Yairen Jerez Columbié

-Betania-

   Hay personas que son un regalo en sí mismas. En Altavoz tuvimos la suerte de descubrir a Yairen Jerez Columbié mediante su brillante participación en nuestro certamen de carácter anual que destaca textos inéditos de gran calidad e interés. Nos eclipsó con su talento. Hoy nos encontramos hablando para nuestra comunidad lectora de su primer poemario publicado: Fósiles de lluvia, una obra sumamente ambiciosa, polimórfica, vistosa y absolutamente honda. Gracias por compartir tus palabras, querida amiga.

   Es la propia autora la que dibuja su naturalista portada, tras la cual hallamos una cincuentena de textos de extraordinaria diversidad formal, en términos de extensión, carga simbólica, profundidad de autobiografismo poetizado (ficcionado), diseño del espacio poético tratado, así como de registros vocales que, sin despegarse un centímetro de su madre, proponen ecos de diferentes grados.

   Nuestra poeta alterna con habilidad haikus, composiciones de largura considerable, cercanas al poema narrativo, formas más clásicas -en métricas y estrofas-, sentencias y juegos, odas y homenajes. Su catálogo de trucos y colores brilla por encima de la muestra concreta, del favoritismo caprichoso.

   Desertores de la claridad nos sumerge como primer poema -o poema guía- en el modelo de imágenes que va a atravesar el colectivo de palabras que darán cuerpo a la obra, cuyo mayor tatuaje responde al concepto de ‘fósil’, término que no solo encabeza el nombre del libro, sino que desarrolla un texto propio fundamental –Fósiles, séptimo poema- para manejar los diálogos y contrastes que desprende la sucesión de piezas.

   La naturaleza, el ser humano como hijo/fruto de ella y la relación que se establece, en un sentido más bucólico, pero desde luego también en un contexto urbano, cosmopolita, gris rutina, son algunos de los estandartes del argumento que cabalga por las páginas. El sello de Yairen es el de la delicadeza que golpea fuerte -y, por ende, causa sorpresa con su repentino impacto-. Sus hechuras son cálidas, suaves, mientras que sus temas se revierten punzantes, con filo y calado.

   El dominio de los detalles se despliega en cada rincón: Irlanda parece ser el paisaje común al grueso de los miradores; los tonos son marinos en numerosas ocasiones -cuando no se funden con el verdor inherente al marco gráfico previsto-; los verbos caminan firmes para denominar cada acción –Ver, Vivir, Dormir, soñar, temblar, Avanzar, Recordar, Despertar titulan respectivos poemas-; el regreso se empareja con el futuro, el exotismo retrotrae a los orígenes hoy alejados por las decisiones personales -que producen distancias, despedidas, novedosas recompensas y dichas-.

   El lenguaje es motor, postal y muro: del eufemismo y el tabú a la décima, del verso al neologismo. La poeta juega a luces y sombras, a esconderse en los silencios, a ser cuentista -contadora profesional de historias, como la de esa “momia europea”-. Yairen es una escritora todoformato y su lírica se nutre de sus virtudes, también de las docentes, las investigadoras y bibliográficas, las comunicadoras, las curiosas e imparables. 

   Disfrutamos del triunfo de una pluma que promete cumplir expectativas, agrandar museos y sostener notas altas en el espejo de doble cara que constituyen poesía y academia. Desde Madrid le cantamos al mundo y al cielo la alegría de un nacimiento.

Altavoz Cultural

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