… Cementerio impresionante, merece la pena recorrer las rutas temáticas y perderse por las tumbas que sorprenden al visitante.


Panteón de Hombres Ilustres, Madrid
No es un cementerio como tal, sino un edificio. Un edificio inmenso, guardián de monumentos funerarios. En su interior se hallan aquellos erigidos a algunas de las figuras más destacadas del panorama político español del siglo XIX y principios del siglo XX. Una maravilla poder encontrarse con los personajes que tantas y tantas veces estudiamos en el instituto y en la universidad.



Cementerio Británico, Madrid
Hay reposos que parecen modestos y al final son los que acaban teniendo más encanto. Y este cementerio es uno de ellos, no solo por la cantidad de gatos, gatillos y gatetes que acompañan a quienes reposan allí. También su curioso pasado le dota de mayor interés. Creado a mediados del siglo XIX, su intención original fue dar sepultura a cristianos no católicos de la comunidad británica creciente en la ciudad, que no podían ser enterrados en otros cementerios por cuestiones de creencias. Y eso, eso se estaba convirtiendo en un problema.
Cementerio de Ávila
Si hay un cementerio que impacta es este. Su entrada, aunque preciosa, parece augurar un cementerio espacioso y sencillo. Mas, a medida que me adentraba en sus calles, no hacía más que descubrir la belleza decimonónica que acompañaba a cada tumba, a cada guardián pétreo que yacía junto a los difuntos. Y más allá de las tumbas había mausoleos que asomaban entre cipreses y que embelesaban con la belleza de sus formas.



Cementerio Inglés de Málaga
Dos décadas antes de la creación del cementerio británico de Madrid surgió este primer cementerio protestante en Málaga. La entrada, que lleva directa a la iglesia anglicana en el interior del cementerio, invita a pensar que se trata de un cementerio ordenado y bien dispuesto. Pero al dejar esta zona atrás, y sus mausoleos, y sus monumentos, el orden deja paso a un revoltijo de tumbas y enterramientos, con sus cruces y figuras, con la naturaleza adueñada del lugar. Muda deja la zona en la que se hallan tumbas decoradas con conchas, más aún al observar el tamaño de muchas de ellas.



Cementerio de Polloe, San Sebastián
Si tuviera que elegir dos palabras para definir este cementerio serían “ordenado” y “ostentoso”. Ordenado porque esta es una auténtica ciudad de muertos, con sus calles rectas, sus manzanas habitadas para la eternidad. Y ostentoso porque perdiéndose por allí una tiene la sensación de que mausoleos y monumentos compiten unos con otros por ganarse el mayor reconocimiento de belleza y poder.



Cementerio de los ingleses, San Sebastián
Como queriendo escapar de esa ostentación de la que hace gala el cementerio de Polloe, el cementerio de los ingleses se alza, modesto, en la ladera del monte Urgull. Bueno, decir que se alza es más bien un eufemismo, pues este cementerio, literalmente, es la ladera del monte Urgull. La roca primitiva ha sido tallada para crear el monumento funerario que es uno con la naturaleza, hay lápidas a la sombra de los árboles y las escasas tumbas traídas por la mano del hombre están tan bañadas por lo salvaje que todo se halla en perfecta armonía.



Cementerio de Montjuic, Barcelona
En la ladera sur del monte epónimo se eleva este cementerio en el que se pueden encontrar mausoleos, esculturas y tumbas excavados en la montaña. La entrada, situada en la parte baja, invita a ascender, a elevarse como lo hicieran las almas en su momento. Y al llegar a las partes más altas una guía la mirada hacia donde la dirigen las tumbas y se encuentra con el mar. Un mar que arropa y consuela a los ángeles de piedra privados sobre esas mismas tumbas.



Cementerio de Poblenou, Barcelona
Visité este cementerio con la intención de encontrarme en persona con el beso de la muerte y hallé un lugar en el que podría pasarme horas, porque allí las horas dejan de contar. El inmenso pórtico de entrada anuncia que el cementerio aún está en uso, en las paredes relucen nichos modernos hasta que se abren y queda una explanada en la que las esculturas parecen haberse unido para darse compañía. Y entre ellas se halla la muerte que besa, cuyas cuencas vacías te siguen mientras caminas a su alrededor. Pero este cementerio esconde otra maravilla: una zona que concentra todos los mausoleos antiguos. Algunos quebrados, otros coronados por ángeles, otros parecen pequeñas iglesias, pero en todos ellos está, inmortal, la belleza del pasado.



Cementerio de Ciriego, Santander
Son muchos los cementerios que me quedan por visitar de mi querida tierra. De todos ellos he elegido el cementerio de Ciriego en Santander para cerrar esta lista. Como una última promesa, me he comprometido a visitarlo en cuanto se presente la ocasión; él, a cambio, promete deleitarme con más belleza pétrea, con más compañía.

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