Traducción de Scheherezade Surià

-Obscura-

   Sospechamos que Diana Urban posee una mente privilegiada y en esta reseña de su excepcional novela Un juego letal, deliciosamente traducida por la gran Scheherezade Surià, vamos a reunir las pistas suficientes como para confirmar el delito de brillantez que se le atribuye desde nuestra maravillosa experiencia lectora. Veamos.

   Los cuarenta y un capítulos que nos engullen desde la primera palabra hasta vomitar nuestros ojos en la última -¡vaya pedazo de final, con tantas capas, con dos enormes escalofríos (desde fuentes opuestas: protagonista y antagonista), con esa pausa tan bien meditada para adherir un punto más a la escala de ingenio y tensión, apurando cada centímetro del texto!- exhiben un equilibrio narrativo-estructural admirable. El argumento, que flota entre el inquietante flashback y el frenético presente, cumple con creces lo señalado por la autora en su nota final a esta fantástica edición publicada por Obscura.

   Diana Urban ha escrito dos grandes obras en una. O, mejor dicho, ha escrito una obra con dos caras igual de importantes y atractivas. Por una parte, encontramos entretenimiento a raudales: una literatura muy potente de componente lúdico-adrenalínico, con un tono próximo al concepto más “juvenil”, fresca, magníficamente desarrollada en detalles -el universo virtual creado para MortalDusk es sencillamente extraordinario y bien merece un comentario aparte-. Por otra, observamos una propuesta de marcado impacto social: una crítica mordaz, tan bien expuesta implícita y explícitamente, hacia el abuso de las redes sociales y los videojuegos, en un mundo cada vez más inseguro y peligroso para todos, más aún para los adolescentes y jóvenes que dedican una exagerada parte de su vida a “estar en línea”. La identidad, la sensación de vulnerabilidad, la intimidad y la privacidad, el acceso ridículamente sencillo a datos -resulta salvaje cuando Crystal comprueba que su dirección también aparece al instante tras apenas una simple búsqueda-. Sin embargo, si bien es este el mayor mensaje concienciador en términos de hilo temático que atraviesa en su totalidad el texto, no es el único, ni mucho menos, y tampoco supera en relevancia otros que mencionamos a continuación.

   Un juego letal gasta al menos la misma ambición en elaborar un perfecto, impresionante thriller, salpicado de mundo virtual paralelo en el que la acción no se permite ni un respiro, que en plasmar en su historia una nutrida serie de warnings sobre hábitos, visibilidad, vicios sociales y problemas crudamente reales del ser humano y sus relaciones -gritado todo ello a los ojos de los adolescentes pero también a los de los “adultos”. El catálogo es brutal: los challenges o desafíos virtuales con graves consecuencias ‘reales’, el alcoholismo como lacra que destruye familias, los problemas de alimentación severos, el bullying y la coacción a quien es diferente, retraído o más sensible, la egoísta imposición de nuestros deseos y la falta absoluta de empatía con el otro, los complejos físicos y socioafectivos, la mentira y su gigantesca bola de nieve desde un pasado que creemos enterrado y no ceja en atormentarnos, los celos y su monstruo posesivo, la envidia insana y venenosa, el vacío a quien no nos importa -y por ello asumimos una indiferencia afilada que daña-, la visibilidad de la sexualidad como realidad tan diversa -celebramos esa genial inclusión del personaje reconocido como bisexual-, las apariencias y sus lastres, hijos de una presión que se balancea entre el efecto Pigmalión y el ruin aprovechamiento de un sistema quebrado. 

   Con algún parentesco lejano con La noche de los maniquís, de Stephen Graham Jones, los ecos de lo que fuimos afectan considerablemente a lo que somos. Crystal se ve envuelta en una telaraña cuyo desentrañamiento no resulta nada amable: atravesada por una turbulenta situación familiar, una inestabilidad social grave respecto de la propia idiosincrasia de su grupo de amistades más íntimas -y por supuesto respecto del resto de individuos que confeccionan su entorno habitual-, la aterradora amenaza que estrangula a su hermana pequeña y, desde luego, la obsesión por lograr el objetivo relacionado con el torneo de MortalDusk. Nuestra protagonista es hábil, inteligente, fuerte, pero, sobre todo, es moderadamente común: desprende virtud y defecto, la propia esencia humana. No estamos ante una superheroína ni una agente secreta, tampoco una diosa de poderes sobrenaturales; Crystal Donovan es una chica bañada en naturalidad, con todas sus fugas y suturas.

   Alrededor de la figura protagónica-narradora de Crystal se desarrolla otra gran virtud de su creadora: Diana Urban diseña un fabuloso elenco de personajes absolutamente redondos, auténticos, incomparables entre sí, relevantes y portadores de una trama que destaca tanto en su calidad gracias a la configuración de sus voces y personalidades específicas. 

   Desde el múltiple choque de frentes exploramos una realidad tremendamente difusa que nos abruma y aturde: realidad vs. ficción combaten en una plaza en la que el pasado se enzarza con el presente -y el más inmediato y acongojante futuro-. “Cinco años antes” es la fórmula elegida para completar el puzle de la retroalimentación. El personaje de Brady es troncal y afecta extraordinariamente al proceso por el que tendrán que discurrir los personajes para sobrevivir a situaciones límite.

   Un juego letal es una obra escalofriante, de las que eriza el vello. Su sublime comienzo, su brillante final y su cuidadísimo desarrollo -nos encanta respecto de ese durante cómo la autora logra estirar de manera mágica la acción para un total de apenas veinticuatro horas reales… El grado de intensidad no hace falta subrayarlo- responden a un concepto de obra que a) atrapa, b) contagia y c) graba una huella irreductible. La labor de Scheherezade Surià es magnánima: cómo maneja la transición del aparato léxico-sintáctico original es admirable, con aciertos y puntos sencillamente exquisitos en cada esquina del texto. Lo hace suyo y lo presenta por todo lo alto a un público hispanohablante que solo puede agradecer y aplaudir. 

   El nivel de obras que trae Obscura al mercado de la lengua cervantina es intimidante, a la altura de la firma editorial más deslumbrante. Su selección es de una calidad excelente, consecuencia directa de la suma de unos tan bien ejecutados menesteres específicos: qué plumas tan estelares, qué ejercicio de traducción más impresionante, qué diseño y qué genial trabajo de edición y presentación final. Todas las partes emiten destellos y hoy podemos disfrutar, con máxima celebración, de títulos como Un juego letal.

Altavoz Cultural

Entrevista a Scheherezade Surià

¿Cómo ha sido, desde una perspectiva panorámica, tu experiencia profesional con el texto de Diana Urban hasta su conversión definitiva en Un juego letal?

Era la segunda vez que traducía a Urban y siempre es un gustazo. Me gusta mucho traducir este género. Es una historia trepidante, con una protagonista joven que debe hacer frente a una dificultad terrible e inesperada, y hay varios giros de guion. Además, la velocidad a la que discurre la narración, la abundancia de acción y la frescura de los diálogos facilitan mucho el trabajo.

¿Cómo te sientes respecto del género predominante de la obra?, ¿qué aportaciones particulares en este sentido crees que refleja la versión en español, en términos de atmósfera, descripción, aspecto léxico…? ¿Qué supone para ti ver tu magnífico trabajo en el catálogo editorial de Obscura?

Como traductora, espero que sea un reflejo fiel del original por lo que respecta a estos elementos. Creo que describe muy bien el contexto de competitividad de los juegos virtuales, los peligros de las redes sociales y la diversidad, siempre desde una terminología adecuada al tema en sí. La verdad es que, en ocasiones, ha sido un reto trasladar estos conceptos, o bien porque a pesar de haber una traducción suelen usarse en inglés (eSports) o porque no existe un equivalente (por ejemplo, la gamberrada del swatting).

Trabajar con Obscura es un placer. De hecho, empezaron prácticamente con mi primera traducción de Urban, Uno debe morir, y nos pilló la pandemia, pero se están labrando un gran camino y para mí es un orgullo trabajar con y para ellos. ¡Larga vida al género!

¿Qué elementos o estrategias de tu rutina de trabajo habitual has modificado, al menos parcialmente, durante la dedicación a este proyecto? Nos encantaría asimismo conocer, desde un punto de vista general, tu manera de trabajar desde cero con un texto nuevo.

Traducir un libro es centrarse durante unas horas porque, para mí, es la única manera de entrar en la historia. De hecho, si hay algo que me cuesta por regla general (salvo contadas excepciones) es ese empezar, ese momento de tomarle el pulso a la historia, ponerte el sombrerito de lector especializado y comenzar a traducir. Cuando ya te has familiarizado con los protagonistas, la historia y el contexto, todo fluye mejor. Sin embargo, traducir narrativa requiere una mayor concentración, o así lo veo yo, comparándolo con otros trabajos de traducción como pueden ser los proyectos más cortos de agencia.

Normalmente, lo primero que hago es buscar información del autor o autora, echarle un vistazo a GoodReads y similares para ver por dónde irá la historia y el tono que va a emplear, y luego leerme las primeras páginas. Si me engancha, no es infrecuente que me lo lea entero en unos días o consiga una copia física del libro, como me ha pasado con los dos de Urban. Así, aunque descubra la sorpresa, puedo anticipar algunos retos de traducción (por ejemplo, en este libro, mantener la neutralidad del chantajista anónimo en cuanto a género, y número, a lo largo de toda la historia). Cuando la fase traducción está terminada, me gusta reservarme un par de semanas para ir leyendo poco a poco y poder pulir cosas que no me acaban de convencer o resolver dudas de última hora que me hayan podido surgir.

¿Qué valoración haces del panorama literario actual respecto de cómo se integra en él el arte de la traducción? ¿Qué recorrido le auguras a Un juego letal en el marco de lectura hispanohablante?

Creo que vivimos en una gran época para la traducción. En audiovisual, las plataformas han incrementado muchísimo el trabajo y en lo literario, tema que nos ocupa, se han creado nuevas editoriales o se han montado nuevos sellos en las más asentadas. El auge del libro electrónico y también del audiolibro está ayudando enormemente. No hace mucho, por ejemplo, firmé para trasladar a audiolibro varias traducciones del pasado que había hecho para una editorial. No es todo de color de rosa y, como traductores, aún luchamos por un mayor reconocimiento de nuestro trabajo y unas retribuciones y condiciones que nos permitan vivir bien del oficio, pero creo que las perspectivas son buenas. Al menos, sí tengo claro que cada vez se nos ve más como los autores [de las traducciones] que somos.

Espero que Un juego letal se gane el corazón de los lectores. Por lo que he leído en las reseñas, parece que está gustando y, para mí, es digno de orgullo haber hecho justicia a la historia de Diana Urban con mi trabajo.

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