-Entrevista a Santy Portela-

¿Qué tres momentos vitales suficientemente vinculados a la Literatura han forjado especialmente tu yo actual, esa esencia que hoy permite que conozcamos a este Santy Portela?

Empezamos con una pregunta complicada. El primero diría que sería el estudiar arte dramático y la compañía Vaivén Teatro. A pesar de que yo quería ser actor fue en esos años cuando me percaté de que lo que realmente me gustaba era la escritura, el contar historias y estar detrás del proceso de una obra dramática. Y, en ese sentido, mi familia de Vaivén me permitió y apoyó siempre. Aunque ahora la compañía ya no exista, seguimos siendo una familia y sé que ellas son el germen de lo que soy ahora.

El segundo momento vital fue mi primer viaje solo cuando pasé diez días en Lisboa. Allí me descubrí de un modo íntimo y entendí que necesitaba esos momentos de soledad con asiduidad. Para ver dónde estaba y a dónde quería llegar. La verdad es que todos los viajes que he hecho por mi cuenta me han marcado de un modo u otro, pero el primero fue con el que comenzó todo.

Y el tercero fue una sucesión de momentos. Entre los años 2018 y 2019 se sucedieron en mi vida una enorme cantidad de hechos que me marcaron: acababa de escribir la que considero mi mejor y más personal obra de teatro y me hallaba en un bloqueo brutal; no estaba a gusto en el trabajo y discutía mucho con mi entonces jefe; tenía problemas con un compañero de piso; bebía mucho; un amigo muy querido se suicidó en diciembre del 2018 y me dejó bastante hecho polvo; me veía en un callejón sin salida y atado a la mediocridad. En un momento dado, en marzo del 2019, ya no pude más, así que hablé con mi jefe y llegamos a un acuerdo para que me despidiera. Dejé mi piso y durante unos meses estuve en el paro, dedicándome solo a escribir y leer. Los poemas de “soplos ahogan fuegos” son una recopilación de los que escribí en aquella época.

¿Cómo han evolucionado tus lecturas, así como otros medios de inspiración y referencia, a lo largo de tu trayectoria? ¿Sueles leerte a ti mismo más allá del ejercicio habitual de autocorrección previo a entregas definitivas de manuscritos?

Siempre he leído de todo, salvo ensayo, que es mi asignatura pendiente. Cierto es que desde que empecé con el blog de Las palabras se las lleva el viento me he abierto mucho más a autoras y editoriales más pequeñas o poco conocidas, lo cual ha sido una maravilla, pero jamás he hecho de menos ningún género o formato. Disfruto leyendo narrativa, poesía, relato o teatro.

En cuanto a si me leo a mí mismo, sí que suelo hacerlo en ocasiones. Y, por lo general, suelo hacer correcciones de lo que escribí entonces.

¿Cómo de equilibrada es tu visión respecto del autobiografismo que desarrollas en tus obras y la necesidad de comunicar algo lo suficientemente accesible para el público una vez das el paso de compartirlo?

Suelo ser muy autobiográfico en lo que escribo, sobre todo en poesía. ¿Accesible? No lo sé, pero espero que sí. Creo que mucha gente se puede ver reflejada porque, a fin de cuentas, parte de un fondo muy personal que muchas personas pueden compartir o haber vivido.

¿Cómo se gesta Soplos ahogan fuegos desde cero? ¿Cuál es el primer estímulo creativo que te alcanza para decidir comenzar a desarrollar las primeras composiciones que lo integran y en qué momento crees por primera vez que tienes una obra completamente coherente?

“soplos ahogan fuegos” nace, como comenté más arriba, en los años 2018 y 2019. No están todos los poemas que escribí en esa época, sino que hice una selección cuando decidí que quería, primero, presentarlo a certámenes y, después, publicarlo. Nunca había tenido la necesidad de publicar mi poesía. Para mí era mi válvula de escape, mi “aquí voy a soltar toda mi mierda y no tiene por qué gustar, total, nadie la va a leer”. ¿Me explico? Nunca había sentido el deseo de compartirla, hasta los hechos que he contado más arriba. Entonces me pregunté por qué no y me lancé.

La decisión la tomé durante el 2019 y a finales de ese año hice el trabajo. Me tomé mi tiempo para repasar lo escrito, seleccionarlo, pulirlo, eliminar lo que no me convencía o las composiciones que me parecían demasiado repetitivas y dotar a la obra de cierta unidad. Una vez pensé que lo tenía empecé a mover el poemario.

Tu poema Ama está inspirado en un poema de Gata Cattana. Es la única referencia externa, previa al texto, que realizas explícitamente en términos de revelación de fuentes y pistas creativas. ¿Por qué ella? ¿Por qué su obra?

A Gata la conocí primero en su faceta de rapera y música. Yo escuchaba sus canciones y me decía: “¡Joder, qué buena es!” La escuchaba y me inspiraba. Ella hablaba de un modo crudo y sin tapujos en sus canciones que era como yo quería hablar en mis creaciones poéticas y en mi teatro.

Y, entonces, en ese 2019 tras irme al paro, visité Granada y allí leí “La escala de Mohs”. Fue como un golpe, una hostia en toda mi línea de flotación. Porque, hasta el momento, yo sabía que Gata era una rapera que me gustaba y que había escrito un poemario y entonces conocí a la poeta y conociendo a la poeta conoces a la persona.

Siempre he pensado que la poesía es muy íntima, muy personal y muy sincera. Eso era ella para mí. Gata arrojaba verdad en cada verso y en cada canción. Y eso es lo que yo quería hacer en esos días.

¿Qué marca de tu estilo «teatral» crees que podemos percibir en Soplos ahogan fuegos respecto de la forma, el simbolismo o las imágenes?

Tened en cuenta que durante muchos años me dediqué casi en exclusiva a escribir teatro. No me podría librar de ello ni queriendo. Y, que conste, que no quiero, jajaja. Así que mucho de lo que escribo me lo imagino como si fuese una representación teatral o un ensayo. Los poemas me los imagino en un escenario de una jam o en un espectáculo poético. Así que eso creo que se traspasa a la escritura y se ve un ritmo muy ágil, casi de diálogo atropellado.

Por otro lado, como en mi teatro, “soplos ahogan fuegos” es en ocasiones muy abrupto y visceral. Muy de entrañas, como me gusta decir. De sentimientos a flor de piel. En el teatro, a fin de cuentas, se ven esos sentimientos en las actrices y actores que encarnan a los personajes; esos sufrimientos, alegrías, dolores o ansias en carne viva. Y eso creo que lo traslado también mucho a mi poesía, esas imágenes de que se me pueda ver desnudo ante el público/lector. No lo puedo remediar. Me gusta ser hasta cierto punto algo brutal. No es algo fácil de leer, pero es como soy.

Llevamos algún tiempo debatiendo en Altavoz en torno a la ruptura de los géneros entendidos como compartimentos creativo-expresivos cerrados, herméticos. Desde tu experiencia multidisciplinar, ¿qué opinión te merece ese afán por querer aunar, por ejemplo, poesía y teatro en un mismo contexto, en una misma obra, en un mismo perfil autoral?

Que sin duda hay que hacer todo lo posible por romper esos compartimentos que mencionáis, que me parecen la mayor estupidez sobre la tierra y un claro ejemplo de mente rancia y cuadriculada.. Y se hace, el problema es que no se ve. O, mejor dicho, no se lee. Un ejemplo claro sería Angélica Liddell, una autora que me ha marcado muchísimo.

En el ejemplo concreto que me exponéis de poesía y teatro hay un problema de base muy concreto y grave: poca gente lee poesía y mucha menos gente lee teatro. El fin último del teatro es la representación, eso sin dudarlo, pero la gente no lo ve como literatura, no lo entiende más allá de los escenarios. La gente no cree que se pueda leer teatro. Pues, mirad, os recomiendo dos editoriales maravillosas: Ediciones Antígona y Ediciones Invasoras.

Y, en cuanto a la poesía, lo hablaba con una amiga: las personas a las que les gusta la poesía la devoran, pero no hay tantas personas a las que les gusta leer poesía. Quizás porque se sienten incómodas haciéndolo o porque les cuesta. Al final todo se resume en que hay que romper un poco más con lo establecido y atreverse a probar de todo, literariamente hablando.

¿Qué les debe Santy Portela, en general, y Soplos ahogan fuegos, en particular, a Madrid, Galicia y Granada?

Madrid es mi ciudad. Donde nací, crecí y donde vivo. Y, como buen madrileño, siento una relación de amor-odio por esta ciudad. La adoro y me estresa en ocasiones hasta tal punto que tengo que salir a la carrera.

Galicia es la tierra de mi familia. Donde pasé y paso muchas vacaciones. Galicia, para mí, es la tierra más pura y más representativa de mi forma de ser. Tiene el mar, tiene el bosque y tiene la lluvia. Es pura naturaleza. Galicia, se podría decir, es mi tierra aunque no viva en ella.

Y de Granada ya he hablado. Fue todo un descubrimiento y una catarsis. “soplos ahogan fuegos” se gestó mucho en esa ciudad. Allí leí por primera vez en un micro abierto mi poesía. Granada es especial sin duda alguna. Os diré que, desde que la conocí, siempre he dicho que si algún día me tengo que ir a otra ciudad, sin duda elegiría Granada.

¿Cómo ha sido tu experiencia editorial con Ediciones Passer? ¿Cómo valoras el panorama literario actual respecto de oportunidades, ritmo de publicación y propuestas editoriales, especialmente en lo concerniente a la poesía?

Estoy muy contento con Ediciones Passer, sobre todo porque venía de un desencanto muy grande con los tomadores de pelo que fueron Ediciones Medina, que me apalabraron y nunca más tuve noticias.

Ana siempre se preocupa por mí, me pregunta, tenemos una comunicación muy fluida. Passer es muy nueva y le queda mucho por aprender y crecer, pero estoy contento de ir de su mano.

En lo concerniente al panorama literario, lo que abunda hoy en día, tanto en poesía como en todos los géneros, es la inmediatez, las novedades, lo que está recién sacado del horno. Y no nos permitimos descubrir obras y autoras y autores que quizás sacaron su libro hace un año o dos o más. Todo son las jodidas prisas. En RRSS se ve muy claro: muchas editoriales, muchas novedades, pero cuando pasa el boom, ya no hay cuidado.

¿Qué proyección esperas de Soplos ahogan fuegos a corto y medio plazo? ¿Qué planes tienes después de cerrar esta etapa?

La verdad es que como no tenía expectativas con esta obra, más allá de publicarla, todo lo que venga me parecerá genial. Obviamente, quiero que se lea y a cuantas más personas llegue pues mejor. Pero las opiniones que me han llegado por el momento me han ilusionado mucho y me han hecho percatarme de que mi poesía toca algo en la gente que la lee, se ve reflejada. Una de las cosas que me gustaría es que no suceda lo mencionado en la anterior pregunta: que no se vea postergada al olvido cuando pase el boom de su publicación. Luego también tengo en mente volver a acudir a jams de poesía, si mi trabajo me lo permite en algún momento, y allí poder compartir estos poemas como hice ya durante un tiempo.

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