Iván MIEDHO

-Ediciones Vernacci-

   Iván MIEDHO no teme a nada: afronta el ejercicio literario con una naturalidad impropia de un artista cronológicamente entregado a lo plástico, lo creativamente gráfico, lo plasmado con elementos no verbales. Dedica su talento y su inspiración a la combinación tan hermosa como compleja de la palabra con la ilustración. Su impresionante MUSAS se atreve con el intrincado mundo de la mente lúcida, el desequilibrio y el bloqueo artísticos, el autoconocimiento y los demonios interiores que devoran, ambiciosos, cada atisbo de paz. Nuestro autor huye de mantras y topicazos de autoayuda y finales felices para representar un realista espectro de la tarea artesanal. La acción es constante y cruenta, las imágenes fabricadas en renglones están a la altura de sus compañeras coloridas. Venid al taller de un atormentado pintor, al cual no podréis olvidar.

   Elegido el ‘teatralizador’ formato de los “actos” para diseccionar la trepidante trama, serán ocho y un epílogo los continentes que vertebrarán el desarrollo de una tercera persona narrativa que nos ofrecerá un primer plano de las manos de nuestro protagonista: Susurros, El retrato, La hechicera, El embrujo (introspección), El sueño del diablo, Somos arte, Inspiración, Doppelgänger y Epílogo, en una fantástica alternancia de fondos en blanco y en negro, con cerca de las veinte ilustraciones en total desde que abres el libro -lo primero que ves antes de que Iván abra la boca ya es un dibujo-.

   Introducida con esplendor por un prólogo de José Carlos Somoza -cuya dedicatoria visual realizada por MIEDHO supone la excepción masculina al dominio territorial de las páginas por parte de la mujer como figura definitiva-, estamos ante una novela corta ilustrada que saca brillo a una apetitosa colección integrada en Ediciones Vernacci. ¿Queréis conocer a Mara?

   La puesta en escena nos presenta al dúo troncal de la obra: Mara y su amigo Valentín, músico habitualmente agitado por las delicias de la inspiración, se reúnen en el emblemático Café Gijón de Madrid. Esa noche se producirá el primer contacto con las oníricas mieles del numen: Valentín desprenderá una serie de imágenes que conquistarán la curiosidad de Mara, contaminando su percepción hacia posibilidades insospechadas y peligrosas. Su primera decisión post velada será regresar al retrato y aplicarlo a su modelo más cercano.

   Un nuevo avistamiento ya en pleno ejercicio retratista elevará unos cuantos grados la tensión, que no nos dará tregua en ningún momento hasta alcanzar el final de la historia. Asistiremos, en ese mismo contexto, al primer duelo “fuera” vs. “dentro” como una de las claves identificativas del proceso creativo. 

   El tercer acto nos traerá a los ojos el tercer escenario: el diván de la convincente hipnoterapeuta Morgana. La sesión desentrañará la denominación del concepto de musa en Minerva, custodiada por otros dos conceptos capitales para el supradiscurso de nuestro autor: sinestesia y pasión. Se trata de un acto particularmente denso y absolutamente determinante desde la perspectiva argumental, previo al primer fondo negro: el de un cuarto corte tan breve como intimista, muy próximo al soliloquio. Estimamos la opción de que aquellos actos tejidos sobre fondo oscuro tengan que ver con un claro marcaje dramático-violento del tono, en tanto en cuanto describen secuencias más inconscientes, cruentas y aliadas con la cara más honda de una personalidad gradualmente distorsionada -paralelamente sostenemos la teoría puramente estructuralista de que tras una puerta de bienvenida construida sobre los tres primeros actos -blancos- los sucesivos capítulos juegan al contraste estético sin mayores pretensiones informativas-.

   La tercera persona narrativa consume importantes dosis de diálogo (siempre del artista con: Valentín, Morgana, Minerva. Retornará la claridad para sumergirnos -paradójicamente- en el mayor despliegue diabólico-alucinado -y tan intenso: en un espacio tan minúsculo que explota una perfecta complementariedad con su antecedente- del conjunto, impactante en simbolismo y brutal en conclusiones.

   El sexto -segundo negro- nos lleva hasta el Museo Reina Sofía, último enclave y continente de Un Mundo, obra de Ángeles Santos que atrapa el enésimo -pero el más transparente- ensismamiento de Mara. La contemplación y el paulatino reencuentro con Valentín activarán la sinestesia y la furia última, desencadenantes de un desesperado secuestro de musas -y fama- para avanzar hasta un punto de no retorno en el que la creación se erige agresiva, irrefrenable. 

   La reaparición causará que una de las majestuosas espadas japonesas que lucen en el estudio de Mara sea desenvainada y utilizada mortalmente, mientras el mundo se cae sobre los hombros del asesino y deforma, frenéticamente, aquellos espacios, esas personas y el propio reflejo que creía conocer. El desenlace está a la altura de las expectativas, cuando la sangre ya es un elemento naturalizado en nuestra lectura y las ruinas dejan de ser decorativas para ser dolorosas.

   El epílogo subasta para nosotros Trece Musas, el maldito cuadro de un pintor poco conocido, valiente y demente. La manera de rematar la aventura de Mara y su arte es sencillamente espectacular, tan verosímil, espeluznante y rica.

   MUSAS ocupa el privilegiado pedestal de aquellas obras irremplazables, pero también asoma la cabeza en la fotografía de las que bien merecen una consideración relevante como artefactos meta-artísticos que abrazan la conversación sobre el modo, sobre el durante, sobre el espejo que nos devuelve -vomita a los pies- frustración, ensayos dilapidados, síntomas de vocación, explosión de júbilo cuando se logra el éxtasis. Iván MIEDHO ha superado con creces la prueba de hablar de lo que hace con estilo, personalidad y altas cotas de inteligencia literaria, más allá de su consagrada capacidad ilustradora. Nos hemos entretenido y hemos aprendido a mirar dentro de otra manera. Pero eso es: nos hemos entretenido en todo momento. ¿Para qué sirve el arte si no? Ah, y que viva Shakespeare, que tenía una frase propicia para todo.

Altavoz Cultural

CUATRO PREGUNTAS A IVÁN MIEDHO

¿Cómo nace MUSAS desde cero? ¿De dónde surge la idea de narrar con palabras y contar a través de ilustraciones, todo junto, todo tan armonioso y bello en su resultado final?

MUSAS nace de una obra que pinté llamada 13 MUSAS que evoca un momento de inspiración. Esta pintura tiene como protagonista a un artista con rasgos mefistofélicos en el centro superior del lienzo que bebe de la esencia vital de las musas caídas. Las utiliza y las doblega para crear algo a capricho. Esta fue la chispa que alumbró el relato de MUSAS. Me pareció buena idea recrear una historia alrededor de esa pintura.

Mi mundo se centra en lo visual, vengo del campo de las bellas artes y contar historias a través de pinturas e ilustraciones es algo que llevo haciendo desde siempre. En mis trabajos y exposiciones siempre hay una trama que subyace, con detalles que pasan desapercibidos pero que están ahí y forman parte de un mundo. Quizás por eso MUSAS ha nacido de manera tan natural, porque cuando escribo me imagino las escenas, los colores, el encuadre o como debería ser el trazo del dibujo.

Anonimato, locura, reconocimiento, mucha introspección… Ocho actos y un epílogo que destilan pasión, autobiografismo en mayor o menor medida y calidad literaria. ¿Qué imaginario, qué referentes y qué experiencias propias te han servido, fundamentalmente, para construir el universo en el que se desarrolla la obra?

A nivel literario una de las personas que más han influido en mi trabajo ha sido el escritor José Carlos Somoza con sus libros Clara y la penumbra y La dama número 13. Creo que de alguna forma las musas de Somoza me han visitado y han jugado conmigo. En el plano más visual admiro a la figura de Salvador Dalí, toda la obra de El Bosco me parece maravillosa y series de animación japonesa como Neon Genesis Evangelion o Akira me han influenciado desde muy joven. Pero creo que el colofón final y la experiencia más perturbadora que he podido tener ha sido haber estudiado Bellas Artes en la UCM. En ese momento me di cuenta de que la vida es una conclusión de miles de sinsentidos y que todo es posible, incluso conocer a las musas.

¿Qué hace Iván MIEDHO ante un bloqueo creativo? ¿Cuál, qué o quién es tu musa de cabecera para situaciones de emergencia?

Me gusta reencontrarme en el silencio de la noche. En ese momento la mayoría duerme, no hay ruidos, no hay distracciones, el móvil deja de sonar y es cuando puedo dedicarme a mi mundo, a pensarlo y visitar sus luces y sombras. Tomar una copa, escuchar mucha música, evadirme. Y si hablamos de musas de carne y hueso, sin duda mi mujer, Carla Nieto, con la que comparto secretos, vivencias, impresiones y se presta para hacer cualquier cosa que se me ocurra, incluso las más siniestras.

¿Cómo ha sido tu experiencia editorial con Ediciones Vernacci? ¿Qué esperas en términos de promoción presencial de esta época un poco más abierta respecto de presentaciones, eventos y ferias? Por otra parte, ¿dónde puede encontrarte virtualmente nuestra comunidad altavocista?

La experiencia con Ediciones Vernacci ha sido plena. Me han dejado libertad absoluta y he podido intervenir en todos los aspectos del libro. Rafael Lindem, editor y director, es una persona encantadora que entiende perfectamente las necesidades de cada autor y artista.

Presenté en marzo el libro MUSAS junto a una exposición en donde se podían ver los originales y próximamente tenemos más eventos en el horizonte pero todavía no puedo adelantar fechas.

Virtualmente me suelo mover principalmente en mi cuenta de Instagram @ivanmiedho, aunque también uso Facebook de vez en cuando. Y, por supuesto, mi web www.miedho.com  donde podéis curiosear trabajos y trayectoria.

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